El regalo de la sexualidad a la luz de la Biblia

El relato bíblico de la creación, que incluye la narración del primer casamiento y la creación de la familia, claramente enseña que la sexualidad humana es un regalo de Dios para los seres humanos, y que su santidad debe ser plenamente ejercitada.

Dios entregó regalos maravillosos en el Edén. Dos de ellos han sobrevivido –el sábado y el matrimonio– y se espera que la humanidad los disfrute y celebre. El primero es reconocer a Dios como el Creador del universo y adorarlo como el que nos da sentido e identidad absolutos en la vida. El segundo es para apreciar que la vida es vivida en compañerismo y amistad unos con otros, un hombre y una mujer en lazos de amor, juntos como testimonio de que nuestro Dios es un Dios de amor y compañerismo.

El matrimonio es compañerismo, amor y apoyo mutuo. Es también el lugar para utilizar el regalo de la intimidad sexual. Cuando hablamos de la mayordomía de nuestros cuerpos, también se incluye este regalo. Trataremos de hacer un breve repaso a este segundo regalo que el Creador nos entregó antes de la caída en el pecado.

El matrimonio en el Antiguo Testamento

La institución y su significado. El matrimonio difiere de las relaciones sexuales extraconyugales por su reconocimiento público y legal. Instituido por Dios, al crear la primera pareja humana, el matrimonio tiene sus fundamentos y raíces en la voluntad divina y su plan para la vida humana. Por lo tanto para hablar de este tema debemos ir al Génesis. Allí cada lector puede comprobar el enfoque bíblico de la institución y el significado del matrimonio y la sexualidad. Hagamos el análisis:

Génesis 1:26, 27: Tanto el hombre como la mujer fueron creados a la imagen de Dios, aún con su diferenciación sexual.

Génesis 1:28: El primer mandato divino; “fructificad y multiplicaos” fue dado en plural. Esto significa que ambos, tanto Adán como Eva, tanto hombre como mujer, tenían un estatus especial y equitativo en la creación de Dios. Este es un concepto distintivo de la Biblia, que no se encuentra en ninguna otra religión del Antiguo Cercano Oriente.

Génesis 2:18, 23: El hombre y la mujer fueron creados el uno para el otro. Comparten una identidad común, de valor idéntico y con igualdad. Dios tomó a Eva y la llevó ante Adán (Génesis 2:2); realizó así el primer casamiento.

Génesis 2:24 extrae cinco características distintivas del matrimonio tal como fue diseñado por Dios:

(1) Tiene un claro inicio. El esposo deja su hogar paterno y se vuelve independiente, listo para ingresar en una unión íntima con su esposa.

(2) La voluntad de Dios es la monogamia heterosexual. Esto es: un hombre y una mujer. Una unidad singular para ser vivida, amada y disfrutada únicamente por un hombre y una mujer.

(3) El matrimonio es un compañerismo completo. Se trata de transformarse en uno en pensamiento y sentimiento, en voluntad y acción, cuyo punto culminante es transformarse en “una sola carne”: una unidad de amor;

(4) En su carácter, el matrimonio es indisoluble. Es una unión caracterizada por la confianza, la fidelidad y un amor perdurable.

(5) El matrimonio es el lugar legítimo para la intimidad sexual. Dios creó el matrimonio. No es una invención humana de conveniencia o costumbre sociológica o antropológica, sino un resultado de la provisión de Dios de crear “una carne” de dos.

El casamiento. En el Antiguo Testamento se seguían los siguientes pasos:

1) Cortejo. Habitualmente eran los padres quienes seleccionaban cónyuges para sus hijos (Génesis 21:21; 24). Sin embargo, hubo casos también en los que los jóvenes podían elegir a su cónyuge, o al menos fueron consultados (Génesis 24:57, 58; 1 Samuel 18:20, 21).

2) Compromiso, contrato de matrimonio y precio de la novia (dote). El pago de un precio por la novia puede ser deducido de varios textos bíblicos. (Génesis 34:12, Éxodo 22:16,

  • Samuel 18:25).
  • 3) Ritual de casamiento. El ceremonial constaba de tres elementos: la procesión (Jueces 14:11; Salmos 45:14-16), el banquete (Génesis 29:22; Jueces 14:12, 17) y la noche de bodas (Génesis 29:22-23; Deuteronomio 22:13-21).

    En el Antiguo Testamento, el matrimonio no es un asunto privado entre un hombre y una mujer, sino un evento público que involucra a las familias y a la comunidad. Tiene implicancias legales. La intimidad sexual no constituye en sí un matrimonio; es la consumación luego que se han tomado otros pasos previos.

    El matrimonio en el Nuevo Testamento

    En este asunto el Nuevo Testamento refuerza al Antiguo y no introduce ninguna innovación. Esto no es una excepción, ya que otras enseñanzas e instituciones del Antiguo Testamento se continúan en el Nuevo (la creación, el Decálogo y el sábado). Veamos algunas enseñanzas de Jesús, Pablo y algunos textos destacados.

    Jesús. En el mismo inicio de su ministerio, Jesús estuvo en una boda (Juan 2), dando de esta manera su aprobación y bendición a la institución del matrimonio. Sumado a esto, Jesús hizo referencia al matrimonio y su vínculo con el relato de la creación. En parábolas ilustró diversos aspectos, al enfatizar la seriedad del adulterio y el divorcio, y consejos para los que deciden permanecer solteros. (Mateo 22:1-14; 25:1-13; 5:27-32; 19:1-12).

