Christopher Mbulawa

Diálogo con un oficial de policía adventista de Botsuana

Christopher Mbulawa, subcomisario de policía, es el tercero de una familia de siete. Nacido en un hogar cristiano en un suburbio de Francistown –al noreste del país– cursó la escuela primaria y secundaria en su ciudad natal. Aunque su familia iba a la iglesia todos los domingos, la religión no significaba mucho más que eso. Ir a la iglesia era una rutina de unas horas, y el resto del tiempo la vida era la misma: la escuela, el fútbol, las compras y las actividades sociales. Pero para Christopher, esto habría de cambiar el año en que terminó el colegio secundario, cuando un día un vecino lo invitó a asistir a una campaña evangelística que se llevaba a cabo en la ciudad.

Los vecinos eran miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Christopher no tenía mucho contacto con ellos, pero había observado su estilo de vida que era algo diferente y extraño, con rutinas semanales que se suspendían repentinamente los viernes de tardecita. También había observado a toda la familia marchándose a la iglesia el sábado, en lugar del domingo como hacía el resto de la comunidad. Por curiosidad, Christopher aceptó la invitación y empezó a asistir a las reuniones. Lo que escuchó ahí era nuevo, emocionante y bíblico. Día tras día, verdades nunca antes escuchadas, lo convencían de que su futuro estaba ahí. Su fe realmente encontró fundamento, y decidió bautizarse.

Al poco tiempo, planeó estudiar teología en la Universidad Solusi, pero los trámites de ingreso no avanzaron como planeado, por lo que decidió unirse al servicio de policía de Gaborone, capital de Botsuana. También obtuvo un diploma en Comunicación Social en la Escuela Politécnica de Harare y más tarde hizo un curso de especialización en la Universidad de Botsuana.

Christopher Mbulawa actualmente se desempeña como subcomisario del Servicio de Policía Nacional, en el área de las relaciones públicas. Es un miembro activo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, y actualmente cumple la función de primer anciano en su iglesia. Como líder del Ministerio Juvenil de dicha iglesia, está muy cercano a la juventud y les brinda apoyo. También está activamente involucrado en el programa de capellanía de la policía, y ha invitado a pastores adventistas a dirigir mensajes a los miembros del servicio de policía.

Christopher Mbulawa está casado con Bongani, una de las hijas de la familia vecina que lo invitó a asistir a las reuniones evangelísticas; tienen dos hijas, una de las cuales estudia en la Universidad Adventista de Filipinas.

Cuéntanos algo acerca de su trabajo.

Me uní al cuerpo de policía en 1983 como agente, y mi primer puesto fue en la Estación Central de Policía, desempeñándome en funciones generales. Después de eso, pasé a ser funcionario de registro, desempeñando mi tarea en horarios de oficina. Tiempo después fui ascendido y me enviaron a realizar un entrenamiento. Tenía interés en escribir, así que mientras trabajaba como agente de policía y funcionario, empecé a escribir para la revista de la policía. A los editores les gustó mi trabajo y me invitaron a estudiar periodismo. Formé parte de la segunda cohorte de graduados de la unidad policial de relaciones públicas que, entre otras cosas, se encarga de la publicación de la revista de la policía, con una tirada mensual de diez mil ejemplares –repartidos internamente dentro del cuerpo de policía y otros departamentos gubernamentales, así como instituciones educativas a nivel local y en el extranjero.

Seis años después de unirme al cuerpo de policía, fui ascendido a sargento, y un año más tarde a inspector de servicio. Luego me enviaron a realizar estudios más avanzados, tras lo cual fui ascendido a inspector, y más tarde a asistente del superintendente. Tres años después yo mismo pasé a ocupar ese rango. Una vez más tuve que asistir a un curso de especialización y poco después fui ascendido a superintendente jefe y de ahí a subcomisario. La mayor parte de mi servicio ha sido en el área de relaciones públicas.

¿Cuáles son actualmente sus responsabilidades?

