Keto Mshigeni

Diálogo con un biólogo marino adventista, vicerrector de la Universidad Hubert Kairuki Memorial y presidente de la Comisión de la Agencia Atómica de Tanzania.

¿Cómo puede un niño que creció en las altas montañas de Tanzania, que nunca vio el mar hasta ser adulto, convertirse en biólogo marino? ¿De qué manera una carrera profesional tan inimaginable puede convertirse en una realidad? Esto solo puede suceder cuando esa vida está trazada por la mano de un Dios omnisciente.

Desde un premio en el cuarto grado por memorizar 147 versículos de la Biblia, hasta varios premios y distinciones a nivel internacional, Keto Mshigeni ha sido un estudioso centrado en la excelencia. Sin embargo, él no da crédito de su éxito a su perseverancia o sus títulos, sino que considera que llegó a este nivel académico con el único propósito de dar gloria a Dios.

Además de ser un miembro activo en su iglesia local, sirve como vicerrector en la Universidad Hubert Kairuki Memorial y también se desempeña como presidente de la Comisión de la Agencia Atómica de Tanzania, cargo que ocupa por designación del presidente de la República Unida de Tanzania.

Su primer viaje de exploración de la vida marina fue cuando él y a su esposa Grace, fueron a Hawaii, como pareja de recién casados. Al observar lo que había bajo el agua se despertó la curiosidad de Mshigeni acerca de la vida, tanto en la isla como en el mar. El crisol de diversidad cultural y los misterios infinitos dentro de las aguas del océano dieron origen a un insaciable deseo de explorar y viajar. Incluso hoy en día, el profesor Mshigeni disfruta mucho cuando puede viajar con Grace a algún lugar del mundo para compartir su investigación y a la par aprender algo nuevo sobre la gente del lugar y la vida de las plantas.

¿Cuál fue la influencia de sus creencias religiosas sobre su educación?

Muy temprano en la infancia, mi fe adventista me expuso a la disciplina de la memorización de las Escrituras. Cada semana había un versículo más que memorizar y recitar. Los primeros ocho años de mi educación fueron bajo maestros adventistas, que continuaron inculcando en mí un amor por la lectura, la comprensión y la memorización de las Escrituras. Creo que fue esta práctica en la primera infancia –de aprender cosas con minuciosidad– la que me permitió avanzar con éxito en todos mis estudios.

¿Por qué decidió estudiar la botánica marina?

Al ser adventista y guardar el séptimo día, perdí todas mis clases y exámenes de los sábados en la escuela secundaria y en la Universidad de Dar es Salaam. Pero al mismo tiempo recibí la bendición de tener profesores comprensivos que hacían arreglos para que yo pudiera compensar esas ausencias el domingo, en particular los trabajos prácticos. Uno de esos domingos, estaba terminando mis tareas en el laboratorio de botánica cuando vi al Dr. Erik Jaasund clasificando algunas plantas que se veían muy extrañas. Yo nunca había visto esos especímenes tan interesantes, ¡todos de diferentes colores, formas y tamaños! El Dr. Jaasund me dijo que eran algas marinas y me llevó hasta el mar, donde vi estas maravillosas plantas en su hábitat natural. Quedé maravillado por su belleza y diversidad. Aprendí sobre especies como Martensia elegans, que se conoce por sus elegantes hojas y Vanvoorstia spectabilis, que cuenta con una arquitectura compleja y distintiva cuando se la observa bajo un microscopio. A través del Dr. Jaasund me enteré que muchas de estas plantas eran comestibles y valiosas por sus usos medicinales e industriales. Por mencionar algunos: helados, diversos tipos de cosméticos –pasta de dientes, cremas de afeitar, cremas para el cuerpo– jarabes medicinales, pastas de impresión textil, son algunos de los productos que contienen ingredientes extraídos de las algas marinas.

Creo que muchos de nuestros lectores se sorprenderán al saber que están utilizando las algas en su vida cotidiana.

Yo también lo creo. También es sorprendente que una persona como yo se convirtiera en botánico marino. Crecí en las laderas del sureste de las montañas Pare a muchos kilómetros del mar ¡y una altura de un kilómetro y medio sobre el nivel del mar! Recién a los veinte años pude ver el mar por primera vez. Esto da la impresión que mi carrera fue un poco “por accidente”.

Mirando hacia atrás, a su vida y su carrera, ¿cree realmente que fue un “accidente”?

Definitivamente no. Sé con certeza que la mano de Dios me guio a través de mi educación y vida profesional. Sé que estoy donde él quiso que estuviera. Él facilitó el camino para que yo obtuviera un doctorado en la Universidad de Hawaii con una beca de la Fundación Rockefeller. Y dos décadas más tarde, me llevó a Namibia en el momento justo en que necesitaban un científico con mis conocimientos y experiencia. Eso no es un accidente; ¡eso es providencia!

