Donna Galluzzo

Diálogo con una ejecutiva adventista del área de la salud en EE. UU.

La tarjeta de invitación llegó por correo. Mark Finley, el evangelista mundialmente conocido, daría en la ciudad una serie de reuniones acerca de las profecías bíblicas. Esa invitación, y los acontecimientos posteriores, cambiaron la vida de Donna Galluzzo. Ella formaba parte de una familia de siete hermanos en la cual había inquietudes espirituales. Cuando su madre leyó la invitación decidió asistir a las reuniones. Quedaron maravillados con lo que la Biblia tenía para decir acerca del futuro. Después de un año de estudio, Donna y algunos de los miembros de la familia, fueron bautizados. En ese momento ella tenía dieciséis años y cursaba el segundo año de la escuela secundaria.

Cuando llegó el momento de ir a la universidad, eligió el Atlantic Union College, un colegio adventista cercano a su casa, pero más tarde se transfirió a la Universidad de Loma Linda (LLU por su sigla en inglés) en California, donde completó su carrera de Nutrición. Mientras trabajaba en un hospital, obtuvo una Maestría en Nutrición. Más tarde se mudó al este del país para completar un Doctorado en Nutrición en la Universidad de Connecticut, para el cual obtuvo la primera beca doctoral otorgada por una conocida compañía farmacéutica europea. Desde entonces ha construido su carrera profesional en base a sus valores profesionales y el compromiso cristiano. Su trayectoria le confirió una sólida reputación en el negocio de la asistencia de enfermos a domicilio. Una decisión resultó fundamental. En lugar de aceptar la oportunidad de enseñar que le fue ofrecida luego de su graduación, Donna eligió entrar temporariamente en el mundo de los negocios, lo que le permitiría tener más flexibilidad en sus horarios y así poder criar a sus hijos. La oportunidad se presentó en la forma de una empresa de cuidado de enfermos, que estaba quebrando. No sólo logró sacarla adelante, sino también la convirtió en una empresa exitosa a nivel estatal. De unos pocos empleados, actualmente son algo más de mil.

Finalmente, se transformó en uno de los sistemas de cuidado domiciliario sin fines de lucro más grandes de la nación. Hoy Donna es conocida en todo el país como una visionaria, dinámica y capaz ejecutiva en la industria del cuidado domiciliario.

Donna comparte con su esposo Gianfranco Galluzzo –un abogado– la feliz trayectoria marcada por oportunidades y desafíos inesperados; tienen tres hijos adultos jóvenes que están completando sus carreras profesionales.

¿Qué impacto tuvo la educación adventista en su trayectoria profesional?

Durante mis años en LLU, mi filosofía de vida, compromiso con Dios y elección de carrera comenzaron a cristalizarse. Intencionalmente elegí vivir mi vida sobre dos principios básicos: honrar al Señor a través de mi trabajo y vivir en un estado de gratitud y apreciación. El estilo de vida adventista me llevó a elegir la nutrición, que era una ciencia relativamente joven pero con mucha dinámica, debido a la incipiente investigación. El ambiente universitario era desafiante: mientras se procuraba la excelencia académica, los estudiantes éramos motivados hacia alcanzar lo mejor a nivel de adoración y servicio, en acción de gracias, viviendo una vida de agradecimiento. Nos impulsaban a tomar decisiones importantes acerca de las principales áreas de nuestra vida, dentro de los parámetros de lo que Dios desea que hagamos. A diferencia de la mayoría de los centros de aprendizaje, LLU –centrada en Cristo– me animó a reflejar esos ideales en mi fe, la vida y el trabajo.

