Matrimonio: Cómo sobrevivir en una era de divorcio desenfrenado

Un análisis de las cualidades fundamentales durante el noviazgo contribuye para que las parejas disfruten de un matrimonio estable y una relación feliz que supere el paso del tiempo.

Una columna de ayuda de un periódico local invitó a los lectores a que enviaran preguntas sobre el estado de su relación matrimonial. La mayoría de las preguntas que recibieron evidenciaban problemas: “Cuando lo conocí, quedé loca por él”; “Jamás pensé que podía amar tanto a otra persona”; “He hecho prácticamente todo lo posible para que ella me ame”; “Me dijo que el amor tiene que provenir del corazón”; “Me dijo que realmente cree que soy para él”; “¿Debo quedarme y esperar que las cosas funcionen?”; “¿Cómo enfrento esta situación?”; “He estado de novia durante cuatro meses con un recién divorciado; todo estaba bien hasta que dormimos juntos”; “Quiero que me pida perdón y me ruegue que regrese”; “Quiero volver a sentir lo que sentí cuando nos conocimos”.

¿Por qué reina tanta confusión en las relaciones románticas? ¿Por qué cambian tan rápidamente los sentimientos desde la época del romance hasta el momento en que irrumpe la realidad marital?

La vida debería ser mucho más simple, como sucede en otras áreas. Por ejemplo, supongamos que quieres ser abogado. El camino parece difícil, pero en la mayoría de los países es bastante directo: 1) ingresas a una universidad; 2) completas el plan de estudios 3) recibes tu título 4) consigues trabajo en un estudio de abogados, o creas tu propio estudio, ¡y listo! Ya eres abogado.

Si alguien procura ser abogado sobre la base de las emociones ¿qué posibilidades tiene de llegar realmente a su meta? Todas estas emociones podrían estar presentes sin que el individuo asista siquiera a la primera clase. El camino para ser abogado es simple, pero presenta desafíos. Si pasamos varios años cumpliendo ese proceso, ¿fluctuarán de tanto en tanto nuestras emociones? Por supuesto, pero un abogado no se hace sobre la base de emociones intempestivas, sino que hay que completar todos los pasos, más allá de las emociones momentáneas. El matrimonio tiene cierto paralelismo.

En primer lugar, al igual que alguien que se prepara para ser abogado, una relación exitosa demanda tiempo, esfuerzo y educación para aprender los principios fundamentales. En segundo lugar, la persona necesita aplicar a su propia vida los principios aprendidos. En tercer lugar, hay que reconocer las dificultades que entraña. Aun las relaciones excelentes enfrentan serios desafíos. Por último, una relación extraordinaria no se basa tan solo en emociones. Aunque los primeros tres puntos pueden generar acuerdo y aprobación de tu parte, este último podría levantar algunas objeciones. Ahora bien, puedes preguntarte: “¿Qué quiere decir usted cuando expresa que una relación extraordinaria no se basa en emociones?”

En nuestro mundo, las emociones intensas suelen seguir a esfuerzos intensivos. Piensa en el gozo de un atleta que obtiene un campeonato. Considera entonces que la alegría estuvo precedida por miles de horas de intenso esfuerzo. Lo mismo se aplica al actor que es galardonado con un Óscar, al pianista que culmina con éxito un concierto, o al estudiante que termina y se gradúa como médico.

Sin embargo, ¿qué sucede en las relaciones humanas? Nos enamoramos. Nos “volvemos locos” por la persona que nos resulta especial. A menudo, estas emociones son casi instantáneas. ¿Dónde está el esfuerzo que se necesita para triunfar en casi todos los emprendimientos humanos? ¿Es posible que el matrimonio –la más complicada de las relaciones humanas– pueda triunfar solamente gracias a nuestros intensos sentimientos? ¿Es posible que un matrimonio pueda salir adelante sin el trabajo duro que tanto se requiere en cualquier otro ámbito humano?

