¿Y si acepto la evolución teísta?

La evolución teísta no es la solución a los aparentes conflictos acerca de los orígenes entre las interpretaciones bíblicas y las científicas. He aquí la razón.

Los cristianos con frecuencia se enfrentan a un dilema de fe: por un lado, tienen la enseñanza bíblica de que Dios es el Creador del universo, incluyendo la Tierra y todo lo que contiene. Por otro lado, cada día se enfrentan a la enseñanza de que la vida es el resultado de procesos químicos no guiados y que la diversidad biológica surgió a través de millones de años de evolución. El choque de ideas produce confusión y muchos concluyen creyendo que la ciencia y la creencia en la Biblia están en conflicto (por lo menos sobre la cuestión de los orígenes) al punto que no hay ninguna manera de armonizarlos.

Sin embargo, algunos han tratado de conciliar las dos opiniones. Una manera de resolver esta tensión es decir que la religión1 y la ciencia son reinos separados del conocimiento, y los dos no pueden ser comparados y contrastados –explicando así su contradicción. Galileo Galilei lo dijo de esta manera: “La intención del Espíritu Santo es enseñarnos cómo se llega al cielo, no cómo funciona el cielo”.2 Si la ciencia y la religión funcionan dentro de sus propios reinos y no interactúan, entonces no hay lugar para el conflicto. Muchos científicos han adoptado este enfoque, pese a que no resuelve las aparentes contradicciones y no responde a las preguntas. Recientemente, el paleontólogo ateo Stephen Gould defendió la separación de la religión y la ciencia, porque –según él– pertenecen a diferentes reinos del conocimiento que no interactúan (y no deberían hacerlo).3 Filósofos y científicos han argumentado que esta no es una posición neutral. De hecho, solo permite a la ciencia (hechos e interpretaciones) someter a la religión (fe) cada vez que se encuentran una con la otra. Además, este enfoque dicotómico proporciona a los científicos una manera fácil de suplantar la autoridad de la religión (la Biblia en particular).

Otro enfoque es acomodar las afirmaciones de la ciencia y la religión en la llamada evolución teísta. Este punto de vista intenta armonizar las interpretaciones bíblicas con las interpretaciones científicas, afirmando que la evolución es el método de creación de Dios, quien creó el universo y la vida, pero usó los procesos de evolución a través de millones de años para lograr sus objetivos.4 Muchos cristianos ven esta alternativa como la solución que explica cómo la materia evolucionó hacia la vida compleja, manteniendo al mismo tiempo la autoridad de Dios sobre la naturaleza. Esta visión ha sido ampliamente aceptada en el mundo académico cristiano, a pesar de que presenta insuperables problemas teológicos y científicos. Este artículo trata sobre algunos de ellos.

El problema de la incompatibilidad

En primer lugar, la evolución teísta requiere un cambio profundo en la manera de ver e interpretar la Biblia, que definidamente no sugiere y ni siquiera insinúa la posibilidad que Dios usara el lento proceso de la evolución darwiniana impulsada por la muerte, para crear la vida tal como la conocemos. Por el contrario, la Escritura habla claramente sobre el modo y el momento de la creación: Dios creó la vida por su palabra en el lapso de una semana. La idea de que los días de la creación de Génesis representan millones de años de evolución no viene de la Biblia, sino de fuera de ella. Para que la evolución teísta funcione, la Biblia ha de ser vista como un libro de mitos en lugar de un registro histórico de la acción divina en el mundo.

En segundo lugar, la evolución teísta, cambia nuestra manera de pensar sobre la inspiración, porque desafía la validez de la Biblia como inspirada por Dios. El relato del Génesis indica claramente una creación reciente en seis días literales. El resto de la Biblia –incluyendo el libro de los Salmos, los Evangelios, las Epístolas y el libro del Apocalipsis– afirma claramente el contenido del Génesis. Si la Biblia afirma a Dios como Creador, ¿de dónde sacamos a un Dios evolucionista? Dios habría sido un mentiroso cuando declaró en Génesis y en otras partes de la Biblia que creó el mundo en seis días, si en realidad no lo hubiera hecho.

