En busca de la verdad (presente)

Como integrantes del cuerpo de Cristo, se espera que seamos su comunidad presente y redimida, la encarnación concreta de la verdad presente y de los ideales del reino eterno.

No es empresa fácil hablar de la verdad. No hay una sola definición que deje conformes a la mayoría de los estudiosos, y las definiciones predominantes siguen siendo ampliamente debatidas. Los filósofos clásicos prepararon el camino para que Santo Tomás de Aquino definiera verdad como “la conformidad entre la cosa y el intelecto”.1 Por muchos siglos esa fue la definición común del diccionario: la verdad es una forma de acuerdo entre la afirmación y la realidad. Las cosas comenzaron a cambiar cuando Kant expresó que la definición clásica de verdad es en hecho una mera forma de razonamiento circular,2 y Kierkegaard sostuvo que “la verdad es subjetividad. Un ser humano no puede hallar la verdad en forma separada de la experiencia subjetiva de la propia existencia”.3 Nietzsche añadió que lo que llamamos verdad es tan solo “una invención de convenciones fijas por propósitos meramente prácticos”,4 y Fromm concluyó que la idea de verdad absoluta se ha vuelto obsoleta.5

Definiciones actuales de verdad

Así es que el debate sobre la verdad ha llevado a un amplio espectro de definiciones. Una razón de ello es la variedad de sentidos en los cuales se usa la palabra verdad.6 Desde la época de Aristóteles, muchos siguen definiendo la verdad como una correspondencia entre una declaración y la realidad (teoría correspondentista). Según esta perspectiva, una afirmación es verdadera cuando se corresponde con la realidad que dice describir.7 Para otros, la verdad significa la coherencia lógica entre lo que se dice y los hechos, al menos dentro de un sistema (teoría coherentista).8 Según esta perspectiva, una declaración es verdadera si no contiene contradicciones internas.9 Otros sostienen que la verdad es cualquier cosa que un grupo determinado concuerde o apruebe (teoría del consenso).10 Para algunos, la verdad es construida por procesos sociales, históricos y culturales, pero no refleja ninguna realidad externa (teoría constructivista).11 Para otros, la verdad es identificada por su efectividad de aplicar conceptos a la práctica real (teoría pragmática).12 Las teorías deflacionarias o minimalistas sostienen que “afirmar que una declaración es verdadera es solo llevar a cabo un acto de acuerdo, aceptación o apoyo de esa declaración” (teoría performativa).13 Y para otros, la verdad es simplemente un concepto redundante, una palabra usada tradicionalmente en la conversación, principalmente para énfasis, pero que en realidad no equivale a ninguna cosa real (teoría de la redundancia).14

A pesar de esta variedad de definiciones, la búsqueda de la verdad continúa.15 “En el mundo científico hay una búsqueda de la verdad, un deseo de expandir la comprensión humana de la realidad. Los físicos ven la verdad de los procesos del universo creado, los fisiólogos buscan la verdad de los procesos del cuerpo humano, y los psicólogos buscan la verdad de los procesos de la mente. Los historiadores buscan la verdad de los eventos y sucesos que conformaron el pasado humano”.16

Definiciones bíblicas de verdad

No es mi propósito contrarrestar las teorías de la verdad mencionadas más arriba, aunque sería muy interesante hacerlo. Lo que sí quiero considerar es el concepto bíblico de verdad, según se presenta en algunos pasajes del Nuevo Testamento.

La palabra verdad (en griego, aletheia) es usada a menudo en el Nuevo Testamento como traducción del término hebreo emeth, con cuatro significados distintivos:

  1. La verdad como lo opuesto del error (Efesios 4:25). Es un uso más o menos filosófico.
  2. La verdad como integridad moral, fiabilidad o sinceridad, en oposición al engaño (Juan 8:44). Este uso es mayormente ético.
  3. La verdad como realidad, contraparte de tipos, símbolos y sombras (Colosenses 2:17) o meras apariencias (Filipenses 1:18). Este uso es en especial hermenéutico y teológico.
  4. La verdad como sinónimo de la fe cristiana (que es el sentido de 2 Pedro 1:12). Los adventistas estamos familia-rizados con este uso eclesial.

