¿Es científica la teoría de la evolución?

La ciencia hace muchos descubrimientos significativos, pero en su constante progreso continúa mostrándonos que cosas sobre las cuales una vez estábamos seguros, en realidad son incorrectas.

¿Es científica la teoría de la evolución? La búsqueda de una respuesta abarca cosmovisiones, datos y su interpretación, así como otras cuestiones. La respuesta fácil es “Sí, es científica”, pero antes de entender qué significa eso, necesitamos preguntar qué hace que una teoría sea científica.

Ciencia y religión

La ciencia es un proceso de búsqueda de respuestas.1 Una idea es caratulada como científica si puede ser estudiada usando el método científico. Si tenemos una idea y nos gustaría saber si es buena, existen diversos enfoques que pueden ayudarnos a decidir si es correcta. Primero, podemos usar nuestra propia capacidad de raciocinio para decidir si la idea es verdadera. También podemos buscar ayuda en Dios o en la Biblia, y decimos que es un enfoque religioso. Finalmente, podemos pensar en observaciones o experimentos que pueden ayudar a determinar si la idea es correcta. Este enfoque es ciencia. Comparemos estas tres perspectivas.

Si simplemente reflexionamos al respecto, ¿cómo sabemos que la conclusión es correcta? Necesitamos comparar nuestras ideas con algún tipo de modelo. Si no tenemos un modelo, nuestra idea es apenas una mera conjetura. Si nos preguntamos cuántos dientes tiene un caballo, ¿será más útil pensar acerca de cuántos dientes tiene, o abrir la boca de un caballo y contarlos? Podríamos preguntarle a Dios o escudriñar la Biblia en busca de la respuesta a la pregunta sobre el número de dientes de los caballos. El problema es que la Biblia no nos fue dada para responder preguntas como esta, que podemos contestar fácilmente por nosotros mismos y que no tienen significación espiritual. La Biblia fue dada para contestar otro tipo de preguntas, que consideraremos en breve. Respecto a cuántos dientes tiene un caballo, ¿no es más útil abrir la boca de un caballo y contarlos? Si así lo hacemos, estamos usando ciencia para contestar la pregunta.

El método científico puede describirse con la siguiente secuencia de sucesos. Un científico tiene una idea que se denomina hipótesis, y entonces piensa en las observaciones y experimentos que pondrán la hipótesis a prueba. Se efectúan las observaciones, se realizan los experimentos, y los resultados pueden indicar que la hipótesis es falsa o pueden respaldarla. Otro posible de-senlace es que la respuesta permanezca incierta, y habrá que diseñar diferentes observaciones y experimentos para probar mejor la hipótesis. De una cosa podemos estar seguros: la ciencia no nos proporcionará una prueba absoluta en favor o en contra. Podemos pensar que tenemos la prueba, pero siempre es posible que nuevas evidencias cambien el cuadro.

A veces les digo a mis alumnos de ciencia que la mitad de lo que estoy enseñando no es cierto. Sin embargo, ¡tendremos que esperar nuevos descubrimientos científicos para que nos muestren cuál es la mitad errónea! Hace algunos años la evidencia científica indicaba que había diez especies de ardillas en California, pero nuevas evidencias mostraron la existencia de tres más. En genética molecular, un concepto considerado un tiempo como el dogma central era que cada gen en nuestros cromosomas dirige la formación de una sola proteína. En cambio, nuevos descubrimientos han mostrado que el proceso es significativamente más complicado. La lista de tales cambios en el conocimiento científico es interminable. La ciencia hace muchos descubrimientos significativos, pero en su constante progreso continúa mostrándonos que cosas de las cuales una vez estábamos seguros, en realidad son incorrectas. Simplemente no teníamos suficientes evidencias para saber que nuestra interpretación no era correcta.

Hay algunas ideas para las cuales, a raíz de su naturaleza, el estudio científico no puede ofrecernos respuesta. No pueden ser puestas a prueba, no importa cuánta investigación se haga. Por ejemplo, cuando Jesús vivió en la tierra, ¿realizó milagros realmente? Trate de inventar un experimento para poner a prueba esa idea y verá que simplemente no puede. Jesús vivió en la tierra hace mucho tiempo y nosotros no estábamos allí. Muchos estamos absolutamente seguros de la veracidad de sus milagros, pero esto no puede demostrarse con la ciencia. En la vida y el conocimiento hay más que ciencia. La ciencia es una excelente vía para descubrir muchas cosas, pero es importante reconocer los límites acerca de preguntas a las que no puede dar respuestas.

