La perspectiva de Daniel sobre la historia, la filosofía y el destino

La cosmovisión de Daniel y su concepto del lugar de los pueblos y las naciones en el plan de Dios para redimir al mundo tiene profunda relevancia para nosotros hoy.

En las primeras líneas de su libro, Daniel deja bien en claro que era un cautivo en Babilonia. Allí experimentó notables desafíos personales y visiones insólitas y hasta inquietantes. Si analizamos el todo podemos sacar importantes lecciones que se aplican a nosotros hoy en día.

El historiador R. Collingwood declaró que “el objetivo final de la historia no es conocer el pasado, sino entender el presente”.1 Podríamos añadir que el objetivo de la historia religiosa es entender el presente y proveer orientación y esperanza para el futuro (2 Pedro 1:19).

Con esto en mente, consideremos algunos de los principios más evidentes en el libro de Daniel.

El pasado informa al presente

El libro de Daniel comienza informándonos que ninguna persona es un ente aislado. Nuestras acciones impactan a otros. Daniel y sus compañeros fueron capturados y sobrellevaron circunstancias desfavorables a causa de las malas acciones de los líderes de la nación y no de sus propias acciones. El reino de Judá no había aprendido las lecciones dadas a Israel unos cien años antes (Jeremías 18:6-12; 26:2-8). El pueblo se había entregado a prácticas impías y comportamientos inmorales. En consecuencia, en el año 605 a.C. perdieron su independencia cuando Babilonia obligó a Judá a pagar tributo. Dios quería que despertaran y percibieran su propia realidad.2 Sin embargo continuaron como dormidos y no reaccionaron ni retrocedieron sus pasos, sino que siguieron su camino hacia un final acompañado de actos amorales (2 Reyes 23:26; 24:1, 2).

El reino de Judá cayó porque no internalizó la sólida cosmovisión sostenida por Daniel y sus amigos. Estos jóvenes representaban parte del grupo remanente que estaba preparado para defender valientemente su fe. Ellos entendieron desde el principio que cada individuo y nación tiene un papel asignado por Dios, y que no actuar honorablemente y de acuerdo con los principios revelados por Dios conlleva consecuencias desastrosas. Esto quedó bien en evidencia cuando vieron a Nabucodonosor, bajo la dirección de Dios, castigar sucesivamente a los amorreos, filisteos, moabitas, egipcios y ciudadanos de Tiro, debido a que tenían un comportamiento malicioso y arrogante (Ezequiel 25:5-17; 26:3-7; 29:3-9, 17-19).

Una cosmovisión unificada da sentido y esperanza

Daniel vivió en un momento crucial de la historia. Los representantes nacionales del reino de Dios en la tierra habían dejado de ser sus embajadores y por tanto, cayeron en cautiverio. Más o menos al mismo tiempo surgían nuevas filosofías que seducirían al mundo –impulsadas por Lao-Tsé, Confucio, Buda, Pitágoras y Zoroastro. Cada una tenía elementos atractivos propios y verdaderos, pero también aparecían seductoras perversiones. La Antigua Babilonia actuó como el “manantial” del cual todas las demás religiones falsas obtuvieron inspiración. Estos lazos son particularmente evidentes en el hinduismo.3 En los días de Daniel, el Imperio Neobabilónico se destacó por sus contribuciones a la astronomía, de la cual brotó un sistema muy desarrollado de astrología y predicción del futuro.4

Daniel y sus compañeros se aferraron a la auténtica cosmovisión presentada en el relato bíblico, como lo testifican sus palabras y acciones, o por lo que testificaron quienes simpatizaban con ellos y por ende recibieron su influencia. Veamos brevemente algunos elementos que dan testimonio de esto.

