Amalia Suaña

Diálogo con una educadora adventista de nivel inicial del Perú

Los medios de comunicaciones de Perú publicaron la noticia en destacados titulares y elogiosas notas. Allí daban cuenta de que la Primera Dama de la Nación, y muchas otras autoridades locales habían viajado hasta la Isla Tupiri, en la provincia de Puno, para reconocer el trabajo y el esfuerzo desinteresado de Amalia Suaña, la ganadora del “Premio Integración 2011”. Otros informes agregaban que la profesora Amalia Suaña había recibido el premio por sus proyectos educacionales entre los uros, una etnia que vive en las islas flotantes del Lago Titicaca, en el altiplano del sur peruano. Amalia Suaña había creado la primera escuela de nivel inicial en la zona, que lleva el nombre de “Sumita Corazón”.

Así es: el sueño que por tanto tiempo había acariciado la profesora Suaña finalmente se había hecho realidad. Surgió de la carencia de estudios de nivel inicial; era necesario ofrecer algo que permitiera que los niños de las islas flotantes pudieran instruirse y prepararse para la educación primaria. Así fue que Amalia Suaña decidió acondicionar su vivienda e incorporar en ella un ambiente acogedor que serviría como aula.

Para esta educadora no existen barreras, ni siquiera la carencia de material educativo. Por ello, no dudó en utilizar los recursos naturales de la zona. Por ejemplo, cuando descubrió que los niños no podían acudir por falta de transporte, construyó su propio catamarán para transportarlos.

La profesora Suaña se dedica en cuerpo y alma a la educación de sus niños, y por ello, desarrolla sus clases según la edad de sus alumnos. Es una mujer que rebosa de agradecimiento, en primer lugar a Dios, pero también a su familia. “Cuando un niño incorpora una de las palabras que estoy tratando de enseñarle, siento una alegría inmensa. No puedo dejar de agradecer a Dios por haberme dado la oportunidad de ayudar a los niños”, expresa convencida.

No obstante, ¿quién es en realidad Amalia Suaña? Dispuestos a investigarlo más allá de lo que informaban los medios, nos trasladamos hasta las islas flotantes de los uros, a unos cuatro kilómetros de la ciudad de Puno. Esas islas están construidas en forma artificial sobre totoras, que son plantas de hojas delgadas y largas que crecen en el lago. Para llegar hasta allí, es aconsejable cubrir el trayecto de unos veinte minutos en una lancha a motor. En las islas aún se conservan las vestimentas y terrazas características del pueblo inca.

Así fue que nos trasladamos a la Isla “Tupiri Corazón”, lugar donde la profesora Suaña vive junto a sus hermanos y padres y donde trabaja.

Amalia Suaña tiene veinticuatro años, una alegría efervescente y una calidez contagiosa. Cuando nos encontramos con ella, llevaba un traje típico amarillo y naranja, y dos flores en sendas trenzas. Al lado de sus familiares, se distinguía claramente por sus colores vivos y primaverales.

Profesora, cuéntenos cómo se siente luego de ser reconocida y premiada por una labor tan noble.

Feliz, muy feliz, aunque aún un tanto atónita.

Nos gustaría saber algo más de su vida. Háblenos por favor de sus estudios.

Cuando era niña, no tuve la oportunidad de ingresar al nivel inicial, porque en esos años aún no existía esa opción, y menos aquí en las islas. Comencé mis estudios primarios en la Escuela Adventista Los Uros, la secundaria en el colegio San Juan Bosco y finalmente el tercer nivel en la Universidad Adventista Peruana Unión, donde cursé la carrera de Educación Primaria.

¿Qué es lo que más resalta de su educación?

Tengo mucho que decir, en primer lugar sobre mi escuelita, que me dio la oportunidad de conocer a Jesús. En la escuela secundaria, pude entender la necesidad de los niños de estas islas. Por ello acudí a la Universidad Peruana Unión, ya que tenía el sueño de iniciar la educación prescolar en este lugar. Doy gracias a mis profesores que me brindaron una buena formación, una educación con valores cristianos. Aprendí que ante todo está Dios, y que si confiamos en él podemos lograr muchas cosas. En mi mente siempre ha estado presente el versículo que dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). Y tomé la decisión de aferrarme a esa promesa.