Evolución

Ahora, volvamos a nuestra pregunta sobre la teoría de la evolución. Para dar una respuesta que no sea superficial, necesitamos considerar el significado de la palabra evolución. Una definición básica de la evolución biológica es: cambio a través del tiempo. Los animales y las plantas cambian a medida que su sistema genético les permite adaptarse a diferentes condiciones ambientales. Hay complejidades en el proceso que no analizaremos aquí,2 pero la parte esencial de la definición es el cambio que ocurre en poblaciones de organismos al transcurrir el tiempo. Un sencillo ejemplo es el del pico de los pinzones en las islas Galápagos. El clima cambió en un período de varios años, lo que resultó en modificaciones en la provisión de alimento de los pinzones. Los individuos cuyo pico no tenía el tamaño apropiado que les permitiera alimentarse tuvieron una menor oportunidad de sobrevivir, y el tamaño promedio del pico de los pinzones se modificó para acomodarse al alimento disponible. Luego, cuando el clima volvió a su condición previa, el alimento disponible también cambió y el tamaño promedio del pico de los pinzones retornó a lo que era antes de los cambios climáticos.3 Este es un ejemplo de microevolución o modificación dentro de una especie, lo que ocurre generalmente por medio de mutaciones y selección natural.

Otro ejemplo sucede todo el tiempo en lugares como los hospitales. Durante décadas hemos estado usando antibióticos para matar bacterias, pero unas pocas bacterias individuales permanecen después que los antibióticos liquidan a todas las otras. El resultado es una cepa de bacterias que son inmunes a los tratamientos y, por consiguiente, muy difíciles de controlar. Esto también es microevolución, y no crea en realidad ningún nuevo tipo de animales; simplemente permite que especies de animales o plantas se adapten a condiciones ambientales cambiantes.

La teoría de la evolución incluye otro concepto: la evolución de todas las formas de vida, a lo largo de extensas eras, a partir de un ascendiente común. Esta parte de la evolución dice que sapos, gorriones, gusanos, repollos, palmeras, langostas y científicos son, todos ellos, el resultado de la evolución; evolucionaron a través del tiempo a partir de un común ascendiente unicelular. Nos referiremos simplemente a esto como la descendencia de un antepasado común.

¿Pueden estas ideas acerca de la evolución, una de ellas o ambas, ser estudiadas por los métodos de la ciencia?4 Sí, definidamente pueden. Muchos científicos realizan investigaciones en microevolución, observando cómo las criaturas cambian al modificarse el ambiente; usan observaciones y experimentos a fin de probar hipótesis acerca de estos cambios. Están estudiando procesos que pueden ser observados y documentados. ¿Qué sucede respecto de modificaciones mayores a través del tiempo: descendientes de antepasados en común? ¿Puede esto ser estudiado con los métodos de la ciencia? Sí, los científicos usan muchas clases de evidencias para desarrollar y poner a prueba hipótesis sobre la evolución desde ascendientes comunes.

Ambos tipos de evolución son científicos en el sentido de que pueden ser estudiados con métodos científicos, pero, hay una diferencia entre ellos. Por lo menos algunas partes del proceso de microevolución pueden ser observadas, pero la descendencia de diferentes tipos de animales a partir de ascendientes comunes en el pasado distante no puede ser observada. La investigación en descendientes comunes utiliza evidencia científica, pero depende de suposiciones a fin de interpretar la evidencia. La suposición más importante que es generalmente aceptada por los científicos sostiene que nunca ha habido milagros, ningún acto sobrenatural, en toda la historia. En otras palabras, en la naturaleza todo puede ser explicado por medio de las leyes naturales que han sido descubiertas. Esta es la presuposición del naturalismo, la cosmovisión que no acepta la posibilidad de una creación o un diseño inteligente. Toda vez que esta presuposición se establece, los científicos siempre interpretarán la evidencia de acuerdo con la teoría de la descendencia común mediante evolución. La evidencia puede ser interpretada de diversas maneras, pero en la cosmovisión naturalista las únicas interpretaciones que serán aceptadas son las que se basan en la descendencia de todos los organismos por medio de la evolución a partir de un ascendiente común.

