EDITORIAL

Superando los obstáculos

Este año fueron realizados los Juegos Olímpicos en Londres. Cada uno de los competidores conoce perfectamente sus debilidades: la negligencia al realizar algunos ejercicios que parecen superfluos, el músculo que no se estira suficientemente, la dificultad para mantener la concentración, los desarreglos alimenticios, las ganas de descansar cada vez que se encuentra una excusa, y la lista tiene más ítems que nombres de competidores. Cada uno conoce sus debilidades. Algunos las logran vencer mientras que otros simplemente las disimulan, pero todos sin excepción tienen “barreras o vallas”.

Justamente la carrera de vallas me llama la atención; es muy interesante. El corredor tiene que sortear cada valla con una precisión extrema ya que rozarla sería perjudicial para sus cómputos de rendimiento y excederla en demasía significaría pérdida de fracciones de segundos y de energía. Se necesita el dominio absoluto y perfecto de muchísimos músculos para ir sorteando una tras otra las vallas que separan la línea de largada, de la de llegada. En esta hazaña participan no solo las piernas, sino cada parte del cuerpo tiene una importancia vital para lograr cumplir exitosamente la empresa.

Tu vida como estudiante es muy semejante a una carrera de vallas. Mi vida también tiene vallas aunque ya terminé mi preparación académica. Nuestras vallas no tienen medidas idénticas ni están pintadas llamativamente para que las veamos desde la distancia, pero son elementos en nuestro paso por la vida que nos turban o nos hacen titubear. Hay quienes hasta llegan a parar en seco y en lugar de intentar el salto, se paralizan como si esa valla fuese una puerta.

No confundamos una valla con una puerta clausurada con candado. La primera es una prueba para nuestra tenacidad y nuestra capacidad de crear maneras de franquearla, pero a diferencia de la puerta, no llega hasta el techo ni está clausurada imponiendo que dos ambientes contiguos queden completamente incomunicados entre sí. Una valla es tan solo una valla. Deja espacio libre que es vital para el que está queriendo franquearla.

Una valla en la vida de un estudiante puede ser un tema difícil o poco atractivo; puede ser un curso o examen en día sábado; un profesor al que no se le entiende cuando trata de compartir información de su especialidad o su método para calificar nuestro desempeño; puede ser un inesperado problema familiar; también puede ser pereza mental; falta de interés; poca resistencia ante las frustraciones; y hasta pueden ser problemas físicos o fisiológicos de la química del cuerpo. La lista se puede ampliar hasta el infinito porque cada estudiante tiene “su valla hecha a medida”. Lo que para uno es una barrera atormentadora, para otro no produce más que un pequeño desgaste adicional que se vence rápidamente, pero las vallas existen para todos, aunque no sean idénticas.

Lo importante es saber que una valla puede ser franqueada. Solamente “las puertas clausuradas con un candado” pueden obstaculizar completamente el paso o avance hacia la meta. Pero en la vida hay más vallas que puertas.

Más tranquilizador aún es saber que no estamos solos en esta carrera. Dios está a nuestro lado: para darnos fuerzas, para ayudarnos a superar y capacitarnos para avanzar. Lo principal es que la vida no es una valla imposible de superar, sino que el poder de Dios nos habilita para saltar y triunfar. Y además podemos tener plena confianza de que Dios nunca nos abandonará frente a una valla.

Ningún estudiante puede recordar solo días fáciles y placenteros en su carrera (de vallas) hacia la meta académica. El sendero siempre fue sinuoso, con subidas y bajadas; pendientes peligrosas y desgastantes; pequeños y grandes obstáculos. Pero así como el atleta reflexiona acerca de cuál es la mejor estrategia para sortear las vallas y combina elementos para lograr el éxito, tú también puedes reflexionar sobre las posibles alternativas que serán herramientas útiles para el éxito de tu propia carrera.

Me limito a enumerar algunas, pero quisiera que tú también reflexiones y hagas aportes que se puedan aplicar a tu propia situación personal.

  1. No confundas valla con puerta. Frente al obstáculo, no claudiques hasta que tengas indicios claros de que Dios te está mostrando que esa es una puerta, que está cerrada, y que él tiene para ti otro camino.
  2. Identifica las vallas que fueron colocadas por ti mismo/a. Si son malas actitudes, hábitos nocivos, debilidades de carácter u otras cosas que dependen de ti, recuerda que con la ayuda de Dios, podrás hacer modificaciones sabias y exitosas.
  3. Analiza formas de sortear el obstáculo. No te limites a una sola manera, porque generalmente la primera que nos salta a la mente no es ni la más efectiva ni tampoco la más acertada. Dedica tiempo a orar pidiendo a Dios que te dé sabiduría para encontrar alternativas y escoger las que podrían garantizar mejores resultados (aunque esto exija esfuerzo y mucha perseverancia de tu parte).
  4. Traza un plan de acción. No basta con analizar, sino que tienes que poner la idea en acción. No creas que insumirá poco tiempo y esfuerzo. Dependiendo el “alto y ancho” de la valla, puede ser sorteada en un instante o puede requerir que cada día durante semanas o meses, tengas que enfrentarla. Solo Dios puede darte la energía y persistencia necesarias para llevar a cabo tu plan de acción.

¿Percibiste algún común denominador? Yo encontré dos: tú y Dios. Para cada uno de los cuatro ítems estás presente tú, a través de las capacidades que Dios te dio de analizar, trazar planes, luchar, etc. Pero lo más importante es que en esta carrera tienes siempre a tu lado al “entrenador” llamado Dios. No hay mejor manera de salvar los obstáculos.

En la carrera olímpica de la vida, usa las palabras de Pablo como una resolución: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe”, (2 Timoteo 4:7 NVI) y no olvides la gran promesa: “¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desa-nimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas” (Josué 1:9 NVI).

Susana Schulz (Master en Aconsejamiento y Orientación, Loma Linda University, California) es coordinadora editorial de Diálogo en sus cuatro idiomas.