EDITORIAL

Cuídese de las falsificaciones

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1);1 pero hizo mucho más que eso. Creó al ser humano, “hombre y mujer”, “él y ella”2, como fundamento para toda la sociedad humana.

Dios dedicó seis días para crear todo lo registrado en Génesis 1. Sin embargo, la semana no tiene seis días. El séptimo día de la semana surge como resultado del deseo de Dios de compañerismo. Él valoraba tanto estar con Adán y Eva que luego de crear el mundo en el cual vivirían, separó el sábado para la comunión con la pareja que había sido creada a su imagen.

Dios estableció las bases para todo emprendimiento educativo al poner al hombre y la mujer en el mundo recién creado, pero totalmente desconocido para ellos, y dedicar tiempo para mostrarles lo que acababa de crear. Fue su primer maestro.

Fuimos creados curiosos, con ansias de saber. Dios quería que no solo lo conociéramos y tuviéramos comunión con él –y con los demás– sino que disfrutásemos y valorásemos todo lo que se puede aprender acerca del increíble mundo que ha creado.

De modo que el Creador le dio a Adán y Eva tres maravillosos regalos: el estado sagrado del matrimonio, la posibilidad de educarse bajo el propio cuidado de Dios y un día entero para adorar al Creador y disfrutar de su presencia.

Lamentablemente, ese no es el final de la historia. El enemigo decidió engañar a nuestros primeros padres, y ellos cayeron de un estado de feliz de comunión con Dios a un estado de temor y aislamiento.

Desde entonces “todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino” (Isaías 53: 6).

Los seres humanos fueron creados como hombre y mujer para disfrutar esa relación; disfrutar del sábado en alegre comunión con Dios y otros seres humanos; y ampliar los conocimientos a través de la educación, con sus infinitas posibilidades para aprender bajo el Creador-Maestro. Todos estos elementos eran parte de la semilla para el desarrollo y la felicidad ilimitada. Sin embargo, en cada caso, el engañador nos ofrece una copia falsa, una imitación diseñada para tergiversar y dañar los tesoros que Dios quiere que tengamos.

El cambio del día de reposo y adoración del sábado al domingo –comienzo de la semana– no solo invierte la secuencia original de trabajo y descanso, sino que también impugna el derecho del Creador de establecer orden en el universo. Esta falsificación puede parecer sutil, pero nos impide disfrutar la bendición del sábado y la alegría de celebrar las maravillas de la creación en compañía de Dios.

La segunda falsificación implica la educación secular, en la cual nada de lo que se aprende tiene que ver con Dios. Esto degrada el sistema de educación edénico, en el cual el Dios infinito es tanto la fuente como la razón del aprendizaje.

La tercera falsificación ataca el modelo edénico al poner de lado el plan divino del casamiento entre un hombre y una mujer, y reemplazarlo con parejas de hombres o de mujeres. Esto opaca a los individuos y denigra a Dios, porque juntos, como hombre y mujer, reflejamos la imagen divina (Génesis 1:27). El gran teólogo Karl Barth señaló que el ser humano es la imago dei, únicamente en caso que el hombre y la mujer estén en una “relación feliz y de claras diferencias” tanto el uno con el otro como con Dios.3 Juntos, el hombre y la mujer ejercitarían dominio sobre la creación.

El último libro de la Biblia, al describir las condiciones imperantes al fin del tiempo, nos apela: “Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Apocalipsis 14:7). Esto es más que el mandato de recordar el sábado de la semana de la creación. Es también un llamado a reconocer que Dios es sabio y estaba en lo correcto cuando estableció las cosas tal como lo hizo en el comienzo. Esto también incluye la sabiduría en establecer el matrimonio entre el hombre y la mujer.

Es incorrecto pensar que un Dios de amor debe consentir todas y cualquier forma de comportamiento. También es incorrecto pensar que la Biblia nos llama a ser defensores de todos los marginados sociales, sin tener en cuenta las razones por las cuales están marginados. Deberíamos ayudar a todo aquel que está en necesidad; Cristo lo hizo. Pero la Biblia no nos pide que defendamos el pecado que produjo el problema. Al ayudar a otros, deberíamos proveer alivio al sufrimiento, y también trabajar para eliminar la causa del sufrimiento. Dios ama al pecador, pero no al pecado. Nosotros tenemos que aprender a realizar esta misma distinción cuando asistimos a aquellos que, sin importar la causa, se encuentran en las zonas marginales de la sociedad.

Quizás algunos quieren usar el argumento de Pablo –en Cristo no existe ni hombre ni mujer (Gálatas 3:28)– para redefinir el matrimonio; sin embargo, ese no es el punto que el apóstol quiso recalcar. Lo que Pablo argumenta es que en Cristo, las diferencias de raza, estatus social o género, que son utilizados por la sociedad para excluir u oprimir, no son barrera para la salvación. Incluso la Ley de Dios, que nos condena, no es una barrera, dado que nos lleva hacia Cristo (Gálatas 3:24). En Cristo, somos herederos legítimos de las promesas de redención hechas a Abraham. Por lo tanto, el argumento de Pablo no da cabida a los gnósticos que no se casaban, ni tampoco a la falsificación de eliminar la necesidad de un hombre y una mujer como prerequisito para el matrimonio.

En este ejemplar podrá leer el artículo de Davidson y la reseña escrita por De Oliveira del libro Homosexuality, Marriage, and the Church: Biblical, Counseling and Religious Liberty Issues para descubrir qué otras cosas están en juego en el debate acerca de casamientos de personas del mismo sexo. Dios aún desea ser conocido y comprendido por sus hijos humanos, y al hacerlo poder restaurar su diseño original. La forma más segura de recibir la totalidad de la bendición que Dios tiene para los seres humanos es evitar las falsificaciones e implementar su voluntad en la vida.

—Lisa M. Beardsley-Hardy

Editora

Lisa M. Beardsley-Hardy (Ph.D., Universidad de Hawai, Manoa) es directora del Departamento de Educación de la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, en Silver Spring, Maryland, EE. UU. E-mail: beardsleyl@gc.adventist.org.

REFERENCIAS

  1. Todas las referencias bíblicas corresponden a la versión Reina Valera 1960.
  2. Ver los escritos de Martin Lutero en: “Sobre la vida matrimonial” http://pages.uoregon.edu/dluebke/Reformations441/LutherMarriage.htm
  3. Ver Church Dogmatics III/1 (Edimburgo: T & T Clark, 1958), pp. 184-191. Ver también G. Berkouwer, Man: The Image of God (Grand Rapids: Eerdmans, 1962), p. 72.