EDITORIAL

Cosas que no cambian

“¿Cómo supieron que estaba aquí?”, me pregunté mientras miraba la etiqueta de la dirección en la publicación que estaba en mi buzón. Acababa de ocupar un puesto como profesora asistente en la Universidad de Hawái en la Facultad de Artes y Ciencias y en la Escuela de Medicina.

De los más de dieciocho mil estudiantes en el campus, yo había sido la única adventista en mi programa doctoral. El estrés había acompañado ese proceso, pero las presiones sociales y éticas habían sido aún más difíciles de sobrellevar. Aparte de mí, sabía de otros cuatro adventistas que frecuentaban la universidad: un estudiante de Biología, un estudiante de Maestría en Religiones Comparadas, un joven que hacía su investigación doctoral en Patología Vegetal, y una señora mayor que hacía un Doctorado en Enfermería.

En ciertas ocasiones, los cinco nos reuníamos bajo un amplio árbol para almorzar juntos –un pequeño rebaño rodeado de lobos de incredulidad, secularismo y atracción por las fiestas. Durante esos años, perdí algunos sueños preciados y algunas relaciones estrechas. Aprendí mucho a través de la estimulación académica y cultural con la que me encontré en la universidad, y esto fue bueno, pero también me obligó a analizar a fondo mis valores y creencias. Este proceso, además de otras tensiones y pérdidas personales, fue un período lleno de confusión. A veces me sentía completamente sola. Sin embargo, logré el objetivo: me gradué. Inmediatamente después me zambullí en la emoción de la enseñanza y la investigación en la universidad, contenta de estar ganando un sueldo completo y ser llamada “doctora”.

Nunca había oído hablar de Diálogo. El primer número acababa de aparecer espontáneamente en mi buzón de correspondencia con mi nombre en la etiqueta de la dirección. Qué sorpresa fue encontrar en ese primer número un artículo de Michael Pearson, quien había sido mi profesor en Newbold College (Inglaterra) trece años antes. Era como tener una conversación inesperada de corazón a corazón con un amigo de confianza.

Diálogo llenó un hueco en mi experiencia académica y religiosa. Me hizo sentir conectada con la Iglesia Adventista del Séptimo Día, de una nueva manera. Las lecciones de Escuela Sabática, otras publicaciones de la iglesia y hasta las charlas amistosas que tenía con miembros de la iglesia durante los almuerzos sabáticos, tenían cada uno su lugar. Pero aquí estaba una publicación que entendía lo que significaba para una persona ser una profesional o un estudiante adventista, rodeado de secularismo. Leí todo el Volumen 1, Número 1, y lo he guardado durante estos veinticinco años. Durante este tiempo, nunca soñé que iba a servir un día como editora de la revista –mi función actual– y, como tal, le he pedido a algunos de los que escribieron para la primera edición que contribuyeran con un nuevo artículo.

Mucho ha cambiado desde mi época en la Universidad de Hawái. El Internet estaba naciendo y, como no éramos muchos usuarios, mi dirección era muy simple: lisa@hawaii.edu. Hoy en día la digitalización ha revolucionado la empresa académica y damos por sentado cosas tales como el acceso remoto a bases de datos bibliográficos, los recursos de computación de alto poder, las redes sociales, la colaboración internacional y los sistemas de información geográfica con GPS para la investigación epidemiológica –y todo eso en tiempo real. Las distracciones y negociaciones morales, sin embargo, están todavía entre nosotros y pueden ser satisfechas como nunca antes. Cada nueva generación de estudiantes adventistas en la educación superior tendrá que encontrar una manera de relacionar su disciplina con la fe y vivir un ejemplo de compromiso con Dios. Al hacer esto, inevitablemente sentirán la presión e intromisión de las normas y los valores seculares.

Sin embargo, si hay problemas que no cambian, también hay valores positivos que permanecen. Durante este aniversario de Diálogo queremos celebrar algunos de ellos: la necesidad de mantener metas dignas y aspiraciones nobles. Cualquier persona en el mundo académico o el mundo profesional tendrá que ir en contra de la corriente, con el fin de mantener la integridad intelectual, ética y moral. En ese trayecto, Diálogo todavía está aquí para ayudar. Se esfuerza ahora, como lo hizo para mí hace veinticinco años, en ser un amigo de confianza para apoyarte y construir tu confianza en Dios. Es un foro donde puedes ser tan serio en tu fe como lo eres en tu profesión.

—Lisa M. Beardsley-Hardy,

Editora

Lisa M. Beardsley-Hardy (Ph.D., Universidad de Hawaii-Manoa) es la Directora de Educación en la sede mundial de la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland, EE.UU. E-mail: beardsleyl@gc.adventist.org.