Trudy Morgan-Cole

Diálogo con una escritora adventista de Canadá

Trudy Morgan-Cole es producto de un hogar y educación adventistas. Es la cuarta generación de adventistas de una familia de St. John’s, Terranova, Canadá. Recibió toda su educación en el sistema adventista –escuela primaria y secundaria en el Instituto Adventista de San Juan de Terranova– y en 1986 se graduó en la Universidad Andrews con un título de grado en Inglés e Historia. Después de ser docente en Ontario y Alberta (Canadá), regresó a su ciudad natal, donde obtuvo una Maestría en Inglés y Orientación Psicológica en la Universidad Memorial. Morgan-Cole es una escritora experimentada: la Review and Herald publicó su primer libro en 1986, incluso antes de que hubiera concluido sus estudios en Andrews. Durante los últimos veinticinco años, ha publicado veinte libros tanto en editoriales adventistas como seculares, y próximamente aparecerá el vigésimo primero. Algunas de sus obras han sido traducidos al español, portugués, finlandés y próximamente al serbio. Los lectores adventistas acaso la conozcan más por sus narrativas bíblicas tituladas Esther: A Story of Courage [Ester: Una historia de valor] (Review and Herald, 2003) y That First Christmas: Yosef’s Story [La primera Navidad: La historia de Yosef] (Review and Herald, 2009), y su colección de artículos sobre las mujeres de la Biblia publicados bajo el título Daughters of Grace [Hijas de la gracia] (Review and Herald, 2009). En la actualidad, Morgan-Cole divide su tiempo entre la escritura y la enseñanza a adultos en el Centro Murphy de St. John’s. Está casada con Jason Cole, que es ingeniero mecánico, y tienen dos hijos: Chris, de 13 años, y Emma, de 11.

¿Podría contarnos cómo y por qué comenzó a escribir?

No recuerdo un momento en el que no escribiera o no quisiera ser escritora. Tuve la fortuna de crecer en una familia adventista donde esa aspiración parecía muy razonable. Crecí en una atmósfera rodeada de libros, de manera que me pareció muy natural comenzar a escribir mis propias historias. He estado escribiendo desde que tengo memoria. Creo que la primera vez que escribí algo para publicar tenía nueve años. Era un poema para la revista Our Little Friend y, para mi sorpresa, no solo lo aceptaron sino que le dedicaron una página entera con ilustraciones. Creo que ese fue un gran estímulo: me hizo pensar que podía dedicarme a la escritura. Para mí, escribir siempre ha sido algo obvio.

¿Qué tipo de obras escribe?

En primer lugar, como lectora, me encanta leer relatos, pero también memorias, biografías y obras históricas. Entonces, como escritora, me encantan las historias. Creo que un buen relato tiene un poder tremendo. Es verdad que he escrito diversas obras –artículos, devocionales y ensayos– sin embargo, siempre he regresado al punto de partida: escribir historias, tanto las llamadas narrativas bíblicas como las ficciones históricas.

¿Siente que la Iglesia Adventista comprende y valora lo que usted hace para ganarse la vida?

Bueno, sin las revistas y casas editoras de la iglesia, dudo que hoy sería escritora. Como dije, fue así como comencé. La industria editorial adventista siempre ha sido muy buena conmigo; es el lugar donde se cultivó y estimuló mi escritura. He conocido a personas maravillosas en el ministerio de las publicaciones de la iglesia. En efecto, mi primer libro jamás se habría publicado si la Review and Herald no hubiera organizado un concurso y elegido mi obra, cuando aún estaba estudiando.

Usted ha escrito algunos libros de narrativa basados en personajes de la Biblia, y otros basados en historias sin relación directa con la Biblia. ¿Siente una diferencia entre unos y otros?

La diferencia de mercado ejerce un impacto sobre el contenido y la manera de escribir. Como escritora profesional, uno siempre escribe para una audiencia. En mi caso, a menudo escribo libros que espero sean publicados por una casa editora adventista y sean vendidos en las librerías adventistas y cristianas. Sé que la gente que compra libros en esos lugares tiene ciertas expectativas. De manera que, si bien al escribir me gusta explorar ideas sobre la fe y la Biblia, entiendo que según el mercado para el cual escriba, hay un límite más allá del cual no deseo seguir profundizando en esos interrogantes. Dentro de esos parámetros, puedo decir que escribo de manera diferente cuando pienso en una audiencia adventista o no adventista.

Como adventistas, estamos orientados hacia la misión. Vivimos para la misión. No importa qué hagamos, se espera que seamos misioneros. ¿Cómo relaciona lo que hace con la misión de la iglesia? ¿Cree que de alguna forma está haciendo una contribución?

Es una pregunta interesante. Los que escribimos para las casas editoras adventistas sabemos que estamos procurando convencer a los ya convencidos. No está mal, ya que considero que es bueno escribir para los lectores adventistas y hablar o señalar nuestros valores y creencias de manera positiva. Creo también que casi todo lo que se produce en nuestras casas editoras persigue ese objetivo: son libros escritos por adventistas para ser consumidos por adventistas, con el propósito de quizá fortalecer, desafiar o desarrollar la fe. Pero a menudo no van más allá de esos muros. Sin embargo, cuando escribo para el público en general, tengo que saber que estoy escribiendo para una audiencia mayormente secular. En ese contexto, siento que lo que puedo hacer con el don que tengo es plantear preguntas interesantes sobre la fe y representar a las personas de fe de manera positiva aun en un mundo que a menudo mira con mucho desdén a los cristianos. Puede ser que esto no sea igual que llevar a la gente a un seminario de profecía, pero implica llegar a un mercado al que la Iglesia Adventista a menudo no llega. Al menos en Norteamérica, la mayoría de las personas con educación literaria jamás asistirá a un seminario de profecía. No les interesa casi nada de lo que como adventistas tenemos para decirles. Aunque acaso mis libros para audiencias seculares no hagan que una persona reaccione con un sentido de urgencia de asistir a la iglesia el siguiente sábado por la mañana, en todos ellos procuro describir la fe como una parte de la vida que necesitamos encarar muy seriamente. Aquí quisiera hacer un paréntesis para recalcar que tanto mi educación primaria como secundaria me brindaron un sólido fundamento para vivir mi fe de manera cabal y consecuente aun en un mundo secular. Aunque estudié en una institución adventista, la mayoría de los estudiantes no pertenecía a la iglesia, y esto me ofreció un ambiente perfecto: el desafío de vivir mi fe, y la oportunidad de comprender el estilo de vida de mis amigos no adventistas y de testificar según se presentara la oportunidad.

