John Ashton

Diálogo con un científico adventista de Australia

John Ashton nació en Newcastle, Australia, y fue criado con un hermano menor en un hogar nominalmente metodista. Su padre era un ingeniero eléctrico, mientras que su madre era una artista retratista consumada. Después que John pidió ser bautizado en la Iglesia Adventista en 1971, se interesó mucho por compartir su fe con sus compañeros universitarios; fue de gran ayuda el apoyo de una maestra de escuela primaria que se había formado en el colegio adventista de Avondale. Al pasar los meses, su amistad creció, ya que descubrieron que compartían amigos e intereses comunes, como el senderismo y la vida de campo. Se casaron un año más tarde y sus familia ahora está formada por cuatro hijos y tres nietos. John visita las iglesias y presenta temas sobre creación y salud, mientras que su esposa Colleen colabora en el Ministerio de la Mujer.

El Dr. Ashton es actualmente director estratégico de investigación en Sanitarium Health and Wellbeing, una fábrica de alimentos saludables de la Iglesia Adventista de gran renombre en el país por ser uno de los mayores productores de Australia de cereales para el desayuno y alimentos naturales. Además de esta función, se desempeña como profesor adjunto de Ciencias Aplicadas en el Royal Melbourne Institute of Technology y profesor adjunto de Ciencias Biomédicas en la Universidad de Victoria. Ha participado como asesor principal de investigación en siete universidades de su país y ha sido mentor de algo más de una docena de estudiantes doctorales. Es también miembro del Instituto Real de Química de Australia.

John, ¿cuándo comenzó su camino como adventista?

Comencé a asistir a la Iglesia Adventista poco después de terminar mi carrera de grado en la Universidad de Newcastle. En ese momento estaba trabajando en el laboratorio central de investigación de lo que hoy es la compañía minera más grande del mundo, Broken Hill Proprietary (BHP). Tenían los mejores científicos de todo el mundo trabajando allí. Pero lo que más me llamaba la atención era que aun cuando se habían formado en algunas de las mejores universidades del mundo –como Oxford y Cambridge– su estilo de vida y hábitos indicaban que llevaban vidas vacías, y daba la impresión que no se sentían satisfechos o realizados. Me dije a mí mismo que tenía que haber algo más en la vida que esto. Yo había aspirado a ser un científico, pero no había nada en su actitud que me inspirara.

¿Qué aspecto de la ciencia le interesaba en particular?

Mi temprana asociación con BHP fue en una pasantía en el área de la física, pero me di cuenta que la mayoría de las personas que seguían ese camino terminaban haciendo programación de computadoras. Así que durante mis estudios, me cambié a química y terminé siendo el mejor de la clase de química de la Universidad de Newcastle en 1969. Esto me hizo reflexionar mucho y preguntarme a mí mismo: “¿Hay un propósito en la vida?” Le pregunté a mi madre: “¿Cómo puedo saber algo de Dios?” Ella respondió: “¡Ve a la iglesia!” Éramos metodistas nominales, así que fui a la pequeña iglesia cercana a casa, donde oí acerca del evangelio y acepté al Salvador en mi vida. Quería saber más, pero era tímido. Entonces nuevamente le pregunté a mi madre cómo podía profundizar mi conocimiento de la Biblia.

Papá había fallecido repentinamente nueve años antes y cuando algunas personas adventistas nos visitaron habían dejado una copia de Usted y su Biblia. Mamá incluso había ido a la iglesia de ellos un par de veces, así que decidí ir allí porque me enteré que cada sábado de mañana tenían un estudio de la Biblia. Entre otras cosas, hablaban acerca del sábado, así que busqué mi enciclopedia y descubrí que el sábado es el séptimo día. ¡Eso resultó muy atractivo para mi mente científica y lógica! Sentí que quería tener un nuevo comienzo, y oré buscando la dirección de Dios.

En ese momento se estaba promocionando una beca de investigación que me interesaba. Era la beca de pos-

grado en química de mayor prestigio y mejor paga que se ofrecía en Australia. Mandé una solicitud y le prometí al Señor que me compraría una Biblia y empezaría a ir a la iglesia. En 1970, obtuve la beca y mantuve mi promesa: he asistido a la Iglesia Adventista desde ese día. Continué con mis estudios universitarios, mientras asistía a la iglesia y seguía un curso de estudio bíblico por correspondencia. Finalmente pedí el bautismo en 1971.

Tengo entendido que su interés en el debate creación-evolución se desencadenó a principios de su experiencia en la iglesia. ¿Cómo surgió eso?

