Uli Nees

Diálogo con un piloto adventista de la aerolínea Lufthansa de Alemania

Uli Nees es un adventista con una carrera bastante poco usual para un adventista: piloto (ahora jubilado) de aviones Airbus 340 de la línea aérea comercial Lufthansa. Aunque pasó gran parte de su vida laboral en el aire –sobrevolando las nubes, mirando de lejos los mares, picos montañosos, ríos y grandes ciudades– sus fundamentos están asentados firmemente en el lugar que realmente importa: en la fe que aceptó hace años y en el camino que ha tratado de seguir fielmente, testificando a otros acerca del gozo que le produce pertenecer a la Iglesia Adventista.

La familia Nees no era adventista cuando nació Uli. Su padre, quien se deleitaba en escudriñar las Escrituras, escuchó el llamado de Dios y se unió a la Iglesia Adventista del Séptimo Día cuando el niño tenía tres o cuatro años. Su constante entereza contribuyó a la formación temprana de la fe de su hijo. La asistencia a la escuela en sábado era obligatoria, pero a través de la fortaleza de su fe y perseverancia en la oración, Uli pudo superar esa prueba. Aunque su madre trataba de disuadirlo de asistir a la iglesia, su padre lo llevaba fiel y regularmente; allí él disfrutaba de la camaradería y el estudio de la Biblia. Finalmente su madre también se unió a la iglesia cuando ya tenía más de cincuenta años.

Uli terminó sus estudios del nivel secundario en su ciudad natal. En lugar de cumplir con el servicio militar obligatorio, prefirió trabajar dieciséis meses (cuatro meses más que lo necesario en el servicio militar) en el servicio público, aludiendo objeción de conciencia. Después de cumplir ese compromiso alternativo, el muchacho se propuso lograr un gran sueño: volar. Se inscribió en la escuela de pilotos de Lufthansa, que incluye un entrenamiento teórico en Bremen, una ciudad del norte de Alemania y la parte práctica en Phoenix, Arizona (EE. UU.) Al volver a Alemania, completó los requisitos para ser piloto del Boeing 727. En 1990 pasó a ser capitán del Airbus 320, modelo que piloteó hasta el año 2000, cuando pasó a volar el Airbus 340 y luego también Airbus 330. Durante este período también trabajó como entrenador y capitán de control, ayudando y evaluando a otros pilotos que deseaban llegar a ser capitanes.

El capitán Uli Nees está casado con Dagmar y tienen dos hijas, Astrid y Anke.

¿Por qué eligió ser adventista?

La fe de mi padre –y su vida en general– tuvo una influencia decisiva en mi niñez. Mientras crecía, al ir estudiando las enseñanzas de la Biblia, llegué a comprender que la forma adventista de vivir, creer y articular la fe, era acorde con las enseñanzas de la Palabra de Dios.

¿Cómo surgió su interés por ser piloto de aviones? No hay muchos pilotos adventistas.

Creo que heredé el interés en volar de mi padre. Él siempre quiso ser piloto, pero debido a la segunda guerra mundial, nunca pudo cumplir su sueño. Cuando yo tenía diez años, me dio un pequeño avión que podía armar yo mismo, y juntos construimos muchísimos aeromodelos más.

Un día mi madre conoció a un piloto que vivía en la misma localidad y que le contó que su hobby era pilotear aeromodelos por control remoto. Durante esa conversación casual, mamá le comentó sobre mi sueño de llegar a ser piloto; fue así que ella se enteró que existía un lugar en el cual Lufthansa seleccionaba candidatos a través de exámenes de aptitud.

¿Pero en qué momento decidió realmente ser piloto?

A los dieciocho años envié la solicitud al centro de evaluación. Luego de ver mis calificaciones del colegio, me mandaron un pasaje para viajar a la ciudad de Hamburgo y me tomaron el examen. De los dieciocho aspirantes en mi grupo, seleccionaron a cuatro, entre los cuales estaba yo.

¿Qué cosas moldearon su vida en forma especial?