Como oficial de relaciones públicas, no sólo soy portavoz del servicio, sino también soy responsable de asesorar al comisario, a todo el equipo administrativo de más jerarquía, y al servicio de policía en general, en relación a los medios. También soy responsable de la formación de los agentes de policía en cuanto a cómo relacionarse con los medios de comunicación. Tenemos una interacción constante con los medios. Con una frecuencia semanal, emitimos declaraciones de la policía a los ciudadanos acerca de delitos específicos que se producen en el país y otras situaciones relevantes. También somos responsables de la educación pública para sensibilizar a la gente acerca de las nuevas tendencias en la delincuencia, pasando por los métodos de prevención y de qué manera el público puede ayudar a la policía en la prevención de los delitos. Tenemos dos programas de televisión y de radio que se emiten tres veces a la semana en canales y estaciones públicas; ponemos en circulación una serie de folletos y volantes con información para el público.

Como portavoz del servicio ¿cuál ha sido su experiencia al tratar con los medios de comunicación?

Esto plantea muchos desafíos. Sin embargo, mi formación en periodismo me ha dado una ventaja: conozco el terreno. Se trata básicamente, de crear una buena relación. Muchos de los que pertenecen al personal de comunicación fueron mis compañeros de clase, por lo tanto podemos relacionarnos a un nivel de colegas, más personal. Algunos de los desafíos que enfrentamos incluyen uno que es común en el ámbito de las noticias: los medios de comunicación quieren noticias muy actuales y nosotros deseamos esperar para recoger toda la información; el problemas es que cuando no se libera inmediatamente, algunos lo interpretan como si estamos armando una historia y tratando de ocultar algo. Otro problema es que algunas personas piensan que la responsabilidad de un funcionario de relaciones públicas es la de alterar la información, acomodarla para que se vea bien y, en general, encubrir. Esta percepción que muchos tienen no es fácil de cambiar. Sin embargo, estoy en mi puesto para decir la verdad, y yo aconsejo a todos los oficiales de relaciones públicas que no distorsionen ni mientan. El día que uno dice una mentira es el día que cava su propia tumba como profesional; tarde o temprano el encubrimiento será descubierto. No importa lo que pase, tenemos que decir la verdad. La verdad es oro cuando se trata de las relaciones públicas.

Desafortunadamente, las percepciones son más fuertes que la realidad, y a veces nos encontramos en lados opuestos con los medios de comunicación públicos que insisten en: “no creemos que nos haya dicho la verdad”. Uno solo tiene que atenerse a la verdad, y particularmente como adventista afirmo que la verdad es la única opción.

¿Cómo influye en su trabajo el hecho de ser adventista del séptimo día?

El trabajo policial es un servicio 24/7. Por la gracia de Dios, sin embargo, me he encontrado en puestos en que soy capaz de adorar sin restricción. Una vez alguien, al ver que siempre estoy en la iglesia y llevo a cabo mis responsabilidades de iglesia, me preguntó si yo era aún miembro del servicio policial. También asisto a la mayoría, si no todas, las reuniones de la iglesia, incluyendo los congresos regionales. Arreglo mi cronograma de tal manera que me permita asistir a estas programaciones especiales.

Mis jefes saben que soy adventista, y respetan mis creencias –que he hecho bien evidentes ante ellos. Tampoco organizan los programas que me involucran, en horario sabá- tico.

Yo creo que Dios me ha permitido servir en la policía por una razón. Debido a mi presencia aquí, la Iglesia Adventista ha sido capaz de hacer muchas cosas con la policía y también en otros lugares; esto hubiera sido difícil de otra manera. La participación de agentes de policía en los días para la comunidad, organizados por diferentes iglesias, han sido una bendición. Al visitar diversas denominaciones, muchos se han sorprendido de que un oficial de policía de alto rango pueda servir a Dios de la manera en que puedo hacerlo.

El servicio de policía y la iglesia tienen objetivos similares en muchos aspectos. Por ejemplo, el mantener la ley y el orden y mantener la paz y la seguridad son intereses de los que se preocupan tanto la iglesia como el gobierno. De modo que cuando trabajamos juntos, podemos observar más estabilidad en estas áreas.

Un pastor amigo me ha dicho que el trabajo que hacemos es solo temporal. Nuestro trabajo real, como miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, es ganar almas para Dios: la evangelización. He tomado estas palabras en serio y he tratado de aprovechar toda oportunidad. Siempre busco una manera de evangelizar, porque ese debería ser mi trabajo permanente como miembro de iglesia.

¿Qué consejo le daría a los jóvenes adventistas que están sirviendo o les gustaría servir en la policía?

