¿Es correcto que un cristiano haga carrera en el mundo de los negocios?

Toda tarea donde se pueda realizar un servicio productivo y legítimo es valorada en la Biblia, siempre y cuando cada esfuerzo sea llevado a cabo de una manera que honre a Dios.

Años atrás, se entendía que para servir a Dios había que trabajar para la iglesia a través de la profesión personal. Inclusive algunos cristianos creían que una carrera en un negocio lucrativo discordaba con la Biblia. Sin embargo otros lo veían coincidente con los principios bíblicos.

¿Puede un cristiano considerar como servicio una carrera en el ámbito comercial? ¿Deberíamos animar a un cristiano a trabajar en una compañía con fines de lucro? En este artículo abordaremos estos dos interrogantes explorándolos desde una perspectiva bíblica. Comenzaremos con la creación.

Creación y sábado

Aun cuando el tema central de la Escritura es nuestra relación con Dios, el lado material de la vida tiene un lugar respetable en la Biblia. El trabajo que nos brinda las bendiciones materiales es un objetivo legítimo. Sin embargo, la dimensión material de la vida no puede ser separada de la espiritual, tal como se evidencia en la obra de Dios de la creación y el sábado.

La creación provee un fundamento de cómo encarar el tema de la riqueza. Dios creó todos los materiales que generan riquezas. Creó a los seres humanos para ser interdependientes entre sí y con el ambiente creado y pidió a la raza humana que sojuzgara la tierra y la cuidara como fieles administradores (Génesis 1:26-28; 2:15). La razón: Dios es el dueño de todos los bienes materiales y ha encomendado a los seres humanos que trabajen por él en esta tierra. El modo en que utilizamos estos recursos y la manera en que tratamos a las personas con las cuales los compartimos, está a la vista de aquel a quien debemos todo.

Dios declaró que el mundo material era, “muy bueno” (Génesis 1:31). Su plan original incluía a los seres humanos trabajando en el mundo material (Génesis 2:15). Sin embargo, el mayor objetivo del trabajo, tan paradójico como suena, no era acumular valores económicos ganados por la producción y la venta de bienes materiales, sino llegar a disfrutar del descanso con Dios. El sábado semanal, un anticipo del pacto divino, es inseparable de la orden de trabajar. En el descanso sabático, demostramos nuestra lealtad a Dios al descansar de nuestra búsqueda de bienes materiales. El sábado fue diseñado, en parte, como una barrera al materialismo. El trabajo se tornó una labor agobiante. Los trabajadores necesitaron descansar no solamente de sus labores, sino también de la brutal batalla por la supervivencia. Más aún, los seres humanos necesitamos el recordatorio constante del sábado para tener presente que la confianza en nuestro trabajo nunca debe reemplazar nuestra confianza en Dios.

Pacto, shalom y bendiciones

En su sabiduría, Dios conocía el impacto del pecado. El pacto de gracia de Dios, ofrecido inmediatamente después de la entrada del pecado (Génesis 3:15), y repetido a lo largo de las Escri-turas, abarca todas las dimensiones de la vida: espiritual, física, social, política, económica, etc. Bajo el poder del pecado, la tendencia de la naturaleza humana es transformar algo bueno en algo egoísta. Así como el trabajo se trasformó en algo fatigoso, el trabajo surgido del deseo de acumular riquezas se transformó en una fuente de desánimo y cansancio (Proverbios 23:4, 5). Cuando Dios estableció el pacto con Moisés, nos recordó la importancia del sábado (Éxodo 20:8). Los seres humanos vieron el trabajo de sus propias manos, y olvidando la importancia del sábado, comenzaron a confiar en su propio poder para obtener grandes riquezas.