Como estaba estudiando ciencias, varios miembros de la iglesia me hacían preguntas acerca de la creación. Así que comencé a leer la literatura a favor y en contra tanto de la creación como de la evolución. Tenía un amigo en la universidad que estaba estudiando geoquímica y que poseía parte de una herramienta muy antigua proveniente de Europa. Supuestamente tenía varios miles de años, lo que realmente no aparentaba ser. Entonces sucedió algo como un “clic” en mi mente y me dije que había un problema importante con el método de datación radiométrica. Y así comencé a leer acerca de ese tema. ¡Por cierto, él también se convirtió en adventista!

Creo que en esa época usted experimentó otro evento especial en su vida.

Sí, conocí a una joven maestra de escuela. Ella fue de gran apoyo para mi crecimiento espiritual y personal, y ahora es mi esposa además de una compañera maravillosa.

Después de obtener mi maestría, enseñé por un número de años física y matemáticas en Hobart Technical College. Durante ese período, dediqué bastante tiempo a estudiar la Biblia y apliqué algunas de mis habilidades de investigación para el estudio de las profecías y la evidencia histórica y arqueológica asociada con su cumplimiento.

John, usted es una persona con amplios intereses, pero explique, por favor, su atracción especial hacia la creación y la evolución.

Tenía alrededor de cuarenta años de edad, una familia y una buena situación. De pronto sentí que debía dar atención al estudio de la creación, especialmente en el área de la epistemología en su relación con las ciencias y las ciencias biomédicas. Este es un área de especial interés para las teorías evolutivas. Estaba interesado en examinar los fundamentos de la investigación de la ciencia y por qué la ciencia puede saber. La ciencia biológica me llevó a explorar las ciencias ambientales y médicas y las implicaciones para las enfermedades iatrogénicas. Esto me llevó a enfocarme en una serie de cuestiones en torno a la relación entre la acción humana y el medio ambiente. Estaba interesado en cómo la ciencia podía hacer mejores predicciones y evitar algunos de los efectos secundarios.

A usted se lo conoce también por sus publicaciones en el área de la salud. Cuéntenos acerca de eso.

Cuando pasé a ser el jefe del laboratorio de investigación de alimentos de Sanitarium Health Food Company, mi foco de interés se movió hacia los alimentos. Fui invitado a ser uno de los dos colaboradores de Australia en un proyecto internacional de desarrollo de un método de análisis de la fibra dietética. También participé en otro proyecto internacional de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada en el que se estaba investigando la toxicidad del aluminio en los alimentos. Esta participación ayudó a construir mi reputación como químico. Estaba publicando un buen número de trabajos en estas áreas.

El supervisor de la investigación, Dr. Ron Laura, había estudiado en Harvard, Oxford y Cambridge. Él estaba acostumbrado a generar publicaciones, y comenzamos a escribir libros juntos. Fue bastante providencial. Nuestro primer libro, Hidden Hazards [Peligros ocultos], que analizó el impacto de la tecnología sobre el medio ambiente, se vendió muy bien; el editor nos invitó a escribir otro. Así que empecé a pensar en los temas principales, y mi mente se fijó en el tema del impacto del alcohol en la comunidad. Nadie estaba hablando de ello y por el contrario, los fabricantes estaban haciendo campañas publicitarias para alentar a las mujeres a beber alcohol y aumentar así las ventas. Por un período, por ejemplo, en Australia la tasa de mujeres que bebían abundantemente se había duplicado. La falta de conciencia sobre los peligros del alcohol y su impacto en las mujeres en particular, eran inquietantes. Se estaban realizando algunas investigaciones muy serias, pero este conocimiento simplemente no estaba saliendo al público. El tema tomó por sorpresa a mi editor, pero debido a que el primer libro había ido tan bien, accedió a publicar. Así que investigué para el libro de alcohol durante varios años. Lamentablemente, el editor pensó que era demasiado “sermoneador”. No fue sino hasta ocho años después, en 2004, que la Signs Publishing Company publicó, bajo el título Uncorked! The Hidden Hazards of Alcohol [¡Descorchado! Los peligros ocultos del alcohol].

