Norma Nashed

Diálogo con la presidenta y fundadora de Restore a Child (Restituir a un Niño)

Conocer a Norma Nashed es ingresar en el ojo de un huracán. Como fundadora de la organización sin fines de lucro, Restore a Child, Nashed tiene una pasión ardiente en servir a huérfanos alrededor del mundo, y no es tímida al atraer a otros a unirse a su causa. Apenas hemos completado parcialmente nuestra introducción cuando ella es la que me hace preguntas: “¿Eres casada? Sí ¿Tienes hijos? No ¡Bien! Entonces deberías tener tiempo libre para trabajar como voluntaria con nosotros.”

Tal audacia permite explicar cómo Nashed ha logrado coordinar Restore a Child alcanzando a miles de niños, en los últimos trece años. Esta es una mujer cuya propia vida ha cambiado de curso dramáticamente, y ha enfrentado desafíos desalentadores en muchas oportunidades, y aún así ha mantenido una fe firme e inquebrantable en Dios y su dirección.

Norma nació en Palestina, pero su familia se trasladó a Jordania, lugar en el cual su padre consiguió trabajo. Sus recursos eran muy limitados, y los nueve miembros de la familia vivían en una habitación. Unos pocos años después, su padre falleció de cáncer, dejando a su madre sin un centavo a los treinta y siete años de edad, con siete hijos. Para obtener dinero, pidió prestada una máquina de coser a un vecino, para realizar costuras. La podía tener solo por las noches, pero para empeorar la situación quedó ciega unos pocos años después.

La madre de Norma se había convertido al adventismo unos años antes, y un matrimonio de misioneros llevó a Norma a su hogar por seis años, en tanto la niña avanzaba con su educación formal. Luego de culminar dos años de nivel terciario consiguió un trabajo que le permitiría ayudar a su madre y hermanos. En realidad, el trabajo resultó ser de cierta jerarquía, aunque esto no era de importancia para ella. Trabajó para el fundador de Jordanian Airlines, quien a la vez que era asesor del ya fallecido rey Hussein. Cuando el monarca se dirigía a las oficinas de la aerolínea Norma casi no podía creer que ella estaba compartiendo ese momento. ¡Ella, una simple niña huérfana!

Desde hace mucho, la vida y el ministerio de Norma se ha volcado hacia los menos privilegiados de la sociedad. A través de los años, su servicio ha tocado la vida de gente joven tanto dentro como fuera de la iglesia. Su interés en los niños, especialmente en los huérfanos, la llevó a fundar Restore a Child, cuya misión es la de proveer cuidados básicos para niños: comida, agua, atención médica, educación, y en algunos casos, hogares sustitutos. Tuvo su inicio de manera informal, dando apoyo educativo para alumnos en Jordania. Actualmente ayuda a niños en trece países: Bolivia, Chad, EE.UU., Etiopía, Haití, Indonesia, Jordania, Kenia, Rep. Democrática del Congo, Ruanda, Tanzania, Zambia y Zimbabue.

Comencemos con su primer empleo. ¿Cómo obtuvo un trabajo tan estupendo?

Sí, fue magnífico y nunca sospeché llegar a tener ese trabajo. Cuando me entrevistaron sabía que había dos obstáculos. Jordania es un país musulmán, y siendo yo cristiana no tenía la esperanza de obtenerlo. Además estaba mi observancia del sábado. Expliqué que yo no podría trabajar desde la tarde del viernes hasta la puesta del sol del sábado. Pero para mi sorpresa, fui seleccionada. Cuando tiempo después le preguntaron a mi jefe cómo podía manejarse sin un asistente los días sábados, el contesto: “Puedo pasar un día sin ayuda si a cambio tengo a alguien como Norma, los otros días”.

Pero entonces su vida tomó un giro, y comenzó a trabajar para la iglesia.

Mis padres adoptivos y mi madre biológica, fueron mi más elevada inspiración. Aún cuando mi madre era viuda y pobre, siempre compartía lo poco que tenía con los pobres y necesitados. Aún si ella tan solo tenía un poco de pan para alimentar a su familia, lo compartía con un menesteroso que golpeara su puerta. Mi madre era una mujer de fe y siempre me decía: “Norma, deja tu empleo y trabaja para Dios, y él tendrá cuidado de ti”.

Seguí su consejo y comencé a trabajar para la iglesia. Por muchos años trabajé en educación. Cuando fui encargada de las cuentas de alumnos, tomé conciencia de que los niños no debían ser castigados por su pobreza. No nos era permitido entregar las notas de los estudiantes hasta que sus cuentas estuvieran pagas, lo cual por supuesto limitaba sus posibilidades de continuar con sus estudios.

