Edino Biaggi

Diálogo con un músico adventista de Argentina

Nacido y criado en una familia argentina de líderes adventistas, el oboísta de nivel mundial Edino Biaggi, comenzó su carrera musical a la edad de nueve años cuando realizó una gira en su país. Esto no era extraordinario en su familia, ya que el tío abuelo de Edino –Rodolfo “Manos brujas” Biaggi (1906-1969)– había sido un legendario compositor argentino de tango, pianista y director de orquesta.

Con los talentos que Dios le dio y gracias al apoyo de sus padres, Edino estudió desde temprana edad teoría de la música e interpretación de instrumentos de viento. Una buena formación y su responsabilidad, le abrieron las puertas de varias orquestas de América del Sur, y recibió invitaciones para ocupar el puesto de primer oboe en dos prestigiosas orquestas juveniles. Sin embargo declinó ambos ofrecimientos debido a su fidelidad en la observancia del sábado.

Nuevas oportunidades aparecieron en el horizonte cuando obtuvo una beca en la Universidad Roosevelt en Chicago, donde completó su licenciatura en interpretación de oboe. Allí tuvo el privilegio de ser guiado por un profesor que había ganado un Grammy y había sido exdirector de oboe en la afamada Orquesta Sinfónica de Chicago.

Edino ha sido premiado en varias ocasiones y ha aparecido como solista en Estados Unidos y Europa. Sus actuaciones se han difundido por varias cadenas de televisión y radio. Terminó su Maestría en Oboe en el Queens College de Nueva York, en 2008, y recientemente completó los requisitos para obtener un diploma artístico. Actualmente se desempeña como docente en la City University of New York.

No es usual que en una familia haya un músico tan importante como su tío abuelo. ¿Era adventista?

No. Como compositor e intérprete, era un gran apasionado de la música. Durante tres décadas, comenzando en 1940, fue muy conocido y admirado por su trabajo como intérprete de tango, pianista y compositor. Tenía un estilo muy singular que todavía hoy muchos músicos tratan de imitar.

¿Era el único músico en su familia?

Mi padre era un muy buen barítono. Tocaba el piano y quería ser director de orquesta. Pero sus padres no lo apoyaban, porque para ellos, la música no era más que un hobby. Mi abuelo era adventista y sentía que había incompatibilidad: pensaba que un buen adventista no puede ser músico y que los músicos no pueden ser buenos adventistas. Este razonamiento puede llegar a ser cierto, ya que casi lo ha sido en mi caso.

Mi madre fue quien me enseñó las primeras notas y fue muy influyente en mis intereses musicales. Muchas veces cuando niño quería dejar la música y evitaba practicar, pero mi madre era paciente y persistía. Ella me animó, motivó y guió, incluso en los momentos más duros.

¿Cuándo empezó a experimentar un conflicto entre su fe y el mundo profesional de la música?

A finales de 1990 el director de la Orquesta Sinfónica Juvenil del Mercosur, una de las orquestas más importantes de jóvenes de América del Sur, me llamó personalmente para ofrecerme ser el primer oboe. ¡Qué honor y qué emoción! Pero cuando le expliqué mi creencia acerca del sábado, retiró su invitación.

Para un joven con su talento estoy seguro que aparecieron otras oportunidades. En otras palabras, creemos que cuando una puerta se cierra, Dios abre una ventana. ¿Fue ese el caso?

Después de ese episodio, hice una audición para ser el primer oboe en la Orquesta Académica del Teatro Colón, la mejor orquesta juvenil en Argentina, y lo gané. Como sabía que el sábado sería un motivo de problema, llamé al director, con la esperanza de que podríamos llegar a un acuerdo. Yo estaba muy entusiasmado con esta oportunidad, ya que la orquesta estaba a punto de salir de gira por Europa. Con una oración en mi corazón, le expliqué mis creencias religiosas y de inmediato me dijo que no había nada que pudiera hacer. Me despidió en esa misma conversación.

¿No se sintió tentado a abandonar sus creencias?

Dios abrió una ventana. Emigré a Chicago con una beca para estudiar interpretación de oboe en la Univer-sidad Roosevelt. La beca cubría solo la matrícula. Así que para pagar los gastos de vivienda, alimentación, libros, etc., tocaba en diferentes lugares y eventos, como bodas, funerales y recepciones. También tocaba en iglesias católicas y luteranas a cambio de un pequeño salario. Pero aún así, al igual que muchos estudiantes, siempre tenía que arreglarme con lo justo. Por cierto, también tocaba en iglesias adventistas casi todos los sábados, pero sin ninguna compensación, ya que como adventistas no deberíamos trabajar en sábado.