Cuando me había convertido en cristiano mientras enseñaba en Hobart Technical College, me interesé en testificar. Estaba tan contento de estar asociado con la perspectiva adventista sobre la salud, que empecé a escribir artículos cortos acerca de salud, y fueron bien recibidos en todas partes. Cuando tiempo después, los compartí con Ron Laura, decidimos hacer algunos libros de salud juntos. Luego escribimos otro libro acerca del medio ambiente, The Perils of Progress [Los peligros del progreso], publicado por la University of New South Wales Press. Allí analizamos el impacto de las prácticas de la tecnología y de los alimentos sobre el medio ambiente y la salud humana. El libro tuvo una buena acogida y también se volvió a editar en Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Sudáfrica. Luego fui invitado a ser coautor de un libro sobre la intoxicación alimentaria, titulado Risky Foods and Safer Choices [Alimentos riesgosos y opciones más seguras]. Esto de escribir incrementó mi deseo de testificar usando ese medio.

¿Qué otros interesesse estaban gestando?

Mi mente se volvió de nuevo a mi interés por la teología, especialmente Isaías y la declaración de Dios de que él es como ningún otro, afirmando el final desde el principio. Así que me puse a buscar en la evidencia histórica por personas que vieron el futuro antes de tiempo. Armé ese libro con el título The Seventh Millennium [El séptimo milenio].

En ese momento, realmente sentí que tenía que seguir trabajando acerca de la evidencia de la creación. Mientras estaba de visita en la librería The Answers in Genesis [Las respuestas del Génesis], una persona me reconoció y me contó acerca de un seminario que habían celebrado recientemente en la Universidad Macquarie en Sídney, donde el conservador del museo hizo la declaración de que ningún científico con un grado doctoral podía creer en una creación literal de seis días. Esta persona continuó contándome que había dado a ese científico mi nombre como el químico jefe de Sanitarium, diciéndome: “Espero que no le moleste”. ¡Por supuesto que no!

Unos días más tarde, mientras caminaba, se me ocurrió la idea: “¿Por qué no preguntarles a científicos con doctorados por qué creían en la creación?” Y eso se convirtió en el libro In Six Days: Why 50 Scientists Believe in Creation [En seis días: ¿Por qué 50 científicos creen en la creación?]. Ese libro fue publicado por primera vez en 1999, y catorce años más tarde, se sigue vendiendo. Ha pasado por más de veinte impresiones y se ha traducido a varios idiomas. Trabajar con científicos de todo el mundo, con ricas experiencias cristianas fue una inspiración maravillosa para mí.

Richard Dawkins desafió el hecho de que algunos de los contribuyentes habían estudiado en universidades de la iglesia, como por ejemplo Loma Linda. Así que empecé a contactar a académicos universitarios que hubieran obtenido sus títulos y que enseñaran en universidades seculares, pero que a su vez creyeran en Dios. Les pregunté acerca de sus creencias en los milagros, la resurrección de Jesucristo y respuestas a la oración. Ese libro se convirtió en The God Factor [El factor Dios], publicado por Harper-Collins. En los Estados Unidos, se publicó bajo el título On the Seventh Day [En el séptimo día]. El editor pensó que sería una digna segunda parte del libro anterior In Six Days. El corresponderme y trabajar con los contribuyentes fue una gran inspiración y confirmación de mi propia fe.

¿Cuál fue la respuesta a todo este trabajo?

No es de extrañarse que algunos críticos del libro afirmaran que los contribuyentes estaban trabajando fuera de sus campos. Tenía un joven amigo que de estudiante universitario tuvo la idea de escribir las respuestas a muchas de las preguntas que desafían a los estudiantes universitarios adventistas. Esta vez, nos pusimos en contacto con contribuyentes que tenían experiencia en los campos relacionados y eso se convirtió en el libro The Big Argument: Does God Exist? [La gran discusión: ¿Existe Dios?].

Mientras trabajábamos en el libro, nos era difícil encontrar algún académico que escribiera acerca de la evidencia del Éxodo. Entonces alguien sugirió a David Down, quien estuvo de acuerdo en colaborar. También me dijo que estaba trabajando en un libro sobre la historia de Egipto y me invitó a unirme a él en eso. Juntos elaboramos una cronología que armonizó la Biblia con las cronologías egipcias. Ese libro, Unwrapping the Pharaohs [Desenvolviendo a los faraones], abrió un nuevo camino cuando se publicó en 2006.

Antes de esto, cuando estaba estudiando algunos aspectos de los alimentos, comencé a interesarme en las increíbles, no reconocidas pero beneficiosas propiedades del cacao y el chocolate. Más tarde, mi nuera trabajó en eso conmigo para garantizar un estilo de escritura que involucrara a un público más amplio. Esto se convirtió en el popular libro A Chocolate a Day [Un chocolate al día], publicado en el 2010.