A lo largo de mi recorrido estudiantil tuve la suerte de contar con profesores que no sólo se interesaron en mis estudios, sino también en mi vida y mi fe. Dos mentoras claves fueron Kathleen Zolber y Georgia Hodgkin. Ellas me ayudaban a tener una visión de futuro brillante y me daban ánimo para continuar, aun frente a situaciones difíciles que amenazaban descarrilar mi progreso. LLU me enseñó mucho más que nutrición. Me enseñó a usar mi carrera como una herramienta para crear un arco iris en la vida de otros, reflejando el amor de Dios, de la misma forma que un prisma produce un arco iris en la pared cuando la luz se refleja a través de él. Y mientras trabajaba en el campo de la salud, el fuego adventista que se nutrió en LLU me dio la oportunidad de ver más allá de ayudar a los demás sólo en el área física. Percibí que debía ayudar pensando que se trataba de un todo: mente, cuerpo y espíritu.

Sabemos que Ud. completó un doctorado estudiando los lípidos (grasas). ¿Pero a qué se dedicó realmente?

Me ofrecieron la oportunidad de unirme al cuerpo docente de una universidad. En su lugar, opté por entrar en lo que pensé sería apenas por un lapso, en el área empresarial. Tenía la oportunidad de reflotar una empresa de atención domiciliaria que estaba fracasando. Fue una decisión que cambió mi carrera profesional. Al principio me encontré en terreno desconocido, pero la perspectiva de recorrer un nuevo camino me entusiasmaba y acepté la propuesta. Una vez más, los mentores resultaron muy valiosos –el apoyo de mi esposo y mis colegas de una organización llamada Organización de Jóvenes Presidentes, fueron cruciales. Me volví como una esponja empapándose de las novedades del mundo de los negocios; estaba decidida a aprender de quienes me rodeaban.

Dios me dio una de mis más grandes lecciones a través de mi hijo menor. Aprendí que los problemas son realmente nuevas oportunidades. Un día, sentada en la oficina, lo único que podía ver eran problemas. Parecía que todas mis reservas financieras se habían esfumado y no tenía ni idea de qué camino tomar; estaba desanimada. Tenía mil cien empleados y miles de pacientes que dependían de la empresa, y yo, como dueña estaba perpleja. Me fui a casa a preparar la cena y le di a mi hijo un juego de laberinto para mantenerlo ocupado durante una buena cantidad de tiempo. Para mi consternación, lo completó en pocos minutos. Cuando le pregunté cómo lo había terminado tan rápidamente, giró el papel colocando el final en la parte superior, indicando que había comenzado en ese punto. Esta respuesta me iluminó el camino: tener claro el punto final, y trazar la ruta hacia el punto de partida.

¿Cómo ha crecido su empresa a través de los años?

A medida que surgían las oportunidades del mercado, mi trabajo se diversificó de ser una agencia de cuidados domiciliarios al establecimiento de varios negocios. Esto incluye: emprendimientos en conjunto con varios hospitales; una organización de facturación subcontratada, que procesa millones de solicitudes al año; una empresa de “atención en transición” que se hace cargo de más de dos millones de vidas en diferentes partes del país; y una empresa de consultoría que ayuda a los profesionales de la salud con sus necesidades estratégicas y operacionales, incluyendo áreas como las nuevas tecnologías, fusiones, adquisiciones, cumplimiento; y programas educativos innovadores para hacer frente a las oportunidades del mercado. Además, formo parte de varias juntas directivas de empresas, tanto dentro como fuera del ámbito de la atención de la salud. A través de mi trabajo, he tenido el privilegio de viajar a tierras lejanas y reunirme con presidentes, miembros de la realeza, personas famosas y de influencia. Pero, y mucho más importante, este recorrido de mi carrera me ha dado la oportunidad de tocar las vidas de personas a mi alrededor que se encuentran en situación de enfermedad, pobreza o necesidad.

Como líder, ¿a qué atribuye su éxito profesional y empresarial?