La experiencia, las estadísticas de divorcio y las investigaciones dicen que “no”. La mayoría de las relaciones románticas comienzan con emociones intensas y muchas de esas relaciones emocionales terminan en matrimonio. El cincuenta por ciento de esos matrimonios culmina en divorcio, y un treinta por ciento adicional sigue adelante, pero es disfuncional e infeliz. El modelo de las emociones iniciales nos da solo un veinte por ciento de probabilidades de alcanzar un matrimonio exitoso.

¿Hay diferencia por ser adventista? Lamentablemente, no. La tasa de divorcios de las diversas denominaciones cristianas va del 39 al 61 por ciento, y los adventistas se encuentran justo en el medio de ese rango. “¿Cómo puede ser? –preguntan muchos cristianos atribulados–. ¿Acaso ser cristiano no garantiza una relación de éxito?”

Para responder, tenemos que analizar el tema con más detenimiento. ¿Puedo acaso correr una maratón solo porque ore durante varias horas al día? No, para esta actividad se requiere excelente talento y miles de horas de intenso entrenamiento bajo la orientación de un experto. Si soy un cristiano ferviente, ¿puedo tocar el tercer concierto de piano de Rachmaninoff? No, porque para hacerlo, necesito talento y capacitación, más miles de horas de práctica intensa bajo la orientación de un experto. Y esto en todos los ámbitos profesionales. De la misma manera, las relaciones de éxito no se dan por casualidad, solo porque seamos cristianos y oremos mucho.

Por ello, seas cristiano o no, si quieres disfrutar de un matrimonio de éxito, necesitarás dedicar tiempo para aprender cuáles son los principios básicos de las relaciones exitosas y cómo aplicarlos. El propósito de este artículo es comenzar a informarte sobre cuáles son esos principios de éxito.

Hasta aquí, hemos analizado la importancia del principio número uno: si quieres que tu probabilidad de éxito matrimonial supere el veinte por ciento, necesitarás instruirte.

A continuación exploraremos tres áreas importantes que he llamado: la mirada hacia adentro, la mirada hacia afuera, y la mirada en pareja.

La mirada hacia adentro

Identifica tus cualidades personales. El primer paso para mirar hacia adentro es hacer un inventario de ti y tus características. Toma un papel y comienza a enumerar las características que te definen. Cuando termines, puedes llegar a tener una lista de decenas de ítems. Entonces, divídelas bajo “cualidades positivas” (respetuoso, trabajador, inteligente), “cualidades neutrales” (cabello castaño, 1,75 metros, 32 años), y las “cualidades negativas” (solitario, me cuesta comunicarme, suelo ser crítico, dejo las cosas para último momento).

Los puntos que pusiste en la lista son características que pueden influir sobre la elección de un futuro cónyuge. El hecho de que seas un excelente pianista influirá por cierto en tu elección; el color de cabello, probablemente no. Puede ser útil compartir la lista con un amigo de confianza, para que te ayude a ser más objetivo. Una vez que la completes, puedes ocuparte de cultivar tus fortalezas, comenzar a apuntalar las áreas débiles, y ser simplemente consciente de las demás. Mediante este proceso, estarás haciendo lo que indicó Sócrates: “Conócete a ti mismo”.

Listos para el matrimonio. Muchos solteros andan en busca de “la persona correcta”. La lección de Sócrates es que antes de buscar la persona correcta, tenemos que esforzarnos por ser la persona correcta. La mayoría de la gente posee algunas cualidades negativas que presentarán desafíos a la relación y disminuirán sus posibilidades de éxito. Es importante que trabajemos para mejorar las debilidades. En el área de las relaciones, hay personas que denominamos “desastres andantes”. Tienen tantos defectos que es imposible que tengan un matrimonio de éxito. Si hallan a la persona “perfecta”, sus propios puntos negativos destruirán o comprometerán seriamente esa relación. Alguien con un temperamento descontrolado, tendencia manipuladora, profunda hostilidad o amargura, la necesidad obsesiva de control, egoísmo, rigidez, crítica o un conjunto de otras cualidades negativas, no tiene posibilidades de disfrutar –ni hacer disfrutar– un matrimonio de éxito.