Además de la botánica marina, ¿existen otros campos de la ciencia que le interesan?

Sí. He tenido un interés desde larga data en la ornitología. Mi fascinación por esta ciencia se encendió cuando observé una bandada de pájaros que sobrevolaban mi colegio secundario en Tanzania. Cuatro de esos pájaros eran de color marrón amarillento, pero uno tenía un distintivo plumaje negro y rojo-naranja. Me intrigó esto de que dos especies volasen juntas y se lo comenté a mi profesor de biología. Él me dijo que lo que había visto era el pájaro polígamo obispo. El de color distinto era el macho, volando con sus cuatro compañeras. Esto despertó mi curiosidad. El profesor me animó a seguir estudiando. Examiné y documenté cuarenta nidos de estas aves, que se encuentran solo en esta región del mundo, y gané el premio Swynnerton-Burtt y el premio Commonwealth Development Corporation. Aunque no seguí ornitología como carrera, estoy eternamente agradecido a ese profesor, John Reynolds, quien fomentó en mí un sentido de curiosidad y asombro por el mundo natural.

Parece que su profesor de biología del nivel secundario fue de gran influencia en la elección de su carrera. ¿Hay otros profesores que marcaron su vida?

¡Sí, muchos! De hecho, creo que mi historia es una ilustración del notable impacto que producen los profesores que inspiran y alientan a sus estudiantes. Recuerdo a varios maestros destacados de la escuela primaria y secundaria, y uno especialmente que compartió bendiciones con todos sus alumnos y nos inspiró a utilizar nuestros propios dones espirituales. Y, por supuesto, el Dr. Erik Jaasund, que me introdujo en el campo de la botánica marina. También estoy agradecido al Profesor Shuting Chang, quien despertó mi interés por la biología de los hongos cuando yo mismo ya era profesor titular. ¡Soy practicante del aprendizaje permanente!

¿En algún momento dudó de sí mismo o su trayectoria profesional?

No podría decir que alguna vez dudé de mi carrera; mi amor por la naturaleza y la ciencia tiene raíces a una edad temprana. Y, aún hoy, me gusta profundamente enseñar. Pero, como la mayoría de la gente, me sentí desanimado cuando parecía que el estudio de la botánica marina era un camino en subida.

Estaba asistiendo a la Universidad de Hawai por mi investigación de postgrado bajo el Dr. Maxwell Doty, una autoridad máxima en un tipo de alga marina que era de particular interés para mí. Yo tenía conmigo cuatrocientos hermosos ejemplares de algas, algunas de las cuales eran comunes en Tanzania y no se encontraban en ninguna otra parte del mundo. Tenía la esperanza de realizar mi investigación estudiando el Eucheuma tanzano, y luego regresar a Tanzania para aplicar mi trabajo hacia el desarrollo de los procedimientos de cultivo experimental de especies selectas. Para mi gran decepción, el Dr. Doty no pensaba que mi trabajo demostrara suficiente originalidad como para merecer un doctorado y le preocupaba que no cumpliera con los requisitos de idioma extranjero. Para resolverlo me aconsejó que tomara clases de alemán y francés, y para la investigación me aconsejó permanecer en Hawaii por mayor tiempo para pesquisar especies de algas nativas en lugar de volver a Tanzania como lo había planeado.

Tal crítica fue difícil de escuchar; la sentí como algo injusta –¡especialmente después de mi duro trabajo de compilar los cuatrocientos ejemplares de Eucheuma y teniendo en cuenta mi habilidad en inglés y swahili! Pero recordé un proverbio swahili que ilustra la sabiduría de la flexibilidad en una situación difícil: “Ukitaka cha uvunguni, sharti uiname”, que significa: Si quieres conseguir algo oculto por debajo, muy debajo, debes estar preparado para agacharte hasta el suelo y encorvarte”. Así que a pesar de la decepción, cumplí con el consejo de mi profeso y perseveré en mi investigación.

Parece dejar en evidencia que tuvo que enfrentarse a algunos requisitos difíciles –¡y el aprendizaje de dos idiomas nuevos! ¿Cómo afrontó la situación?

Trabajé duro –muy duro– pero, a través de todo, me llenaba de energía el mensaje de Filipenses 4:13: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Completé satisfactoriamente todos los cursos de posgrado recomendados por el Dr. Doty, y elegí Hypnea, una especie de algas marinas de Hawaii, como mi nuevo tema de investigación. En cuanto a los requisitos de la clase de alemán y francés, los completé dentro de los primeros quince meses en la Universidad de Hawaii. Y con la gracia de Dios, pasé los exámenes integrales orales para ambos idiomas. Defendí con éxito mi tesis y mi investigación sobre Hypnea reveló una potencial importancia en su cultivo. Esto se demostró totalmente más tarde en Tanzania.