En primer lugar, recuerden que Dios cuenta con su pueblo en todo lugar. En su sabiduría, el Señor ha colocado a distintas personas en diferentes lugares por una razón, así como lo hizo con José y Daniel. Algunos podrían ser ubicados en la policía o en cualquier otro lugar. Lo importante es que, estemos donde estemos, debemos vivir como adventistas. A veces las personas ocultan su identidad. Eso crea más problemas que soluciones. Lo mejor es dar a conocer a los jefes la propia identidad de fe y hacerles saber lo que creemos. En la mayoría de los casos ellos respetan, sobre todo si uno vive en concordancia con lo que dice ser.

En segundo lugar, vivan como cristianos cada día de su vida. La Biblia dice que somos epístolas abiertas, para ser leídas. Nuestro modo de vida es el sermón más grande que alguna vez podamos predicar. Dejen que Dios sea Dios, y permítanle que los ubique donde él crea conveniente. Por ejemplo, en Botsuana tenemos áreas rurales, las cuales pueden ser consideradas como zonas difíciles y áreas no alcanzadas en lo que al evangelio se refiere. A menudo, cuando los servidores públicos –incluidos los adventistas del séptimo día– son transferidos a estos lugares, se niegan a ir y desaprovechan lo que podría ser su campo misionero.

Con su trabajo de policía, ¿tiene suficiente tiempo para su familia?

Trato de hacer tiempo para mi familia. Un momento muy importante para nosotros es el culto familiar en la mañana y la tarde. Además, encontramos tiempo para salir y simplemente estar juntos. También, en ocasiones, nos reunimos para dialogar como grupo familiar acerca de diferentes temas con respecto a cosas como la limpieza del hogar, la lectura de libros y compartir ideas y cosas que leemos.

A menudo nos reunimos con la familia extendida en distintos lugares, lo cual nos da la oportunidad de compartir nuestra fe con aquellos familiares que no son adventistas. Estas cosas son importantes para nosotros como familia. A una de mis hijas, que todavía se encuentra en el hogar y es también escritora, le gusta compartir con nosotros lo que escribe, y yo la animo a que prosiga hacia sus metas como cristiana.

¿Alguna última palabra para los lectores de esta revista?

Los jóvenes deben ser fieles a su fe y no solo “jugar” a la iglesia. Deben ser adventistas no solamente ante los demás o el sábado, sino incluso cuando están solos. Los estudiantes universitarios se enfrentan a muchos desafíos. A menudo son una minoría en sus universidades. Lo mismo sucede respecto del trabajo en diferentes organizaciones, empresas o departamentos gubernamentales. A menudo también hay presiones tales como los exámenes y el trabajo en sábado. Muchos de mantienen firmes y no hacen los exámenes o el trabajo en sábado. Sin embargo, algunos de los que permanecen firmes con respecto al sábado se pueden encontrar bajo otras presiones y participan en fiestas u otras actividades cuestionables, incluyendo el uso de alcohol. Esto se convierte en una contradicción vital. No es lo que decimos sino lo que hacemos en todo momento, lo que importa y “habla” a aquellos con quienes entramos en contacto.

Por último, ¿cómo pueden la iglesia y la policía trabajar juntos?

La iglesia debería saber que hay abundantes oportunidades para ministrar en el servicio de policía. Los miembros del servicio policial también son seres humanos que necesitan al Salvador. Sin embargo, por la naturaleza de su trabajo, a menudo están golpeados por las experiencias que atraviesan. Por lo general, son las primeras personas en llegar a las escenas de un accidente, de un crimen y muchas cosas feas y dramáticas. Esto los afecta como seres humanos. Algunos de ellos son muy jóvenes. Si la iglesia pudiera ofrecer consejería para ellos, lo apreciarían mucho. También sería una oportunidad para señalar a un consejero mayor: Jesucristo. Nuestra iglesia tiene programas muy buenos para la vida familiar y la vida saludable. La policía necesita que este tipo de servicios también sean para ellos. La iglesia puede ayudar a descubrir una forma de vida más sana en Cristo.

Hudson E. Kibuuka (D.Ed., Universidad de Sudáfrica) es director asociado del Departamento de Educación en la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, en Silver Spring, Maryland, EE. UU. E-mail: kibuukah@gc.adventist.org.

Christopher Mbulawa: mbulawa2002@ yahoo.com.uk