¿Por qué los cristianos tienen que practicar la mayordomía ambiental si el mundo será destruido?

Ensalzar fielmente a Dios de manera que todos se vean atraídos a él, es proclamar y atesorar el carácter precioso de su creación, la gracia de su redención, la constancia de su continuo cuidado y el gozo de la consumación.

La teología cristiana concuerda en general con la afirmación adventista de que “el plan de contingencia para salvar a la familia humana en caso de que pecara”, significó que “el Creador activo –o Dios el Hijo– llegara a ser el Salvador de la humanidad”.1 Sin embargo, como no todos los creyentes tienen el mismo énfasis adventista, algunos cristianos dan rienda suelta a la tensión creativa que experimentan los adventistas entre las Primeras Cosas y las Últimas Cosas –entre el Cristo de la creación y el Cristo de la consumación.2

La escatología y el Cristo de la consumación

El mensaje proclamado por Guillermo Miller (1782-1849) y por quizá mil quinientos pastores y conferenciantes3 inició un movimiento milenario que se esparció ampliamente en Norteamérica antes de la terrible conmoción del Gran Chasco en 1844, cuando el anunciado segundo advenimiento de Cristo no se hizo realidad. Aunque el millerismo estaba relacionado con el despertar religioso, el restauracionismo y otros movimientos contemporáneos, su distintivo énfasis premilenial buscaba preparar el planeta para la inminente segunda venida.4 Los textos clave del movimiento escatológico eran muchos, y uno de ellos describía al pueblo del advenimiento como los que literalmente aguardaban “la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13).

¿Qué es escatología? La palabra proviene del griego eschatos, (último) y logos, (palabra, razón o discurso); la idea es un énfasis en “las últimas cosas”. La escatología puede referirse “ya sea a la suerte de los individuos (muerte, resurrección, juicio y el más allá) o a eventos relacionados con el fin del mundo”.5 El último concepto es el más significativo para este estudio. Los milleritas eran creyentes en el advenimiento por excelencia; por ello, sus descendientes sabatistas desarrollaron el nuevo movimiento adventista sobre el trasfondo de vívidos pasajes bíblicos que incluían descriptores tales como “llama de fuego”, y “calor ardiente”.6

“Cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Estos sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos” (2 Tesalonicenses 1:7-10).

“Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche. Entonces los cielos pasarán con gran estruendo, los elementos ardiendo serán deshechos y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (2 Pedro 3:10).

Los adventistas aplicaron las profecías del Antiguo Testamento sobre “el día del Señor” a la consumación de la historia de este planeta, el regreso de Cristo, y la creación de “cielos [atmosféricos] nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:13). Para ello se dedicaron ávidamente a las porciones apocalípticas del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, en especial del libro de Daniel, el Sermón del Monte de los Olivos (Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21), 2 Tesalonicenses y el libro de Apocalipsis. Los milleritas habían enfatizado la purificación de la tierra por el fuego, en el día final; los adventistas no hallaban manera de ser fieles a las Escrituras sin un fin apocalíptico del planeta y de todos los impenitentes.7 Sin embargo, en su enseñanza y predicación, enfatizaron el tema de la esperanza, que alcanzó su punto culminante en el Edén restaurado de Apocalipsis 21 y 22.8

La experiencia de 1844 y lo que le siguió, plantearon una pregunta fundamental para los adventistas: ¿Qué significa realmente creer en la segunda venida de Cristo? En los siguientes cincuenta años, un gran debate dentro del movimiento en desarrollo planteó una pregunta paralela: ¿Qué significa realmente creer en la primera venida de Cristo?9 Los adventistas llegaron a entender el concepto generalizado de que todas las Escrituras se centran en las dos venidas de Cristo. “En toda página, sea de historia, preceptos o profecía, las Escrituras del Antiguo Testamento irradian la gloria del Hijo de Dios”, escribió en 1898 Elena White, una de las principales fundadoras del adventismo.10Si esto es verdad de la primera parte de la Biblia, se hace aún más evidente en la promesa adicional del Nuevo Testamento de que el Señor consumará el plan de salvación con “la restauración de todas las cosas” (Hechos 3:20, 21). Por lo tanto, para cuando falleció Elena White (1915), los adventistas eran conscientes de que el desafío de destacarse en la tarea de “levantar a Cristo ante el mundo”11 era una realidad primordial, pensando en el Cristo que salva del pecado (soteriología), el Cristo que hace nuevas todas las cosas (escatología), y aún más.

