¡Su Palabra permanece para siempre!

El salmo 119 declara la eficacia de la Palabra de Dios en la vida del creyente que la ama y obedece.

El salmo 119 es el capítulo más extenso de la Biblia. Charles Spurgeon una vez relató la historia de George Wishart, obispo de Edimburgo en el siglo XVII, quien fue condenado a muerte junto a su mentor, el Marqués de Montrose. En el patíbulo de ejecución, Wishart hizo uso de una costumbre de esos tiempos, que permitía al condenado elegir un salmo para ser cantado. El escogió el salmo 119 y antes que dos tercios del salmo fueran cantados, llegó el perdón y fue liberado.

David Livingstone, misionero pionero en África, fue premiado con una Biblia de parte de la maestra de su escuela dominical, por repetir el salmo 119 de memoria, a los nueve años de edad.

Esto me hace recordar mi propia experiencia en la Unión Soviética cuando yo era niño y no era fácil conseguir una Biblia. No solo no se publicaban, sino que estaban prohibidas pero aún así cuando los creyentes se reunían para adorar, –en viviendas privadas– tenían Biblias. Por eso, a los cinco años yo estaba obsesionado con el deseo de conseguir una Biblia propia.

Me enteré que únicamente los líderes de iglesia podían recibir una. Entonces, la siguiente vez que vi al pastor Kulakov –fue un líder no oficial de la iglesia por muchos años–1, le pedí si podía ayudarme a conseguir una Biblia. El me dijo: “Tu debes aprender a leer primero, tan pronto como aprendas a leer bien, recibirás tu Biblia”. Por lo tanto comencé a estudiar diligentemente. En ocasiones, los líderes de la iglesia se reunían en nuestro hogar, y el pastor Kulakov estaba allí para presidir las reuniones. Pero era casi imposible acercarse debido a que todos deseaban hablar con él. Intenté descubrir un modo en que podría hacerle saber que ya había aprendido a leer bien y que era el momento para que me consiguiera una Biblia. Noté que en ocasiones el pastor Kulakov se retiraba de las reuniones para ir al baño y decidí que esa era mi oportunidad; me paré frente a la puerta del baño, leyendo un libro, como enviándole una señal clara: es tiempo de darme una Biblia.

En aquellos días, la Biblia no era solamente comida espiritual, sino que además su mensaje era la llave que abría puertas de casas-iglesias y de hogares de creyentes. Siendo que la iglesia debía operar en forma muy disimulada, algunas agencias especiales del gobierno estaban intentando infiltrarse en la iglesia

Si un creyente visitaba un pueblo o ciudad, intentaba encontrar creyentes y adorar con ellos. Antes de viajar, nos acercábamos al pastor y él nos daba la dirección de algunos creyentes. Al llegar a destino buscábamos la casa y llamábamos. Entonces se oía una voz que preguntaba: “¿Quién está ahí?”. Generalmente contestábamos: “Soy un adventista. ¡Tu hermano o hermana!” En algunas ocasiones oías otras preguntas como, “¿Quién le dio mi dirección? ¿Cuál es el versículo de memoria de esta semana? ¿Cuál es la lectura devocional de hoy? ¿Conoce el cuarto mandamiento?” Pero si el dueño de casa todavía tenía algunas dudas, ¡recitar el salmo 119 lo convencería! Era la llave maestra.

Una de las características más notorias del salmo 119 es que está escrito en forma de acróstico. Los 176 versículos están organizados en veintidós grupos de ocho. Los ocho versículos de la primera estrofa comienzan con la primera letra del alfabeto hebreo, “Alef”. Cada línea de los ocho versos de la segunda estrofa comienza con la segunda letra del alfabeto hebreo, “Bet”, y así sucesivamente hasta que las veintidós letras del alfabeto hebreo han sido usadas.

