Palabras que permanecen válidas

Cuando las palabras de un profeta son despreciadas, debatidas y descartadas en nombre de la ciencia, ¿cuál debiera ser la posición de aquellos que creen en la inspiración de la Palabra

La mayoría de las figuras públicas están acostumbradas a reacciones que incluyen la incredulidad y aun la hostilidad del público. La gente puede ser inconstante en sus respuestas a la información y a los consejos que se les dan. Esto sucede especialmente durante las elecciones presidenciales. La popularidad personal puede cambiar rápidamente luego de declaraciones irreflexivas o de una información comprometedora.

No solamente los candidatos presidenciales, sino también los profetas, han encontrado que la popularidad es una ilusión. Consideremos al profeta Jeremías. Inició su ministerio en su juventud (Jeremías 1:6) y fue instruido por Dios a hablar sin considerar las consecuencias (1:7, 8). Cuando hizo esto, su fiel predicación le acarreó la persecución y hasta había planes que atentaban contra su vida (11:18-23; 26:6-11; 38:6). Sus palabras no fueron apreciadas. Fueron debatidas y desechadas por algunos.

Elena White, nuestra profeta, también enfrentó incredulidad y hostilidad. Sus propios comentarios son reveladores: “Todo opositor de nuestra fe hace de la señora White su tema. Comienzan por oponerse a la verdad, y entonces dirigen sus ataques a mí. Si lo que yo he hecho es malo, traigan ellos testimonio contra el mal...”1 No es ningún secreto que los críticos y los incrédulos se han multiplicado desde su muerte.

Debo reconocer que las palabras de un profeta no son siempre fáciles de comprender. Cuando era joven, algunas de las declaraciones de Elena White respecto a asuntos científicos me causaban considerable dificultad. Sus afirmaciones no podían ser satisfactoriamente explicadas tomando como referencia información científica disponible en aquel tiempo. Afortunadamente escogí esperar pacientemente y mantener mi juicio en reserva. Otros, desafortunadamente, declararon que ella no estaba bien orientada y publicaron sus dudas. Esta experiencia ha permanecido en mi mente y me ha ayudado a resaltar tanto la naturaleza del conocimiento como la del don profético.

El conocimiento es tanto experimental como progresivo, y los seres humanos son poco sabios al apresurarse en darle total credibilidad al conocimiento científico, porque después de todo, rápidamente puede quedar demostrado que no era correcto. En relación al don profético, el trabajo de un profeta es variable. Puede ser bastante común, y el consejo dado puede provenir de diversos orígenes: de principios derivados de fuentes impecables (basados en la Biblia o en revelaciones previas2); de deducciones lógicas de observaciones inequívocas sobre el comportamiento humano3; o de extensiones de conocimiento a través de extrapolaciones. Elena White por ejemplo, extrapoló información en la promoción del pan de Graham. Su entusiasmo estuvo basado en el postulado de que cuanto más cerca del producto natural era un alimento (dieta edénica), más nutritivo y beneficioso sería.4 Pero también debemos aceptar que las revelaciones especiales o dadas por Dios, están en una categoría diferente y nos conducen más allá de nuestra base de conocimiento común.

Las revelaciones del profeta Daniel acerca del surgimiento y caída de las naciones y sus profecías, son excelentes ejemplos de afirmaciones que requirieron muchos años hasta alcanzar su cumplimiento. No hay duda de que existieron detractores en sus días, y desde entonces algunos han surgido para desacreditar inclusive hasta sus más asombrosas predicciones. Esto es sin tener en cuenta la claridad de la historia. Hoy nos enfrentamos a situaciones similares, tanto con profetas antiguos como modernos. Podemos elegir examinar las evidencias bajo la guía del Espíritu Santo, o podemos tener una actitud crítica, desconfiada y de menosprecio. A continuación presentaré algunas enigmáticas afirmaciones de Elena White que pueden ser resueltas y que me han servido para incrementar mi confianza en ella.