¿Puede detallar en qué consistía su sueño?

Como ya he mencionado, mi sueño era iniciar la educación prescolar entre los uros. Quería que tuvieran esa oportunidad que yo no tuve, para que por medio de la educación prescolar pudieran conocer a Jesús. Anhelaba que así llegaran a entender que él es nuestro Padre celestial, que con él podemos lograr todas las cosas, porque es quien nos cuida y nos protege.

Volvamos un poco a su pasado. ¿Cómo describiría la educación que usted recibió de sus padres?

Mis padres me enseñaron la diferencia entre el bien y el mal, y fueron los que me hablaron por primera vez de Jesús. Hicieron todo lo posible para darme una buena educación, y estoy muy agradecida por ello. Tanto mi hermano como yo pudimos estudiar, pero mis dos hermanas mayores no tuvieron esa oportunidad por falta de recursos económicos. Por eso y muchas cosas más, estoy muy agradecida a ellos y a Dios.

¿Dónde nace todo ese amor que usted siente por los niños? ¿Hay alguna experiencia que la marcó de tal manera que ha motivado ese profundo interés en ellos?

La verdad es que no puedo precisar un hecho específico. Creo que el Señor me ha dado el don de estar con los niños. Siempre disfruté profundamente al compartir momentos con ellos, ser parte de lo que piensan y sienten. Es maravilloso que un niño deposite en uno su confianza, que le demuestre su amor, de manera tal que hasta muestre deseos de estar con uno antes que con sus padres. Y puedo afirmar que me siento muy satisfecha por todo lo que podemos brindarles y por los esfuerzos que hacemos para que avancen por la senda del conocimiento. Es algo que me llena de profunda alegría.

¿Qué influencias específicas recibió en la universidad?

Allí me enseñaron realmente a conocer a Dios. Aprendí y comprendí que cuando Jesús estuvo en esta Tierra, siempre se preocupó en demostrar su amor por los niños. Está claro que yo tengo un modelo, y ese modelo es Jesús. Cuando salí a practicar mi profesión, no tenía nada más que una pequeña y simple casa de totoras. Pero allí salió a relucir nuestra creatividad, y pronto comenzamos allí mismo a ofrecer educación a los niños del lugar.

¿Le ha ayudado en algo formar parte de la Iglesia Adventista del Séptimo Día?

Por supuesto. En primer lugar, siento que Dios me ha dado esta oportunidad y que proveyó brindándome la mejor educación, en primer lugar en la Escuela Adventista Los Uros, y más tarde en la Universidad Adventista Peruana Unión. Poco a poco, aprendí a dejar todo en las manos de Dios. Siento que él siempre me dirigió en cada paso, y no tengo más que palabras de agradecimiento hacia él por lo que me ha permitido lograr en favor de estos niños.

¿Cómo relaciona lo que hace con la misión que tiene la iglesia? ¿Cree que de alguna forma está haciendo una contribución a esa misión?

¡Así es! Está claro que como hijos de Dios, todos nosotros tenemos el mandato de servir, y yo quiero seguir sirviendo. Lo que les brindamos aquí en casa requiere un gran sacrificio, pero me motiva el amor a los niños. Como dije, eso lo aprendí en la universidad, al estudiar y reflexionar en el ejemplo de Jesús. Y lo mismo puede suceder con cualquiera de nosotros: si recibimos una educación vacía, es casi imposible que hallemos la manera de realmente desarrollarnos; en cambio, si la educación que recibimos tiene valores, como sucedió en mi caso, siento que cualquier proyecto, por difícil que sea, es posible.

¿Qué es lo que marcó una diferencia en su vida?

Definidamente, la presencia de “mis” niños; la posibilidad de formarlos y de que ellos se sientan felices conmigo. Una de sus sonrisas constituye para mí la satisfacción más profunda. Prefiero esa sonrisa a cualquier remuneración o salario.