¿Por qué estrofas de ocho y no de siete? La palabra “siete” en hebreo deriva de una palabra que significa “ser lleno, satisfecho, tener suficiente de”. ¡Así sería muy apropiado utilizar este número! Sin embargo, la palabra “ocho” en hebreo deriva de un vocablo que significa “engordar, hacer que sobreabunde”. De esta manera “siete” es suficiente, pero “ocho” es más que suficiente. En la palabra de Dios existe una sobreabundancia que supera la plenitud. Todos podemos encontrar cada bocado de consejo y sabiduría que necesitamos y ¡en sobreabundancia!

Pero es interesante que el libro de Salmos contiene tanto el capítulo más corto (Salmo 117) como el más largo (Salmo 119). El capítulo más corto invita a todas las naciones y pueblos a adorar a Dios, “¡porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia, y la fidelidad de Jehová es para siempre! (Es constante, nunca cambia)”. El capítulo mas largo alaba la Palabra de Dios, su revelación, su ley, su guía, poniendo énfasis especial en el hecho que su palabra permanece para siempre.

Plenamente eficaz

Un aspecto notable del Salmo 119, es que casi todos los versículos hacen referencia a la Palabra de Dios. Hay numerosos sinónimos para Escritura en este salmo. Algunos argumentan que hay ocho; otros ven diez. Por ejemplo, ley-Torah, 25 veces; palabra- Dabar, 24 veces; dichos, promesas u otro vocablo hebreo para palabra- Imra’, 19 veces; reglas u ordenanzas, 23 veces; testimonios, 23 veces; mandamientos, 22 veces; decretos o estatutos, 21 veces; preceptos, 21 veces y así sucesivamente.

Franz Delitzsche escribió, “Aquí tenemos descripto en plenitud inagotable lo que la Palabra de Dios es para el hombre y cómo debe el hombre comportarse en relación a ella”.

El salmo 119 declara la eficiencia total de la Palabra de Dios en la vida del creyente que la ama y obedece. ¿Quién no recuerda palabras del salmo 119 tales como: “ En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (vers. 11), o “Ella es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado” (vers. 50)?

El salmo habla del deleite interior de la palabra de Dios.¡ Hace énfasis especial en el hecho de que la Palabra de Dios purifica el corazón, consuela al alma, reconforta el espíritu, conquista los temores, aconseja, ilumina, fortalece la mente, da entendimiento, anima el corazón, estimula la fidelidad, enriquece la vida, trae esperanza, incrementa la fe, da apoyo en la persecución, infunde paz, muestra el camino, guía a la verdad, satisface plenamente, sostiene firmemente, da vida, protege de la destrucción, protege de los malvados, reaviva, provee misericordia y llena de gozo!

El aspecto más fascinante del salmo 119 es que exactamente en el medio, en el corazón del mismo, (versículo 89) encontramos la siguiente declaración, la cual en realidad es el fundamento de todo lo que se ha dicho hasta aquí y lo que será dicho en los siguientes versos hasta el final del salmo. “Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos” (RV). “Tu palabra, Señor, es eterna, y está firme en los cielos. Tu fidelidad permanece para siempre” (vers. 89, 90 NVI). ¡Este es el corazón de todo el salmo! Este es el fundamento real de todo lo que se ha sido dicho en el salmo.

La naturaleza eterna de la palabra de Dios

Este salmo se enfoca en la naturaleza infinita y eterna de la Palabra de Dios que además de perdurable, se mantiene firme en los cielos, por siempre inmutable, siempre nueva, fresca y relevante. La fidelidad de Dios es un sinónimo de Escritura, significando que Dios está comprometido eternamente a mantener sus promesas a través de todas las generaciones, incluyendo la nuestra. Así como Dios estableció la tierra que permanece firme, por su palabra hablada, su Palabra escrita también permanecerá segura y firme a través de todas las generaciones.

Note aquí la referencia al cielo, a Dios mismo y a su fidelidad. Verdaderamente significa que aquel que inspiró la Palabra, y que nos la envió, está vivo, y lo mismo su Palabra que es y será relevante por siempre. Esta es la razón por la cual el salmista (vers. 18) exclama: “Abre mis ojos, y miraré”.