También trabajé en el departamento de Ministerios Juveniles de la Asociación General, donde tuve la posibilidad de servir en beneficio de los jóvenes. Pero enfermé de cáncer, y ese fue un punto decisivo.

¿Cómo llegó a ser esto un punto decisivo?

Muy simple, sentí que Dios me llamaba a dar una nueva dirección a mi vida. Renuncié a mi trabajo y comencé a servir a los niños.

¿Así de simple?

Estaba viviendo en un edificio donde aparentemente vivían familias de clase media, y aún así, había niños que me pedían comida cuando me veían llegar a casa, con las bolsas del mercado. ¡No podía creerlo! Comencé comprando de más para compartir con ellos. Sus madres me miraban con cierto recelo, de tal manera que al principio no podía ir a sus hogares. Cuando tuve la posibilidad de visitarlos, vi que casi no había muebles y muy poca comida.

Me dirigí a supermercados circundantes y hablé con los administradores. Ellos me darían alimentos y yo me encargaría de distribuir. También me ayudaron a recolectar artículos que otros clientes donaban colocando en un lugar llamativo donde había un cartel explicativo. Hice esto por más de seis años. Recibía mucha comida, por lo que debía almacenarla en las casas de diferentes personas hasta ser distribuida.

¿Cómo inició su trabajo internacional por los niños?

Cuando tuve cáncer, volví a Jordania de visita. Allí visité una escuela adventista a la que yo había asistido. Coincidió que estaban enviando a dos niños a su casa porque sus padres eran pobres y no podían pagar las cuotas. Vi cuán humillante resultaba esto para los niñitos; entonces pregunté cuánto necesitaban. Era el equivalente a mil dólares, lo cual estaba en condiciones de reunir.

Al volver a casa, me di cuenta que seguramente no eran los únicos, sino que habría muchos más como ellos allí. Creo firmemente que debemos asegurar que los niños tengan una buena educación. Es la llave para su futuro, para conseguir buenos trabajos, para mejorar sus vidas, como también las de sus familias. En muchos países a las niñas particularmente, no se les brindan oportunidades. Ellas serán las madres del futuro, si las entrenamos y equipamos con una buena educación, el impacto se dejará ver en todos sus hijos.

Pero ¿cómo hace una persona para iniciar una organización de caridad?

Me contacté primeramente con las personas que conocía y en las que podía confiar para obtener fondos. Había vivido en Egipto y tenía amigos allí, entonces ayudé a enviar niños a la escuela adventista en El Cairo. Uno de mis hermanos estaba designado como diplomático en Pakistán, y a través de él comencé a ayudar a alumnos en la escuela adventista en Karachi. Desde allí hice contactos en India, luego Tailandia (ayudando a niños birmanos de un campo de refugiados), y luego se extendió más, especialmente en África.

Ahora estamos trabajando en trece países, ayudando a cerca de tres mil niños, generalmente de entre cuatro y diez años. No he contado a todos los que hemos ayudado a través de los años, pero sería un número grande. Solo el año pasado, alimentamos a cinco mil niños. Estamos financiando escuelas en Haití y Etiopía, pagando a los maestros, los uniformes y los libros, así como en Indonesia. En los últimos tres años, 143 de “nuestros” jóvenes han sido bautizados. Nuestra meta es no solamente ocuparnos de las necesidades físicas de los niños, sino también de sus necesidades espirituales.

¿Dónde encuentra fuerzas para realizar tamaña tarea?

Cuando tuve cáncer y concurría a mi tratamiento, todos a mi alrededor me preguntaban, “¿cómo es que está tan feliz?”. Un año antes, yo había vuelto a consagrar mi vida a Dios, y él me daba paz. El cáncer resultó ser una bendición, porque me atrajo más cerca de Dios y me hizo poner toda mi confianza en él. No cuestioné a Dios y no lloré, ni una vez. Yo sabía que si él estaba conmigo, cualquier cosa que apareciera en mi camino sería porque él tenía un plan. Cuál era ese plan, yo no tenía idea. Ahora lo sé: era este ministerio. Me enfoqué en estos niños, no en mí misma, y Dios me dio la fuerza.

La paz y el gozo que tengo están dentro. No puedo expresarlo. Simplemente tienes que tener esa relación con Dios para experimentarlo. Realmente creo que “todas las cosas ayudan a bien”.

Cuando regresé de mi visita a Jordania, supe que debía comenzar este ministerio, y lo hice sin pérdida de tiempo. Los primeros tres años usé mis propios ahorros, y a medida que crecían las necesidades, mi familia me fue ayudando. Comencé a hablar con mis amigos, y luego comencé oficialmente a recaudar fondos.