El poder otorgado para construir riquezas está descripto en términos de pacto; “Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres” (Deuteronomio 8:18). El pacto no fue únicamente una promesa de prosperidad económica, sino que fue también una promesa de alianza completa con Dios, la familia, la comunidad y con todas las naciones, basada en la abundancia espiritual. El significado de esta vida plena fue capturado en el concepto de “shalom” (paz). Bajo el pacto divino, todo el mundo sería bendecido en toda la dimensión de shalom, incluyendo la prosperidad económica. Sin embargo, la prosperidad económica generada por fuera de una relación de alianza con Dios es el tipo de prosperidad que conduce a una persona en la dirección opuesta al plan divino.

Principios empresariales en la Biblia

La Biblia está repleta de consejos sobre cómo encarar los negocios. Salomón aconseja que deberíamos vigilar nuestros recursos de crecimiento económico, porque nuestro futuro económico es incierto (Proverbios 27:24-27). El consejo de podar las plantas frutales da como resultado una mayor producción (Levítico 25:3, 4; Juan 15:1, 2). En el ámbito de la agricultura, ciertos factores incrementan el rendimiento (Génesis 26:12; Mateo 13:8, 23; Marcos 4:8, 20; 2 Corintios 9:6). Es claro que se valora un mejor rendimiento por sobre uno menor. Por lo tanto, no es sabio utilizar tecnología ineficiente o inútil. El uso de la tecnología debe ser racional para que su alcance tenga un amplio espectro, siempre que al hacerlo honremos a Dios (Proverbios 1:17, 24:27; Eclesiastés 10:9, 10).

La Biblia asimismo desaprueba los recursos improductivos (Deuteronomio 29:23; 2 Reyes 2:19; Proverbios 26:7; Ezequiel 15:3-5; Lucas 13:6, 7; 14:35; Hebreos 6:8). Cuando un recurso llega a ser improductivo, su dueño debe corregir el problema utilizándolo de una mejor manera, o reemplazándolo con algo que produzca. El principio de destruir recursos improductivos reempezándolos por otros productivos, puede ser el razonamiento que guió a Salomón para decir que hay un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar aquello que está plantado, haciendo alusión a cuando el recurso llega a ser irreversiblemente improductivo (Eclesiastés 3:2; Mateo 3:10; Lucas 3:9; 13:6, 7). Estos principios de administración resaltan la norma espiritual de que Dios es el dueño de todos los recursos generadores de riquezas; los seres humanos somos sus colaboradores al utilizar estos recursos. La tierra, y por extensión todo aquello que ella contiene –incluyendo la tecnología aplicada a la producción– debe ser santa, apartada para el servicio a Dios.

Tecnología de negocios

La Biblia menciona cientos de tecnologías usadas en emprendimientos empresariales. En ningún sitio las critica, ni tampoco a los objetivos que representan. En los tiempos bíblicos, la tecnología crucial para generar lucros estaba representada por un comerciante que compraba y vendía bienes. Este era el sistema de pesos y medidas utilizados para calcular el precio de compra o venta. Quienes se dedican a los negocios, deben considerar su tecnología como perteneciente a Dios. No solamente porque él es el dueño de todas las cosas materiales (1 Crónicas 29:11; Salmos 50:10; 104:24; Proverbios 16:11; Hageo 2:8), sino también porque las transacciones comerciales en el mercado, que involucran el uso de sus recursos para el bien de sus criaturas, deben ser llevadas a cabo en una forma que le honre y que se preocupe por los intereses de su comunidad (Levítico 19:35, 36; Deuteronomio 25:13-15; Proverbios 11:1; 20:10, 23; Ezequiel 45:10-12; Oseas 12:7; Miqueas 6:11). Así, cualquier trabajo que los seres humanos hagan con la tecnología para mejorar su estado económico es un trabajo para y con Dios. Al desarrollar inventos que son de utilidad para promover la justicia, los seres humanos también están avanzando la obra de Dios en la tierra. Usando el mismo principio, es una abominación engañar a otros bajo la excusa del uso de la tecnología.