Debido a que Dios es quien respalda esta Palabra y él está vivo, deberíamos siempre esperar nuevos descubrimientos al embarcarnos en una jornada de estudio de la Biblia. Nunca llegará el momento cuando podamos decir que sabemos todo lo que sus páginas tienen para decir. Al abrirla nuestra oración debería ser: “Abre nuestros ojos, y miraremos.” Como la Palabra de Dios es eterna en el cielo, ¡claramente puede también ser confiable aquí en la tierra! Martín Lutero declaró: “La Biblia está viva, me habla, tiene pies, corre detrás de mí, tiene manos, y me toma. La Biblia no es antigua ni moderna. Es eterna”.

Elena White escribió: “La Palabra de Dios es la única cosa firme y sin cambio que el mundo conoce. Como su Autor, en carácter es la ‘misma ayer, hoy y por siempre”’.2 “La palabra del hombre fracasa, y quien se aferre de las aserciones del hombre como su fuente de dependencia, bien puede temblar, porque algún día llegará a ser como un barco que naufragó. Pero la Palabra de Dios es infalible y subsiste para siempre. Cristo declara: ‘Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido’. (Mateo 5:18.) La Palabra de Dios permanecerá a través de las interminables edades de la eternidad”.3

Una vez se le preguntó a John Ryle, un obispo anglicano, qué sucedería con la Biblia dado que se encuentra bajo el ataque de la alta crítica. Él respondió: “Denme la teoría de la inspiración bíblica con todas sus dificultades, en vez de la duda. Acepto las dificultades y humildemente espero su solución. Pero mientras espero, estoy parado sobre la roca”. Tenemos una elección, una roca sólida o las siempre cambiantes teorías y filosofías humanas.

Todo cambia en esta vida. Nada es sólido. Los reinos vienen y van, los líderes vienen y van. Nací en un país que ya no existe más. Para mi formación académica fui a otro país que tampoco existe más. Los líderes soviéticos prometieron a la gente un buen retiro o jubilación. La gente trabajó esforzadamente, creyendo en sus líderes. Sin embrago, cuando llegó el tiempo del retiro, los que habían hecho la promesa se habían ido y el país también. ¡No así la Biblia!

¡El que habla a través de las Escrituras y que hace promesas en la Biblia está vivo! El es el mismo ayer, hoy y mañana. Solamente Dios y su Palabra nunca cambian, son inamovibles y totalmente confiables. Las teorías humanas, aun cuando puedan ser muy populares, no duran mucho. Las filosofías vienen y se van. ¡Solo existe una roca sólida! El libro de Daniel, en el capitulo 5, describe una ocasión interesante cuando el rey Belsasar se encuentra con el profeta Beltsasar. El rey necesita alguien que le interprete la escritura manuscrita en la pared y le promete al profeta riquezas y honra. El profeta sabe que el fin del reino ha llegado. Un ejército ya ha rodeado la ciudad. El reino está casi tomado. Pero el rey Belsasar continúa prometiendo: “…Si ahora puedes leer esta escritura y darme su interpretación, serás vestido de púrpura, y un collar de oro llevarás en tu cuello, y serás el tercer señor en el reino” (Daniel 5:16). Pero la historia continúa: “Entonces Daniel respondió y dijo delante del rey: ‘Tus dones sean para ti, y da tus recompensas a otros. Leeré la escritura al rey, y le daré la interpretación’” (Daniel 5:17).

El rey promete lo que en realidad no tiene. Cuán a menudo nos sucede algo parecido. Este mundo nos ofrece cosas muy atractivas, y parece que somos tentados a seguir la moda del día, olvidando que este mundo no tiene nada que ofrecer que sea perdurable. Nunca olvidaré el día cuando como soldado del ejercito soviético, los oficiales militares, luego de muchas horas de lavado de cerebro e interrogatorios, me invitaron a la oficina del principal oficial de la unidad, y me dijeron: “No sea necio; no destruya su joven vida. Simplemente olvide a su Dios, por lo menos por un tiempo, mientras está en el ejército. Vamos a hacer que su vida sea maravillosa. Le daremos vacaciones, una vida placentera, y usted tendrá un buen futuro… pero con su Dios usted perderá todo eso”. Hoy me pregunto ¿dónde están aquellos que me hicieron esas promesas? ¡Pero mi Dios está aún en el trono!