  • El universo está gobernado por un Dios personal y creador. La salvación milagrosa de los jóvenes hebreos del horno de fuego y de Daniel del foso de los leones, dan abundante evidencia de que Dios tiene un interés personal en sus criaturas (Daniel 3:24, 25, 28; 6:22).
  • Dios está vivo y es infinito. Nabucodonosor mismo expresó esta verdad, bajo inspiración del Espíritu Santo, durante su experiencia de conversión (Daniel 4:34, 35; 6:26).
  • El reino de Dios se basa en el principio del amor (Deuteronomio 10:15-19; Mateo 22:36-40, 1 Juan 4:7, 8). A pesar de la rebelión de los pecadores, prometió ser el Salvador de los arrepentidos y justificarlos (Isaías 45:22-25). La relación que Daniel tuvo con Dios (Daniel 9:23; 10:11; 12:13) muestra a las claras que entendió este principio fundamental y tomó muy en serio la instrucción de Deuteronomio 10:12: “¿qué te pide el Señor tu Dios? Simplemente que le temas y andes en todos sus caminos, que lo ames y le sirvas con todo tu corazón y con toda tu alma” (NVI).
  • El reino de Dios está basado en principios morales inmutables. Él es justo, misericordioso y perdonador. Su ley, reflejo de su carácter, nos permite comprender su comportamiento (Daniel 9:7-11; Salmo 89:14).
  • El reino de Dios está enfrentado por fuerzas antagónicas dinámicas (Daniel 10:13, 20, 21). El capítulo 8 (vers. 11-14) nos revela que un poder contrario se esforzaba por cuestionar la idoneidad de la misericordia de Dios y su compatibilidad con su código de justicia. Curiosamente, Ezequiel –un contemporáneo de Daniel– afirmó que Satanás mismo era el autor de dicho ataque (Ezequiel 28:12-19; Apocalipsis 12:3-5, 12-17).
  • El mal será finalmente destruido (Daniel 2:44; 7:26, 27). El apóstol Pablo dice: “Muy pronto el Dios de paz aplastará a Satanás bajo vuestros pies” (Romanos 16:20, NVI), afirmación que hace eco a Génesis 3:15.
  • La inmortalidad pertenece a Dios y es su regalo para el vencedor (Daniel 12:13; 1 Timoteo 6:16).
  • Estos siete principios están en el centro mismo de la cosmovisión adventista sobre el gran conflicto y coinciden con las del “remanente” a lo largo de la historia. Esto ya de por sí debería darnos confianza en el liderazgo divino.

    La historia es una indicación de las actividades del Creador

    En dos de sus libros el apóstol Juan (Juan 1:1-4, 14; Apocalipsis 1:5-7) indica que las actividades del Creador se ven claramente en la historia, que también es una revelación de los caminos de Dios y por consiguiente, los caminos de Cristo el Creador. Teniendo en cuenta estas reflexiones, se pueden resolver algunas preguntas difíciles teniendo en cuenta el registro de las actividades creadoras de Dios.

    No debemos en absoluto sorprendernos de que Daniel y sus compañeros comprendieron que la historia bíblica es un relato de la relación de Dios con la totalidad de su creación. Los cuatro jóvenes demostraron su gran respeto por el orden especificado en la creación con respecto a la comida y la bebida, y sin duda otras áreas también. De este modo, mostraron respeto por sus cuerpos, el desarrollo espiritual y el cuidado de la creación y con esto es evidente que en algunos aspectos estaban adelantados a nuestro pensamiento. Daniel 2 pinta un cuadro de Dios destruyendo los imperios de este mundo con una roca “sin que la cortara mano alguna” (Daniel 2:34). Estas naciones perseguían obstinadamente –y sigue siendo así en muchos países actuales– la adquisición de riquezas materiales y la búsqueda de métodos de avanzada –los metales de la estatua transmiten esta idea. El consumismo y el autoengrandecimiento estaban vivos y gozaban de buena salud en el reino Neobabilónico. En su sabiduría Dios usó el material de construcción básico de la tierra (la roca) para privar a los pueblos de su ciclo continuo de actividades desbordantes de orgullo. Aquí tenemos un poderoso recordatorio de que las naciones –los descendientes de Adán– derivan de la tierra (adamah) y dependemos del Dios creador de la vida. Quienes no entienden el carácter y los caminos del Dios creador personal serán privados de su poder.

    La consecuencia práctica de esta comprensión es que si el relato de la Biblia describe un cuadro consistente de pensamiento/comportamiento en la creación y en la nueva creación (nuevo estado de la tierra), entonces es un hecho que Dios quiere que sus seguidores organicen sus vidas en consonancia con esta información luego de su conversión (recreación). Por ejemplo, el séptimo día sábado se guardó en el Edén, fue guardado por Cristo, y se mantendrá en la nueva tierra (Génesis 2:2; Lucas 4:16; Isaías 66:23). Por lo tanto, el séptimo día debe mantenerse como una porción sagrada. En el Edén Dios designó la comida para la raza humana a base de plantas (Génesis 1:29), y en la tierra nueva no se producirá ningún derramamiento de sangre, lo que significa que esto se restablecerá (Isaías 65:25; Apocalipsis 21:4; Romanos 8:22). De ello se desprende que un estilo de vida vegetariano es el ideal de Dios hoy (1 Corintios 10:31; Apocalipsis 14:7) y será beneficioso para la salud tanto física como espiritual.