¿Cómo descubrió el potencial de las granjas de algas marinas en Tanzania?

Al igual que con mi carrera académica, en esto también sentí la mano guiadora de Dios. En 1969, el Dr. Jaasund me ayudó a conseguir una Beca de Investigación NORAD, que durante dos años me permitió llevar a cabo estudios detallados de las algas que se encuentran a lo largo de la costa de Tanzania donde hay una rica biodiversidad. Estas se usan localmente para cebo de pescado, para vendar heridas y para el tratamiento de enfermedades de la piel. Una de las especies de algas marinas particularmente valiosas es la Eucheuma, que desde 1940 se ha recogido, secado y vendido gracias a los pescadores. Observé que a menudo era arrancada de su hábitat original y movida por las corrientes marinas a las piscinas de roca, donde comenzaba a crecer y regenerarse. Entonces se me ocurrió que podría ser cultivada para crear un recurso más en beneficio de la economía local.

Fue una bendición que haya comunicado estas observaciones al Dr. Doty en el momento adecuado. Él me invitó a poner a prueba mis ideas de experimentos en el cultivo de algas en las Filipinas, y me di cuenta que la agricultura de la Eucheuma en Tanzania era un sueño alcanzable. Seguramente, aquí también estaba involucrada la mano de Dios.

Tengo curiosidad. Si usted es biólogo ¿cómo se explica que el presidente de Tanzania lo designara presidente de la Comisión de Energía Atómica de Tanzania, un puesto de ciencia nuclear?

Creo que fue la voluntad de Dios que se manifestó a través de mis diligentes estudios y contribuciones a la ciencia. Cuando en el gobierno se dieron cuenta de mi trabajo, honores y premios –a nivel nacional como internacional– consideraron que mi experiencia les ayudaría en la aplicación de la ciencia nuclear a la biología, agricultura, cuidado de la salud humana, etc.

Siendo científico y a la vez un creyente en la historia de la creación, ¿qué dificultades tiene que enfrentar? ¿Cómo concilia las supuestas contradicciones?

El conocimiento que se tiene en cada campo de la ciencia hoy en día no es más que una pequeña fracción de las cosas aún por descubrir. Al ser un científico adventista, me siento muy honrado por las maravillas de la creación de Dios. Cuanto más profundamente entro en la ciencia, menos son las contradicciones que encuentro. Cuando estudio el esqueleto de los dinosaurios y los troncos fosilizados de bosques petrificados, me convenzo aún más de la potencia de Dios, tal como se expresa en el Salmo 92:5: “Oh Señor, ¡cuán imponentes son tus obras, y cuán profundos tus pensamientos!” (NVI). En todas mis actividades cotidianas, me fortalece el mensaje de Hebreos 11:1: “La fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve”. Por la fe, soy un cristiano adventista. Ese contexto no perturba ni contradice mi vocación científica.

¿Está involucrado en actividades de la iglesia local?

Por supuesto. Ya sea financiera o administrativamente, apoyo a mi iglesia tanto como me sea posible. Trato de resolver las necesidades inmediatas, –sea con nuevos muebles o el ministerio de evangelización del coro. En mi comunidad, apoyo a nuestra universidad adventista sirviendo como miembro de la junta.

¿Cómo encuentra tiempo para apoyar a la iglesia?

Uno no puede encontrar el tiempo para hacer todo lo que desearía hacer. Pero el desarrollo de buenas habilidades de gestión del tiempo y organización me ha ayudado a lograr la mayoría de todo lo que deseo hacer. Una de mis citas favoritas es de Mwalimu Julius Kambarage Nyerere, el padre fundador de Tanzania: “Planificar es elegir”. Elijo hacer las cosas que hago y por eso elijo encontrar el tiempo para hacerlas.

Siendo una persona de notables logros, ¿cuál sería su consejo para los estudiantes adventistas que estudian en universidades no adventistas? ¿Cuáles son los desafíos, y de qué manera se los supera?

Tengan la mente abierta. Tu mente es como un paracaídas; funciona mejor cuando está totalmente abierta. Siempre recuerden que somos muy diferentes unos de otros. Esfuércense por entender a los demás y adáptense a vivir y trabajar en armonía con ellos. Lean diferentes perspectivas, sean jugadores en equipo –colaboradores– y confíen en Dios constantemente.

Fylvia Fowler Kline (M.A., Universidad de Pune, India) es una autora prolífica que actualmente se desempeña como gerente de marketing del Hope Channel en la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, en Maryland, EE.UU. E-mail: klinef@gc.adventist.org.

E-mail de Keto Mshigeni: ketomshigeni@gmail.com.