EDITORIAL

Ses•qui•cen•te•na•rio

Cuando el presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln, quiso grabar para siempre ciertos eventos históricos en la mente de sus oyentes, comenzó diciendo: “Hace cuatro veintenas y siete años...” y siguió con el análisis y la motivación más importante en la historia estadounidense. En su famoso discurso de Gettysburg, llevó a sus oyentes en dos direcciones: hacia atrás a la elaboración de la Constitución de los Estados Unidos, y también hacia el futuro, en cuya formación los oyentes tendrían parte, basados en las libertades que ese documento otorga.

Los invito a reflexionar acerca de lo que sucedió no “hace cuatro veintenas y siete años”, sino hace ciento cincuenta años: el momento de la fundación oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Después de lo que pareció ser una decepción desastrosa en 1844, veinte personas se reunieron en 1863 en Battle Creek, Michigan, para decidir qué dirección debía tomar su pequeño grupo y hacia dónde debían ir desde allí. Así como nosotros, ellos querían hacer una diferencia. Y la hicieron; “formaron la ‘Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día’ –una iglesia organizada, enfocada en la misión y en la proclamación de las buenas nuevas de un Dios que nos creó, habitó entre nosotros, murió por nosotros, y nos redime”.1

Es de destacar que muchos de nuestros fundadores eran jóvenes; había diversas razas representadas entre los predicadores ordenados y los médicos misioneros.2 Las mujeres tenían responsabilidades claves desde los primeros días de la iglesia. Al principio era un grupo pequeño y el progreso fue lento. Sin embargo, en los años transcurridos desde 1900, el crecimiento ha sido exponencial. Hoy en día, la Iglesia Adventista del Séptimo Día cuenta con presencia misionera en doscientos países del mundo y está en camino a tener una membrecía de veinte millones en el 2020.3 De esta manera, unidos en la misión, el evangelio eterno se proclama a los que viven en la tierra –a toda nación, tribu, lengua y pueblo, por medio de toda nación, tribu, lengua y pueblo.

La iglesia mundial designó el 18 de mayo de 2013 como un día de oración, memoria y enfoque en la misión. Se instó a cada congregación local a marcar el “sesquicentenario” de los adventistas del séptimo día estando unidos en la misión. Cada miembro fue llamado a avanzar con propósito y coraje.

En el discurso de Gettysburg, Lincoln no dejó a sus oyentes dirigidos hacia el pasado. Por el contrario, los desafió a que se aseguraran de que “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no desaparezca de la tierra”. De la misma manera, debemos mantener nuestros ojos en el brillante futuro que le espera a todo aquel que es fiel y ama la aparición de Cristo (ver 2 Timoteo 4:08). Si las vidas de nuestros pioneros hicieron una diferencia –como claramente hicieron– ¿cuánta diferencia puede hacer tu vida? El futuro que nos espera es mucho más brillante que el pasado que nos inspira. Ahora no es el momento de distraerse con la idea de simplemente tener una buena carrera, una vida cómoda y todas las cosas lindas que vienen por añadidura. Estas cosas son buenas, pero hay más. Desafío a los lectores a vivir sus vidas de manera que sean exitosas, sí, pero que también reclamen su lugar en la historia y realmente hagan una diferencia.

–Lisa M. Beardsley-Hardy

Jefa de editores

Lisa M. Beardsley-Hardy (Ph.D., Universidad de Hawai en Manoa) es directora del Departamento de Educación de la Asociación General, Silver Spring, Maryland, EE.UU. E-mail: beardsleyl@gc.adventist.org

  1. http://www.adventist.org/150/
  2. http://www.adventist.org/150/
  3. http://www.adventistarchives.org/documents.asp?CatlD=11&SortBy=2&ShowDateOrder=True.