Mis padres en primer lugar, pero mi abuela, quien nos cuidaba y pasaba mucho tiempo con nosotros, tuvo una gran influencia en mi vida en términos de enseñarme a realizar buenas elecciones y vivir una vida responsable y simple.

¿Tuvo algún modelo a nivel profesional?

Siendo adolescente, leí muchos libros acerca de pilotos, como por ejemplo Lindbergh; y también sobre pilotos de prueba y de guerra. Esas historias me fascinaban. Creo no exagerar al decir que varias personas fueron para mí un verdadero modelo. Cuando vuelas, eres parte de un equipo de vuelo por varios días (lo que llamamos un turno), a cargo de un capitán. Hay varios capitanes a quienes admiro mucho, y traté de aprender lo más posible de ellos. Su honestidad y modestia los diferenciaba de la actitud mandona de aquellos que no eran tan buenos profesionalmente, y que más bien solo pretendían ser “comandantes”. El ejemplo de los primeros despertó en mí el deseo de imitarlos.

¿Qué lo ayudó a mantenerse siempre alerta en su rutina diaria?

Ser piloto tiene una exigencia especial. Uno no puede permitirse distracciones mentales o descuidos. Estar alerta y descansado al mismo tiempo, son claves en esta profesión; son parte del trabajo. Siempre me gustó volar; lo disfruté desde el primer momento. Creo que hubiese sido piloto aunque no me hubiesen pagado por ello. Incluso ahora que ya estoy retirado, piloteo una avioneta particular de cuatro plazas, una Grumman Tiger, que compré junto a dos amigos. No importa qué tipo de modelo piloteo, siempre me aseguro de estar descansado y alerta.

¿Le tocó vivir alguna situación crítica?

En el transcurso de mi carrera, que comenzó en el año 1977, nunca tuve que enfrentar algún problema serio. Lo único que tuvimos fue la falla de un motor estando aún en tierra, por lo cual fue necesario cancelar el vuelo. Fue providencial que la falla ocurrió antes del despegue. El resto de mis vuelos fueron siempre normales. Una vez llevábamos un pasajero que estaba alterado y tuvimos que aterrizar de emergencia, pero ese fue el único hecho digno de mencionar. Esto me recuerda que aunque soy cuidadoso, no tengo todo bajo mi control. Siempre se controla todo dos veces; se controlan muchos aspectos del vuelo, pero es bueno recordar que hay un Dios que está sobre nosotros, en quien podemos confiar, aún en las situaciones extremas.

¿Qué es lo que le da mayor satisfacción en este trabajo?

Sin lugar a dudas ha sido la posibilidad de instruir a otras personas y ayudarles a terminar su adiestramiento. Recuerdo a alguien que estaba por abandonar su entrenamiento poco antes de terminarlo. Hablé con él y lo alenté. Tres semanas más tarde aprobó su examen final y llegó a ser piloto.

¿Cuál considera ha sido el mayor logro en su vida?

No sé si puedo llamarlo logro, pero fue el hecho de descubrir quién es Dios y qué significa para mí, es el descubrimiento más gratificante que he hecho en mi vida. Mi descubrimiento no es un logro, es un regalo de Dios. Pero si pienso en alguna situación particular, hay una que marcó una diferencia en mi vida religiosa. Una vez, luego de finalizar la preparación prevuelo en Frankfurt, hice algo que nunca antes había hecho: controlé la lista de pasajeros. Mis ojos se detuvieron al leer el nombre de Robert Folkenberg.* Fui hasta su asiento y lo saludé, mencionándole que aún recordaba un sermón que había predicado en ocasión de una visita que realizó a Alemania. Él estaba volviendo de un viaje misionero a Kenia. Nuestra conversación informal dio como fruto una invitación a mi iglesia. Allí nació un proyecto misionero en África, durante el cual algunos de los miembros de iglesia tuvieron la alegría de compartir el evangelio con otros y ayudar a personas necesitadas. Yo no soy un gran orador, sin embargo, como parte de ese proyecto, prediqué una serie completa de sermones, lo cual resultó en una bendición especial para mi propia vida.

