¡Dios existe!

Nuestras probabilidades de ver a Dios en el futuro son infinitamente mayores que las probabilidades de que la ciencia descubra un proceso que explique nuestra existencia.

Una de las cosas maravillosas de la fe cristiana, es que está basada en evidencias; evidencia real, de que Dios es real, que Jesucristo es Dios y que se puede confiar en la Biblia como verdad. Pero tristemente, en muchos lugares luego de haber estado recibiendo a través de la educación secular la teoría de la evolución, los jóvenes están cuestionando la existencia de Dios y la validez de la Biblia. Por lo tanto pensé que sería útil considerar algunas de las evidencias que he encontrado para sustentar mi propia fe.

Cuando tenía aproximadamente veinte años, comencé a asistir a la iglesia. Allí conocí y leí acerca de otros cristianos que habían experimentado milagros y respuestas muy específicas a la oración. Descubrí también que la Biblia daba evidencias de respuestas a oraciones, milagros públicos y centenares de profecías que estaban históricamente cumplidas. A medida que leía la Biblia, comencé a creer en Dios –específicamente en Jesús como mi Salvador– y comencé a experimentar un cambio interior para el bien, como así también muchas respuestas específicas a la oración. Estas experiencias son muy reales para mí, y por lo tanto, también siento que Dios es muy real.

Más tarde, escribí a profesores de universidades cristianas alrededor del mundo, preguntándoles por qué ellos creían en milagros y en respuestas a la oración. Algunas de sus respuestas formaron el libro, On the Seventh Day: 40 Scientists and Academics Explain Why They Believe in God.1

Estos investigadores y profesionales altamente educados, describían evidencias de un Ser sobrenatural, real y personal –el Dios de la Biblia. Existen literalmente miles de registros similares de respuestas a la oración y testimonio de milagros, tanto en la literatura cristiana como secular, que aportaban una cantidad de evidencias muy sólidas y personales o subjetivas para respaldar la existencia de Dios.

Sin embargo, existen también evidencias objetivas, que están mucho más allá del ámbito personal.

La existencia del universo

Para comenzar, observemos la existencia del universo y la nuestra. Varias teorías han sido propuestas para explicar el origen del universo: la teoría del Big Bang, la teoría de cuerdas, la teoría de los universos múltiples, etc. Pero existen grandes problemas con todas estas teorías. Aún la tan promocionada teoría del Big Bang, requiere de una singularidad (un hecho que sucedió solo una vez), inflación hipotética, así como también entidades imaginarias tales como, energía oscura, materia oscura, etc.2

Ninguna de estas teorías ofrece una explicación de cómo la primera materia o energía llegó a la existencia o cómo llegaron a existir las leyes tan precisas de las matemáticas, la física y química, que mantienen a la materia y a la energía contenidas.

Existe una ley de la física que declara que mientras la materia puede ser convertida en energía y viceversa, de acuerdo a E=mc2, la materia y la energía no pueden ser creadas o destruidas por procesos físicos naturales. Entonces, cuando observamos que la materia y la energía existen, deducimos que tienen que haber sido creadas por un proceso sobrenatural, no físico y no natural.

La Biblia explica que la materia y la energía fueron creadas de la nada por un Dios sobrenatural con existencia propia, fuera del tiempo y el espacio que podemos nosotros “conocer”. Esta explicación es la que mejor concuerda con los datos observados.

La vida viene de la vida

El segundo punto objetivo de evidencia es la observación de que nosotros y también otras formas de vida, estamos vivos. Sin embargo, también observamos que la vida siempre deriva de otra vida. De hecho, cuando Jesús se levantó de entre los muertos, a esto le llamamos un milagro, porque sabemos que las cosas no vivientes no pueden llegar a ser vivas por medio de procesos naturales. También, desde la perspectiva de la “teoría de los orígenes”, no existe un mecanismo viable que pueda explicar cómo pudo formarse la primer célula viva. De hecho, ahora sabemos que es bioquímicamente imposible. Cómo sucede esto, es lo que explican los bioquímicos John Marcus y George Javor en el libro In Six Days: Why 50 Scientists Choose to Believe in Creation.3