Algo sospechoso con el arroz amarillo

Los japoneses fueron los primeros en hacer una conexión entre comer granos de cereal decolorados por moho, y la enfermedad. Ellos demostraron los efectos tóxicos de comer tales alimentos en 1891, y el trabajo fue profundizado en 1920. Sin embargo, sus investigaciones no fueron ampliamente conocidas.5 Tanto expertos de algunas universidades como el Departamento de Agricultura de EE.UU. no aceptaron que el moho producía toxinas perjudiciales para la salud animal hasta 1913.6 Sin embargo, después de 1960 las consecuencias del consumo de granos contaminados con moho fueron ampliamente comprendidas. El año 1960 es famoso por la muerte de cien mil pavos en Gran Bretaña, al comer alimento en base a maní contaminado con moho y el casi simultaneo desarrollo de cáncer en la trucha arco iris, alimentada con ración a base de semilla de algodón, en los EE. UU.7

Es fascinante que Elena White advirtiera en 1885 que aquellos que usaban manzanas descompuestas para la producción de vino y sidra estaban introduciendo venenos en sus cuerpos. Ella afirmó que “esta agradable bebida a menudo no es apta para el estómago humano”, lo que fue comprobado por exámenes microscópicos más tarde. Ella aconsejó hervir el jugo para tornarlo menos perjudicial.8 En 1887 declaró sin dudar que las frutas y los vegetales escogidos para consumo no debieran mostrar la “menor señal de decadencia” e indicó que más muertes de las imaginadas resultan del consumo de frutas y vegetales descompuestos.9 Estas eran declaraciones provocativas, pero han ganado credibilidad en años recientes. Desde la década del sesenta se han hecho grandes descubrimientos de sustancias tóxicas en los alimentos, asociados al crecimiento de microorganismos.10

El famoso moho, encontrado en las manzanas –capaz de producir una toxina– fue descubierto en 1874, pero nadie estaba al tanto de esta toxina hasta 1943; su nombre es patulina, y su toxicidad se reduce con calor. Debido a su toxicidad en animales, los organismos mundiales de salud han determinado un límite máximo de ingesta diaria. En algunos países, el nivel detectado sobrepasa al considerado seguro para los infantes y niños pequeños.11 Si bien los mohos asociados a las frutas y vegetales, y la producción de toxinas son relativamente escasos, el principio de evitar comidas contaminadas con moho (una generalización que puede ser tomada de Elena White), es de gran importancia y la ciencia lo ha descubierto recientemente.12

El olor de la muerte

La idea de que las partículas que respiramos pueden contribuir a dañar la salud no es nueva; estos efectos dañinos fueron experimentados en el Mundo Antiguo.13 Sin embargo, Elena White no fue tomada con seriedad cuando escribió en 1905: “No se toleren cerca de la casa los desperdicios de verduras ni los montones de hojas caídas que se pudren y vician el aire. No debe haber tampoco dentro de la casa cosas sucias o descompuestas”.14

Su reivindicación comenzó a partir de 1932. Recientemente, ha sido descubierto que varias toxinas bacterianas y componentes microbianos son expulsados al aire donde se encuentra material vegetal en descomposición. Los científicos ahora hablan de límites de seguridad para toxinas microbianas aéreas.15 El manejo de desperdicios orgánicos expone a los individuos a partículas aéreas de origen animal, vegetal y microbiano, que pueden desencadenar una variedad de consecuencias para la salud, particularmente enfermedades respiratorias.16 La exposición a polvo orgánico (bioaerosoles), originados en contenedores interiores de basura orgánica también han sido evidenciadas,17 dando así credibilidad adicional a las declaraciones de White.