En tercer lugar, la evolución teísta requiere que consideremos las Escrituras de una manera diferente a la de Jesús. Él siempre habló del relato del Génesis como literalmente verdadero, no como un mito. Así, la evolución teísta cambia la manera en que consideramos las enseñanzas de Jesús, porque desafía sus declaraciones sobre la creación. Él se refirió al Creador y al comienzo de la vida, cuando dijo que Dios los creó “varón y hembra” (Marcos 10:6); una clara referencia al relato de la creación. Si aceptamos la evolución teísta, tendríamos que reinterpretar a Jesús, y si cuestionamos las declaraciones de Jesús sobre la creación, ¿qué pasa con la credibilidad y el valor de sus otras declaraciones? ¿Qué pasa con sus milagros? ¿Deberían ser también reinterpretados?

En cuarto lugar, la evolución teísta cambia la manera en que consideramos el pecado, el sufrimiento y la muerte. En un escenario evolutivo, la muerte de los organismos multicelulares habría existido por más de seiscientos millones de años; la muerte y el sufrimiento serían parte del plan de Dios para la creación y la población de este mundo; la muerte no estaría relacionada con el pecado; no sería la paga del pecado, sino el resultado de la lucha por la supervivencia; no sería el último enemigo a vencer (1 Corintios 15:26), sino una parte natural de la vida. Si la muerte no fue el resultado del pecado, entonces la muerte de Cristo en la cruz requiere una significativa reinterpretación.

En quinto lugar, la evolución teísta cambia nuestra manera de pensar sobre el carácter de Dios. ¿Cómo puede un Dios que nota cuando un gorrión cae (Mateo 10:29) utilizar un proceso evolutivo basado en el sufrimiento y la muerte? ¿Cómo puede el Dios de Lázaro y el buen samaritano, el que sanó a los leprosos y los ciegos, haber utilizado un sistema para crear organismos cada vez más afinados usando esos mismos elementos destructivos de la naturaleza que elimina a los enfermos y los más débiles entre nosotros? Dios habría estado trabajando contra sus propios métodos de curar a la gente que, según la teoría evolucionista, deberían haber sido eliminados.

En sexto lugar, la evolución teísta cambia la manera en que vemos el evangelismo y la metanarrativa de la gran controversia. Según Apocalipsis 14:6-7, el mensaje del remanente incluye la afirmación de que Dios es el Creador: “Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: ‘Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas’”. Si Dios no creó por su palabra sino que usó la evolución para crear la diversidad de la vida, ¿por qué debemos predicar el “evangelio eterno”, que es el mensaje de la creación? ¿Qué evangelio eterno debe ser predicado según la evolución teísta? ¿Dónde está la esperanza de que Dios destruirá la muerte y la lucha con el pecado se acabará para siempre? Y el invocar un alma inmortal ayuda poco para dar buenas noticias desde la evolución teísta.

En séptimo lugar, la evolución teísta cambia la manera en que vemos el cielo y la salvación. Jesús prometió que volvería y viviría eternamente con nosotros en el nuevo hogar que está preparando (Juan 14:1-3). En el libro de Apocalipsis, existe la promesa de que no habrá más lágrimas o muerte (7:17 y 21:4). Si de acuerdo con la evolución teísta, el sufrimiento y la muerte son la manera de mejorar la naturaleza, ¿por qué Dios promete terminar con ellos? Si el objetivo final de Dios es proporcionar un mundo mejor para la gente, ¿por qué prometió destruir y restaurar la tierra, en vez de dejar que la evolución logre eso? ¿O es que Dios se dio cuenta de que la evolución no puede hacerlo, y trata de proporcionar otra solución? ¿Fracasó Dios en sus planes iniciales al utilizar la evolución como una fuerza creativa? Si la Tierra y sus habitantes son el resultado de millones de años de evolución, la promesa de una Tierra Nueva (Isaías 65:17) no tiene ningún sentido. ¿Necesitará Dios millones de años para crear la Nueva Tierra y la Nueva Jerusalén?

