De la granja al plato

Como cristianos no podemos permanecer indiferentes frente al oscuro mundo de las granjas factorías.

Junto a la misión de compartir el evangelio, el mensaje de salud adventista ha jugado un rol destacado en el sistema de creencias de la iglesia. Pero, ¿será que un sistema de vida saludable demanda de nosotros algo más que un enfoque sobre nuestra propia salud? ¿Tenemos los adventistas la responsabilidad de considerar el impacto de nuestras elecciones alimenticias sobre la salud de nuestras comunidades y el trato que se les da a los animales que son usados en la producción de alimentos? Para poder abordar estos temas, debemos primero considerar el camino que recorre nuestra comida desde la granja al plato.

Muchos tenemos la idea de vacas pastando en suaves colinas y pollos escarbando en el pasto. En el mundo actual de los negocios agrícolas, la realidad contrasta drásticamente.

La inmensa mayoría de los productos animales –carnes, lácteos y huevos– son producidos en granjas factoría (cría de ganado en confinamiento de alta concentración). Los cerca de diez mil millones de animales procesados anualmente en EE. UU.1 viven en condiciones de hacinamiento, sin acceso al aire libre, alimentándose con productos que no son naturales para su especie, y soportando una variedad de mutilaciones sin siquiera los beneficios de la anestesia.

A los pollos, por ejemplo, se les quita el pico de manera que no puedan lastimarse entre ellos al vivir apiñados en pequeñas jaulas de alambre sin espacio suficiente para moverse. Las vacas productoras de leche están confinadas en unidades de engorde superpobladas, y son regularmente inseminadas para lograr que permanentemente produzcan leche. La manipulación genética, una dieta antinatural para los bovinos y la inyección de hormonas de crecimiento, incrementan significativamente el rédito. En un medioambiente natural, una vaca puede vivir dieciséis años o más. Sin embargo, bajo condiciones de cría intensiva, rápidamente llegan a estar exhaustas y enfermas; a la edad de cuatro años son “vacas agotadas” y son enviadas al matadero. Las cerdas preñadas son mantenidas en reductos de metal llamados cunas de gestación, las cuales son apenas más grandes que el animal. No pueden caminar o siquiera girar. Aun cuando no consumimos carne de cerdo, estos animales merecen nuestra consideración.

Al transportar los animales al matadero se lo hace bajo condiciones crueles. Los cerdos, bovinos y ovinos legalmente pueden ser confinados por hasta veintiocho horas durante el transporte, sin darles alimento o agua, inclusive en temperaturas extremadamente calientes o frías.2 Son frecuentes las lesiones severas e incluso la muerte, que son vistas por las compañías como un simple costo negativo.

Los abusos en los mataderos también están bien documentados.3,4 El Departamento de Agricultura de los EE. UU. requiere que los animales de granja sean anestesiados antes de ser aprisionados y muertos; pero esta ley es generalmente desobedecida, tal como lo han demostrado muchas investigaciones encubiertas. Las penas por no seguir los reglamentos en cuanto a los procedimientos de matanza de vacas, cerdos y ovejas frecuentemente no son aplicadas.5 No existen leyes que protejan a pollos, pavos o conejos, en ningún período de sus vidas.6

Evolución de las normas industriales

Las granjas factorías se originaron en EE. UU. al concluir la Segunda Guerra Mundial. En ese tiempo, la producción de maíz explotó y los precios se desplomaron. Con el acceso a tanta cantidad de maíz a bajo costo, la industria de la carne descubrió que se podía alimentar con maíz a los animales y que era más económico que el pasto. Las ganancias pesaron más que el hecho de que el maíz no es su alimento natural ni el más adecuado. El descubrimiento de suplementos vitamínicos para animales jugó también un rol importante, permitiendo a los granjeros criar animales sin necesidad de sacarlos al aire libre. Los antibióticos y vacunas permitieron que los animales fuesen criados en grandes hacinamientos, previniendo enfermedades que ocurrirían en condiciones de crianza intensiva. La ausencia de reglamentos del gobierno le dio libertad a la industria para tratar a los animales de esta manera y así llegó a ser la norma de la industria.