Promesas que perduran

Las bendiciones prometidas en el salmo 119 son reales. Si necesitas sabiduría y entendimiento, este salmo te dice: “¡Cuánto amo yo tu ley! Todo el día medito en ella. Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos porque me pertenecen para siempre. Tengo más discernimiento que todos mis maestros porque medito en tus estatutos. Tengo más entendimiento que los ancianos porque obedezco tus preceptos” (vers. 97-100, NVI).

Si hoy estás perdido y no puedes encontrar el camino, el salmo 119 te anima a conseguir un GPS de máxima calidad: “Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero” (vers. 105). “Guía mis pasos conforme a tu promesa; no dejes que me domine la iniquidad” (vers. 133, NVI).

Si necesitas ayuda o protección este salmo te dice dónde obtener la mejor póliza de seguro: “Tú eres mi escondite y mi escudo; en tu palabra he puesto mi esperanza. ¡Malhechores, apártense de mí, que quiero cumplir los mandamientos de mi Dios! Sostenme conforme a tu promesa, y viviré; no defraudes mis esperanzas. Defiéndeme, y estaré a salvo; siempre optaré por tus decretos” (vers. 114-117, NVI).

Tuve un alumno que actualmente es pastor en uno de los países del Cáucaso, que me relató una experiencia reciente. El había comenzado a dar estudios bíblicos a un joven cuyo padre estaba por segunda vez en la cárcel; ambas veces había sido sentenciado por homicidio. Cuando finalmente fue liberado de la prisión, llegó a casa y notó un cambio en la vida de su hijo. Cuando descubrió que el muchacho estaba asistiendo a la Iglesia Adventista, se sintió muy disgustado, de manera que decidió salvar a su hijo de lo que el creía era una secta peligrosa. Comenzó hablándole para persuadirlo, pero no produjo cambios. Entonces comenzó a golpearlo, y eso tampoco ayudó. Entonces pensó: si continúo en este camino puedo llegar a matar a mi hijo. ¿No sería mejor matar al pastor que ha influenciado tan fuertemente a mi hijo?”

Así es que el padre decidió matar al pastor. Ya tenía suficiente experiencia. Tomó un cuchillo, que era como una pequeña espada, y obligó al pastor a entrar en su vehiculo. Comenzaron a hablar. Mientras estaban conversando, el pastor intentó hablar acerca de la Palabra de Dios, la cual en realidad es, como nos dice la Biblia, “una espada de doble filo”. El padre intento tomar su espada, pero tan pronto la tocó, su mano se entumeció y no pudo moverla. Mientras continuaban hablando, “la espada de dos filos” de la Biblia atrapó al padre. Poco después este hombre fue bautizado y como es habitual, quiso dar un testimonio: “Tengo un regalo que me gustaría darle al pastor. Esta es la espada que yo estaba tratando de usar para matarlo. Pero la otra espada, la de doble filo, la Palabra de Dios…”

Queridos amigos, la Palabra de Dios permanece para siempre. Su espada es suficientemente poderosa.

Arthur Stele (Ph.D., Andrews University) es vicepresidente de la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día y director del Instituto de Investigación Bíblica. Antes de trabajar en la Asociación General sirvió a la iglesia en Rusia y fue presidente de la División Euroasiática por muchos años. E-mail: stelea@gc.adventist.org.

REFERENCIAS

  1. Luego de la desaparición del comunismo, Mikhail Kulakov fue presidente de la División Euroasiática.
  2. Elena White, The Bible Echo, Mayo 1894, párrafo 1.
  3. ----------------, Alza tus Ojos, p. 94.