Muchos queremos saber más: no solo si la teoría de la evolución puede ser estudiada con la ciencia, sino si es verdadera o no. A veces el término científico es usado en una forma que implica que si algo no es científico, no es cierto. Como los milagros de Jesús no pueden ser verificados por la ciencia, ¿significa que no son ciertos? Esta no es una conclusión razonable. La ciencia no puede demostrar que esos milagros ocurrieron, pero tampoco puede demostrar lo opuesto. La ciencia sencillamente no tiene nada que aportar al respecto.

¿Qué nos dice esto acerca de la evolución? ¿Puede la suposición del naturalismo ser verificada por los métodos de la ciencia? Si pudiera, ya no sería una suposición. La suposición de que no hubo intervención de actos sobrenaturales en el origen de formas de vida (es decir, que no hubo creación) es una creencia que no puede ser probada mediante observaciones o experimentos. Por esta razón, la suposición es una elección filosófica arbitraria, no una elección que se apoya en la ciencia. Hay considerable evidencia que pretende apoyar la evolución en millones de años, pero cosmovisiones diferentes pueden conducir a otras interpretaciones de la evidencia. La diferencia está en las interpretaciones, y en las suposiciones de las cuales esas interpretaciones dependen. La ciencia puede proporcionarnos evidencias sobre las cuales reflexionar, pero no puede mostrarnos cómo entender esas evidencias.

Experimentamos ciertas dificultades en explicar algunas de las evidencias en biología y geología, según el concepto bíblico de la creación; no obstante, también hay muchos tipos de evidencias que son difíciles de reconciliar con la teoría de millones de años de evolución. Puesto que no estuvimos allí y no poseemos todas las evidencias, la ciencia no tiene respuestas definitivas sobre los orígenes, y es sabio procurar las respuestas de Dios para estos interrogantes.5

Para ilustrar esta diferencia de cosmovisiones y las interpretaciones resultantes, consideremos un ejemplo: los gusanos y los científicos tienen los mismos procesos bioquímicos que ocurren en las células de sus cuerpos. Los científicos naturalistas piensan que esto indica que evolucionaron del mismo antepasado común, pero también podría significar que el mismo Creador diseñó ambos, usando el mismo mecanismo bioquímico para mantener la vida en sus células. La diferencia entre esas dos interpretaciones, evolución o creación, no puede ser puesta a prueba por los métodos de la ciencia, porque se basan en conjeturas acerca de lo que sucedió en el pasado.

En el estudio de la microevolución a menudo podemos “abrir la boca del caballo y contar los dientes”. Pero cuando preguntamos si evolucionamos a partir de bacterias y gusanos, estamos formulando una pregunta acerca de historia antigua cuando ningún científico estaba allí para “abrir la boca del caballo”. Podemos pedirle a Dios la respuesta, y en ese caso es una cuestión espiritualmente significativa que la Biblia sí considera. La única otra opción para contestar la pregunta es de naturaleza filosófica: podemos pensar en la limitada evidencia que poseemos y decidir, por nosotros mismos, que la suposición del naturalismo es correcta. ¿Es este un enfoque satisfactorio? ¿Está Dios sujeto a esta suposición, o está asombrado ante nuestra ingenuidad?

Mi apellido es Brand. Mi padre le pidió a un experto en estudios genealógicos que rastreara nuestra ascendencia, y él escudriñó nuestra historia hasta algunas prominentes familias de antaño en Inglaterra. El problema fue que el experto había hecho una falsa presuposición: que el apellido había sido usado de modo uniforme a lo largo del tiempo. Lo que él no sabía era que el abuelo Brandt, un granjero alemán, apellidó a su primera media docena de vástagos “Brandt”, pero en el certificado de nacimiento de la última media docena los nombró “Brand”. Llegar a una correcta interpretación genealógica de los orígenes dependía de saber que la historia del apellido había sido modificada por una decisión inteligente. (Doy por sentado que fue inteligente, pero nadie sabe por qué lo hizo; y sí, era una docena.) Nuestro apellido no ha estado sujeto a las típicas leyes que gobiernan la descendencia de los apellidos. Así sucede en la ciencia; si una decisión o creación inteligente intervino en el origen de los grupos de animales y plantas, la ciencia no la reconocerá si los científicos que investigan esta idea dependen de una falsa suposición sobre los orígenes.