Si tú posees alguna de esas cualidad, ¿qué puedes hacer? La respuesta es simple pero, en muchos casos, sumamente difícil. Antes de buscar a otra persona, necesitas analizar y actuar. Necesitas tomar la decisión activa de superar los desafíos personales. En algunos casos, puedes leer un libro y aplicar sus principios que te ayudarán. Pero otros necesitarán más que un libro, y deberán ver a un profesional calificado, que los ayude a resolver las cuestiones realmente complicadas. Es muy marcado el contraste entre los que toman la decisión valiente de hacer esos cambios y los que no lo hacen. Los primeros tienen el potencial de una vida gratificante y relaciones profundamente satisfactorias. Los otros tendrán una vida miserable hasta el día de su muerte. Y si se casan, es probable que hagan igualmente miserables a sus cónyuges.

Entiende tus cualidades esenciales. De tu lista de cualidades personales, identifica las características que son fundamentales para tu identidad. Sin alguna de esas cualidades, no serías realmente tú. Piensa en unas galletitas de chocolate. Pueden tener unos diez ingredientes y un buen cocinero puede llegar a sustituir varios: (avena en lugar de harina por ejemplo), pero si no pone chocolate, ya no serán galletitas de chocolate. Otra analogía: Si eres un pianista destacado, la música es una de tus cualidades destacadas. Sin la música, no serías tú. De la misma manera, para los cristianos comprometidos, es impensable vivir sin Cristo. Una joven cuya vida gire alrededor de su familia y de los eventos familiares no puede imaginar su vida sin ellos. Busca intensamente identificar diversas áreas que te definen. Por lo general, una persona no suele tener más de ocho o diez cualidades esenciales. Si tu lista es más larga, es probable que estés describiendo intereses (cosas que cambian con el tiempo) en lugar de aspectos fundamentales. Regresaremos al tema de las cualidades esenciales en la tercera sección, en la que nos ocuparemos de la mirada en pareja.

Al analizar los tres componentes de la mirada hacia adentro, puedes sentir que conocer esas áreas te ayudará a buscar a alguien con quien disfrutar con éxito de la vida.

La mirada hacia afuera

El otro ideal. Todo el que desea casarse ya ha pensado en qué tipo de persona quiere: en la mítica princesa o caballero de brillante armadura. En nuestros seminarios, extendemos el proceso para analizar con mayor profundidad las cualidades personales de ese alguien especial, que tiene el potencial de generar una relación exitosa, romántica, significativa y satisfactoria que pueda durar para toda la vida. Pedimos a los participantes que hagan una lista de las características que desean para ese “otro ideal” en once áreas diferentes –social, familiar, espiritual, de hábitos personales e intereses, entre otras. Ahora bien, si buscas a alguien que cumpla con las cincuenta o sesenta características que llegarías a tener en la lista, morirás soltero. Nadie puede cumplir todas. Lo fundamental del proceso es calificar el nivel de importancia de cada una. Se proponen cuatro niveles diferentes de intensidad: 1 = requerida; 2 = muy deseable; 3 = deseable; y 4 = agradable. Tu búsqueda tiene que estar orientada por los requisitos nivel 1 y 2 ya que 3 y 4 pueden ser buenos, pero no son fundamentales. Si las características requeridas superan las ocho, disminuirá la probabilidad de que encuentres a alguien que las cumpla. Usa la lista como una guía flexible, que te sirva para trabajar en ella, tachando o insertando características según sea el caso, pero no pierdas de vista el nivel 1. Esas deben ser la base fundamental de tu búsqueda.

Descalificación automática. El concepto de la descalificación automática funciona en todas las áreas de la vida. Si eres vegetariano y lees que el producto que quieres contiene grasa animal, no lo compras. Si ves unos zapatos que te gustan, pero son de menor tamaño que tu pie, no los compras. Si quieres un vehículo con capacidad para seis personas, y ves uno hermoso pero con dos asientos, no lo compras. Si la lechuga de la verdulería está marchita, no la compras.