Los pollos fueron los primeros en ser criados en granjas factorías, seguidos en la década de 1960, por vacas y cerdos. Así se comenzó a cambiar de un sistema de granjas pequeñas, diversas e independientes, a otro de negocios agrícolas y fábricas corporativas. Los agricultores familiares no pudieron competir con los costos de producción y en su inmensa mayoría fueron forzados a vender sus granjas.7,8

Esta práctica se difundió rápidamente hacia Canadá y el oeste europeo. Latinoamérica, el Caribe,9 India10 y China,11 están también comenzando a copiar los sistemas de las naciones industrializadas. Para el año 2020, se calcula que las personas que vivan en países en desarrollo consumirán más de 39 kilos de carne por persona por año; el doble de lo que consumían en la década de 1980. Se calcula, a su vez, que los habitantes de los países industrializados consumirán aún más carne: 99 kilos por año.12

Cambiando actitudes

Los grupos defensores de animales, los medios de comunicación y los avances en investigaciones científicas sobre la inteligencia animal y sus emociones, están advirtiendo acerca de las condiciones de las granjas factorías, y las actitudes están lentamente comenzando a cambiar. En 2001, ni un solo estado en los EE. UU. había prohibido prácticas de granjas factorías que fueran norma dentro de la industria, tales como las jaulas en batería, las cunas de terneras y las cunas de gestación. Una década más tarde, nueve estados ya han legislado la eliminación gradual de las cunas de gestación, seis estados las cunas de terneras, y dos estados las jaulas en batería. En 2012, numerosas cadenas de comida rápida y supermercados –McDonald’s, Burger King, Wendy’s, Harris Teeter, Safeway, Costco y Sysco– se han comprometido a requerir que sus proveedores eliminen las cunas de gestación y las jaulas en batería, en un plazo establecido. Kraft y Campbell Soup están siguiendo sus pasos.13

Los científicos están sumando sus voces al tema a través de la publicación de un número creciente de estudios que confirman la existencia de inteligencia y emociones animales, aseverando que estos son capaces de percibir el dolor como los humanos debido a que sus cerebros no son tan diferentes a los nuestros.14 Temple Grandin, una notable profesora de Ciencia Animal de la Universidad Estatal de Colorado, dice que la ciencia ha demostrado que los mamíferos y las aves sienten dolor en una manera similar a los humanos, y que los animales con cerebros complejos también tienen grandes necesidades sociales y de medioambiente.15 La Etología Cognitiva, antes descartada como no científica, es ahora una disciplina respetada y pujante, al punto que en julio de 2012, un grupo internacional de científicos firmaron la Declaración de Conciencia de Cambridge, apoyando el concepto de que animales y humanos tienen una conciencia comparable.16

Instituciones de altos estudios como la Universidad Estatal de Washington y la Universidad de California-Davis, están incorporando nuevos programas de estudio en agricultura, para enfrentar estas perspectivas sobre la producción de alimentos.17 Los consumidores están desempeñando un rol central en estimular estos cambios, al incrementarse el número de los que están demandando alimentos que perciben como más saludables, producidos en granjas sustentables y amigables con el medioambiente en donde traten a empleados y animales en forma responsable.

Incrementado la alerta global

Aunque las advertencias sobre estos temas están creciendo en EE. UU. y Canadá, otros países están efectuando cambios más rápidos. Suiza, por ejemplo, prohibió las jaulas en batería para pollos en 1992, siendo el primer país del mundo en hacerlo.18 En enero de 2012, la Unión Europea en su totalidad, promulgó una prohibición similar.19 Unos 485 profesores de varios campos científicos en Europa han formado un grupo de preservación del medioambiente y la naturaleza, apoyando la eliminación gradual de las granjas factorías.20 Algunos están apoyando a las pequeñas granjas orgánicas como una solución sustentable.21 Claus Leitzmann, dice que las actuales “condiciones de ganadería contradicen nuestros valores éticos de un manejo respetuoso de las criaturas vivientes. Estas prácticas son vergonzosas para una sociedad civilizada”.22

Salud humana y del medioambiente

Además del trato cruel hacia los animales, existen otras razones para limitar el consumo de productos animales. Los beneficios sobre la salud personal de una dieta vegetariana, por ejemplo, son bien conocidos para los adventistas. Los estudios sobre salud de la Universidad de Loma Linda, realizados a lo largo de los últimos cuarenta años, han provisto investigaciones basadas en la evidencia y han levantado alertas científicas acerca de la estrecha relación entre la dieta y la salud. El Estudio de Mortalidad Adventista (1960-1965), indica que los adventistas, tanto hombres como mujeres, viven más años que sus contrapartes no adventistas; tienen menor riesgo de cáncer, menos probabilidad de sufrir hipertensión arterial y en general las mediciones de tensión arterial son inferiores. Los resultados de los estudios indican que los adventistas gozan de mejor salud, en parte por su estilo de vida vegetariano.23 Numerosos estudios conducidos por otros grupos científicos han confirmado las ventajas para la salud logradas gracias a una dieta vegetariana.