La evolución teísta está en clara contradicción con el libro del Génesis y las enseñanzas de Jesús y los apóstoles. Sugiere que Dios creó usando la muerte, el dolor, la lucha por la supervivencia y el sufrimiento. Sugiere que Dios nos engañó con la Biblia. Y si Dios no quiso decir lo que dijo, ¿por qué no dijo lo que sí quiso decir? Una perspectiva evolutiva de los orígenes siempre tendrá dificultades para acomodar las declaraciones bíblicas sobre la creación, la caída y el diluvio. Por ejemplo, la evolución teísta es un intento de distanciar a Dios del sufrimiento y la muerte, pero en realidad lo convierte en el autor de ellos. Además, coloca a Dios en una posición remota y niega la acción divina. Aceptar la evolución teísta afectará a las doctrinas basadas en la comprensión histórica de Génesis 1 al 11, incluyendo el matrimonio, la sexualidad, la naturaleza humana, el origen del pecado, la redención, etc.

Los problemas científicos

La idea de que Dios creó la vida en la Tierra utilizando los procesos de mutación y selección natural, presenta numerosos problemas científicos. Las dificultades surgen de la inverosimilitud de la teoría para explicar las características que vemos en el registro fósil y la naturaleza viva.

En primer lugar, si Dios creó a través de una evolución gradual a través de millones de años, esperaríamos ver la aparición gradual de los organismos en el registro fósil. Las capas inferiores de sedimento contendrían una baja diversidad de organismos fósiles simples, y las capas superiores tendrían diversidad de fósiles que representan organismos altamente complejos. Esto sería coherente con un modelo de aparición gradual tanto de la diversidad como de la complejidad de formas de vida.

Pero este no es el caso. El registro fósil muestra la aparición repentina de

la complejidad y la diversidad en las capas sedimentarias inferiores. Un ejemplo dramático de esto es la llamada “explosión cámbrica”, que representa la aparición brusca de organismos fosilizados en capas de rocas inferiores de la columna geológica. Se interpreta que la mayoría de estos organismos cámbricos consistía en habitantes del fondo del mar. Hay otros organismos enterrados en las rocas debajo de las capas cámbricas (la llamada fauna precámbrica o ediacara), y son desconcertantes para los evolucionistas, porque también aparecen bruscamente en el registro fósil y aparentemente no están relacionados de alguna manera con los organismos cámbricos. ¿Cómo explicar las faunas fósiles precámbrica y cámbrica? Realmente no lo sabemos. Su repentina aparición no encaja dentro de un modelo evolucionista, pero podría ser explicada dentro de un modelo de diluvio, en el que estos organismos serían los primeros en ser enterrados en el inicio del diluvio del Génesis.5

En segundo lugar, la evolución gradual, guiada o no por Dios, implica la existencia de numerosas formas intermedias o de transición, en el registro fósil. Si el cambio evolutivo ha ocurrido, entonces nosotros deberíamos encontrar numerosos organismos transicionales desde los más antiguos a las formas más modernas. De nuevo, el registro fósil no apoya esto. Lo que vemos es una repentina aparición de formas de vida en los diferentes niveles del registro sedimentario. Es verdad que aparecen diferentes grupos u organismos en diferentes niveles, por ejemplo, los anfibios aparecen en capas más bajas que los reptiles, y los últimos aparecen por debajo de los mamíferos. Pero esto no indica necesariamente la evolución gradual de anfibios a reptiles y a mamíferos. Para ello el registro debería mostrar una transición gradual entre los diferentes grupos de animales y plantas. Esperaríamos encontrar cientos o miles de formas transicionales en los fósiles. Pero no existen. Se han sugerido algunos, pero las pocas formas de transición son cuestionables y en realidad enfatizan su rareza en el registro fósil, en lugar de su generalización.6

