El noviazgo en el marco cristiano

El noviazgo involucra la intención de casarse y establecer una relación permanente, por lo tanto debe ser tomado con la mayor seriedad. Aquí tenemos ocho principios que serán útiles.

Las amistades especiales y el noviazgo son dos tipos de relaciones a las cuales se llega entre la adolescencia y la juventud. Al entrar en la adolescencia las amistades se tornan un poco más selectivas –lo que llamamos amistades especiales–. Generalmente en esta etapa, no se toman compromisos permanentes; pero a medida que los jóvenes siguen creciendo, llegan a lo que denominamos noviazgo.

Aunque no hay un orden formal universalmente aceptado en la progresión de un noviazgo, es un proceso serio en el cual la relación entre un hombre y una mujer entra en una etapa de exploración en la cual ambos intentan conocer al otro y sopesar las características de cada uno, con la intención de casarse y establecer así una relación para toda la vida. Esto significa que el noviazgo debe ser tomado con la mayor seriedad, con mucha oración y compromiso con los aspectos espirituales y morales de la vida, pero sin que el aspecto físico los subyugue.

Elena White aconseja a los jóvenes acerca de la seriedad espiritual del noviazgo de esta manera: “No debierais decir una palabra ni realizar acción alguna que no quisierais que los ángeles viesen y anotasen en los libros del cielo. Debéis procurar sinceramente glorificar a Dios. Vuestro corazón debe tener únicamente aspectos puros, santificados, dignos de quienes siguen a Cristo, que sean de índole elevada y más celestial que terrenal. Cuanto difiere de esto degrada el noviazgo. El matrimonio no puede ser santo y honroso a la vista de un Dios puro y santo, a menos que concuerde con los elevados principios de la Escritura”.1

Mi preparación académica, mi experiencia personal y el aconsejar a jóvenes, me han llevado a enumerar ocho principios que serán de ayuda durante el noviazgo, con el objetivo de asegurar una relación matrimonial feliz y duradera. Están enumerados sin un orden particular de importancia, pero es oportuno que los tengas presentes al transitar por el noviazgo y elegir un compañero para la vida.

1. Evalúa cada comportamiento. Desafortunadamente, el noviazgo, muchas veces tiende a ser un período de serios “encubrimientos”. Cada uno intenta aparecer en su mejor forma en términos de modales y temperamento, con el objetivo de atraer a la otra persona. Mantente alerta ante cualquier demostración –aunque pequeña, de palabra o de hecho– que refleje cualquier fingimiento. Asegúrate que la persona es firme en su compromiso con las prioridades espirituales y los estándares divinos. No pases por alto comportamientos inapropiados o indebidos, como “algo que hacen los jóvenes”. Estos rasgos pueden no cambiar más tarde y aun pueden continuar en la relación matrimonial, cuando será demasiado tarde para volver atrás. Es mejor, en las etapas tempranas del noviazgo, discutir con oración la conducta inapropiada. Cortésmente procura un cambio para mejor y busca comportamientos aceptables. El impulso enceguecido puede controlar la razón. Elena White advierte: “Bajo el poder de este engaño seductor, la grave responsabilidad que siente todo cristiano sincero es echada a un lado, muere espiritualmente, y el juicio y la eternidad pierden su pavoroso significado”.2

2. Dialoga con respeto y amor las preguntas que vienen a tu mente. Al aconsejar a los jóvenes generalmente les pido que escriban una lista de preguntas que consideran irrelevantes para realizar a la persona con quien están de novios. La lista suele tener preguntas como: “¿Eres virgen?”, “¿Crees en Dios y lo amas?”, “¿Cuáles son tus ingresos?”,” ¿A qué iglesia asistes?”. Suelo decir: “estás equivocado, cada interrogante o asunto que agita tu mente debe ser preguntado”. La creencia de que el amor es ciego o que el amor conquista todas las cosas tiene sus limitaciones. No entras al matrimonio sin un conocimiento lo más completo posible acerca de la otra persona. Aunque no debes ser demasiado estricto o crítico, nada debiera darse por sentado, creyendo que tales cosas realmente no tienen importancia en nuestra era tecnológica. Los requerimientos de Dios para sus hijos no han cambiado ni cambiarán (Mateo 5:18, 19). “El amor es un precioso don que recibimos de Jesús. El afecto puro y santo no es un sentimiento, sino un principio. Los que son movidos por el amor verdadero no carecen de juicio ni son ciegos. Enseñados por el Espíritu Santo, aman supremamente a Dios y a su prójimo como a sí mismos”.3

3. El verdadero noviazgo no es infatuación. A menudo los jóvenes son atraídos por la apariencia física y los gestos e impulsos emocionales. El sentimiento de “estamos enamorados” hace que uno idealice al otro, lo cual lleva a la infatuación, que suele estar acompañada por emociones sobrecargadas; una tendencia que impide ver los defectos de carácter.