    Pablo. El apóstol abordó el tema del matrimonio y sus aspectos relacionados. Escribiendo a los Corintios, les habla de las responsabilidades dentro del vínculo; la fidelidad a los votos matrimoniales; el matrimonio y la confesión de fe; la vida de castidad; la disciplina eclesiástica e inmoralidad, etc. (1 Corintios 7, 5). El apóstol también enfatiza la santidad del matrimonio, comparando la relación de un hombre y una mujer en el matrimonio con la relación de Cristo con su iglesia (Efesios 5:22, 23). Esta ilustración ha influenciado profundamente la valorización del matrimonio en la historia cristiana.

    Mateo 1:18-20. José y María estaban comprometidos; era el paso previo a la intimidad sexual. He aquí un importante principio cristiano del matrimonio: abstención de intimidad sexual antes del casamiento.

    Mateo 19:4, 5. Jesús hace referencia a Génesis 2:24 y realza la vigencia del matrimonio. Los cristianos, de esta manera, deben comprometerse pública, exclusiva, y permanentemente, buscando la bendición de Dios en presencia de la comunidad de creyentes.

    Sexualidad desviada

    El relato bíblico de la creación, que incluye la narración del primer casamiento y la creación de la familia, claramente enseña que la sexualidad humana es un regalo de Dios para los seres humanos, y que su santidad debe ser plenamente ejercitada, preservada y definida dentro de los parámetros del matrimonio. La Palabra inspirada, incluyendo el Decálogo, claramente enseña que el patrón divino para la sexualidad humana se encuentra dentro de los vínculos matrimoniales entre un hombre y una mujer; que el matrimonio es santo y monógamo, gobernado por un amor profundo y cuidado. Sin embargo, el cuadro del matrimonio que vemos en la historia de la raza humana se encuentra lejos del ideal bíblico. ¿Qué salió mal? Como todos los ideales planteados por el Creador, el matrimonio también fue manchado por el pecado. Algunas de estas marcas aparecen en 1 Corintios 6:9-11, como así también en otros lugares de las Escrituras.

    ¿Cuáles son algunos de los pecados sexuales que la Biblia prohíbe?

    Fornicación. En las Escrituras este es un concepto amplio que incluye todos los pecados de naturaleza sexual –sexo prematrimonial, adulterio, incesto, homosexualidad, sodomía y otros. De todas maneras, por estar enumerado junto a otros términos que identifica determinados pecados sexuales, puede estar describiendo la intimidad sexual premarital (Hebreos 13:4).

    Adulterio. Identifica la experiencia sexual con una persona que no es el propio cónyuge (Juan 8:3-11;

  • Corintios 6:15-20).
  • Homosexualidad. En 1 Corintios 6:9, los afeminados parecen jugar el rol femenino en una relación homosexual, mientras que el segundo término griego, asernokoites (el varón que se hecha con un varón), obviamente describe al que juega el rol masculino en la relación. (Levítico 18:22 y Romanos 1:26, 27).

    Incesto. Describe la relación sexual con un pariente cercano. Las Escrituras claramente lo prohíben

    (1 Corintios 5:1-2; Levítico 18:6-18).

    Divorcio. En las Escrituras está prohibida esta práctica, a menos que sea por razones de adulterio. (Mateo 19:1-10; Marcos 10:1-10; 1 Corintios 7:10-16).

    Matrimonio con no creyentes. El enlace de las Escrituras, debe ser únicamente “en el Señor” (1 Corintios 7:39); esto significa, dentro de los vínculos de la fe que sustentan la vida espiritual. Las advertencias de

  • Corintios 5 al 7 en relación al matrimonio, son vistas como una advertencia contra el matrimonio con un no creyente. “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” (Amós 3:3), es el consejo perdurable del profeta, que se aplica ciertamente también al matrimonio. (Deuteronomio 7:3 y Nehemías 13:23-25).
  • ¿Por qué evitar los pecados sexuales?

    Porque hay un reino que ganar. El mal uso del regalo de la sexualidad no encuadra con las reglas de Dios y su reino (1 Corintios 6:9, 10).

    La inmoralidad es dañina; lastima o destruye relaciones con el cónyuge, la familia, los amigos y los vecinos (1 Corintios 7:10-14). Hiere nuestra relación con Dios (1 Corintios 6:15; 7:35). Nos hiere a nosotros mismos, emocional, psicológica y físicamente

    (1 Corintios 6:18).

    Dios quiere que vivamos vidas abundantes (Juan 10:10).

    Esperanza para el pecador

    Si he cometido cualquiera de los pecados sexuales, ¿existe esperanza para mí? Sí, la esperanza es el enfoque principal del evangelio. No hay pecado que Dios no pueda perdonar. En 1 Corintios 6:11 encontramos la estructura de tal esperanza. “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:11). Si hemos fallado y pecado, el perdón y un nuevo comienzo son posibles a través de la gracia de Dios. Jesús también nos desafía: “Vete, y no peques más.” (Juan 8:11).

    Dios le ha dado a la humanidad el regalo del matrimonio, incluyendo la intimidad sexual. Este regalo de amor verdadero necesita ser atesorado, mantenido puro y protegido de cualquier abuso. Es un símbolo de nuestra relación con el Señor.

    Ekkehardt Müller (Th.D., D. Min., Andrews University) es director adjunto del Instituto de Investigación Bíblica de la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. E-mail: muellere@gc.adventist.org.