Jesús definió la verdad como encarnada en sí mismo. “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6), una definición que incluye las cuatro di-mensiones mencionadas, dado que Jesús era al mismo tiempo: (1) verdadero respecto de Dios; (2) su confiable mensajero; (3) el cumplimiento de los tipos del Antiguo Testamento; y (4) la encarnación de la revelación divina. Si aceptamos que la verdad como reve-

lación implica descubrir o poner en evidencia lo que es real,17 la definición de la verdad que dio Jesús se relaciona bien con lo que llamamos revelación, dado que en él Dios se nos reveló de manera particular. Esta definición encarnada de la verdad debería ser un paradigma válido para nosotros.

La verdad presente

En 2 Pedro 1:12 se exhorta a los cristianos: “[que] estéis confirmados en la verdad presente”. ¿Qué significa esta declaración? Dado que la palabra verdad es vista con múltiples significados, necesitamos aclarar el sentido de “presente” que califica al sustantivo verdad. El adjetivo parouse, (presente), puede tener al menos tres significados:

Espacial: Una verdad que es manifiesta; no está oculta o ausente. La palabra parouse está relacionada con parousia, ‘manifestación’ (v. 9 y Colosenses 1:5). En este sentido, la verdad presente es una verdad que aparece con claridad ante los observadores.18

Temporal: Una verdad que no solo es pasado o futuro, sino relevante para el presente.

Existencial: Una verdad relacionada con la experiencia espiritual de los creyentes (2 Timoteo 3:7 y 3 Juan 1:8); la verdad que se ha enseñado a los creyentes.19 En este caso, la verdad presente se refiere a la ‘doctrina cristiana’.20

Aquí aducimos que la frase bíblica “verdad presente” incluye estos tres sentidos. En la historia adventista hemos usado muchas veces la expresión “verdad presente” con este último sentido, pero a veces en un ámbito limitado, como si significara tan solo “el mensaje adventista”. No hay nada que objetar para este uso interno, porque pertenece a nuestra herencia y posee una tradición muy valiosa para nosotros. Pero es bueno mirar más de cerca la frase “verdad presente” tomando en cuenta todos sus posibles significados.

La “verdad presente” en la tradición adventista

El teólogo adventista Fritz Guy expresa: “Una de las grandes características de la herencia adventista es su compromiso con la verdad, un compromiso que ha sido típicamente vigo-

roso y a menudo valiente. Este compromiso se expresó en la disposición de enfrentar al mundo si las evidencias indicaban que ese era el camino de la verdad, y en la disposición de mostrar desacuerdo con otros integrantes de la comunidad de la fe si se requería eso para ser fiel a la verdad”.21

“La idea de la ‘verdad presente’ –la verdad cuyo tiempo ha llegado– es el elemento en sí más importante de la herencia teológica adventista. Aunque la verdad eterna es por definición siempre verdadera, un elemento particular de la verdad puede adquirir relevancia particular, en un momento particular. La verdad puede así ser entendida como eterna y al mismo tiempo dinámica”.22 Para los estudio-

sos cristianos, la mera palabra verdad debería significar descubrimiento y crecimiento. Ser auténticamente cristianos en el sentido más profundo es estar tan profundamente comprometidos con la verdad que todavía tenemos que conocer, como con la verdad que ya conocemos. En este sentido, queda claro que “todo intento de convertir comprensiones pasadas, cualquiera sea su marco histórico, en el criterio final de la interpretación presente y futura de la fe no es solo una mala idea sino una traición al principio básico adventista de la ‘verdad presente’”.23

Con la ansiedad de ser fieles a la verdad revelada por Dios a su pueblo, algunos creyentes parecen pasar por alto los desafíos del mundo presente y viven mirando el pasado para estar seguros de no apartarse de la verdad presente de los pioneros. Otros, deseo-

sos de responder al mundo que los rodea, no dudan en recortar la reve-

lación divina en su búsqueda de relevancia para enfrentar los desafíos del presente. Para escapar a las trampas de esos dos extremos, es necesario vencer la tentación de separar realidades que tienen que ir juntas. Para ser fieles al texto bíblico, no podemos separar “verdad” de “presente”.24

Compromiso con la verdad

Como cristianos tenemos un doble compromiso: con la verdad revelada de Dios y con el mundo presente en el que Dios nos colocó con una misión (Mateo 28:18-20). Nuestros dos compromisos –la verdad y presente– a veces parecen estar en conflicto. Sensibles a las tendencias científicas, algunos de nuestros contemporáneos hallan difícil compatibilizar la noción bíblica de verdad con su perspectiva de la realidad. Como estudiosos cristianos, puede ser que nos sintamos atrapados en la dolorosa tensión entre el “presente” y la “verdad”, como si estas dos realidades fueran dos mundos casi separados. Estamos tentados a retirarnos de uno de esos mundos capitulando al otro. A menudo luchamos por permanecer fieles a la revelación del pasado para ver sus implicaciones para las realidades actuales. Aunque acaso no sea fácil combinar la lealtad al pasado con la sensibilidad al presente, ese es nuestro llamado y misión cristianos: vivir en el mundo bajo la Palabra. Como discípulos de Cristo, somos llamados a ensalzar la verdad presente y una verdad que sea presente.