Jesús y el mercado

Jesús criticó a los fariseos ricos y amantes del dinero debido a su codicia y a las prácticas no éticas que los enriquecían, pero no por sus riquezas. Él aceptó invitaciones a cenar con los ricos y recibió recursos provistos por otros (Mateo 23:25; Lucas 11:39; 16:14). Sin embargo, también advirtió que debían estar alertas frente a cualquier tipo de codicia (Lucas 12:13-15). Aconsejó al joven rico que vendiera todo lo que poseía y lo diera a los pobres, pero no hizo de esto un principio general que todos debían seguir (Lucas18:18-30). Por ejemplo, cuando Zaqueo, el rico jefe de cobradores de impuestos aceptó a Jesús, entregó la mitad de sus bienes a los pobres. Jesús no le ordenó que entregara el resto (Lucas 19:1-10).

Jesús ayudó a sus discípulos en sus propios negocios (Juan 21:6-11) y utilizó la riqueza, los recursos generadores de riqueza y el trabajo, como ilustraciones de grandes verdades espirituales. Nunca cuestionó el derecho a la propiedad. Muchos de sus milagros de curación fueron para ayudar al enfermo y al discapacitado a restablecerse, no solamente en cuerpo y espíritu, sino también en su habilidad para poder hacer frente a su propio mantenimiento. Existe una tensión importante aquí. La prosperidad nace a partir de la diligencia y la sabiduría que viene de Dios ya sea a través de nuestra experiencia o la de personas confiables y temerosas de Dios, a las que deberíamos escuchar (Deuteronomio 8:10-20; 1 Crónicas 29:12; 2 Crónicas 1:11, 12; Proverbios 3:13-20). El problema es que cuando se logra un grado de prosperidad, las personas fácilmente pueden comenzar a confiar en sus bienes, apartándose ingratamente de Dios quien ha provisto la habilidad y los recursos para construir esa riqueza, ya que son recursos que él creó (Proverbios 11:28).

Las profesiones en la Biblia

La Biblia describe cientos de ocupaciones. Los recursos mediante los cuales una persona podía alcanzar un grado de riqueza en los tiempos bíblicos incluían, la tierra, los metales preciosos, las joyas, los animales, el equipamiento y las cosechas que dependían del sol y la lluvia. El comercio era parte del proceso. Se requería tener empleados para incrementar la producción (Deuteronomio 24:14, 15; Marcos 1:20; Mateo 20:14, 15). Algunos conseguían sus riquezas con integridad, otros con deshonestidad. Pero tanto los justos como los impíos podían llegar a obtener riquezas (Salmos 17:4; 37:16; 49:5, 6; 52:7; 73:3, 12; 92:7; 109:8; 123:4; Mateo 5:44, 45).

Abraham, Isaac y Jacob llegaron a ser ricos ganaderos. Jesús mismo trabajó en lo que seguramente era considerado un trabajo con fines de lucro en el rubro de la construcción. Algunos de sus discípulos trabajaron en la pesca. El apóstol Pablo no era extraño a las actividades comerciales. Aparentemente tenía un negocio de fabricación de tiendas. Él advirtió que el amor al dinero es la raíz del mal (1 Timoteo 6:9, 10). Mientras algunos comerciantes sacaban ventaja de otros a través de prácticas deshonestas, había personas como Lidia a quien se la menciona positivamente por su asociación con el ministerio de la creciente iglesia.

Servicio en el mercado laboral

Bíblicamente, el servicio a los demás es una respuesta a los dones otorgados por Dios como un préstamo, durante los limitados días de nuestra vida, y no como un medio de obtener el favor de Dios. Pedro amonestó a los primeros cristianos a usar sus dones espirituales en servicio unos por otros, de modo que demostrase administración de la gracia de Dios. La razón es que todo lo que hacemos, es para dar gloria a Dios (1 Pedro 4:8-11). Pablo aconseja a los creyentes a trabajar sinceramente para y en nombre de Jesús –el Señor– y no meramente para los seres humanos (Colosenses 3:17-23).