Un tercer problema científico de la evolución teísta surge de la naturaleza compleja de las estructuras biológicas (moléculas, células y órganos). El estudio de las rutas metabólicas –la integración de la información y la función de las células– ha llevado a muchos científicos a creer que al menos algunos sistemas dentro de las células son irreduciblemente complejos, con propiedades que indican que es poco probable que se hayan producido por etapas sucesivas de adquisición mediadas por la selección natural. Sería necesario que apareciera una serie de numerosas mutaciones coordinadas positivamente y otros cambios genéticos para producir tales estructuras. Además, los fósiles intermedios serían imperfectos o menos afinados que sus contemporáneos, y por preceptos evolutivos deberían ser eliminados por la selección natural. ¿Por qué crearía Dios estructuras imperfectas, impropias, incompletas u órganos que necesitan mejorar por mutaciones? ¿Por qué crearía Dios a través de un proceso cuando puede hacerlo por su palabra?

Conclusión

Estos son algunos de los problemas teológicos y científicos de la evolución teísta. Significa que la evolución teísta no es la solución a los aparentes conflictos entre las interpretaciones de la ciencia y la Biblia. Crea más problemas de los que resuelve, porque exige un replanteamiento de cada aspecto de nuestra fe basada en la Biblia. En otras palabras, no es una posición bíblica

alternativa y viable; es una visión totalmente diferente de la realidad, de Dios, las Escrituras, la humanidad, la salvación, la naturaleza, y el bien y el mal. Una solución mejor es reconocer cuáles son los problemas con la ciencia actual si aceptamos el modelo bíblico de la creación, y cuáles son los problemas teológicos si aceptamos el modelo darwinista de orígenes, y, en lugar de perder nuestra fe en una u otra –o en ambas– profundizar en las preguntas difíciles a través del estudio de las Escrituras y la ciencia, dejando que el Espíritu Santo nos guíe en ello. El conocimiento imperfecto y las mentes imperfectas inevitablemente conducen a tensiones en nuestra comprensión de la realidad. La pregunta es, ¿qué tensiones estamos dispuestos a tolerar? Todos vivimos por fe: los cristianos por una fe, los darwinistas por otra. Es mejor reconocer esto en lugar de adoptar una solución falsa como la evolución teísta.

Raúl Esperante (Ph.D., Loma Linda University) es investigador científico en el Geoscience Research Institute, Loma Linda, California, EE. UU. E-mail: resperante@llu.edu.

REFERENCIAS

  1. Todos los textos bíblicos corresponden a la versión Reina Valera 1960. En este artículo, utilizo los términos religión y fe indistintamente y en referencia a la creencia cristiana en el relato de la creación en el libro del Génesis.
  2. En una carta a la gran duquesa Cristina (1615), Galileo estaba citando “algo que se escuchó de un eclesiástico del grado más eminente”.
  3. Gould acuñó el término NOMA (Siglas en inglés de Non-Overlapping Magisteria — magisterios no superpuestos) para indicar que la ciencia y la religión tienen un “legítimo magisterio o dominio de la autoridad de la enseñanza”, y estos dos dominios no se solapan. Ver Stephen Gould, Ciencia y religión. Un falso conflicto (Barcelona: Ed. Crítica, 2007).
  4. Algunos acomodan el relato de la Biblia a la evolución para indicar que los días de la creación no fueron días literales de veinticuatro horas, sino millones de años –la llamada teoría del día-era.
  5. La Biblia dice, “ese día se rompieron todas las fuentes del gran abismo, y las ventanas de los cielos fueron abiertas”. Los estudiosos de la Biblia sugieren que “las fuentes del gran abismo” se refieren a fuentes submarinas de agua que inundaron el fondo del océano. Es posible que tales procesos, mataron y enterraron a muchos organismos, que quedarían enterrados en las capas inferiores en el registro fósil formado durante el diluvio.
  6. Por ejemplo, se ha sugerido la transición de anfibios a reptiles, o la transición de reptiles a mamíferos o la secuencia de la aparición del caballo. Algunos paleontólogos indican que los supuestos intermedios no son transiciones sino mosaicos, que consisten en formas con rasgos mixtos que no muestran un cambio lineal de un grupo a otro.