Si creemos que la tarea del estudioso cristiano es buscar la verdad, aferrarse a la verdad y enseñar la verdad, puede ser que concordemos en que para nosotros como individuos, “así como para la comunidad de la fe, el compromiso con la verdad es el primer y más elevado principio de la teología. Dado que la teología es una empresa cognitiva, la verdad es su valor supremo”.25 Como miembros del cuerpo de Cristo, tenemos un compromiso personal y colectivo con la verdad.

La verdad como doctrina

En el mundo occidental clásico, la verdad era hallada supuestamente por la razón y la reflexión. Se creía que el pensamiento iluminado producía acciones virtuosas para que la persona racional fuera una buena persona. Por ello, para Platón, “no habrá fin a los problemas de los estados, o de la humanidad misma, hasta que los filósofos sean reyes de este mundo, o hasta que los que ahora llamamos reyes y gobernantes lleguen a ser reales y verdaderos filósofos”.26 Esta idea aún está viva hoy en lo que ha sido llamado el mito occidental fundamental: “el mito de la cabeza, de la mente, de la importancia de la lógica racional e impersonal”.27

Al traducirlo a términos cristianos, la perspectiva clásica equipara la verdad con la razón y las proposiciones doctrinales. Esta visión intelectual de la verdad se hace evidente en la popular idea de que la religión es una cuestión personal, una decisión privada que depende de las creencias. Este enfoque doctrinal de la verdad hace a menudo que la espiritualidad quede tan preocupada con la formulación correcta de nuestras creencias y la defensa de nuestros dogmas, que acaso olvide la centralidad del compromiso propio con Dios en la vida diaria. Según este punto de vista, el conocimiento es principalmente teórico, y hace posible que el estudioso reconozca la Biblia “como la encarnación del conocimiento y la verdad, y se vea a sí mismo como su ortodoxo maestro […], que predica los mandamientos y aun así roba o comete adulterio o roba en el templo” (Romanos 2:21, 22). Por esas inconsistencias, dice el apóstol Pablo, el nombre de Dios es blasfemado.28 Las experiencias personales muestran que nuestras acciones pueden apartarse un tanto de nuestras expresas creencias. Nuestro consentimiento intelectual con ciertas doctrinas no siempre incluye poner en práctica algunas de sus implicaciones. Por ejemplo, podemos defender públicamente la soberanía de Dios aunque no permitirle siempre ser el soberano de nuestra vida. Uno de los problemas del cristianismo tradicional a lo largo de los siglos ha sido la tendencia de elevar la ortodoxia (el pensamiento correcto) por sobre la ortopraxia (la acción correcta). No necesitamos ir muy lejos para observar que la presunción de poseer la verdad a menudo llevó a la arrogancia, la intolerancia, o a cosas peores.

La verdad “como está en Jesús”

Jesucristo, nuestro Maestro y Modelo, nos dio un ejemplo perfecto de lo que significa estar comprometidos con la verdad. Él fue coherente en palabras y acciones, tanto públicas como privadas. Tuvo una sola vida; no la dividió en compartimentos: profesional, social, espiritual, etc. Apartándose de la línea de pensamiento prevaleciente de la mayoría de los filósofos de su época (y de la nuestra), Jesús advirtió que conocer la verdad no es solo una tarea intelectual, sino una experiencia existencial liberadora (Juan 8:32). Esta clase de conocimiento es un proceso de compromiso que involucra a toda la persona. El pensamiento dividido en compartimentos es ajeno a los verdaderos discípulos de Cristo, que son llamados para hacer presente la verdad en teoría y acción, creencia y conducta, cognición y compromiso.

El compromiso con la verdad requie-

re que el estudioso cristiano sea “escrupuloso al reunir las evidencias, honesto al reconocer los argumentos contrarios a la posición propia, justo al evaluar la fuerza de esos argumentos, solidario al representar la posición de aquellos con quienes no está de acuerdo”.29 En este sentido, sostener la verdad requiere tanta humildad y valor como conocimiento e inteligencia.