La cosmología y el Cristo de la creación

Uno de los pensadores del millerismo, que a su vez estableció el fundamento del adventismo, escribió el 25 de enero de 1844 sobre esta esperanza recién adquirida, expresando que “tendremos un universo puro”.12 Que los adventistas hayan llegado a hablar mucho del Edén restaurado implicó la importancia del Edén original, el perdido. Cuanto más explícitamente entendieron Apocalipsis 14:6-12 como la comisión singular asignada por Dios de dar el mensaje “a toda nación, tribu, lengua y pueblo” (v. 6), más se vieron confrontados por el lenguaje del versículo 7, de “adorar a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”. En un momento en que los bautistas del séptimo día estaban orando sinceramente para que Dios los capacitara para compartir con mayor efectividad su convicción sobre el sábado como día de reposo, pareció providencial que pudieran motivar a los adventistas para que exploraran la significación bíblica del séptimo día. Y tan pronto como vincularon el concepto del sábado con la profecía bíblica, la idea cobró impulso. El énfasis en el cuarto mandamiento dio al adven-

tismo una de sus doctrinas más distintivas: “Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es de reposo para Jehová, tu Dios; no hagas en él obra alguna” (Éxodo 20:9, 10).

Una vez que comenzaron seriamente a tratar de comprender la creación y el sábado como su monumento recordativo, los adventistas quedaron expuestos a una plétora de cuestiones bíblicas. ¿Cuál era la dieta original para los humanos en el Edén? ¿Qué ayuda podían brindar las Escrituras para seleccionar de entre las numerosas y confusas afirmaciones hechas por el movimiento de reforma prosalud? ¿De qué manera podrían prepararse para el Edén restaurado, al hacer que sus estilos de vida fueran compatibles con los principios del primer Edén? ¿Qué podrían decir las respuestas a estas preguntas sobre temas similares, incluida la colocación de los hogares adventistas en una atmósfera “de campo”?13

A los adventistas les llevó cien años añadir, a su énfasis inicial en el sábado como día de reposo, una teología amplia sobre la manera de adorar. Bajo el impulso de miembros más jóvenes que estaban obteniendo doctorados en estudios bíblicos y teología, este proceso pareció natural y hasta inevitable. Poco a poco, la enseñanza adventista sobre el Cristo de la creación maduró de manera similar, así como lo hizo la comprensión de Cristo y el eschaton. Y a medida que la sociedad en general comenzó a darse cuenta con mayor claridad de la finitud de los recursos naturales y los problemas de la actividad humana en el medioambiente, los adventistas comenzaron a aplicar de manera más efectiva sus convicciones sobre las primeras y las últimas cosas, al analizar el “dominio” que Dios le dio a los primeros seres humanos (Génesis 1:26).14

“Todas las cosas por él fueron hechas”, pero “todas estas cosas han de ser deshechas”

Para los adventistas, la creación es el don de un Dios amante que creó la tierra “para que fuera habitada” (Isaías 45:18). En el principio, “vio Dios todo cuanto había hecho, y era bueno en gran manera» (Génesis 1:31). En las enseñanzas de Jesús, las aves de los cielos son alimentadas por el mismo Padre celestial que se ocupa de los seres humanos. Dios valora la belleza de los lirios y la hierba del campo (Mateo 6:25-34). No solo que todas las cosas fueron hechas por el Verbo que es divino, sino que también “todas las cosas […] subsisten” en aquel por quien fueron creadas (Juan 1:3; Colosenses 1:13-18).

Por lo tanto, tratar negligentemente la creación es unirse deliberadamente con las fuerzas contrarias a Dios, a los “que destruyen la tierra” (Apocalipsis 11:18). Significa obrar en divergencia con el Dios Creador, Dador y Sustentador, cuya gloria es declarada en su obra, y quien encomienda las obras de sus manos a los seres humanos (Salmos 19:8). Aunque Dios “sembró buena semilla en el campo […] pero vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo” (Mateo 13:24, 25). Hasta que esto mortal se vista de inmortalidad (1 Corintios 15:51-53), somos colaboradores con Dios en la obra de redención, compartiendo sus valores y objetivos, así como lo hizo Cristo cuando se encarnó en este mundo.

