El Iluminismo y la cosmovisión cristiana: la perspectiva hace la diferencia

Se podrían evitar muchos obstáculos teológicos en la comunidad cristiana si entendiéramos la cosmovisión en la que tienen su origen.

Todos tenemos una cosmovisión. Cada uno de nosotros –ya sea filósofo o científico, predicador o docente, político o burócrata– acciona en un cierto marco mental que define su adhesión a una de las diversas cosmovisiones. Si bien podemos reflexionar acerca de alguna cosmovisión que nos atraiga, no se pueden elegir cosmovisiones contradictorias como base del pensamiento y acción sin experimentar confusión y caos.

Hoy en día pululan las cosmovisiones que están compitiendo por la atención de la gente. Las cosmovisiones religiosas que apelan a personas de numerosas confesiones; las agnósticas o ateas que se burlan de la religión; la cosmovisión científica arraigada en la materia y en la forma en que tal materia funciona; cosmovisiones políticas que inventan astutas maneras de controlar la vida y la economía de la sociedad; las cosmovisiones filosóficas desde el “Conócete a ti mismo” de Sócrates, pasando por el “Pienso, luego existo” de Descartes, hasta el “Trabajadores del mundo, uníos” de Marx.

A pesar de estos múltiples sistemas de percibir el mundo, tendré en cuenta dos perspectivas que han dominado la civilización humana durante siglos: una tiene de tres a cuatro siglos de antigüedad y la otra tiene su origen en el mismo Génesis.

La cosmovisión del Iluminismo

El Iluminismo1 es un poderoso movimiento intelectual y filosófico de los siglos XVII y XVIII, que destaca la razón y el individualismo y hace un abierto rechazo a la religión y la tradición. Entre los líderes intelectuales que influyeron en el movimiento estuvieron Descartes (1596-1650), Voltaire (1689-1777), Rousseau (1712-1778), Paine (1737-1809) y otros filósofos de gran talla.

El Iluminismo esgrimió ciertos rasgos intelectuales y sociológicos distintivos, destacándose el racionalismo que convirtió en la herramienta básica de la investigación científica y la búsqueda humana de la verdad, a la razón. Esta evaluación crítica a través de las normas de racionalidad, ocupó el lugar de las promulgaciones autoritarias del Ancien régime en los ámbitos de la ciencia, la organización social y la doctrina de la iglesia católica.

Durante la Revolución Francesa de 1793, fue coronada la “diosa de la razón”, con una nueva religión que se proclamaba libre de la religión institucionalizada. Por la misma época (1794), el filósofo norteamericano Thomas Paine (1737-1809) escribió The Age of Reason [La Edad de la Razón]. El libro se convirtió en “la Biblia” de la nueva religión y el movimiento que aboga por la eliminación de todos los elementos sobrenaturales de la Escritura. En su declaración: “Mi mente es mi propia iglesia”2 Paine promulgó la nueva era de la razón.

Esa actitud también conformó al deísmo, que se convirtió en la cosmovisión filosófica-religiosa dominante. Paine afirmaba que: “La única religión que no ha sido inventada, y que tiene en sí toda prueba de originalidad divina, es el deísmo puro y simple. Debe haber sido la primera y probablemente será la última en que el hombre crea”.3

Así es que la filosofía deísta describe a Dios como el gran arquitecto del universo, pero que no está involucrado en la historia. De este modo, la religión revelada –sobrenatural– fue puesta de lado, dejando espacio para la religión de la razón y el humanismo, ya en boga desde la época de Voltaire, quien había muerto unos veinte años antes de la Revolución Francesa. Cuando Voltaire dejó la escena europea, sus principales ideas de la tolerancia –en base a los sentimientos igualitarios (égalité) y total libertad (liberté) de las formas establecidas de la religión y las estructuras sociales– ya habían echado raíces. La idea de la tolerancia, en consecuencia, allanó el camino para el desarrollo de diversas construcciones ideológicas fundadas en la libertad del pensamiento racional.

Debido a su insistencia en la tolerancia y la libertad de expresión Voltaire fue perseguido por las autoridades francesas.4 Una de sus osadas declaraciones fue: “No estoy de acuerdo con lo que tienes que decir, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”.5 Este lema se ha convertido en el principio fundamental de la democracia liberal del presente. El prototipo de tolerancia de Voltaire se basó en el reconocimiento de la fragilidad de la naturaleza humana.6 Hablando acerca de la fe cristiana dijo: “De todas las religiones, la cristiana es sin duda la que más debería inspirar la tolerancia, aunque hasta ahora los cristianos han sido los más intolerantes de todos los hombres”.7 Lamentablemente el cristianismo histórico fracasó estrepitosamente en ejercitar el valor de la tolerancia.