Vivir la verdad

Nuestra preocupación es la siguiente: ¿Cómo podemos tratar la verdad de una forma que nuestra vida personal sea transformada, haciéndonos mejores personas, y mejorando nuestra misión como iglesia? Pablo dice que la conversión tiene que afectar nuestra forma de pensar, y que tenemos que ser transformados “por medio de la renovación de [nuestro] entendimiento” (Romanos 12:1-2). Esta nueva forma de pensar, según la perspectiva bíblica de la persona como un todo, no deja lugar a la dicotomía de pensamiento y acción. Según la Biblia, la verdad es en primer lugar relacional. La realidad y la verdad son mejor conocidas no solo por la reflexión racional, sino también por experiencias directas. El conocimiento real de Dios es por lo tanto principalmente empírico, y resulta de un encuentro personal con él. No es un mero conocimiento de proposiciones sobre él. No es resultado del pensamiento especulativo, sino el resultado de una experiencia personal con Dios y con su obra salvífica (Deuteronomio 4:39; Jeremías 22:15-16). En este sentido, por lo tanto, conocer la verdad es más que saber de ella. Conocer a Dios –fuente última de la verdad– es encontrar y experimentarlo, escuchar y obedecerle. Por ello, en la Biblia la fe no es un mero producto de la razón. No es solo una certeza intelectual sobre cuestiones doctrinales. ¿No dice Santiago que aun los demonios “creen” sin conocer o tener fe en el sentido bíblico (Santiago 2:19)? Porque la fe, según el Nuevo Testamento, es una actitud de confianza y compromiso con una Persona, no con una lista de creencias,30 por más importantes que estas sean. Lo que quiero expresar es que la fe debería llevarnos a trascender una mirada distante y especulativa a la esfera de la participación personal (Juan 8:31-32). La verdadera fe hace que la verdad sea presente en nuestra vida.

Para que la verdad sea presente

¿Cómo tratar con la verdad de una manera que toda nuestra vida sea penetrada por ella, dándonos una clara percepción de nuestra realidad presente y nuestra misión? ¿Cómo podemos tener presente la verdad en nuestra vida personal?

Si la tarea del estudioso cristiano es buscar la verdad, conocerla y enseñarla, se esperaría que los estudiosos cristianos reflejaran mejor que otros los resultados de ese compromiso. La verdad es poderosa cuando se la defiende con argumentos, pero es aún más poderosa cuando es encarnada. Hay poder en la oración, pero aún más poder si oramos y actuamos al mismo tiempo. Hay poder en la verdad pero hay aún más poder en una verdad que es presente. La gente no solo necesita comprender los argumentos de nuestra fe, sino ver ejemplificados sus beneficios. Un estudiante cristiano en una clase, una enfermera en su hospital, una secretaria en su oficina, un asistente en una tienda o un obrero en la fábrica, que estén comprometidos con hacer presente la verdad, pueden ejercer una influencia desproporcionada respecto de los números y los porcentajes. Como cristianos tenemos una misión. Somos gente marcada en la escuela, el trabajo y el hogar: el mundo nos observa (2 Corintios 3:2; Hebreos 12:1-2).

Una iglesia que hace presente la verdad

Como miembros del cuerpo de Cristo tenemos que ser su comunidad presente y redimida, la encarnación concreta de la verdad y de los ideales de su reino. El grupo pequeño fue la manera de acción que escogió el mismo Señor. Comenzó con los doce. La historia de la iglesia posterior abunda en ejemplos de la influencia estratégica de los grupos pequeños. A lo largo de los siglos, la humanidad ha sido liderada por osadas minorías. Tom Sine ha captado bien esta idea en su libro The Mustard Seed Conspiracy [La conspiración de la semilla de mostaza], cuyo título alude a la ínfima semilla de la cual crece una gran planta. Su subtítulo es: “Usted puede hacer una diferencia en el mundo atribulado del mañana”.31 Y esta es su principal idea: “Jesús nos reveló un secreto extraordinario. Dios ha escogido cambiar el mundo mediante los humildes, los modestos y los imperceptibles […]. Esa ha sido siempre la estrategia de Dios: cambiar el mundo mediante la conspiración de los insignificantes. Escogió un tosco grupo de esclavos semitas para que llegaran a ser los insurgentes de su nuevo orden mundial […]. ¿Y quién habría soñado que Dios escogería obrar mediante un bebé en un establo para dar vuelta el mundo? Dios escogió lo necio […], lo débil […], lo humilde […], lo que no es […]. Aún es el método divino obrar mediante el presente vergonzosamente insignificante, para cambiar su mundo y crear su futuro”.32