    Las naciones tienen funciones específicas en el cumplimiento del propósito divino

    Dios ha trabajado (y sigue haciéndolo) a través de diferentes culturas con el fin de cumplir su gran plan para la salvación. Babilonia y Medo-Persia (en el este) y Grecia y Roma (en el oeste) estuvieron involucradas en el establecimiento de las bases para el advenimiento y el ministerio de Cristo en los siglos posteriores a Daniel. Estas naciones interactuaron con otros grupos del norte y del sur. De esta manera, se hizo hincapié en la importancia universal de las profecías relacionadas con el nacimiento y ministerio de Cristo.

    Cuando Jesús nació, el Imperio Romano desplegaba su poder y a través de las rutas comerciales se esparcían las noticias más relevantes. Por ello, los chinos eran conscientes de que un Mesías (Maitreya) había aparecido en Occidente. Una expedición fue enviada (64 d.C.) a lo largo de la Ruta de la Seda, en respuesta a un sueño visto por el emperador Ming-Ti. Por desgracia, los expedicionarios regresaron con escrituras budistas Mahayana.5 Curiosamente, sin embargo, el único registro astronómico que sobrevive de la estrella que acompañó el nacimiento de Cristo proviene de China.6 Este evento se asoció con la visita de los Reyes Magos de Oriente (Mateo 2:1, 7-10), e ilustra el gran interés que tenían los pueblos antiguos en la astronomía (y la astrología) y su sed de adquirir nuevos conocimientos. Es lamentable que el conocimiento de la condescendencia y la misericordia de Dios no haya sido aceptado más ampliamente.

    Este movimiento de ideas a través de las culturas llevó a la introducción de la Iglesia de Oriente en los confines de Asia;7 dio lugar, por ejemplo, a la absorción de las ideas judías acerca de la venida del Mesías por parte del budismo (Mahayana), y estos a su vez influyeron en las prácticas religiosas chinas.8 A su vez las ideas paganas se filtraron en la iglesia cristiana, sobre todo en la época de Constantino el Grande. Estos movimientos fueron prefigurados por Daniel quien se lamentó por las dificultades a las que se sometería la comunidad de fe (Daniel 7:28; 8:27).

    La verdad no cambia

    Nos enfrentamos en Daniel 1 a la valiente decisión hecha por cuatro jóvenes, de defender los principios de las Escrituras tal como habían aprendido en sus hogares. En contraste, la mayoría de sus compañeros cedieron ante el embate de las presiones y decidieron que la verdad podría quedar en segundo plano, repudiando sus principios y prácticas culturales y religiosas. Pero Daniel se mantuvo inmutable. Esto se demostró cuando sus compañeros de trabajo, envidiosos de su conducta guiada por principios, se dispusieron a tenderle una trampa que involucraba la oración (Daniel 6:6-9). Los originadores del complot contaban con que Daniel no pondría en peligro su relación con Dios ni alteraría su testimonio público. Y no se decepcionaron.

    A lo largo de su vida en Babilonia, Daniel se negó a aceptar adulteraciones del gran plan de salvación (Génesis 3:15). Los adivinos y magos (Daniel 4:7) hacían todo tipo de adulteraciones, incluso la de hacer “aparecer” a los muertos y pretender que tenían poderes especiales en sí mismos. Incluso la violenta muerte de Nimrod (Génesis 10:8-10) fue presentada como siendo voluntaria, en beneficio de la humanidad y en conexión con la liberación de los pecados y el sufrimiento (una versión muy distinta al relato de Génesis del aplastamiento de la cabeza de la serpiente).9 En contraste, Daniel aceptó de buen grado la profecía registrada en Génesis como señal del nacimiento y el ministerio de Cristo.