En el mundo de las relaciones humanas también existe la descalificación automática. Si antes de salir con alguien eres consciente de tu lista de características que podrían significar la descalificación automática, es mucho menos probable que entres en una relación imposible. Por ejemplo, estás seguro de que no te casarás con alguien que fume, beba, rechace lo espiritual, sea perezoso, amargo, deshonesto o manipulador. Y la lista podría ser mucho más larga. Si escribes y tienes en mente esa lista, es probable que en el primer encuentro ya se revele una característica que implica una descalificación automática, y las perspectivas románticas caerán inmediatamente. Esto es muy positivo. Sin esa lista, puede pasar un año antes que percibas la incompatibilidad. Entonces comienza el angustioso (e invariablemente inútil) proceso de tratar de cambiar al otro. Evita el tormento y mantente lejos de lo que no piensas aceptar. Entonces, podrás ser amigo de alguien con esas características, pero sabrás no involucrar tus sentimientos románticos con ese tipo de personas.

El canto de las sirenas. Los seres humanos somos muy sesgados. No solemos ver las cosas con claridad, debido a nuestros filtros de interpretación. Esos filtros (todos los tenemos) distorsionan nuestra percepción debido a las experiencias del pasado. Muchos de esos sesgos operan en áreas donde no existen consecuencias negativas. Puedo pensar que un determinado cantante en realidad no tiene buena voz, o que otro es un cantante estupendo. Por más que esté equivocado, mis opiniones no afectan ni a estas personas ni a mí mismo. No obstante, si esos sesgos están presentes cuando tomas decisiones importantes, el resultado puede ser catastrófico. Piensa en una declaración de amor o una propuesta de matrimonio. Las chicas sueñan con el día en que se produzca ese evento; los muchachos piensan en maneras creativas de que resulte memorable y emocionante. Entonces, el muchacho presenta sus sentimientos de forma original. Ella está tan entusiasmada que olvida que él es manipulador, crítico, desagradable, controlador, perezoso y alcohólico, y dice: “¡Sí, por supuesto!” Eso, queridos amigos, es un sesgo. Las emociones son tan fuertes que la razón falla, y quedamos atrapados en una relación imposible.

Hay dos tipos de sesgo destructivo. Uno se basa en las emociones intensas (como ilustramos en el ejemplo anterior), y el otro es la información o percepción errónea. Este último se produce cuando nuestras percepciones están simplemente equivocadas: Ella creía que él era generoso, pero en realidad era egoísta; él pensaba que ella era romántica, pero era tan solo el método que usaba para llamar la atención. Por último, hay situaciones que favorecen la presencia de sesgos: ansiar la cercanía, o experimentar soledad, o el temor o las urgencias sexuales. Esas situaciones brindan un terreno fértil para cometer grandes errores de juicio. Es un serio desafío enfrentar esos sesgos en el contexto de las relaciones. Afortunadamente, hay buenos materiales que pueden ayudarte a navegar con éxito por esas aguas peligrosas.

La mirada juntos

Cualidades fundamentales en común. Hablamos de cualidades fundamentales en la sección de la mirada hacia adentro. En la sección de la mirada juntos, regresamos al tema de las cualidades fundamentales. Si una pareja llena en forma individual su lista de ocho o nueve cualidades fundamentales, la probabilidad de que las listas sean idénticas es menor a una en diez mil. La realidad es que aun los que hacen una buena pareja son diferentes y se entusiasman por cosas diferentes. Digamos a manera de ejemplo, que cada uno ha enumerado nueve cualidades fundamentales. Es muy importante que tengan en común al menos tres de ellas. Por ejemplo, que ambos sean muy espirituales, académicos e interesados por la actividad física. En el caso de las otras seis, pueden existir variados niveles de concordancia. Por ejemplo, para uno puede ser fundamental el “amor por los niños”, aunque el otro disfruta de los niños, sin que su presencia constituya algo fundamental. Respecto de las cualidades fundamentales no compartidas, es crucial lo siguiente: tienes que apoyar las cualidades fundamentales de tu pareja; de otra forma, estarías rebajando su estatus de persona plena.