Infatuación no es amor. Es una relación caracterizada por la pasión a nivel físico; carece de madurez espiritual y compromiso. El período de noviazgo es un tiempo cuando los jóvenes necesitan tener gran precaución, porque se están preparando para una de las relaciones más íntimas de la vida. El viaje que se extiende por delante es largo, el camino es muchas veces desconocido y áspero, y el noviazgo lleva tiempo. Por lo tanto, este no es un momento para decisiones precipitadas. Una vida guiada por una obsesión apresurada, y no por amor verdadero, conduce a un riesgo peligroso.4

4. Permite que el carácter cristiano gobierne tu noviazgo. Esta época es conocida por su erosión espiritual y decadencia moral. Vemos estas tendencias en todas partes: en el hogar, el trabajo, la escuela, la política, el gobierno, en ancianos y jóvenes. Esta tendencia a la decadencia moral y espiritual y a la falta de integridad, también afecta los cimientos y las funciones del matrimonio. Así que no sorprende que el noviazgo entre los jóvenes muchas veces carezca de valoración de uno por el otro. El valor que uno coloca sobre el otro es significativo cuando se permite que el carácter cristiano gobierne el noviazgo y el comportamiento del mismo. No es el momento de probar las pasiones físicas, sino que es un tiempo para fortalecer el carácter y resistir cada tentación que pueda erosionar la fibra moral de la vida. Más que valorar la atracción física y la apariencia, el noviazgo debería procurar la consolidación de un carácter como el de Cristo. Aunque existan planes de casamiento, mientras se está de novios deben existir límites. La belleza del carácter es mucho más importante y debe dársele la debida prioridad. La belleza física puede esfumarse, víctima del paso del tiempo, por un accidente o enfermedad inesperada. Pero existe una belleza interior que cada uno debe descubrir del otro. Elena White aconseja: “Es justo amar la belleza y desearla; pero Dios desea que primero amemos y busquemos la belleza superior, imperecedera. Las producciones más descollantes del ingenio humano no poseen belleza alguna que pueda compararse a la hermosura de carácter que a su vista es de “gran precio”.5

5. Evita las relaciones sexuales. El sexo es uno de los regalos de Dios a la raza humana, pero es un regalo reservado para vivirlo dentro de los límites del matrimonio. La relación fuera del matrimonio es fornicación, cuando se hace con otra persona soltera, o adulterio cuando se lleva a cabo con una persona casada. En ambos casos es inmoral, y Pablo emite la severa advertencia: “huyan de la inmoralidad sexual” (1 Corintios 6:18 NVI).

Ni la cultura, ni la permisividad moderna son una excusa para consentir en tener relaciones sexuales durante el noviazgo. Deberías trazar una línea mental y espiritual entre el noviazgo y el sexo, y tomar cuidado de no cruzarla. Las tentaciones pueden asediarte, pero necesitas resistir con firmeza de carácter y madurez cristiana. Dios en su sabiduría ha dado el sexo como un regalo a los seres humanos para el matrimonio. Aunque durante el noviazgo hay una tendencia a que aprecies la compañía de quien será tu cónyuge, ese aprecio debe respetar los límites de la conducta bíblica. Mantente lejos de las fiestas nocturnas, clubes y espacios de entretenimientos que te empujan hacia lo malo. Mantente alerta y nunca te consideres un gigante espiritual; recuerda que muchos gigantes han caído; incluso algunos cuyas historias están en la Biblia. No digas tampoco “confío en mí mismo”. Cuando confías en “ti” en lugar de confiar en Dios, la raíz del fracaso está siendo plantada. No sorprende que Salomón aconseje: “Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia” (Proverbios 3:5).