    Los intentos de pervertir la verdad, que comenzaron en Babilonia continúan hasta hoy. Pero Daniel no quedó en silencio acerca de esta tendencia, como se puede ver en el relato de las actividades del poder del cuerno pequeño (Daniel 8:9-12). Uno de los métodos preferidos de Satanás combina elementos de creencias falsas con genuinas. La iglesia dominante que funcionó después de la muerte de los apóstoles logró con éxito una síntesis de doctrinas paganas y creencias cristianas; así pretendían santificar las prácticas paganas.10

    La Palabra de Dios promueve la comunicación y sensibilidad transcultural, pero no así el sincretismo (Mateo 7:5-9; 15:2-3). La vida de Daniel es un testimonio de este principio. Advirtió acerca de la llegada de un poder religioso que interferiría notablemente con los conceptos de misericordia y justicia de Dios (Daniel 7:25; 8:9-12; Salmos 89:14). Así nos dio una advertencia acerca de cualquier filosofía o doctrina que no presentase estos dos grandes pilares del reino de Dios en equilibrio. Un análisis cuidadoso de los sistemas filosóficos del mundo, fuera del cristianismo auténtico, indica que no pasan la prueba. Hay un peligro siempre presente que al compartir el evangelio en distintas culturas se producirá una síntesis similar. Daniel nos advierte que tengamos cuidado.

    Principios que sustentan un gobierno estable

    Muchos gobernantes han buscado el estatus y la dominación regional y mundial; algunos lo consiguieron. Sin embargo, la historia está llena de ejemplos de líderes fuertes que fueron sucedidos por débiles y poderosos que desaparecieron. Es claro que como punto de partida vale la pena el carisma sumado a la visión y el promover a los ciudadanos para que piensen creativamente y trabajen cooperativamente, pero la Biblia hace hincapié en las cualidades basadas en el principio del amor (tipo ágape) que impulsa expresiones externas tales como la búsqueda de justicia, misericordia, humildad, pureza, paz, prácticas morales y la promoción del conocimiento del Dios creador (Mateo 5:3-20, 38-48). La aplicación consistente de tales principios a nivel nacional contribuirá al éxito; su rechazo asegurará que la edificación tambalee y finalmente caiga. La respuesta de las masas a estos principios también es fundamental para la prominencia y continuidad nacional (2 Crónicas 33:1-9; Oseas 4:1-3; 6:6; 7:14-16). El mismo principio se aplica para el buen funcionamiento de la sociedad y su unidad básica: la familia.

    Volviendo a la época de Daniel, observamos actitudes y prácticas que ayudaron a las naciones a llenar su copa de iniquidad, conduciéndolas a su fracaso. De Israel se dijo: “pues por falta de conocimiento mi pueblo ha sido destruido. Puesto que rechazaste el conocimiento, yo también te rechazo...” (Oseas 4:6, NVI) y de otros países se habló de manera similar (Jonás 3:4-10; Romanos 2:11-16). Rechazaron la idea de que los preceptos morales se originaron con Dios y que la autoridad judicial suprema residía en él. Es evidente que el Imperio Neobabilónico llegó a su fin por culpa de su orgullo, rebelión sin causa contra Dios, el hacer gala de la potencia de los dioses paganos y vivir para satisfacer los sentidos (Daniel 5:2-4, 18-28).

    El orgullo, el alejarse de las virtudes morales,11 el rechazo a las llamadas de atención de la conciencia, y el hacer caso omiso de las lecciones que vienen del libro de la naturaleza (Romanos 1:20-23, 2:14-16) contribuyen a la caída y desgracia nacional. La cosmovisión adoptada y la actitud y compromiso de la ciudadanía al buscar la justicia, son factores de vital importancia en la explicación de los acontecimientos de la historia.12 Cuando la copa de la iniquidad de las naciones se llene, vendrá el final.13

    Instrumentos escogidos

    Daniel y sus amigos fueron elevados a posiciones de confianza y honor e influyeron en los asuntos nacionales (Daniel 2:46-48). Sorprendentemente, cuando Medo-Persia invadió Babilo-nia, Daniel siguió siendo reconocido (Daniel 5:30; 6:1-3). Se adaptó a la nueva cultura, con su filosofía religiosa subyacente, sin entregar sus propias convicciones. Había aprendido el arte de compartir los elementos del plan de salvación más allá de las fronteras conocidas y se convirtió en un valioso misionero (Daniel 2:28, 44-45; 4:19-27; 6:22-27; 12:3).