De allí que no es un acto deliberado de un Dios vengador que destruye su obra, sino por el contrario, es el acto divino final de un proceso salvífico que consuma la restauración de un planeta rebelde. La “extraña obra” de juicio ejecutivo precede y facilita la nueva creación de todas las cosas (Isaías 28:21). El Dios de las Escrituras es un Dios de nuevos comienzos: después del diluvio; después de la cautividad babilónica; cuando envió a su Hijo; y en último término, en “los cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (Génesis 6-9; Isaías 40; Gálatas 4:4; 2 Pedro 3:13).

Articular este escenario significa separar al adventismo del universalismo. Dios extiende su misericordia; su gracia es abundante; no obstante, su justicia requiere que los culpables rindan cuenta. Entonces, dejar de cuidar el medioambiente porque sabemos que “todas estas cosas han de ser deshechas” y que aun “los elementos ardiendo serán deshechos”, es ser tan irresponsable como el médico que puede conservar una vida pero no lo hace. Por cierto, “los que viven saben que han de morir”, pero no corresponde al pueblo de Dios ignorar el don divino de la vida porque saben que “en Adán todos mueren” (Eclesiastés 9:5; 1 Corintios15:22). Tampoco tienen la libertad de actuar descuidadamente solo porque lo que existe será quemado (2 Pedro 3:10).

“Negociad entretanto que vengo”

En la parábola de las minas, Jesús conmina a sus seguidores a estar ocupados hasta que el Señor regrese (Lucas 19:12-28). El mundo en que surgió el adventismo abundó en reformas relacionadas a la esclavitud, la salud y la educación, entre otras. Durante un tiempo, la expectativa sobre el regreso inminente de Cristo anuló la mayoría de las demás preocupaciones, pero gradualmente, los adventistas comenzaron a participar en una sucesión de reformas que realzaron su espera y testimonio sobre el retorno del Señor. El respeto por la naturaleza puede ser rastreado hasta las primeras etapas de la historia cristiana, al menos a las posiciones de Ireneo (130-200), Agustín de Hipona (354-430) y San Francisco de Asís en la Italia medieval. Sin embargo, la forma moderna de ambientalismo cristiano es en su mayor parte un producto del cambio de circunstancias del siglo XX. El historiador Geoffrey Blainey contextualiza bien el impacto de hitos editoriales tales como Silent Spring, de Rachel Carson (1962), y The Population Bomb, de Paul Ehrlich (1968).15

El geógrafo Howard Fisher, en una conferencia postdoctoral, enfatizó el vínculo entre la doctrina de la creación y la responsabilidad ambiental remarcando tres ideas interconectadas: los seres humanos son creados a imagen de Dios; por lo tanto, deberían desarrollar sistemas económicos que reflejen el cuidado responsable de la creación, y una escatología que abrace una consumación de la creación.

En un artículo de 2004, Fisher luchó contra dos cuestiones: encontrar una motivación para la preocupación práctica respecto del mundo natural ante la expectativa de una culminación inminente de la vida sobre el planeta,16 y la discontinuidad producida por el cataclismo entre el mundo presente y la nueva creación que incluye la reconciliación con el Dios de todo lo creado por medio de Jesucristo (Colosenses 1:15-20). Fisher sugirió que algunos pueden ver el cuidado del medioambiente como una prueba de mayordomía, siguiendo el mandato de Cristo de estar ocupados hasta que él venga. Algunos pueden haber hecho una conexión entre la salud del medioambiente y la salud personal, una cuestión muy enfatizada por los adventistas. Para otros, un sentido disminuido de la inmediatez de la segunda venida podría ofrecerles otra razón para cuidar del medioambiente.17 Fisher está en lo cierto al remarcar que si no cuidamos este mundo, no deberíamos esperar que Dios nos provea uno nuevo.