Pero entonces, ¿quiere decir usted que sus servicios son gratuitos?

Sí. Pero no solo eso: como vi que era difícil que los niños lleguen hasta la isla donde queríamos tener la escuela, yo misma comencé a recogerlos isla por isla. Al hacerlo, fui aprendiendo muchas cosas. Los niños comenzaron a contarme lo que les sucedía, compartimos alegrías y tristezas, además de cantar y orar juntos. Es una experiencia maravillosa que jamás voy a olvidar. También es para mí una satisfacción haber recibido el reconocimiento de parte del gobierno. Quiero seguir orando por las personas que me apoyaron, en especial por las autoridades del área educativa de la región de Puno.

Cuéntenos del éxito de su modelo, y qué fue lo que la motivó a emprender su proyecto.

Repito lo que ya dije: Jesús es mi modelo, y sé que él ama a los niños. Desde que estaba en la escuela secundaria, mi sueño era iniciar la educación prescolar entre los uros. Pero para eso necesitaba prepararme, y fui a la Universidad Peruana Unión. Siempre tuve la idea de terminar los estudios y volver a las islas para hacer realidad mi proyecto. Por eso, en 2009, al año siguiente de terminar mi preparación académica, inicié el proyecto. Al comienzo, no teníamos nada. Era solo una casa pequeña y nada de dinero. Entonces comencé a pedir ayuda; solicité la colaboración de mis padres y mis hermanos. Gracias a Dios, ellos me ayudaron a hacer realidad este sueño tan anhelado. Una vez más tengo que agradecer a Dios por darme los padres maravillosos que tengo. En enero y febrero de 2009 dimos inicio a la campaña. Los resultados me dejaron asombrada, porque pronto vino una gran cantidad de niños. La pequeña casa se llenó. Traté entonces de acomodarlos, de comenzar a separarlos según sus edades, pero no era suficiente. Entonces comencé a orar por los niños, y al mismo tiempo a buscar un ambiente más grande, porque para ese momento ya tenía casi treinta.

Una vista del lago Titicaca. Las embarcaciones y las casas están hechas con materiales de la zona

Cuando comenzó a enseñar, ¿pensó en ganar algún premio o en ser reconocida algún día por su labor?

¡Oh no! Por supuesto, yo siempre tuve la esperanza de que algún día la escuela de educación inicial fuera reconocida, y esperaba que de esa forma Dios enviara a las personas apropiadas para que vieran a los niños y entendieran las necesidades que ellos tienen. Al mirar hacia atrás, ahora puedo ver que el Señor lo ha permitido, y con creces. Dios usó a Radio Programas del Perú, y a muchas otras personas que me apoyaron para que ese sueño se hiciera realidad. Lo único que buscaba era beneficiar a los niños. Yo oraba mucho por el proyecto, y solía repetir a los padres que nunca tenían que perder la fe, de que un día alcanzaríamos los objetivos. Y así fue; Dios ayudó a que los planes se hicieran realidad, y los padres ahora están muy felices.

¿Cree usted que su fe influye en el trabajo que lleva a cabo?

Así es. Cada día, la primera actividad que realizamos juntos antes de iniciar las actividades es orar. Y a continuación, solemos cantar el cántico “Jesús nos ama”.

¿Podría darnos un ejemplo concreto de la manera en que su actividad la ha motivado a poner en práctica su fe?

Bueno, yo siento que Jesús siempre me ha acompañado en todo. Por ejemplo, durante las temporadas de lluvia es muy peligroso viajar en lancha, y por razón de mis estudios yo viajaba casi todo el año. Siempre elevaba una oración antes de salir de casa, o cuando me disponía a viajar en lancha, pedía que las lluvias no cayeran mientras durara la travesía, dado que recién llegaba a casa a eso de las 23 horas. Una noche completamente oscura, las lluvias torrenciales no dejaban de caer. En ese momento sentí mucho miedo, pero de pronto recordé que Jesús estaba allí a mi lado. Entonces, sin dudar, elevé una oración y subí al bote, y mientras avanzaba por las aguas oscuras comencé a cantar y orar. Pronto pude ver el milagro de Dios, porque en el preciso lugar donde yo surcaba las aguas, no llovía, y el oleaje se había calmado. Se había abierto una suerte de camino que me ayudó a llegar hasta mi casa. Jamás voy a olvidar esa noche, porque sentí de manera muy vívida que Dios me protegía.