Para que la primera vida se forme, es necesario producir biopolímeros en forma masiva. Sin embargo, estos tipos de moléculas gigantes no deberían formarse naturalmente en un medio acuoso, de acuerdo al principio de Le Chatelier. El ADN que contiene los códigos para los componentes de los seres vivos es una molécula gigantesca que codifica enorme cantidad de información. Por ejemplo, la bacteria de vida libre más simple tiene un ADN que contiene 580.000 bases. Más aún, el primer código genético de una molécula de ADN también debió ser formado por algún proceso natural. Sin embargo, no existe ningún mecanismo conocido o experimento que pueda demostrar cómo los procesos naturales podrían producir tal código. Como señala el eminente biólogo (del National Center for Biotechnology Information), Eugene Koonin, en su publicación de 2009 titulada Origin and Evolution of the Genetic Code: The Universal Enigma: “Ciertamente salta a la razón que cualquier escenario sobre el origen del código y la evolución permanecerá vacío si no se combina con la comprensión del origen del principio del código mismo y del sistema de traducción que contiene. En el corazón mismo de este problema existe un deprimente círculo vicioso. ¿Cuál sería la fuerza selectiva por detrás de la evolución del sistema de traducción extremadamente complejo antes de que existan proteínas funcionales? Y, por supuesto, no podrían existir proteínas sin un sistema suficientemente apto de traducción. Se han propuesto varias hipótesis intentando romper el círculo, pero hasta el momento ninguna parece ser suficientemente coherente, u ostenta el apoyo necesario para reclamar el estatus de teoría real”.4

Entonces, la ciencia no ofrece una explicación naturalista para el origen del código de ADN; más bien, constituye una evidencia obvia de un maravilloso diseño inteligente.5

Pero hay más aún. El tener un código de ADN no significa que algo esté vivo. Los científicos no pueden tomar bacterias muertas que contienen todo su ADN intacto y transformarlas en seres vivos. Para hacer vivir una célula, es necesario organizar centenares de reacciones bioquímicas en un estado de desequilibrio que tuviese las concentraciones exactamente correctas. Esto es, el químico A debe ser ajustado a una exacta concentración para hacer B, el cual debe estar a una concentración exacta para hacer C, y así sucesivamente a lo largo de centenares de reacciones. Siendo que esto es imposible de lograr mediante algún tipo de tecnología conocida, ni remotamente se podría esperar que suceda de por sí, naturalmente.

Así, basado en el conocimiento científico, es imposible que la vida pueda comenzar mediante algún proceso natural. Sin embargo, observamos vida. Doy más detalles en mi libro Evolution Impossible: Twelve Reasons Why Evolution Cannot Explain the Origin of Life on Earth.6

La mente

La tercera prueba de evidencia objetiva es la observación de que poseemos una mente, formulamos pensamientos, creamos nuevas ideas y tenemos una voluntad propia. Nos despertamos y pensamos “voy a salir de la cama”, y esos pensamientos activan impulsos nerviosos que a su vez activan músculos, y nos levantamos.

¿Qué es lo que constituye nuestra mente y pensamientos? El cerebro es una entidad física formada de moléculas químicas; tiene un volumen y ocupa un espacio. Pero la mente y los pensamientos no son materiales. Los pensamientos no tienen una masa; no ocupan centímetros cúbicos de espacio. Sin embargo, aun siendo inmateriales, producen impulsos nerviosos que mueven al cuerpo para crear algo que llamaríamos diseño inteligente –no al azar, algo que nunca existió antes– tal como un poema, un teléfono móvil, un tanque de guerra, un cuadro, una escultura, etc. Los pensamientos de Händel crearon la conocida pieza musical “El Mesías”. Los pensamientos de Jorn Utzon llegaron a diseñar lo que ahora es el famoso edificio de la ópera de Sídney.

¿Pero dónde se originan los pensamientos y la mente? ¿Cómo llegan los pensamientos y la mente a ser parte de la vida? El cerebro es físico e incorpora procesos químicos que obedecen a leyes químicas que no codifican “inteligencia o voluntad”.