Al referirse a esta idea, John Stott escribió: “El presente vergonzosamente insignificante. Siento la necesidad de subrayar este método paradójico que Dios ha adoptado. Al mismo tiempo, estoy ansioso para que entendamos que es realista. Lo que las minorías carecen en número, pueden compensarlo con convicción y compromiso”.33

Motivados por su amor a Cristo y el ser humano y su compromiso con la verdad, los primeros cristianos, los reformadores y sus herederos, incluida la Iglesia Adventista, se dedicaron a predicar la Palabra de Dios en todas partes, y transformaron al mundo porque nada tiene una influencia que humaniza tanto como el evangelio. En sus esfuerzos para que la verdad sea presente, el pueblo de Dios fundó escuelas y hospitales, cuidó de los ciegos y los sordos, los huérfanos y las viudas, los enfermos y los moribundos. Lucharon contra la trata de esclavos, mejoraron las condiciones de los obreros en molinos y minas, y de los prisioneros. Protegieron a los niños y las mujeres del abuso, y llevaron a toda clase de sufrientes la compasión de Cristo y los métodos modernos de la medicina, la cirugía reconstructiva y la rehabilitación. Procurar que la verdad sea presente nos mantiene predicando el evangelio hasta el fin.

Conclusión

Aprendemos de Jesús que el compromiso con la verdad requiere un compromiso personal con él. Somos fieles a la verdad cuando Cristo está verdaderamente presente en nuestra vida y nuestro alrededor (Mateo 25:31-46). El discípulo sabio es guiado por “el Espíritu de verdad […] a toda verdad” (Juan 16:13). El poder de las palabras de Jesús es conocido al ponerlas en práctica. Aunque Jesús es la Palabra de Dios encarnada, a menudo nos sentimos satisfechos con palabras embalsamadas en retórica. Más importante que formular el evangelio en un credo correcto –algo que es importante– es esforzarnos por encarnarlo en brillantes acciones. La verdad necesita llegar a ser presente.

Mi propuesta es que, en lugar de construir una noción restrictiva de la verdad presente como herencia, o construirla sobre una lista concreta de doctrinas, deberíamos edificar sobre la noción bíblica de la verdad hecha presente, arraigada en la dinámica de la sabiduría divina. En lugar de relacionar el concepto de la verdad presente principalmente con el concepto restrictivo del remanente de Dios, lo que a menudo resulta en una iglesia de mentalidad exclusivista y centrada en sí misma, deberíamos luchar por hacer presente la verdad, vinculando nuestra misionología con la justicia y la misericordia, no con números y resultados. En lugar de restringir la verdad presente solo con el ámbito apocalíptico, deberíamos explorar una teología bíblica del tiempo, donde los fundamentos permanentes puedan impregnar las urgentes expectativas del tiempo del fin y donde el kairos (las oportunidades presentes) puedan inspirar la manera de prepararnos para los próximos eventos del kronos (el tiempo del fin). En lugar de un enfoque legalista de la ley divina, deberíamos verla como una forma viviente de hacer que la verdad esté presente en nuestra vida diaria, un resultado de nuestro pacto con Dios mediante la presencia del Espíritu Santo en el corazón. Así, al permanecer “confirmados en la verdad presente” (2 Pedro 1:12), lograremos que la verdad esté realmente presente en nuestra vida y nuestro alrededor.

Roberto Badenas (Ph.D., Andrews University) se ha jubilado hace poco después de trabajar para la iglesia durante cuarenta y tres años como teólogo, pastor, docente y autor de numerosos artículos y dos libros. Su último cargo fue de director del Instituto de Investigaciones Bíblicas y director del Departamento de Educación de la División Intereuropea. Este artículo ha sido adaptado del trabajo “Dealing with ‘Present Truth’: 2 Peter 1:12