Inicialmente trabajé proveyendo educación, pero muchos huérfanos también carecen de hogares, especialmente las niñas, por lo que comenzamos a construir orfanatos. Cada dos segundos un niño queda huérfano. En este momento existen 145 millones de huérfanos alrededor del globo. Ellos necesitan amor, cuidado, educación y dignidad.

¿Cómo ve su ministerio, tan diferente de los demás?

Dios nos ha dado diferentes dones, pero cuando se trata de los pobres no es opcional. En Deuteronomio 15 Dios dice que debemos dar al pobre para sus necesidades. En Santiago 1:27 se establece que la religión pura es cuidar de los huérfanos y las viudas. Podemos decirle a un niño, “Jesús te ama”, pero esta frase no significa nada para un niñito hambriento y sin hogar. A través de nuestro trabajo humanitario, los niños pueden ver que Jesús se preocupa por ellos. Cuando estuvo en este mundo, estaba siempre mezclándose con los pobres y los enfermos, los hambrientos y los lisiados.

¿Alguna vez ha dudado de su compromiso con la misión?

Hubo ocasiones en las que quise abandonar. Pero cuando me encontraba en mi más profundo desánimo, Dios enviaba a alguien, ya sea un donante o alguien que ayudara a compartir las tareas. Hace tres años, estábamos construyendo un orfanato en Etiopía y yo me encontraba allí. De pronto recibí un correo electrónico de un canal de televisión de Maryland diciendo, “Su edificio de apartamentos esta en llamas. Buscamos su dirección en Google y la encontramos a través de su obra de caridad. Queremos entrevistarla. Si usted abre nuestro sitio de Internet, verá su casa en llamas”. Era verdad. Perdí nueve años de documentos, mi ministerio estaba acabado… esa vez lloré y pensé: “amo a Dios, estoy haciendo su trabajo, ¿por qué permitió esto?”

Pero me quedé en Etiopía. Tenía una misión, trabajo, cosas que hacer. Cuando regresé, tres cadenas de televisión fueron al aeropuerto a esperarme. A causa de ese incendio, un doctor judío de Washington D.C., me vio en el noticiero. Yo soy una mujer árabe, pero eso no le impidió buscarme y realizar una donación de ¡doscientos mil dólares! dijo que se comprometía de por vida. Dios no desperdicia tragedias, algo bueno siempre resulta de ellas.

¿Qué ha aprendido usted acerca de cómo trabaja Dios?

Cuando Dios llama a una persona para que le sirva en algo específico, siempre provee las habilidades, oportunidades y recursos. El hizo esto por mí, y aun cuando soy humana y me desaliento, la verdad acerca de Dios es que él siempre provee en el momento exacto. En una oportunidad teníamos menos de dos mil dólares, pero algunas personas que leyeron un artículo sobre mi trabajo enviaron ¡ciento cincuenta mil! Otras personas oyeron acerca de ese regalo y enviaron considerables donaciones también.

No me avergüenzo del evangelio de Cristo, y la gente respeta eso. Siempre digo que soy adventista. Estoy orgullosa de ser adventista del séptimo día. Dios ha dado a cada persona tres T: tiempo, talentos y tesoros. Lo que hagamos con estos dones nos diferencia de otra gente. ¿Los usas solo para ti o los compartes?

¿Podría compartir la historia de un niño en particular que haya sido ayudado a través de su ministerio?

Hace siete años en Tanzania, rescatamos a un niño de la calle. Samuel Atupele, tenía doce años, no tenía calzado, ni hogar. Lo enviamos a una escuela adventista con internado. El año pasado me encontré con él, cuando visité Tanzania. Es un joven maravilloso. Le pregunté qué le gustaría hacer cuando finalice la escuela secundaria, y me contestó que quería ser pastor. ¿Qué hubiera sido de él si lo hubiéramos dejado en la calle? Fácilmente podría haberse involucrado en el crimen o las drogas, pero en lugar de esto quiere ser un pastor y ayudar a los niños de su país.

¡Estos niños serán los futuros líderes de nuestra iglesia! Darles una oportunidad de llegar a ser buenos ciudadanos no es simplemente una buena inversión por ellos, sino también por nosotros. Todos estamos conectados, no aislados. Si le damos a los huérfanos una oportunidad, ellos pueden llegar a ser líderes y a hacer grandes cosas. Todos los niños necesitan un héroe, alguien que se preocupe por ellos, que les muestre respeto y restaure su dignidad. Esa es nuestra responsabilidad.

Shelley Nolan Feesland (M.S.M. John Hopkins University) es la directora de Comunicación de la Radio Adventista Mundial. E-mail: nolans@ gc.adventis.org.

Norma Nashed puede ser contactada en president@restoreachild.org o en www.restoreachild.org.