    Este es el plan de Dios para nosotros. El mandato de Cristo a sus seguidores es que debemos compartir el conocimiento de la esperanza que poseemos (Mateo 28:19-20). Dios mostró a través de las experiencias de Daniel que él tiene aliados inusitados y que las personas menos pensadas pueden responder a la inspiración de su Espíritu. ¿Habrías elegido al rey Nabucodonosor como potencial interesado en conocer los planes de Dios? Daniel vio la oportunidad y la usó. También trató de encontrar una manera de hablarle a Ciro acerca de la profecía de Isaías relativa a él (Isaías 45:1-5; Daniel 12:3). Daniel no tenía temor de vivir sus creencias de una manera positiva y hablar en favor de Dios cada vez que se presentaba la oportunidad. Poseía no sólo la habilidad y el conocimiento, sino también la sensibilidad transcultural.

    Tan ciertamente como Daniel y sus compañeros fueron instrumentos en las manos de Dios, nosotros también hemos sido elegidos para acercar el conocimiento del Todopoderoso a los demás.14 Hemos de decirles que hay un Dios creador que se interesa por todos.

    La vida se sostiene en las manos de Dios

    La verdad desnuda le llegó a Belsa-sar con una fuerza impresionante la noche en que una mano misteriosa escribió en la pared del palacio; fue proclamado falto de principios morales y pereció a manos de los soldados de Darío el Medo (Daniel 5:5-6, 25-28, 30). Daniel y los tres escogidos sabían que sus vidas estaban en manos de Dios y que él los protegería y libraría de la muerte si su nombre fuese glorificado (Daniel 3:16-18; 6:21, 22; Hebreos 11:31-40). No temían la muerte o el juicio de Dios, porque estaban en paz con él. Daniel sabía que los santos de Dios heredarían “la majestad y el poder y la grandeza de los reinos”, y que el reino de Dios no terminaría, sino que los salvos lo adorarían por toda la eternidad (Daniel 7:27, NVI). En estas palabras, se nos asegura que la inmortalidad es un regalo de Dios para todos aquellos que lo sigan con sinceridad.

    El hecho de que nuestra vida está en las manos de Dios se acompaña con una instrucción: debemos tomar una decisión por Dios. No dejemos pasar oportunidades porque pueden no repetirse más. Belsasar supo esto cuando Daniel anunció que Dios lo había evaluado y lo encontró falto (Daniel 5:27). Esta información fue reiterada en una visión independiente registrada en Daniel 7, donde Dios se representa en toda su magnificente grandeza presidiendo el registro de vida de las personas (Daniel 7:9-10, 13, 14; Eclesiastés 12:13, 14). Esta escena nos lleva a considerar muy seriamente nuestras acciones, y está destinada a generar respeto, compromiso y un sentido de tranquila confianza y alegría (Daniel 7:27).

    Todo esto estaba enmarcado en contraste con la doctrina que emanaba de la antigua Babilonia y que celebraba al gran Nimrod como el apaciguador del temor de los hombres y mujeres en el juicio. Fue presentado como siendo trasladado al cielo, dando lugar a la idea de que el alma de uno podría migrar al cielo sin estar conectada con Dios.15 Belsasar siguió este camino de creencias y Dios respondió a su insolente desafío de manera concluyente. Hoy en día, esto transmite un mensaje claro a todos los que sienten la tentación de elegir un camino similar de autoindulgencia y autosalvación.

    Vivir para glorificar a Dios

    Daniel aceptó y enseñó una cosmovisión conforme a la original dada por el Creador. Fue partícipe del nuevo pacto destacado por su contemporáneo Jeremías (31:31-33). Vivió una vida coherente fundada en la fe (Daniel 2:17-19; 6:10, 11, 21, 22). Lo que nosotros miramos hacia atrás en la historia, es lo que él miraba hacia adelante con fe, (Daniel 9:24-27).16

    La comunidad de fe comenzó en el Edén, no en el año 31 d.C. al resucitar Cristo. La mujer samaritana entendió esta verdad junto con varios otros (Juan 4:25; 1 Corintios 10:1-4; Hebreos 4:1-5), pero muchos todavía proclaman que la enseñanza del Mesías –llamado Cristo– no comenzó hasta después de la resurrección de Cristo, y que muchas de sus enseñanzas fueron tomadas de otros. La cosmovisión de Daniel y su fe en el Dios creador reflejan los puntos de vista de sus predecesores, que se remontan hasta Adán, lo cual significa que sus creencias se originan en un punto en la historia que tiene prioridad sobre todos los demás. Se ha observado notoriamente que cualquier similitud encontrada en otras filosofías es por alteración o derivación de la original.17 Cristo fue el agente escogido por Dios para comunicarse con la humanidad desde el principio (Juan 1:1-4, 14). No es de extrañar, entonces, que las enseñanzas del Nuevo Testamento puedan ser encontradas en el Antiguo, y que Cristo nos haya aconsejado prestar atención a los escritos de Daniel (Mateo 24:15).