¿Puede darnos un ejemplo de su representación de la fe como aspecto importante de la vida?

Por supuesto. En el libro que estoy terminando y que se publicará en breve, que en inglés se titula The Forgetful Shore (editado por Breakwater Books), por primera vez escribo específicamente sobre la Iglesia Adventista, aunque es un libro pensado para audiencias seculares. La historia se desarrolla en una región de Terranova por la época de la Primera Guerra Mundial. Antes de escribir, investigué mucho y leí los periódicos locales de la década. Descubrí que entonces, los medios trataban muy bien a la Iglesia Adventista. Hasta le daban espacio en la primera plana, donde informaban lo que se decía en las reuniones adventistas. Lo que sucede es que muchos adventistas de la década de 1910 usaban los eventos del momento para proclamar el pronto regreso de Cristo. Por ello, en este libro, uno de los personajes es una joven que, desencantada de la vida, comienza a asistir a las reuniones adventistas y por un tiempo se interesa mucho en ser parte de la iglesia. Retrato esto de manera respetuosa, pero también inquisitiva. Al terminar la guerra, esta joven, que había aprendido a disfrutar del sábado, se sigue preguntando si Jesús vendrá en sus días. Yo también lucho con preguntas similares, de manera que disfruté de indagar esos interrogantes para el contexto de este último libro. Supongo que al hacer este relato trato de ver a nuestra iglesia de la manera en que nos ven los que no pertenecen a ella.

Usted dice que quiere que después de leer sus libros, las personas seculares comiencen a hacerse algunas preguntas.

¿A qué tipo de preguntas se refiere?

Bueno, quiero que comiencen a pensar en la función de la fe y de Dios en la vida diaria. En todo lo que escribo, me siento fascinada con el concepto de la gracia divina, y de cómo llega hasta nosotros. Por ello, creo que lo mejor que puedo esperar de mis libros, y muy especialmente de los que apuntan a un público no adventista, es que una persona muy escéptica y cínica respecto de la religión pueda leerlos y sentirse impulsada a pensar en Dios y en la posibilidad de ver la vida bajo una nueva óptica. En mi labor docente, veo que muchos de mis estudiantes son sumamente cínicos respecto de la iglesia donde crecieron (no importa cuál sea) y de las religiones organizadas en general. Por ello, en mi escritura –y espero que también en mi vida– procuro decir: “Hay también personas realmente interesantes y sinceras que se toman esto muy en serio y que verdaderamente creen en Dios. Es verdad, tenemos fallas y nos equivocamos, pero eso no significa que Dios no sea real”.

¿Cuáles son de sus escritores favoritos?

Por mencionar unos pocos: entre los adventistas, June Strong y Penny Wheeler, las mejores narradoras que ha producido nuestra iglesia. Entre los no adventistas, me gusta la canadiense Margaret Laurence, una brillante novelista con gran percepción del espíritu humano; la norteamericana contemporánea Marilynne Robinson, cuyas novelas revelan una visión muy rica de la vida espiritual y la fe; y la novelista británica Sharon Kay Penman, que tiene el don de retratar nítidamente la historia como ningún otro escritor que conozca. Podría mencionar muchos más, pero mejor me detengo aquí.

Ya que hablamos de novelas, ¿qué piensa del concepto que tenía Elena de White de las novelas?

Es un tema muy amplio y complejo como para cubrirlo en una entrevista tan breve. Sin embargo, el problema no está tanto en lo que dijo de las novelas, sino en lo que algunos de sus “intérpretes” han concluido a partir de lo que ella dice. En términos generales, Elena de White tiene posturas muy equilibradas.

¿Qué consejo le daría a un joven adventista que sienta que posee el don de escribir el tipo de obras que escribe usted?

A cualquier escritor joven le aconsejo que lea todo lo que pueda y que escriba todo lo que pueda. Y que no se dé por vencido, porque escribir –y en especial escribir para publicar– puede ser un proceso sumamente desalentador. Además, todo el que decide escribir tiene que hallar su propia voz y determinar qué decir y a quién decirlo. Para algunos, eso acaso implique escribir para la iglesia, en revistas y publicaciones periódicas adventistas. Sin embargo, creo que existe una tremenda necesidad –no solo en este campo sino en todas las artes– de que los adventistas se involucren en el mundo real. Como iglesia, necesitamos más personas que puedan relacionarse con el mundo no solo por medio de los esfuerzos de evangelización. Es necesario que más escritores adventistas se relacionen con el mundo de la misma manera que lo hace un ingeniero o plomero y que, por medio de su oficio, exploren nuestra perspectiva única del mundo.

Marcos Paseggi es traductor profesional y escritor independiente. Vive en Ottawa, Ontario, Canadá. E-mail: marpas08@hotmail.com.