La resistencia hacia los antibióticos es otro tema. Los responsables de la salud están haciendo sonar una alarma sobre la incapacidad emergente de los antibióticos para curar enfermedades en las personas, y la culpa de esto aparenta descansar mayormente sobre las granjas factorías. Cerca del setenta por ciento de todos los antibióticos producidos en los EE. UU. son dados a los animales de granja para estimular un crecimiento más veloz y para mantenerlos con vida en condiciones de hacinamiento.24 Los antibióticos pasan así a los humanos, contribuyendo de esta manera a una creciente resistencia cuando son utilizados en el tratamiento de diversas enfermedades. Los Centros de Control y Prevención de la Enfermedad de EE. UU., la Asociación Médica Americana y la Asociación Americana de Salud Pública han emitido advertencias contra esta práctica.

Otros aspectos del medioambiente, tales como el calentamiento global, son también motivo de preocupaciones crecientes, particularmente a la luz del huracán Sandy que devastó partes del Caribe y del noreste de EE. UU. en octubre de 2012. Un informe de las Naciones Unidas emitido por su Organización en Alimentos y Agricultura, en noviembre de 2006, describe al sector ganadero como un contribuyente importante a los más serios problemas del medioambiente, que se manifiestan en la degradación de los suelos, los cambios climáticos, la contaminación del aire, la falta de agua potable, la contaminación del agua y la pérdida de biodiversidad, tanto a niveles locales como globales.25 Esto se da mayormente como resultado de los desechos animales, y se alerta que “se requiere una acción urgente para remediar la situación“.26 En 2009, el Instituto Worldwatch asignó a la ganadería y a sus subproductos, la impactante producción del cincuenta y un por ciento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.27

Solamente en los EE. UU. cada año se producen más de mil millones de toneladas de desechos animales.28 Estas enormes cantidades son arrojadas en lagunas de estiércol a cielo abierto porque no pueden ser recicladas con seguridad. A menudo ocurren derrames que contaminan la tierra, los cursos de agua y el aire.

El abogado y especialista en medioambiente Robert Kennedy Jr., describe las políticas actuales de esta manera: “Podemos generar dinero instantáneo y la ilusión de una economía próspera, pero nuestros hijos deberán pagar nuestro festín, y lo pagarán con campos contaminados, una salud pobre, y enormes costos de limpieza que se amplificarán con el tiempo. Terminaremos teniendo una nación de la que no estaremos orgullosos”.29

Trabajadores en granjas factorías

Los riesgos de salud para los trabajadores de estos establecimientos son significativos. Están expuestos continuamente a gases dañinos (amoníaco, sulfuro de hidrógeno y metano, resultantes de la degradación microbiológica de la orina y la materia fecal) y partículas nocivas (materia fecal, materiales de los alimentos, células de la piel y productos de la degradación microbiológica de la materia fecal y la orina).30 Esto da como resultado enfermedades respiratorias, complicaciones cardiovasculares, dolores y dolencias crónicas, lesiones repetitivas por estrés y muerte prematura.31

Los peligros emocionales también son grandes. La exposición rutinaria al sufrimiento y muerte animal pueden desensibilizar a los trabajadores, quienes deben reprimir sus preocupaciones acerca del dolor que están infligiendo. Los estudios muestran una relación entre la matanza metódica, con pensamientos de violencia y actos violentos, y “pueden ser comparados con las manifestaciones mentales y físicas de las atrocidades criminales de la guerra”.32 La conexión entre el abuso de los animales y el abuso doméstico también ha sido documentada.33

Más de un siglo atrás, Elena White –una de las fundadoras de la Iglesia Adventista– abordó este tema. Ella imploró a los creyentes que considerasen el efecto de la crueldad de la industria de la carne en aquellos que provocan dolor a los animales, diciendo, “destruye la ternura con la cual deberíamos tratar a estas criaturas de Dios“.34

¿Hay alguien trabajando correctamente?