¿Alguna vez pidió a las iglesias adventistas que recompensaran su esfuerzo?

No. Yo creo que es mi deber como miembro, ofrecer mis talentos al Señor y a la iglesia. Sin embargo, al ser un estudiante con pocos fondos, hubiera agradecido algún tipo de ayuda monetaria para mis estudios –aunque en ningún caso como pago por mis interpretaciones. Me invitaban a tocar casi todos los sábados en diferentes iglesias adventistas. Algunas de ellas quedaban a una hora de mi casa y debido a que el desplazamiento era caro tuve que limitarme a tocar en iglesias cercanas.

Parece como si nosotros, como iglesia, no apoyamos lo suficiente...

Nuestra iglesia aprecia la música pero el nivel musical en muchas iglesias no es muy alto. Cuando nos encontramos con personas especialmente talentosas, tenemos que animarlas. Y si es necesario, apoyarlas para alcanzar niveles musicales más altos. No es usual ver que desde la iglesia se ayude a los miembros que aspiran a ser músicos profesionales, para que lleguen a la cima.

Pero aún así nos interesa tener la mejor música cuando hacemos campañas de evangelización, ¿verdad?

Eso es correcto. Predicación eficaz y buena música van de la mano, especialmente en campañas evangelísticas. Tenemos muchos predicadores elocuentes, pero no tenemos tantos músicos de primer nivel. Sin embargo, la música prepara los corazones que más tarde recibirán la Palabra de Dios. Sería bueno para la iglesia en su conjunto, tanto en el ministerio local como en el evangelismo, tener un programa intencional para capacitar, promover y apoyar a los buenos músicos.

Volvamos a sus días en Chicago. ¿Hay algo en particular que usted recuerda de su lucha para estudiar y mantenerse financieramente?

Durante un tiempo, mis recursos económicos eran muy escasos. Entonces, un amigo y yo decidimos hacer algo novedoso. Íbamos a las estaciones de tren en los barrios más lujosos de Chicago y tocábamos para los viajeros. Comenzábamos alrededor de las 4:30 o 5:00 de la mañana y tocábamos cerca de cinco horas cada día. Un verano, lo hice casi todos los días y después del almuerzo me iba a trabajar a una fábrica de fertilizantes. Trabajé duro pero ahorré suficiente dinero como para cubrir mis gastos durante un año.

¿Qué decían sus profesores acerca de tocar en estaciones de tren para ganarse la vida?

Uno de ellos había sido adventista mientras trataba de abrirse camino en el mundo de la música. Pasó por algunas luchas con el sábado y con su fe, y finalmente abandonó el adventismo. Él podía entender mis luchas y siempre me apoyó aun a pesar de haber cambiado de opinión acerca de la observancia del sábado. Nunca me impuso su punto de vista y apoyó mi creencia de que el sábado debe ser honrado.

Su maestro ganó el premio Grammy 2002 al mejor solista instrumental con la Orquesta Sinfónica de Chicago. ¿Le dijo si eso hubiera sido posible como adventista?

Compartió su experiencia de vida conmigo. Me contó lo que una vez un famoso director le dijo: tú estás o en la religión verdadera y en la profesión equivocada, o en la profesión correcta y en la religión equivocada. Mi abuelo me decía más o menos lo mismo.

¿Es realmente tan difícil trabajar en el campo de la música como adventista?

En nuestro mundo actual, es ya de por sí muy difícil tener éxito como intérprete de música clásica. Si añadimos el componente adventista a la ecuación, el camino se hace más empinado.

¿Qué dice su familia acerca de todo esto?

Varios son pastores y ocupan puestos importantes en la iglesia. Mi abuelo trabajó para la Casa Publicadora Sudamericana durante muchos años. Cuando pasé por dificultades hablé con mi familia y otros pastores. Fueron muy comprensivos y compasivos pero me aseguraron que si permanecía fiel, Dios me recompensaría.

¿Y cree que Dios hizo esta parte, al ver su fidelidad?

Definidamente creo que Dios me ha premiado. Ni bien terminé mis estudios, me otorgó trabajo como profesor en la City University of New York. También he recibido su bendición a través de un negocio que he desarrollado dentro del mundo musical: una empresa encargada de la producción y distribución de doble lengüetas para instrumentos de viento.