¿Cómo logra el equilibrio en su vida para hacer frente a los requisitos de su profesión y su vida espiritual?

Una de mis prioridades es poder estar en casa el sábado. Sin embargo, algunas veces tuve que pasar el sábado en otras ciudades. Siempre buscaba la iglesia más cercana al hotel y gozaba de ser parte de una familia mundial. Mantenernos cerca de la Palabra de Dios y su rebaño nos ayuda a vivir mejor.

¿Siendo piloto cómo hizo para guardar el sábado?

Lamentablemente, al comienzo de mi carrera, no me esforcé mucho. Más adelante, gracias a una visita pastoral, llegué a la conclusión que tenía que poner todo mi empeño para guardar el sábado. El pastor de mi iglesia habló conmigo sobre esto, y me di cuenta que no tenía que subestimar la observancia de este sagrado día. Comencé a orar, junto con muchas personas de mi iglesia, para tener libre los sábados.

Al comienzo, bastó con hablar con la persona encargada de distribuir los turnos para los vuelos de cabotaje (corta distancia) en Airbus 320. Para los vuelos de larga distancia (Airbus 340/330), había varias personas que planificaban los turnos. Dado que frecuentemente cambiaba el personal del departamento de planificación, escribí una carta a todos los responsables y ellos la dejaban en el escritorio, de forma que todos estuviesen informados que un adventista “quería tener libre los sábados”. En los últimos dos años, un programa de computadora asignaba los vuelos a los pilotos, por lo cual la situación comenzó a complicarse más y más, pero hablé con la persona encargada y le hice una propuesta: me ofrecí a pilotear los vuelos que nadie quería realizar, a fin de poder guardar el mandamiento de Dios y observar el sábado.

¿Y ya que hablamos de equilibrio, cómo consiguió un balance entre los numerosos viajes y la vida familiar?

Mi esposa sabía que se estaba casando con un piloto. Ella estuvo de acuerdo con eso. Cuando nuestra hija mayor nació, quería llevarlas del hospital a casa, pero me llamaron para volar. Ahora que estoy jubilado, algunas personas nos preguntan cómo nos llevamos, dado que estoy en casa la mayor parte del tiempo. Hace unos años, hubo un período que estuve en casa por más tiempo que lo común y mi esposa riendo me dijo que era tiempo que volase otra vez. Ella arreglaba sus horarios para poder hacer todos los trabajos de la casa cuando yo no estaba. Gracias a Dios, no nos afectó.

¿Qué tipo de aptitudes y actitudes preparan a una persona para ser un piloto exitoso?

Hay que tener conocimientos técnicos, buena comprensión de matemática y geometría y ser capaz de orientarse fácilmente. También debe ser capaz de trabajar en equipo. Esto es lo que nos diferencia de los pilotos militares. Nosotros volamos en equipo; estos van cambiando y debemos aprender a trabajar con una gama muy variada de personas que no podemos elegir. No solo se trata de llevarse bien, sino también de interactuar con ellos e integrarlos respetando sus propias iniciativas. Algunas veces tienen mejores ideas que las de uno. Respetarse es importante en cualquier área de trabajo.

Si algún lector tiene interés en esta línea de trabajo, ¿que pasos debería seguir?

Debe pensar seriamente en esto: la observancia del sábado puede ser un desafío real muy grande. Debe ser capaz de estar separado de sus amados algunos días por semana.

No es un trabajo usual. En líneas generales, no lo recomiendo. Si desde el comienzo hubiese sabido todo lo que implicaba, probablemente no lo hubiese elegido como carrera para toda la vida, aún cuando mi sueño era volar.

Barna Magyarosi (Ph.D. , Universidad de Bucarest) es director del Departamento de Educación de la División Intereuropea en Berna, Suiza. E-mail: barna.magyarosi@eud.adventist.org.

Uli Nees: cptuli@gmx.net

* Robert Folkenberg fue presidente de la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día de 1990 a 1999.