REFERENCIAS

  1. T. de Aquino, De veritate 1:1; cf. L. Dewan, “Is truth transcendental for St. Thomas Aquinas? Nova et Vetera, 2 (2004) 1: 1-20.
  2. E. Kant, Critique of Pure Reason (Palgrave Macmillan, 1929), p. 197.
  3. S. Kirkegaard, Philosophical Fragments (Princeton, New Jersey: University Press, 1985), p. 75; Concluding Unscientific-Postscript (Princeton, New Jersey: University Press, 1974), pp. 181, 182.
  4. Véase L. Hinman, “Nietzsche, metaphor and truth”, en Philosophy and Phenomenological Research 43 (1982) 2:179-199.
  5. E. Fromm, Man from Himself: An Inquiry into the Psychology of Ethics (Nueva York: Holt, 1947).
  6. Por una introducción a la discusión sobre teorías de la verdad, véase B. Dowden y N. Swartz, “Truth”, en The Internet Encyclopedia of Philosophy, ed. J. Fieser, http://www.utm.edu/research/iep/ (2005).
  7. F. Canale, The Cognitive Principle of Christian Theology (Berrien Springs, Michigan: Andrews University, 2005), pp. 450, 451; A. Tarski, “The semantic conception of Truth”, en Philosophy and Phenomenological Research 4 (1944) pp. 341-376.
  8. Por ejemplo, Hegel, Spinoza, Leibniz, etc.
  9. J. Young, “The coherence theory of truth”, Stanford Encyclopaedia of Philosophy, consultada el 9 de septiembre de 2008, http://plato.stanford.edu/entries/truth-coherence/.
  10. Véase J. Habermas, Communication and the Evolution of Society (Boston: Beacon Press, 1979), pp. 1-68.
  11. La expression “epistemología constructivista” fue usada por primera vez por J. Piaget en el famoso artículo “Logique et connaissance scientifique” (1967), que apareció en la Encyclopédie de la Pléiade. Allí se refiere al matemático A. Brouwer (1605-1638) y al filósofo G. Vico (1668-1744). Cf. Constructivist epistemology (www.answers.com/topic/constructivistepistemology).
  12. Por ejemplo, W. James, C. Peirce, J. Dewey, etc.
  13. Véase P. Strawson, “Truth”, en Proceedings of the Aristotelian Society, suppl. t. XXIV, 1950. Cf. R. Kirkham, Theories of Truth (Cambridge, MA: MIT Press, 1992). El capítulo 10 presenta en detalle la teoría performativa de la verdad de Strawson.
  14. F. Ramsey, “Facts and Propositions” (1927), reimpreso en Philosophical Papers, ed. D. Mellor (Cambridge: Cambridge University Press, 1990), pp. 34-51.
  15. T. Currie III, Searching for Truth: Confessing Christ in an Uncertain World (Westminster: John Knox Press, 2001).
  16. F. Guy, Thinking Theologically (Berrien Springs, Michigan: Andrews University Press, 1999), p. 250.
  17. Canale, p. 452.
  18. La idea de la verdad como revelación ha sido desarrollada en la obra de Heidegger y otros. Sobre la base de la palabra griega aletheia, se entiende la verdad como “el descubrimiento de la revelación de algo que antes estaba escondido. En este sentido, la verdad significa revelar o descubrir. En tanto que la verdad existe cuando la realidad se revela a sí misma sin distorsión”. Véase Canale, p. 452.
  19. Seventh-day Adventist Bible Commentary (Washington, DC: Review and Herald Pub. Assn., 1955), 6:599.
  20. G. Harder, in Theological Dictionary of the New Testament 7, p. 656, traduce verdad presente en este caso por “doctrina cristiana o la cristiandad en general”.
  21. Guy, p. 250.
  22. Véase B. Wiklander, “The truth as it is in Jesus”, Ministry (February 1996) pp. 5-7.
  23. Guy, p. 80.
  24. Véase E. Tolle, The Power of Now: A Guide to Spiritual Enlightenment (Vancouver: New World Library, 2004).
  25. Guy, p. 52.
  26. Platón, The Republic 473C.
  27. M. Novak, The Spirit of Democratic Capitalism, (Nueva York: American Enterprise Institute, 1982).
  28. G. Berkouwer, “Revelation and Knowledge” en Studies in Dogmatics: General Revelation (Grand Rapids, Michigan: Eerdmans, 1955), pp. 137-171.
  29. B. Mitchell, Faith and Criticism (Oxford: Clarendon Press, 1994), p. 23.
  30. A. Chouraqui, traduce “fe” como ‘adhesión y compromiso’, y “creer” por ‘unirse y apoyar’ (La Bible, Paris: Desclée de Brouwer, 2003).
  31. Véase T. Sine, Mustard Seed versus McWorld (Grand Rapids, Michigan: Baker, 1999).
  32. Sine, The Mustard Seed Conspiracy (Londres: MARC, 1981).
  33. J. Stott, Issues Facing Christians Today (Grand Rapids, Michigan: Zondervan, 1984), pp.19-22; 75-78.