¿Cómo describe esa experiencia de haberse formado para interpretar el oboe y ver que no puede hacerlo en una orquesta?

Yo siempre quise ser un artista y eso es lo que mi corazón desea. Cuando veo que algunos de mis compañeros alcanzan los rangos más altos en orquestas famosas, sé que podría haberlo hecho tan bien como ellos. Sin embargo, para mantener en alto mis creencias religiosas, nunca podría llegar tan lejos en el mundo orquestal. Por supuesto que si lo miro desde mi faceta artística siento pesar.

¿Cree que podrá encontrar una orquesta que le permita guardar el sábado?

Sí, pero no veo cómo va a suceder. Por ejemplo, el año pasado hice una audición para ocupar una vacante de corno inglés –instrumento de la misma familia del oboe– en la Orquesta Filarmónica de Nueva York. No se puede acceder a esta prueba en forma abierta; solo participan aquellos que han sido invitados personalmente. Al igual que en cualquier otra prueba, puse mi mejor esfuerzo, y como en todas las ocasiones anteriores, una voz interior me confrontaba: “¿Qué vas a hacer si ganas esta prueba?”

Me imagino que cuando usted ora a Dios, habla con él acerca de sus luchas con la música y la religión...

Sí, y no es un equilibrio fácil. Pero cierro los ojos y espero que Dios me ayude a entender por qué estoy en esta lucha entre la música y la religión durante tanto tiempo. Confío mucho en que me va a dar lo mejor. Sé que es una cuestión de fe. Así que aunque a veces tengo altibajos, de una cosa estoy seguro: yo nunca comprometeré mi fe.

¿Qué le dice a Dios?

A veces le pregunto por qué me ha dado este talento si no puedo desarrollarlo en su máxima expresión. Para mí, es como si me dieran un coche de lujo de primera clase y al mismo tiempo me exigieran que lo guardase en el garaje todo el tiempo, sin poder conducirlo. Siento que Dios me ha ayudado a tener un coche muy potente, pero todavía quiere que yo monte en bicicleta. Así que oro y espero que él me muestre el camino.

Al pensar en el cielo ¿qué se imagina que hará allá?

Con algunos amigos músicos, a veces hago la siguiente broma: He estudiado tanta música en la tierra que en el cielo solo voy a tener que afinar algunos detalles. Bromas aparte, espero que pueda hacer algo relacionado con mi hermosa profesión aquí. De todos modos, supongo que no importará ya. Es cierto, sin embargo, que mi pedazo de cielo en la tierra es cuando hago música. El crítico y compositor Virgil Thomson dijo una vez algo brillante: “Nunca he conocido a un músico que lamente serlo. Por muchos desengaños que te dé la vida, la música en sí nunca te va a defraudar”. La música es como un refugio seguro para mí. Las relaciones en este mundo se hacen y deshacen. Pero la música, como Dios, es un refugio. Ojalá pudiera encontrar una manera de hacer compatibles ambas cosas en mi vida.

¿Qué consejo le daría a los jóvenes con luchas similares en la consecución de sus metas profesionales, ya sea en la música, la enseñanza, la medicina, el derecho o de otro tipo?

Creo que estoy en constante crecimiento como persona. Le pido a Dios que me muestre el camino a seguir, todos los días. Estoy muy agradecido que el Señor me ha dado la posibilidad de ganar mi sustento a través de lo que me gusta: la música. Sé muy bien que muchas personas simplemente no pueden hacer lo que les gusta. Tienen que elegir entre seguir sus sueños o conseguir un trabajo “real”. Creo que con la ayuda de Dios, podemos lograr cosas que nunca imaginamos poder conseguir. La clave está en poner todo en las manos de Dios y pedirle que nos dé lo mejor, no sólo en nuestra carrera, sino en todos los aspectos. Creo que Dios necesita buenos hombres y mujeres en todos los campos del quehacer. Dios quiere que lleguemos lejos y tengamos éxito en la vida. Por eso, siempre debemos poner a Dios en primer lugar y nunca comprometer nuestra fe.

Ruben Sánchez Sabaté se desempeña como capellán al servicio de los estudiantes universitarios adventistas en Nueva York. Nació y creció en España donde completó dos grados en Periodismo y Humanidades y realizó una estancia académica en la universidad alemana de Tubinga. Recientemente terminó una Maestría en Ciencias de la Religión y Periodismo gracias a una beca Fulbright. E-mail: rubensabate@yahoo.com.