Un número creciente de granjeros están examinando las normas de la industria actual que aplican al bienestar animal, a la salud humana y del medioambiente, en busca de una posición más ética. Will Harris, que pertenece a una familia de varias generaciones de granjeros, y dueño de una amplia granja orgánica de cría de ganado vacuno, ovino y pollos en el estado de Georgia (EE. UU.), cree que debido a que los humanos han tomado el dominio sobre estos animales (ver Génesis 1:25, 26), debemos ejercer una mayordomía responsable.35 El ganado y las ovejas de Harris, no son criados en confinamiento, sino que pastan libremente en el campo. Son alimentados exclusivamente con pasto; en la tierra no son usados ni pesticidas ni fertilizantes químicos; los animales no reciben ningún tipo de hormona o antibióticos sub-terapéuticos. Sus pollos son mantenidos en sesenta corrales separados unos de otros, en grupos de quinientos en cada uno. (Las granjas factorías suelen tener diez mil aves confinadas permanentemente en un solo recinto.) Una vez que los pollos han alcanzado las tres semanas de edad, son libres de entrar y salir de los corrales. No se les quita el pico.

Harris administró su granja como una factoría por varios años, pero se percató que el modelo de producción tenía consecuencias adversas no deseadas para la tierra y los animales. “Usábamos grandes cantidades de pesticidas y fertilizantes químicos. Esto realmente aumentó la producción en el corto plazo, pero causó una adicción a estos químicos“, dijo Harris. Así es que en 2003 decidió retornar a los métodos orgánicos y humanos previamente utilizados por su familia, enfocándose nuevamente en la salud y el bienestar general de sus animales y de la tierra.

Nuestra responsabilidad ante este tema

Para los adventistas del séptimo día, la Biblia es el fundamento para entender lo que es correcto e incorrecto. Si examinamos las Escrituras, percibimos el cuidado y la compasión de Dios por las criaturas no humanas a lo largo del Antiguo y Nuevo Testamento, incluyendo el cuarto mandamiento (Éxodo 20:8-11). Denis Fortin, profesor del Seminario de Teología de la Universidad Andrews dice que Dios en su directiva de descansar el día sábado, se acuerda de los animales y del medioambiente:

“Su plan original incluía una relación simbiótica entre animales y humanos; debía haber un apoyo armonioso y cuidado entre todas las partes de su creación. A Adán y Eva les fue otorgada la mayordomía de la tierra; debían cuidarla y no destruirla. En el mandamiento del sábado Dios incluyó una cláusula para la protección de los animales. Los adventistas sabemos que nunca fue parte del plan de Dios que los animales debieran sufrir a manos de los humanos, o ser comidos. Este mandamiento nos recuerda que aún somos mayordomos de toda la tierra, y somos responsables de protegerla”.36

La compasión de Dios por los animales y su previsión para que los israelitas cuidasen de ellos de manera responsable, se evidencia en situaciones como: hay que ayudar al asno cuando ha caído bajo una carga pesada, aun cuando el animal pertenezca a un enemigo (Éxodo 23:4,5; Deuteronomio 22:1-4); los animales grandes no deben ser amordazados mientras trabajan, para que puedan comer al realizar trabajo agrícola pesado (Deuteronomio 25:4). En el Nuevo Testamento, Jesús declaró que incluso hasta la más común de las criaturas es amada (Lucas 12:6). Si nuestro Creador ve el bienestar de los animales como una cuestión ética, ¿no deberíamos nosotros, como sus mayordomos, explorar normas industriales alternativas, que ofrezcan una mejor calidad de vida a los animales de granja?