En el 2009, al momento del sesquicentenario de El origen de las especies, de Darwin, me sentí realmente obligado a escribir por qué la evolución es imposible. Ahora tenemos mucha evidencia para desafiar los supuestos de la evolución, sobre todo desde el ángulo de la bioquímica. Es imposible que el código genético se forme por casualidad –esto es, su probabilidad es mucho menor que 1 en 10150. Cuando uno considera que hay alrededor de 1080 átomos en el universo conocido, ese es un número muy grande. ¡Algunos han calculado que la probabilidad de que el ADN se forme al azar está en el orden de menos de 1 de cada 105000! Así que ese se convirtió en mi último libro: Evolution Is Impossible [La evolución es imposible]. Soy un apasionado en ayudar a nuestros jóvenes a ver a través de las suposiciones hechas por los evolucionistas que realmente no se pueden respaldar.

Al parecer, gran parte de la oposición de los evolucionistas hacia la creación es más política que científica. ¿Cuál es su opinión sobre esto?

Es interesante que una serie de filósofos de la ciencia hoy en día hablan fuertemente en contra de la evolución y de los largos tiempos asociados a la columna geológica. Pero el tema se ha vuelto muy político, y cualquiera que hable en contra de ella atrae oposición y ridículo. Por ejemplo, tenemos al Dr. Stephen Meyer, quien estudió en Cambridge y publicó un artículo argumentando que el registro fósil no provee evidencia de la evolución. Hubo una gran cantidad de críticas argumentando que estaba predispuesto por su cosmovisión de un diseño inteligente. Se puede consultar su documento en Internet. Y luego está el artículo de Jerry Fodor, “Why Pigs Don’t Have Wings” [¿Por qué los cerdos no tienen alas?]. Él esencialmente dijo lo mismo, y esto causó una protesta.

Pero la evolución todavía no tiene un mecanismo para explicar cómo se pueden formar nuevos organismos superiores. Recientemente, en 2012, Thomas Nagel, profesor de filosofía en la Universidad de Nueva York, publicó The Mind and the Cosmos: Why the Material Neo-Darwinian Conception of Nature Is Almost Certainly False [La Mente y el Cosmos: ¿Por qué la concepción material neo-darwinista de la naturaleza es casi ciertamente falsa?]. Ese libro socava toda la posición naturalista desde la perspectiva de la biología, la teoría de la evolución y la cosmología. En el 2012, los estudiantes y profesores de la Universidad Emory reaccionaron fuertemente contra el eminente neurocirujano Ben Carson, a causa de su rechazo abierto a la teoría de la evolución. ¡Eso es política, no ciencia! Es triste que los científicos que están hablando en contra de la evolución están siendo despedidos y los artículos que han escrito sean removidos de circulación. Estas acciones deben hacer sonar las campanas de alarma y llamar la atención acerca de la gravedad de lo que está sucediendo.

¿Qué consejo les daría a los estudiantes adventistas en instituciones seculares y a profesionales adventistas en un ambiente de trabajo que desafía su fe?

En esos entornos yo creo que es importante ser dueño de la propia fe. Tú tienes derecho a tener tus opiniones y creencias; cuando te pregunten acerca de esas creencias, ten confianza y aplomo de explicar cuáles son. Sin embargo, en estos ambientes, no haría alarde de mis creencias. Más bien, trataría de ser la persona más útil, generosa y considerada que pueda ser. Las ciencias biológicas se fundamentan en la teoría de la evolución, y para la investigación cotidiana en estas áreas como la microbiología y la investigación en virología, las teorías deben funcionar en este marco, así como los artículos deben ser escritos en ese marco. El punto en que la teoría se derrumba es que no puede explicar el origen de los complejos códigos genéticos de ADN y el increíble diseño en la naturaleza –solo la creación por un Dios altamente inteligente puede explicarlo. Al ser cuestionado sobre temas de la creación, dirige a la gente a recursos tales como Six Days: Why 50 Scientists Choose to Believe in Creation o Evolution is Impossible o sitios web como creation.com. Cualquiera que sea la situación, aférrate a tu fe en Cristo. Él nunca te dejará ni te de-samparará. Ora y lee la Biblia todos los días, y esto te dará el valor y las palabras para hablar con sazón.

Gracias por compartir su inspiradora historia. Si pudiera resumir en pocas palabras su motivación principal ¿qué diría?

Mi pasión es la de acercar esta información a los jóvenes para que puedan tener confianza en la Palabra de Dios.

Don Roy (Ph.D., Deakin University, Victoria, Australia) es profesor titular adjunto, Avondale College of Higher Education, Cooranbong, Nueva Gales del Sur, Australia. E- mail: doncroy@gmail.com.

E-mail de John Ashton: john.ashton@sanitarium.com.au.