Más tarde, les conté esa experiencia a mis padres y a los niños. Les recordé entonces que Dios siempre nos protege, y no dejo de recordarles el versículo que dice: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida y se traspasen los montes al corazón del mar” (Sal. 46:1-2).

Mi familia y yo siempre estaremos agradecidos a Dios. Sé que tenemos la obligación de dar el ejemplo, y es lo que con humildad procuramos hacer. Sin ir más lejos, cada vez que mi madre cocinaba, solía guardar una parte de la comida para mí. Pero cuando yo veía que algunos de los niños estaban con hambre, no podía dejar de compartir mi comida con ellos. Al comienzo, mi madre no estaba muy contenta de que me quedara sin comer, pero le hice ver que había niños mucho más necesitados de alimento que yo. Ahora, disfruto mucho al ver que ellos también comparten lo poco que tienen entre ellos. A veces es solo una naranja, o un pedazo de pan, pero veo que siempre están listos para compartir sus alimentos, y eso me produce una tremenda satisfacción.

¿Cuáles son sus anhelos para el futuro?

No he dejado de soñar. Me gustaría que la escuela tenga sus propios flotadores, que se expanda, que tenga todos los implementos necesarios, tales como baños ecológicos, entre otras muchas cosas.

Escuela Adventista "Los Uros" donde Amalia aprendió a leer y escribir

¿Hay algún mensaje que quiere dejar a los lectores de Diálogo?

Sí. Me gustaría pedir a los que son padres que no olviden de brindar a sus hijos una buena educación basada en valores. Les puedo asegurar que esos niños jamás lo olvidarán, y que eso les servirá más adelante para realizar contribuciones positivas y seguir adelante más allá de los problemas. Yo tuve muchos problemas, en especial cuando estudiaba, pero Dios jamás me dejó sola. Por ejemplo, recuerdo la ocasión en que mi hermano se enfermó y tuvimos que llevarlo de urgencia al hospital. Estuvo muy grave. Más tarde, recuerdo los momentos en que casi no teníamos qué comer, pero mis padres me insistían en que tenía que seguir estudiando y orando. No puedo sino dar gracias a mis docentes, que vinieron a visitarme hasta este lugar. Eso fortaleció y alimentó más mi fe. Por último, permítanme decirles: Por favor, confíen en Dios y lograrán todos sus sueños. Y por supuesto, para los que trabajan o quieren trabajar con niños, ámenlos de todo corazón. Y recuerden que hay pocas satisfacciones más grandes que ver la sonrisa de un niño.

Estela Tapia (Lic. en Ciencias de la Comunicación) Prof. Isidro Mamani (Departamental de Comunicaciones de la Misión del Lago Titicaca) E-mail: isidro.mlt04@gmail.com.

Nota de los editores:

Es digno de resaltar que las islas de los uros cuentan actualmente con 43 islas pequeñas. Entre ellas, se encuentra el “Templo Flotante Los Uros”, y la Escuela Adventista. Y ahora gracias a la labor de la profesora Suaña, la primera institución educativa inicial “Sumita Corazón” (que significa “bonito corazón” en aimara). En esta última, los niños de tres a cinco años asisten todos los días para recibir lecciones que los fortalecen en sus conocimientos y los ayudan a iniciar un proceso adecuado de socialización con sus semejantes. El plan es que estos niños continúen sus estudios en el nivel primario en la “Escuela Adventista Los Uros” y, finalmente, en la Universidad Adventista Peruana Unión.

También queremos informar con mucha alegría que posteriormente al momento en que se realizó esta entrevista, fuimos informados que el gobierno del Perú entregó subsidios para la profesora Suaña y su escuela.