Warren Trenchard, en un relevante artículo menciona: “Alrededor de 1970, algunos escritores adventistas comenzaron a ocuparse del tema de la responsabilidad cristiana para la conservación y renovación de la tierra. Sus escritos incluyen discusiones sobre la creciente crisis ecológica, los esfuerzos por desarrollar una conciencia ambiental entre los adventistas, y perspectivas sobre la relación entre la teología y la ecología”.18

Las manifestaciones de Fisher y Trenchard son meramente dos ilustraciones de la manera en que, cada vez más los pensadores adventistas se han ocupado del tema de la mayordomía ambiental.19 No obstante, es importante destacar que el adventismo es una denominación mundial con más de diecisiete millones de adultos bautizados, muchos de los cuales viven en naciones en desarrollo donde la lucha por sobrevivir es una prioridad diaria. Deben fusionarse muchas influencias para motivar a una feligresía que en ocasiones se muestra indiferente, de manera que puedan apreciar mejor esas cuestiones e invertir sus energías con mayor responsabilidad. En el Seventh-day Adventist Periodical Index, se registran verias publicaciones (Adventist Review, Ministry, Dialogue, Message, Journal of Adventist Education y revistas regionales) que dan claridad y sustancia a ese tema.20 Está claro que el “diálogo y la dialéctica” continuos, que dentro del adventismo suele ser vigoroso, necesita incluir la difícil pero fundamental cuestión de discutir de qué manera la mayordomía cristiana ordena el cuidado efectivo del planeta.21

El centro de todo es Cristo y Dios

Para algunos puede ser una sorpresa que como movimiento milenialista, el adventismo está cada vez más interesado con la calidad de vida en esta tierra.22 Desde el punto de vista teológico, ese interés se explica fácilmente. En la obra creadora de Cristo, la Trinidad dotó a la humanidad de una tierra prístina. En la obra salvífica de Cristo, todo lo que se perdió en la caída será recuperado en beneficio de los redimidos. No puede existir una coexistencia eterna del bien y el mal; todas las cosas serán restauradas a su belleza original. De allí que los adventistas se ven motivados por cuatro verdades convincentes sobre Cristo: es al mismo tiempo el Creador, Salvador, Sustentador y Consumador. Ensalzarlo fielmente de manera que todos se vean atraídos a él (Juan 12:32) es proclamar y atesorar el carácter precioso de su creación, la gracia de su redención, la constancia de su continuo cuidado y el gozo de la consumación.

Arthur N. Patrick (Ph.D., Universidad de Newcastle, Australia) es investigador del Colegio de Educación Superior Avondale, en Australia. Ha trabajado en Nueva Zelandia y Estados Unidos. Sus publicaciones se han enfocado en el área de Estudios Adventistas.