Misiles mortales

Algunas crisis inusuales (cefaleas, erupciones cutáneas, presión arterial elevada), comenzaron a ser notadas por los profesionales médicos en 1963, como vinculadas a la ingesta de quesos “fuertes” en combinación con cierta medicación.18 Esto se debía a las aminas presentes en los alimentos. Normalmente, tales aminas son degradadas, pero en individuos en quienes falta la enzima apropiada, aparecen los síntomas. En otros individuos pueden precipitarse las clásicas migrañas por la ingesta de alimentos ricos en aminas tales como ciertos tipos de quesos y chocolate.19 La concentración de aminas encontradas en el queso depende no solamente del período de estacionamiento, sino también de la flora bacteriana del lugar y de las condiciones higiénicas mantenidas durante el procesamiento y estacionamiento. Se han podido registrar episodios de intoxicación con aminas, que están bien documentados. Otro grupo de toxinas que pueden estar presentes son las formadas por mohos que frecuentemente se encuentran en quesos maduros, y las toxinas pueden penetrar dentro de la comida desde el lugar de su crecimiento superficial. El nivel de contaminación de tales toxinas en los quesos es generalmente bajo, pero se ha detectado una amplia variedad.20

Esta información fascinante disparó mi interés en un comentario hecho por White en 1868 a una pareja que sufría un problema de salud. Ella escribió que “el queso nunca debe introducirse en el estómago”.21 Este consejo puede haber sido hecho en un intento de guiar a la pareja a seleccionar alimentos fáciles de digerir. Sin embargo se puede aplicar en forma más amplia teniendo en mente que los efectos combinados de comer queso potencialmente rico en grasas –conteniendo aminas, toxinas y cargados con organismos productores de enfermedades– lo hace inapropiado para el consumo.22 Debemos recordar que los controles ambientales no eran usuales en el tiempo de Elena White, provocando que algunos productos alimenticios y el agua, fuesen mucho más peligrosos que ahora.

Poco después (1905) ella escribió: “El queso merece aún más objeciones; es absolutamente impropio como alimento”. En la edición del artículo en alemán, White permitió a los editores usar el término “queso fuerte y duro” para subrayar lo que ella quería decir. El comentario del editor que acompaña algunas de las ediciones en inglés indica que el término no se aplica al “queso suave tipo requesón ni otros alimentos de índole similar”.23 Esta declaración fue clarificada en una publicación de Arthur White en la cual indica que su madre comía requesón pero no quesos estacionados.24

Algunos individuos se han visto intrigados acerca del significado y la exactitud de las declaraciones de 1868 y 1905. Algunos las han aceptado de plano y han rechazado el queso cuando perciben que Elena White actuó de esta manera, luego de aceptar el mensaje de la reforma pro salud. Otros han buscado entender los principios que involucra. La siguiente información nos ayuda a clarificar estos asuntos.

En el momento en el cual la primera declaración fue escrita, las afecciones derivadas de los lácteos eran prevalentes. Las enfermedades infecciosas no eran muy bien comprendidas y la pasteurización aún no había sido descubierta. Al momento de la segunda declaración, la pasteurización había sido perfeccionada y estaba siendo usada en forma más general; así las enfermedades derivadas de los alimentos estaban en proceso de ser reducidas. Algunos han considerado que la carga de enfermedades derivadas del queso fue la razón principal de la advertencia de Elena White. Una consideración más profunda de esta idea, nos conduce a rechazarla como la razón primordial. Las declaraciones acerca del queso enunciadas más arriba, fueron mencionadas alrededor del mismo tiempo en el cual ella habló de otros productos lácteos a los que dio mayor apoyo.25 Más aún, el proceso de fabricación tanto para quesos estacionados como no estacionados, es muy similar en sus fases iniciales. Es durante las fases finales del proceso donde debemos buscar posibles pistas. Una observación interesante es que tanto los quesos estacionados como los no estacionados pueden acarrear enfermedades.26

El punto de partida en la preparación de quesos estacionados y no estacionados, como el nombre lo sugiere, es el proceso de estacionamiento. Los requesones son colocados en el mercado a los pocos días de su preparación, mientras que otros quesos son madurados bajo condiciones definidas, por períodos de algunos meses (la mayoría se estacionan por lo menos por tres meses). La extensión del tiempo de maduración determina la clasificación de los quesos como “suave”, “fuerte” o “maduro”. El primer indicio de que había algún problema con algunos quesos estacionados fue percibido en 1963. Algunas personas que estaban tomando una medicación específica, sufrieron elevada presión arterial, cefaleas, fiebre, y otros síntomas.27