    Daniel entendió el gran principio de que el desarrollo del carácter determina el destino. Un autor lo expresó de esta manera: “Dios tiene un solo destino previsto para la humanidad: la santidad. Su único objetivo es producir santos… Nunca toleren, por simpatía hacia sí mismos o hacia otros, cualquier práctica que no esté en consonancia con un Dios santo... La santidad no es simplemente lo que Dios me da, sino lo que Dios me ha dado que se está exhibiendo en mi vida”.18 Daniel se regocijó en la perspectiva de la resurrección de los justos (Daniel 12:13), porque él persiguió la santidad. ¡Tú también puedes hacerlo!

    Warren A. Shipton (Ph.D., M.Ed., FASM) realizó su doctorado en la Universidad de Sidney, Australia). Fue decano en el Departamento de Ciencias de la Universidad James Cook, y presidente de la Universidad Internacional de Asia y el Pacífico (2006-2010), en Tailandia. Es autor de un libro sobre Daniel y Apocalipsis: Visions of Turmoil and Eternal Rest. E-mail: wshipton@gmail.com.

    REFERENCES

    1. R.G. Collingwood, The Principles of History and Other Writings in Philosophy of History, W.H. Dray y W.J. van der Dussen, eds., (Oxford: Oxford University Press, 2001), 141.
    2. The Seventh-day Adventist Bible Commentary (Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1954), vol. 2, 88.
    3. K.R. Kush, Faces of the Hamitic People (Bloomington, Indiana: Xlibris Corporation, 2010), 144.
    4. J. Evans, The History and Practice of Ancient Astronomy (Oxford: Oxford University Press, 1998), 16; G.S. Holland, Gods in the Desert: Religions of the Ancient Near East (Maryland: Rowman & Littlefield Publishing Group, Inc., 2009), 181.
    5. E.A. Gordon, “‘World-Healers,’ or the Lotus Gospel and Its Bodhisattvas, Compared with Early Christianity” (Nueva Delhi: Vintage Books, 1993), vol. 1, 26–29, vol. 2, 422–426.
    6. C.J. Humphreys, “The star of Bethlehem — a comet in 5 BC — and the date of the birth of Christ,” Quarterly Journal of the Royal Astronomical Society 32 (1991): 389–307; notas acerca de la visibilidad de la estrella china del 5 a.C. — http://www.astrosurf.com/comets/cometas/Star/Visibility_Star.htm (Mayo 4, 2010).
    7. Philip Jenkins, The Lost History of Christianity (Nueva York: HarperCollins Publishers, 2008), 49–70.
    8. Gordon, vol. 1, 7–8, 27–28.
    9. Alexander Hislop, The Two Babylons or the Papal Worship Proved to Be the Worship of Nimrod and His Wife (Londres: S.W. Partridge & Co, 1976), 62–71.
    10. J. Newman, An Essay on the Development of Christian Doctrine (Harmondsworth, Middlesex: Penguin Books, 1974), 362, 367–369.
    11. C.S. Lewis, The Abolition of Man (Nueva York: Macmillan Publishing Co., Inc., 1973), 95–121.
    12. Francis A. Schaeffer, How Should We Then Live? (Old Tappan, Nueva Jersey: Fleming H. Revell Company, 1976), 19–29.
    13. Elena White, Last Day Events (Manila: Philippine Publishing House, 1999), 39–41.
    14. --------, Christ’s Object Lessons (Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1941), 326–327.
    15. Hislop, 52–57, 69.
    16. El saludo y la garantía dada por el ángel en Daniel 10:11, 19, indican la aceptación de Daniel de la gran profecía mesiánica encontrada en el capítulo anterior.
    17. Hislop, 6–9, 12–17.
    18. Oswald Chambers, My Utmost for His Highest (Grand Rapids, Michigan: Discovery House Books, 1992), September 1.