La aguja y el camello

Me gustaría saber qué quiso decir Jesús cuando dijo que “es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios” (Mateo 19:24, VRV). –Un estudiante de India.

Me alegra que dediques tiempo a estudiar la Biblia. Una hora pasada en reflexivo estudio de la palabra de Dios no solamente enriquece la vida espiritual, sino que también nos desafía a pensar en los problemas que confrontamos en la vida diaria.

Al interpretar un pasaje bíblico debemos tener en mente algunas reglas de hermenéutica. En el texto que mencionas se aplican dos principios: el inmediato y el contexto más amplio.

El contexto inmediato es la historia de un hombre rico que llegó a Jesús con una pregunta importante acerca de qué debía hacer para obtener la vida eterna. Jesús le dijo que debía guardar los mandamientos, a lo cual el hombre contestó que había estado haciendo esto desde la infancia. Entonces Jesús le dijo: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme” (Mateo 19:21). Pero el hombre rico se alejó de la presencia de Jesús sin darle atención al consejo. De este triste contexto viene el pasaje relacionado al camello y al ojo de la aguja.

¿Qué estaba diciendo Jesús? Los judíos generalmente pensaban que las “riquezas” eran un signo del favor especial de Dios. Jesús destruye este concepto al decirle al hombre que debe vender todo lo que tiene y darlo a los pobres para poder acumular tesoros en el cielo. Pero, ¿significa esta declaración que Jesús estaba afirmando que uno puede ganar la salvación si entrega todo lo que tiene y se vuelve pobre? No, porque esto significaría salvación por las obras. No hay nada virtuoso en la pobreza en sí misma, como tampoco hay nada pecaminoso en la riqueza. Lo que Jesús quiso dejar al descubierto fue la actitud del hombre; él había exaltado sus riquezas a una posición donde sentía que había obtenido el favor de Dios de ser rico, porque había guardado la ley desde la juventud. Estaba casi convencido que ya tenía la salvación, y llegó hasta Cristo para tener una aprobación de su condición presente. Pero Jesús le dijo que a menos que entregara el ídolo de las obras (“Todo esto lo he guardado desde mi juventud”) y su arrogante pretensión de que Dios lo había recompensado con riquezas porque él era bueno, no podría en realidad encontrar un lugar en su reino. Esa era la primera lección que Jesús quería que aprendiese: el contexto inmediato.

El contexto más amplio es la imposibilidad de obtener la salvación a través de las obras propias. Esta era una lección que él quería que todos sus oyentes, en especial sus discípulos, aprendieran. De ahí el dicho del ojo de la aguja, lo cual sorprendió a los discípulos (Mateo 19:25).

¿Qué significa el ojo de la aguja? Aquí es donde surgen las interpretaciones que difieren de un comentarista bíblico a otro. A veces las interpretaciones comienzan con predicadores que quieren hacer las cosas fáciles y que luzcan atractivas. Pero más allá de las interpretaciones, el punto más importante es la imposibilidad de la salvación a través de las obras propias o del estatus personal.

A lo largo de la historia se han elaborado muchas interpretaciones:

  1. Una interpretación tiene que ver con un rasgo de diseño arquitectónico de las puertas, común en los tiempos del Nuevo Testamento. Aún hoy, en algunas partes del mundo como por ejemplo en el Medio Oriente y la India, una gran puerta en la muralla permite la entrada a una ciudad. Durante el día a través de esta puerta abierta se permite la entrada de muchas personas al mismo tiempo o vehículos de gran tamaño. Pero en esa gran puerta hay una puerta más pequeña que permite el paso de una sola persona por vez cuando la gran puerta está cerrada. Para entrar, la persona quizás deba inclinarse y aún casi gatear. Los predicadores han tomado esta situación habitual y han interpretado el dicho de Jesús. Obviamente, un camello no puede atravesar este “ojo de aguja”, y así los predicadores llegan a un cuadro de imposibilidad, lo cual es la interpretación inmediata de lo que Jesús estaba diciendo. Mientras que la interpretación puede ser técnicamente incorrecta en este punto, la conclusión es correcta. El predicador ha logrado su objetivo.
  2. La evidencia histórica indica que el “ojo de la aguja” puede haber sido un proverbio. Consecuentemente, algunos predicadores sugieren que Jesús usó un proverbio familiar para enseñar una gran verdad relacionada a la salvación.
  3. La arquitectura o la literatura no indican que en Jerusalén existiera una pequeña puerta llamada “ojo de la aguja”. Esto surge de muchos comentarios, incluido el Comentario Bíblico de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
  4. Después de la Reforma, cuando la Biblia llegó a estar en manos del pueblo, se produjo un enorme interés en el estudio de los lenguajes originales –griego, arameo y hebreo– produciéndose diversas revisiones que al fin del siglo XIX y principios del XX, cobraron mayor auge cuando la arqueología y el estudio de las lenguas antiguas se desarrollaron significativamente. Uno de los resultados es el examen crítico de las palabras y el significado de sus raíces. En relación al “ojo de la aguja” se ha dejado que la frase permanezca como es entendida comúnmente, pero el énfasis ha caído en la palabra camello, la cual en su forma griega y aramea, puede significar “una soga”, que no podría pasar a través del ojo de una aguja. La mayoría de los comentarios modernos adhieren a esta interpretación que tiene mucho sentido.

¿Cuál es nuestra actitud o qué podemos hacer? Continuar estudiando y nunca llegar a la conclusión de que todas las dificultades pueden ser resueltas. Ciertamente, este pasaje de Jesús es considerado por la mayoría de los eruditos como uno de sus dichos más difíciles de interpretar. Sin embargo lo importante salta a la vista y es la imposibilidad de la salvación a través de las obras propias, y la imposibilidad de entrar al reino de los cielos por medio de lo que consideramos que ameritamos de parte de Dios, como recompensa por nuestra propia bondad.

John M. Fowler, Ed. D. (Andrews University), trabajó por muchos años en el Departamento de Educación y continúa formando parte del cuerpo editorial de Diálogo luego de su jubilación. E-mail: fowlerj@gc.adventist.org.