Las posiciones de liderazgo vinieron a mí, no porque yo fuera una líder nata, sino porque se presentó una necesidad y yo, inadecuadamente equipada como estaba, acepté la responsabilidad confiando en el poder capacitador de la gracia de Dios; avancé por fe. Sin importar el resultado, he aprendido a no ponerme eufórica por el éxito ni desanimarme por el fracaso. En lugar de eso uso los resultados como una lección para el desarrollo de mi carácter y para caminar más cerca de Dios. Haciendo un inventario honesto de mis fortalezas y debilidades, he sido capaz de contratar a personas que me complementan y hacen parte de un equipo. El darle herramientas a personas talentosas para que realicen su trabajo, también fue una estrategia importante. Yo siempre me sorprendo por lo que un grupo de personas comprometidas y determinadas pueden hacer si tienen una misión y una visión para el servicio y para vivir su fe a través de sus carreras. La creación de un equipo de alto rendimiento, donde el todo es mejor que las partes, es una de mis mayores alegrías profesionales.

Todos tenemos sueños acerca de nuestra carrera. ¿Cuáles eran los suyos?

Independientemente de lo que terminé haciendo, mi visión siempre fue la de influir a los demás de manera positiva, reflejando mi filosofía espiritual y mi fe. Como propietaria de una empresa y con ese enfoque, ayudo a establecer una cultura corporativa y he sido capaz de integrar muchos valores y actividades, estratégica y tácticamente. De ese modo puedo ayudar a mis empleados a desarrollarse integralmente, incluyendo esa dimensión tan importante del crecimiento espiritual y la conciencia. Por ejemplo, animo a los grupos de empleados a que se reúnan para orar o compartir un pensamiento devocional. En lo personal, una práctica que ha superado a todas las demás es la observancia del sábado. Durante la mayor parte de mi vida adulta, he trabajado un mínimo de sesenta horas por semana, pero un compromiso reluciente e inamovible durante todos estos años ha sido respetar el día de reposo: el sábado. Es una práctica que ha sido de suma importancia para el mantenimiento o, en ocasiones, la recuperación de mi equilibrio y cosmovisión. Me permite comprometerme y recordar mi dedicación para honrar a Dios con mi ser y mi hacer. Ese, en cierto modo, es el núcleo de mi sueño.

En su vida ha alcanzado muchos logros: ha servido a varios presidentes de EE.UU., implementó cambios en el cuidado de la salud del país, organizó un cuidado de salud a domicilio de buena calidad, construyó orfanatos y escuelas alrededor del mundo, sirvió en las juntas directivas de grandes compañías. ¿Qué le depara el futuro?

No lo sé, pero sé quién sostiene ese futuro. Ese es un principio muy importante y básico en la vida. Si uno conoce y está comprometido con el principio de que Dios toma cuenta del futuro, podemos vivir en la luz de la esperanza. No hay nada que temer, salvo que nos olvidemos lo que Dios ha hecho en el pasado. Aunque no estoy segura de cómo Dios va a usar mi tiempo, talentos y habilidades, sé que quiero honrarlo en mi vida y quiero hacerlo de una manera que redunde en bienestar de los demás. En ese sentido, sigo sorprendiéndome con las personas y las oportunidades que se me presentan. Aguardo serenamente lo que Dios tiene reservado para el futuro y lo que va a hacer en mi propia vida.

¿Qué consejo le daría a los jóvenes que todavía están en el valle de la decisión, acerca de sus vidas y sus carreras?

Tengo tres sugerencias. En primer lugar, asegúrate que Dios sea el centro de tu existencia. Una vida rendida plenamente y sin reservas a Dios, no puede fallar, sólo puede encontrar una enorme fuente de fortaleza. En segundo lugar, acércate a él con oración y estudio de su Palabra. Es una búsqueda de fuerza y sabiduría para vivir. En tercer lugar, toma muy en serio el sábado como día de descanso y de regeneración espiritual, pero también como la invitación de Dios a participar en la vida con creatividad y entusiasmo, humildemente animando a otros en tu esfera de influencia para que hagan lo mismo.

Georgia Hodgkin, Ed.D., profesora y directora asociada del Departamento de Nutrición y Dietética de la Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad de Loma Linda, en California, EE.UU.. E-mail: ghodgkin@llu.edu.

Email de Donna Galluzzo: dgalluzzo@hmsabc.com.