Banderas rojas. En lo que respecta a disfrutar de sus similitudes o negociar sus diferencias, las banderas rojas son cualidades o características que tienen el potencial de producir tensión en la relación. No te embarques en la tarea imposible de hallar a alguien con quien no existan banderas rojas. Todas las parejas tienen un buen número de esos desafíos. Cuando se negocian de manera efectiva, las banderas rojas pueden resultar inocuas. Por ejemplo, una seria bandera roja puede ser que un introvertido se case con una extrovertida. Es común, sin embargo, que ese tipo de relación tenga éxito. Ella (la extrovertida) habla sin parar, y él (el introvertido) presta atención y deja escapar sonidos de aprobación. Ambos están felices. Pero tres años después de casarse, él se pregunta si ella se piensa callar alguna vez, y ella se pregunta si él piensa decir algo algún día. Ella trata de que él la acompañe a una fiesta. Él se resiste. Toda la relación se convierte en una relación en la que una atosiga y el otro se resiste. Entonces, la relación muere.

Mi esposa Elizabeth y yo hemos enfrentado este tema de manera diferente. Ella es extrovertida, y yo introvertido. Además, sabíamos que un extrovertido tiende a recibir más energía en un ambiente social, mientras que el introvertido se cansa y finalmente busca escapar del ruido y la confusión. Antes de casarnos ya lo sabíamos, y nos ocupamos de ello con decisión. Hoy día, frente a un evento social, cada uno de nosotros analiza cuál es el momento apropiado desde el punto de vista social para que yo me retire. Asisto al evento e interactúo con todo el entusiasmo que puede exhibir un introvertido. Varias horas después, me retiro. Nuestros amigos sonríen al observar que el introvertido regresa a su cueva, mientras que otros introvertidos se mueren de envidia, ¡porque a ellos aún les quedan tres horas de fiesta! Elizabeth se queda todo lo que quiere. Jamás tenemos un conflicto por ello. Cuando ella quiere ir a algún evento social, la acompaño, pero se cuida de no asistir a uno tras otro. Hemos creado una situación en la que ambos salimos ganando, y que produce la risa de nuestros amigos. Similares tipos de negociaciones son parte del proceso en el caso de que existan otras potenciales banderas rojas.

Actividades compartidas. Cuando exploramos los extraordinarios matrimonios de la historia, todos ellos parecen tener al menos una cosa en común: un objetivo que apasionaba a ambos. Pensemos en algunos de los matrimonios legendarios y sus objetivos en común: Billy y Ruth Graham (el evangelismo), Robert y Elizabeth Barrett Browning (la poesía), Roberto y Clara Schumann (la música), Pierre y Marie Curie (la física y la química). Los objetivos que compartían como pareja los ayudaron a superar cualquier problema que podría ser un serio desafío para una pareja que solo quisiera “pasar un buen rato juntos”. Necesitamos ir más allá de nuestra realización personal si queremos que el matrimonio tenga éxito. Cuando pasamos por un momento difícil, Elizabeth y yo podemos decirnos: “¿Te parece que algún otro ha experimentado este desafío?” La respuesta siempre es: “Por supuesto que sí, millones de veces”. Como compartimos el objetivo que nos apasiona de ayudar a que las personas disfruten de matrimonios de éxito, nos motiva resolver el problema. Si podemos alcanzar nosotros mismos la respuesta, entonces estaremos mejor equipados para ayudar a otros que tienen que enfrentar lo mismo.

En este artículo, solo se describe un bosquejo de las cuestiones fundamentales que se necesitan tener en cuenta durante el noviazgo. Por favor, en los próximos días, semanas, meses y años, dedica tiempo a leer los libros, asistir a los seminarios, mirar los videos pedagógicos, y realizar las acciones que te permitirán, en primer lugar, estar listo para el matrimonio y entonces, formar una relación que supere con éxito el paso del tiempo y te produzca todo el gozo que la vida matrimonial, según su diseño original, debería ofrecer.

Darren George (Ph.D., University of California, Los Ángeles) es profesor de psicología en el Colegio Universitario Canadiense (Alberta, Canadá). E-mail: dgeorge@cauc.ca.