Como argumenta el eminente profesor de la Universidad de Nueva York, Thomas Nagel, en su reciente libro, Mind and the Cosmos: Why the Materialist Neo-Darwainian Conception of Nature is Almost Certainly False, la evolución no puede explicar el origen de la mente.7

Si los pensamientos humanos pueden producir acciones físicas en el cuerpo humano, entonces los pensamientos divinos pueden producir la existencia del universo y de nosotros mismos. Se deduce que así como los artefactos son evidencia de la actividad humana, el universo es evidencia de la existencia de Dios.

El cuadro en su totalidad

Cuando consideramos el cuadro en su totalidad, vemos que la ciencia no puede explicar nuestra existencia. Por el contrario, la abrumadora evidencia de un diseño en el universo, en nuestro plantea y en los seres vivos, señala sin duda a un creador sobrenatural y no material, cuyos pensamientos iniciaron nuestra existencia así como nuestro universo, nuestro planeta y la vida. Esto es absolutamente compatible con nuestras tres observaciones objetivas.

El escenario de un Dios creador es también consistente con el relato bíblico y muchos de los milagros sobrenaturales y respuestas a la oración, relatados en la literatura cristiana. De esta manera, basándonos en los argumentos enunciados previamente, puedo afirmar que tenemos evidencia consistente tanto desde la ciencia como desde la experiencia personal, para afirmar la existencia de Dios.

Quizás un ateo pueda tentarse a argumentar que en el futuro se descubrirán mecanismos que parecen imposibles, para explicar el universo, la vida y la mente. A esto yo le respondería simplemente que en el futuro veremos a Dios, porque esto está predicho en la Biblia. El profesor J. Payne –doctor en Teología del Seminario Teológico Princeton– escribe en su Encyclopaedia of Biblical Prophecy del año 1973, que existen 737 eventos predichos en la Biblia, de los cuales la mayoría se han cumplido en forma clara.8 Por lo tanto, nuestras probabilidades de ver a Dios en el futuro son infinitamente mayores que las probabilidades de que la ciencia descubra un proceso que explique nuestra existencia.

John F. Ashton (Ph.D., Universidad de Newcastle) es director de investigación estratégica en el Sanitarium Health and Wellbeing, y trabaja como profesor adjunto de Ciencias Aplicadas en el Royal Melbourne Institute of Technology University, en Australia. Ha sido coautor de muchos artículos relacionados con la ciencia y ha publicado varios libros, incluyendo Evolution Impossible: Twelve Reasons Why Evolution Cannot Explain the Origin of Life On Earth. E-mail: John. Ashton@sanitarium.com.au.

REFERENCIAS

  1. J. Ashton, ed., On the Seventh Day: 40 Scientists and Academics Explain Why They Believe in God (Green Forest, Arkansas: Master Books, 2002).
  2. Ver por ejemplo, http://www.cosmologystatement.org/ and http://metaresearch.org/cosmology/BB-top-30.asp
  3. J. Ashton, ed., In Six Days: Why 50 Scientists Choose to Believe in Creation (Green Forest, Arkansas: Master Books, 2001).
  4. Ver, http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3293468/.
  5. Un líder entre los investigadores en el área de evolución química, el Dr. Dean Kenyon, profesor emérito de Biología en la Universidad Estatal de San Francisco, explica cómo se convenció de que es imposible que la evolución química haya producido la primera célula viviente. Ver: http://www.youtube.com/watch?v=a2RZzyFTTXo
  6. J. Ashton, Evolution Impossible: 12 Reasons Why Evolution Cannot Explain the Origin of Life on Earth (Green Forest, Arkansas: 2012).
  7. T. Nagel, Mind and the Cosmos, Why the Materialist Neo-Darwinian Conception of Nature Is Almost Certainly False (Nueva York: Oxford University Press, 2012).
  8. J. Payne, Encyclopaedia of Biblical Prophecy (Grand Rapids, Michigan: Baker Books, 1973).