Productividad y ganancias

La Biblia presupone que los seres humanos intentarán ser productivos. Se espera que sean útiles y si no lo son, se los considera destructivos (Proverbios 18:9; Tito 3:14). El trabajo diligente y honesto produce ganancias honestas, aunque tal ganancia no es automática. Hay quienes siendo diligentes, pueden no tener abundancia económica. En la Biblia, tanto las ganancias como las pérdidas económicas son vistas como un regalo de Dios. De todas maneras, los seres humanos no se toman todo el trabajo de plantar y cuidar lo plantado sin esperar obtener un buen rédito: algo más que lo que pusieron en el proceso (Deuteronomio 20:6; Proverbios 27:18; 1 Corintios 9:7). De esta manera, un modo de medir la utilidad es comparando el valor de lo que se posee antes y después del trabajo diligente, que viene a ser la ganancia o rédito (Proverbios 3:13, 14; 15:27; Eclesiastés 3:9; Jeremías 6:13; 12:13). Las ganancias muestran que los que toman las decisiones económicas están siendo buenos administradores de los recursos que les han sido confiados. Por lo tanto aunque no debe “amar” las ganancias, el fiel profesional comerciante, escucha lo que esas ganancias dicen respecto a sus operaciones comerciales.

Mientras que en la Biblia la idea de obtener ganancias no es criticada per se, obtener ganancias en forma injusta o deshonesta recibe su juicio. Los profetas bíblicos hablaron vigorosamente contra las prácticas comerciales malvadas en las que los ricos tomaban ventaja de los pobres. Asimismo condena el obtener prosperidad mediante acciones inmorales e injustas. Respecto a esto, la crítica de la Biblia hacia los líderes que construían su fortuna injustamente, es presentada contra los líderes políticos y religiosos tanto como contra aquellos cuya ocupación primaria es el comercio. La codicia, el fraude y la corrupción son pecados que acosan también a aquellos que trabajan en organizaciones gubernamentales o sin fines de lucro, y no solamente a los que lo hacen en firmas comerciales (Isaías 1:23; Jeremías 8:10; 22:17; Ezequiel 22:27, 28; Amós 5:11; Miqueas 3:11).

Conclusión

¿Cómo debería ver un cristiano una carrera en el sector comercial del mercado laboral? En resumen, una carrera en el sector lucrativo, es una carrera de trabajo para Dios siempre y cuando sea en beneficio a los demás, y como administradores de la gracia de Dios. Debe ser neutralizada por el descanso sabático para que continuamente mantengamos en alto la restricción económica del sábado, en honor de Dios quien es dueño de todo con lo cual trabajamos.

¿Deberíamos estimular a un cristiano a trabajar en una firma con fines de lucro? ¡Por supuesto! Tenemos la responsabilidad de ser buenos administradores de los recursos de la comunidad. La ganancia honesta obtenida del trabajo esforzado, de desarrollos administrativos e intercambio de los recursos comunitarios, no debe ser denigrada, sino apreciada. La ganancia obtenida al aprovecharse de los demás es deshonesta y debe ser evitada a cualquier costo. Pero trabajar en una ocupación legítima con fines de lucro es una oportunidad para que el cristiano ejerza una influencia para el bien. No solamente en términos de apoyar el trabajo productivo, sino también de transformar el mundo del trabajo –si fuera necesario– estimulando a otros a acogerse al descanso periódico en lugar de vivir en forma compulsiva procurando frenéticamente generar ganancias. La vida, aún la vida laboral, es mayor que la abundancia económica que pueda ser generada, “Porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.” (Lucas 12:15). Todos los medios en donde el servicio productivo pueda ser brindado, son valorados en la Biblia, siempre que cada empresa sea llevada a cabo de una manera que honre a Dios.

Michael E. Cafferky (D.B.A., Anderson University, Anderson, Indiana) es profesor de Administración de Empresas en la Southern Adventist University (Collegedale, Tennessee, EE. UU.). Ha escrito seis libros; Management: A faith-based perspective (Pearson Education Inc., 2012), es el primer libro de texto destinado a estudiantes de universidades adventistas. E-mail: mcafferky@southern.edu.