REFERENCIAS

  1. Frank Holbrook, “The Great Controversy”, en R. Dederen, ed., Handbook of Seventh-day Adventist Theology (Hagerstown, Maryland: Review and Herald, 2000), p. 972.
  2. A pesar de ello, en su lucha con cuestiones relacionadas a la mayordomía del medioambiente, los adventistas tienen mucho que aprender de otros. Ver D. Moo en “Nature in the New Creation: New Testament Eschatology and the Environment”, Journal of the Evangelical Theological Society, 49 (2006): p. 449-488.
  3. The Midnight Cry (24 de marzo de 1844), p. 282, expresó que de 1500 a 2000 predicadores estaban proclamando que el reino de los cielos se había acercado.
  4. Por una introducción confiable al millerismo, ver R. Numbers y J. Butler, The Disappointed: Millerism and Millenarianism in the Nineteenth Century (Indianapolis, Indiana: University Press, 1987). D. Rowe, God’s Strange Work: William Miller and the End of the World (Grand Rapids, Míchigan: Eerdmans, 2008).
  5. Ver T. Weber, “Eschatology”, en D. Reid, ed., Dictionary of Christianity in America (Downers Grove, Illinois: InterVarsity Press, 1990), pp. 397-401.
  6. Vea el marcado contraste entre el premilenialismo y el posmilenialismo. El primero imagina un mundo en el que los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor antes de un final catastrófico que introduce mil años de justicia, paz y equidad sobre la tierra. El segundo sostiene que la venida de Cristo tendrá su clímax en mil años de creciente paz, prosperidad y justicia. Ver R. Clouse, “Premillennialism” y “Postmillennialism”, en Reid, ed., Dictionary of Christianity in America, pp. 919, 929. Note sin embargo la posición distintiva de los adventistas descrita por K. Newport, “The Heavenly Millennium of Seventh-day Adventism”, en S. Hunt, ed., Christian Millenarianism: From the Early Church to Waco (Londres: Hurst, 2001), pp. 131-148.
  7. Ver Richard Lehmann, “The Second Coming of Jesus”, en Dederen, ed., Handbook of Seventh-day Adventist Theology, pp. 893-926.
  8. Por una visión longitudinal de la manera en que el milenialismo adventista se ha visto atenuado y transformado a lo largo del tiempo, ver D. Morgan, Adventism and the American Republic: The Public Involvement of a Major Apocalyptic Movement (Knoxville, Tennessee: University of Tennessee Press, 2001). Por una visión general de la disciplina de Estudios Adventistas, un área de rápido crecimiento, ver A. Patrick, A Brief, Annotated Introduction to the Field of Adventist Studies for Higher Degree Students (Cooranbong, Australia: Avondale College, 2009); disponible en el sitio www.avondale.edu.au/research.
  9. Compárese con la expresión más plena de ideas similares en G. Knight, A Search for Identity: The Development of Seventh-day Adventist Beliefs (Hagerstown, Maryland: Review and Herald, 2000).
  10. Elena White, El Deseado de todas las gentes, p. 182.
  11. Elena White, Obreros evangélicos, p. 164.
  12. Charles Fitch al “Dear Brother [George] Storrs,” 25 de enero de 1844, citado en Knight, compilador y editor, 1844 and the Rise of Sabbatarian Adventism (Hagerstown, Maryland: Review and Herald, 1994), pp. 163, 164.
  13. Elena White, De la ciudad al campo.
  14. Michael Pearson, Millennial Dreams and Moral Dilemmas: Seventh-day Adventism and Contemporary Ethics (Cambridge: Cambridge University Press, 1990), reconoció la necesidad de ocuparse de las cuestiones ambientales, aunque no fueron parte de su clarificador estudio de ética.
  15. “El movimiento ecológico, apenas discernible en 1930, fue altamente influyente medio siglo después”. G. Blainey, A Short History of the 20th Century (Nueva York: Penguin, 2005), pp. 503, 409-415.
  16. Hebry Zuill, en “Christians and the Environment: A Biblical Perspective”, presentado en el III Simposio sobre Biblia e Investigación Adventista, Akumal, (México), 19 al 25 de marzo de 2006, expresó: “Desde 1980, la iglesia ha efectuado cuatro declaraciones oficiales relacionadas con el ambientalismo”, ver http://www.Adventist.org/beliefs/statements/index.html. Zuill expresa: “¿Por qué deberíamos cuidar de una creación que está condenada? Porque Dios la creó, y él nos pidió que la cuidemos. Es suya; él la creó”. Ver http://fae.adventist.org/essays/34B_Zuill_H.pdf.
  17. Howard Fisher, “The Fate of Nature”, Christian Spirituality and Science 4 (2004), pp. 5-16. Ver Fisher, “Green Light: The Christian response to environmental concerns”, Adventist Professional 6, No I (1994), pp. 11-13.
  18. Warren Trenchard, “For the Beauty of the Earth: An Adventist Theology of Ecology”, Spectrum 31, No 3 (Verano 2003), pp. 34-45.
  19. Nótese la manera en que David Trim, achivista de la Asociación General, sostiene “La base bíblica del activismo civil y ecológico entre los cristianos adventistas”, en “Proclaim Liberty or Submit to Authority?” Spectrum 37, No 3 (Summer 2009) pp. 10-15, 64.
  20. Ver http://www.sdaenvironmentalism.wordpress.com/.
  21. Por indicios sobre el proceso dialógico, sus desafíos y posibilidades, ver A. Patrick, “Contextualising Recent Tensions in Seventh-day Adventism: ‘A Constant Process of Struggle and Rebirth’?” Journal of Religious History 34. No 3 (Septiembre 2010), pp. 272-288.
  22. “La Iglesia Adventista del Séptimo Día ofrece, por lo tanto, un raro ejemplo de un movimiento que es de orientación milenarista, pero que también se preocupa por mejorar el mundo actual”. S. Hunt, Alternative Religions: A Sociological Investigation (Aldershot, Hampshire, England: Ashgate, 2003), p. 53.