Durante el estacionamiento del queso, la proteína caseína es degradada por el cuajo y la acción bacteriana (fermentación). Algunas de estas bacterias producen aminas. En quesos de estacionamiento corto, la oportunidad para que se produzcan los variados productos bacterianos es limitada. En quesos más maduros, las aminas biogénicas están presentes. En un sentido amplio, el contenido de aminas se incrementa debido al tiempo de estacionamiento. Entonces, los quesos producidos a partir de leche pasteurizada pueden mostrar niveles de aminas muy inferiores respecto a aquellos producidos a partir de leche cruda.28

De acuerdo a la evidencia científica disponible, podemos afirmar fehacientemente que la advertencia dada por Elena White es razonable. Primero, el queso es más difícil de digerir que muchos alimentos. Segundo, entendemos que un estilo de vida vegetariano puede proveer un recurso rico en nitratos provenientes de las plantas y quizás del agua. El cuerpo convierte los nitratos en nitritos. Este proceso puede parecer inofensivo, pero cuando los nitritos se combinan con aminas ingeridas en otros alimentos (incluyendo quesos), se forman nitrosaminas en el tracto intestinal, dando origen a químicos cancerígenos potentes.

Los escritos de White acera del queso no están destinados a ser leídos como un libro de recetas, sino que deben ser tomados como principios dados acerca de algunos quesos. Podemos decir que las enfermedades asociadas con las aminas, han sido relacionadas con ciertos quesos y otros productos alimenticios, y que algunos individuos se encuentran en mayor riesgo que otros. Más aún, hay personas que tienen una predisposición a desarrollar cáncer a través del consumo de nitrosaminas y micotoxinas.29 Los peligros varían en diferentes partes del mundo y han cambiado a lo largo del tiempo. Nos corresponde a nosotros ser cuidadosos al ingerir alimentos ricos en aminas.

Elena White nos anima a pensar y razonar de la causa al efecto. Sus libros insinúan que debemos seguir el mejor consejo científico. Podemos asegurar esto con suficiente confianza si nos preocupa seguir sus instrucciones en lo que respecta al uso seguro de la leche. Cuando el mundo científico estaba dividido acerca de la utilidad de tratar la leche con calor, ella escogió el camino correcto a pesar que algunos de los más grandes científicos del mundo tomaron la ruta alternativa. También podemos afirmar esto si miramos los principios que subyacen junto a la advertencia del uso de tres productos fermentados: queso, aceitunas y encurtidos; su advertencia difiere para los tres alimentos mencionados.30 ¿Por qué es así? ¿Qué conclusión debemos sacar acerca de las docenas de productos fermentados que no se mencionan en sus libros? ¿Son estos siempre seguros? Como científico, puedo decir que estamos en el proceso de encontrar las respuestas y establecer los principios como fueron bosquejados arriba.

Conclusiones

Nuestro breve relevamiento de un número de declaraciones hechas por Elena White ha sido resuelto a la vista de la información derivada de recursos científicos. La ciencia confirma la exactitud de sus declaraciones y nos da mayor confianza en su ministerio. Mucha de la información de los expertos nos ha llegado recientemente, lo cual nos recuerda que las conclusiones apresuradas pueden resultar incorrectas. Aun cuando hay quienes nos han señalado que, al igual que lo que sucede con las Sagradas Escrituras, podemos encontrar inexactitudes ocasionales, esto no debería restar confianza en la inspiración o en la autoridad de la Biblia o en los escritos de Elena White.31

Warren Shipton (Ph. D., M. Ed., FASM) obtuvo su doctorado en la Universidad de Sídney, (Australia). Fue decano de la Facultad de Ciencias de la James Cook University, (Australia), y expresidente de la Asia-Pacific International University, Muak Lek, Tailandia. Actualmente trabaja para esta universidad en un cargo ad honorem. E-mail: wshipton@gmail.com.

REFERENCIAS

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