Elena White expresó su preocupación al respecto. Escribió que los animales aman, temen y sufren, muestran simpatía y sienten ternura hacia sus compañeros animales en sufrimiento, y a menudo expresan afecto hacia personas, que puede ser incluso superior al de algunos humanos.37

Andrew Linzey, director del Centro para la Ética de los Animales (Oxford) y miembro de la Facultad de Teología de la Universidad de Oxford, afirma que Dios espera que los humanos cuiden la creación porque “la imagen divina únicamente garantiza una más cuidadosa, tímida y consciente mayordomía de la creación y de los animales en particular”. Un concepto que él observó está ganando cada vez mayor aceptación entre los estudiantes de teología y las organizaciones religiosas de hoy.38 En junio de 2011, por ejemplo, la Asamblea General de la Asociación de Congregaciones Unitarias Universalistas aprobó una declaración de conciencia titulada “Alimentación ética: Justicia de los alimentos y medioambiente”. Una sección de la misma dice: “Reconocemos que comer éticamente requiere que seamos conscientes del milagro de la vida que compartimos con todos los seres. Con gratitud por los alimentos que hemos recibido, nos esforzamos en escoger alimentos que minimicen el daño y que protejan el medioambiente, a los consumidores, granjeros y a todos aquellos involucrados en la producción y distribución de los alimentos”.39

El hambre mundial y la desnutrición agregan otro componente moral de peso a nuestras elecciones alimenticias. Se requieren aproximadamente diez mil litros de agua40 y 4,55 a 7,27 kilos de grano41 para producir una libra (450 g) de carne. Estas estadísticas indican que cuantas más personas consuman carne, menor cantidad de agua pura y alimentos estarán disponibles para alimentar a otros seres humanos.

Buscando un mejor camino

Practicar métodos apropiados y alimentar a una población en crecimiento son desafíos complejos, sin soluciones fáciles. Al ver cómo las prácticas actuales de granjas factorías provocan innumerables deterioros en la salud humana, el medioambiente y el bienestar animal, deberíamos sentir impulsos de buscar un mejor camino.

Es lamentable que muchas personas muestran indiferencia frente al viaje de los animales desde la granja hasta el plato. Rara vez piensan más allá del negocio donde la compran. Quizás se debe a que el proceso es invisible a los consumidores, haciendo muy difícil comprender las realidades de los animales. Otros, no perciben el cuadro más amplio del cuidado del planeta, lo cual afecta la salud humana y del medioambiente.

Sin embargo, nosotros como cristianos, recibimos un mandato bíblico y ético de cuidar a todas las criaturas de Dios y el medioambiente en el cual vivimos. La dieta original del Edén será restaurada cuando la tierra sea hecha nueva (Isaías 11:9), pero aún ahora podemos cuidar responsablemente el mundo que compartimos con el resto de la creación de Dios.

Maneras de efectuar un cambio

1. Considera reducir o eliminar la carne de tu dieta, y hasta podría ser el consumo de productos lácteos y huevos.

2. Sé un consumidor serio y compra productos provenientes de compañías que utilicen las prácticas de granja más aceptables y que manifiesten cuidado por la tierra (lee las etiquetas de los productos, contacta a los vendedores, investiga en Internet). Compra productos de origen local, de pequeñas granjas familiares que se apoyen en normas éticas de producción.

3. Promueve la información compartiendo con otros lo que has aprendido acerca del origen de los alimentos a través de la investigación y las conversaciones con expertos en el área. Sugiere mejores opciones que hayas descubierto en tu comunidad. Habla con el administrador de tu tienda de alimentos local acerca de la posibilidad de ofrecer productos de animales criados en contextos no crueles.

4. Contacta a tus líderes políticos para animarlos a apoyar leyes que ayuden a mejorar el trato hacia los animales de granja y el cuidado del medioambiente.

Sandra A. Blackmer es editora de Adventist Review y editora asistente de Adventist World. Ha recibido premios y reconocimientos de parte de la Associated Church Press. Fue nominada para el premio Génesis en el Outstanding Written Word, categoría William Wilberforce Award por su entrevista a Sigve Tonstad de la Universidad de Loma Linda, “What are we really doing to God’s Creatures?” (Adventist Review, 18 marzo 2010). Este premio reconoce la excelencia periodística en temas de protección animal y publicaciones basadas en la fe. E-mail: blackmers@gc.adventist.org.

REFERENCIAS

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  14. K. Houpt, profesor de comportamiento animal, College of Veterinary Medicine, Cornell University, por ejemplo, compartió tales resultados de investigaciones con la autora Amy Hatkoff cuando Hatkoff estaba escribiendo su libro The Inner World of Farm Animals (Nueva York: Stewart, Tabori and Chang, 2009), 85. Hatkoff confirmó esto en un correo electrónico del 21 septiembre de 2011. Numerosos estudios científicos adicionales han sido publicados acerca de este tema.
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