Elena White advierte: “No procure saber cuán cerca del precipicio puede andar sin caer en él. Evite la primera aproximación al peligro. No se puede jugar con los intereses del alma. Su capital es su carácter. Aprécielo como si fuera un áureo tesoro. La pureza moral, el respeto propio, un gran poder de resistencia, son cosas que deben retenerse firme y constantemente. No debe haber una sola desviación de la reserva, pues un solo acto de familiaridad, una sola indiscreción, puede exponer el alma a la perdición al abrir la puerta a la tentación y debilitar el poder de resistencia”.6

6. Habla siempre la verdad. En el noviazgo se valora y respeta mutuamente la honestidad y la verdad. Algunas veces la tendencia a aparecer de la mejor manera, puede llevarnos a mentir o a exagerar para reforzar el ego de la otra persona. Puede existir también la tentación de halagar o decir “pequeñas mentiras” para encubrir. “Todo cuanto hacen los cristianos debe ser transparente como la luz del sol”,7 dice Elena White. Tu transparencia durante el noviazgo será un recurso de respeto para ti durante el matrimonio.

Una persona que miente durante el noviazgo probablemente no cambie su comportamiento en el matrimonio. Por lo tanto, habla la verdad tal cual es. Un compañero temeroso de Dios te apreciará por decir la verdad en toda ocasión. Él o ella te verá como alguien en quien se puede confiar. Sé suficientemente valiente como para decirle la verdad acerca de ti, tu trabajo, tu estatus social, tus ingresos, tu historia familiar, tu lugar de nacimiento, tu contexto cultural y tu nivel de logros educativos. Por ejemplo, no le digas a ella que tu padre es el director de un banco cuando no lo es. No le digas a él que eres virgen si no lo eres. Cuando la mentira se descubre, puede surgir un problema de confianza en la relación marital.

7. Alégrate por lo que tienes. Toda sociedad está estratificada: los pobres, la clase media, los ricos y los aristócratas. No existe sociedad en la cual todos sean ricos o pobres. Cualquiera sea tu posición, siéntete satisfecho con la misma y trabaja fervorosamente con oración para mejorar tus condiciones. No te estreses comprando algo llamativo o ropas costosas con el objetivo de impresionar a la otra persona. Aunque tengas estas cosas, no hagas de las mismas, objeto de atención. Te estás casando con una persona y no con sus posesiones. Deja que lo material tenga una importancia secundaria. Aunque debemos mostrar aprecio uno por el otro en días especiales, centra ese aprecio en amor, y no en grandes regalos a un costo enorme. Una tarjeta de crédito sobrecargada no compra amor. Pero un corazón feliz habla en alta voz del cuidado del uno por el otro.

8. Siempre busca a Dios. Durante el noviazgo necesitas buscar el rostro del Señor quizás más que en cualquier otra etapa de tu vida. A través de la oración mantente en contacto constante con Dios. Esto es necesario ya que estás entrando en una relación que tiene consecuencias eternas y que termina solamente con la muerte. Cada paso que tomes, cada decisión, corrección, reclamo, pelea, discusión o deseo debe ser presentado a Dios en oración pidiendo su ayuda y orientación. Asimismo cada salida juntos, cada gasto por él o ella, y cada actividad compartida, debe ser entregada en oración. Si deseas un noviazgo sabio e inteligente, dale espacio a Dios.8

El noviazgo y el matrimonio son como un viaje en que los dos involucrados deben caminar sabiamente y con cuidado. Si ambos confían en Dios y lo colocan a él cómo lo primero y más importante en todos sus pensamientos, planes y acciones, Dios bendecirá ese noviazgo para que florezca en una fragante flor llamada matrimonio.

Chimezie Omeonu (PhD., University of Ibadan) es profesor de Psicología Educativa y ha servido como vicerrector académico en Babcock Univerity, Nigeria. Es el autor de Marrying for True Marriage, Before You Say I Do, y otros tres libros devocionales. E-mail: dromeonu_032000@yahoo.com.

  • Elena White, El Hogar Cristiano (Mountain View, California: Pacific Press Publ. Assn., 1978), p. 46.
  • ___, Testimonios para la Iglesia (Miami, Florida: Asociación Publicadora Interamericana, 1997),5:103.
  • ___, Ministerio de Curación, (Buenos aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2007) p. 276.
  • Ver Bryan Craig, Searching for Intimacy in Marriage: The role That Emotion Plays in Creating Understanding and Connectedness in Marriage, (Silver Spring, Maryland: General Conference Ministerial Association of Seventh-day Adventists, 2004), p. 52.
  • White, La Educación (Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1974) p. 242.
  • ___, El hogar adventista, p. 367.
  • ___, El Discurso Maestro de Jesucristo (Pacific Press Publ. Assn., 1972), p. 44.
  • Ver James W. Sire, Discipleship of the Mind (Downers Grove, Illinois: Inter Varsity Press, 1990), p.18.