Conclusión

¿Es científica la teoría de la evolución? Sí, es científica en el sentido de que puede ser estudiada por medio de los métodos de la ciencia. ¿Esto significa que es cierta? ¿Su estatus de teoría científica hace que sea un hecho demostrado? Muchos libros científicos afirman resueltamente que la evolución es un hecho, tanto como lo es la gravedad. Sin embargo, esa pretensión no es realista si se posee una comprensión apropiada del método científico. Partes de la evolución, especialmente la microevolución, están bien documentadas y parecen esencialmente ciertas, aunque puede haber mucho que aprender antes que entendamos todo. Esta incertidumbre no es exclusiva del estudio de la evolución; en todas las áreas científicas el descubrimiento de nuevos fenómenos hace que se prosiga mejorando o corrigiendo las ideas científicas.

Otras partes de la evolución –por ejemplo, sus aseveraciones respecto a la historia antigua y el origen de las formas de vida– son de una categoría diferente. La ciencia puede estudiar estas afirmaciones y elaborar hipótesis, pero estas nunca pueden ser verificadas rigurosamente por la ciencia. Nosotros no estuvimos allí, y nuestras interpretaciones del pasado remoto son apenas tan buenas como nuestras conjeturas. Tales aseveraciones no son científicas, si por “científico” queremos decir que se ha demostrado que son ciertas; no obstante, eso no es realmente lo que el término científico significa.

Sugiero que el nivel de confianza que una persona tiene en la veracidad de la historia según la evolución (esto es, la descendencia común de todos los organismos) refleja directamente el grado de confianza que tiene de que la ciencia es el camino más seguro de hallar la verdad en cualquier tema, y/o la confianza que tiene en la presuposición del naturalismo. Nuestra confianza de que Dios nos ha hablado en la Biblia, y nos ha dado una historia verdadera de la vida en la tierra es la base de nuestra cosmovisión cristiana. Por eso, para nosotros la Palabra de Dios es la guía más confiable para entender la historia antigua. Dios estaba allí cuando fue creada la vida, y nosotros no. En el caso de los orígenes, él “contó los dientes del caballo” y nos dio la respuesta. A diferencia de la pregunta sobre el caballo, la Biblia trata el tema de los orígenes porque es importante para nosotros saber de dónde vinimos, por qué estamos aquí, y adónde vamos.

La pregunta “¿conozco a Jesús?” puede no parecer científica, y para algunos puede no ser considerada relevante para nuestra decisión respecto a la evolución. Sin embargo, me permito decir que es la pregunta más importante de todas. ¿Damos mayor crédito a interpretaciones científicas contemporáneas que a la Palabra de Dios, o conocemos a Jesús suficientemente bien como para tener confianza en su comunicación con nosotros por medio de la Biblia?

Leonard Brand (Ph.D en Biología Evolutiva, Cornell University) es director del Departamento de Ciencias Biológicas y de la Tierra y profesor de Biología y Paleontología en Loma Linda University, Loma Linda, California, Estados Unidos. Este artículo apareció primero como un ensayo en Understanding Creation: Answers to Questions on Faith and Science, L. James Gibson y Humberto M. Rasi (Nampa, Idaho: Pacific Press Pub. Assn., 2011). Impreso con autorización.

REFERENCIAS

  1. L. Brand, Faith, Reason and Earth History: A Paradigm of Earth and Biological Origins by Intelligent Design, 2da. ed. (Berrien Springs, Michigan: Andrews University Press, 2009).
  2. Ibíd.; L. Brand, Beginnings: Are Science and Scripture Partners in the Search for Origins? (Nampa, Idaho: Pacific Press, 2006).
  3. P. A. Grant, Ecology and Evolution of Darwin’s Finches (Princeton, Nueva Jersey: Princeton University Press, 1999).
  4. Brand (2006, 2009); D. Ratzsch, Science and Its Limits: The Natural Sciences in Christian Perspective (Downers Grove, Illinois: InterVarsity Press, 2000); J. P. Moreland, Christianity and the Nature of Science (Grand Rapids, Michigan: Baker Books, 1989).
  5. Brand (2006, 2009); S. C. Meyer, Signature in the Cell DNA and the Evidence for Intelligent Design (Nueva York: HarperCollins, 2009); A. A. Roth, Origins: Linking Science and Scripture (Hagerstown, Maryland: Review and Herald, 1998); A. A. Snelling, Earth’s Catastrophic Past: Geology, Creation and the Flood, tomos 1 y 2 (Dallas, Texas: Institute for Creation Research, 2009).