Paine creía lo mismo8 y en el espíritu de Voltaire, afirmó: “Siempre he apoyado enérgicamente el derecho de cada uno a su propia opinión, por muy diferente que la opinión pudiera ser de la mía. El que niega a otro este derecho, hace de sí mismo un esclavo de su actual opinión, porque se niega a sí mismo el derecho de cambiarla”.9 En última instancia, la noción francesa de tolerancia fue redefinida y transformada en la idea americana de la tolerancia religiosa (el derecho a creer y el derecho de cambiar las propias creencias).

Como resultado práctico de estas perspectivas igualitarias y libertinas aparecieron la libertad, la igualdad y la fraternidad –conceptos que formaron el núcleo de la Revolución Francesa (1789-1799) y transformaron la historia del pensamiento humano. Estos y otros movimientos políticos, ideológicos y sociológicos y los consecuentes desarrollos culturales emergentes, dieron a luz una nueva cosmovisión que ha afectado la historia y el pensamiento humano desde entonces. Un concepto de esa cosmovisión es la fraternidad (fraternité), una iniciativa que más tarde desempeñó un papel fundamental en el movimiento abolicionista liderado por deístas de los Estados Unidos. Esta tesis de la hermandad, apuntalada por llamamientos sociales como el de Paine –“Dé a cada ser humano todo derecho que usted reclama para sí mismo”–,10 se convirtió en un grito por la libertad y la liberación de las estructuras sociales jerárquicas.

El Iluminismo, con sus principios de la razón, la tolerancia y la fraternidad, inició el proceso por el cual el espíritu/razón “alcanza claridad y profundidad en la comprensión de su propia naturaleza y destino, y de su propio carácter y misión fundamental”.11 Toda sociedad democrática de hoy, de una manera u otra, tiende a incorporar este noble ideal en su estructura social o ideológica. Sin embargo, a través de la exaltación de la razón humana y la reducción al mínimo del papel de la fe y de Dios, la Ilustración tiende a disminuir la dimensión teocéntrica de la vida humana.

Nadie puede negar que el Iluminis-mo introdujo ciertos valores positivos: el énfasis en la tolerancia (incluyendo la tolerancia religiosa); el respeto a las diversas opiniones a través de la libertad de expresión y la apertura de mente; una visión igualitaria de la sociedad, etc. La iglesia debe ser defensora o partidaria de estos ideales. De hecho, se hicieron algunos esfuerzos en la búsqueda de conciliar el pensamiento del Iluminismo con la revelación cristiana.12 Sin embargo, este movimiento racional llegó a entrar en conflicto con el axioma básico de entender la Revelación como la base de la comprensión cristiana de la realidad. Por lo tanto, se hace necesario que cualquier evaluación que hagamos de la cosmovisión de la Ilustración sea guiada por una cosmovisión bíblica.

La cosmovisión bíblica: Prioridades

En primer lugar, la Escritura no da prioridad a la razón humana o sabiduría humana, separadamente de la revelación de Dios (1 Corintios 2). La razón (Romanos 12:2) es una de las herramientas básicas para la comprensión de Dios y de su creación. Sin embargo, es una herramienta que se vio empañada por el pecado y por lo tanto no puede comprender plena o integralmente la realidad de la revelación divina, particularmente la “locura de la cruz”, con todas sus implicaciones (1 Corintios 1: 18-25). El Dios de la Biblia es el Dios de lo sobrenatural: la creación, la providencia y la redención.13 Si se rechazan las intervenciones de Dios (misterio, milagros y profecía),14 entonces la teología cristiana se convierte en humanismo. La fe salvífica impide que la razón sea empleada sin restricciones y limitaciones, como es el caso del deísmo naturalista.

En segundo lugar, la tolerancia como un ideal moderno del Iluminismo ha pasado por algunas transformaciones en el mundo posmoderno.15 En los antiguos tiempos bíblicos, esta forma de la tolerancia era desconocía. Frente a un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo, una sola iglesia, la tolerancia siempre incluía el camino de la cruz. ¿Qué quiere decir esto? Después de todo, ¿no es posible creer en la verdad absoluta revelada en el evangelio y aun así permanecer tolerante y mostrar flexibilidad mental?

Cristo lo ha demostrado. Delante de Pilato, confesando su identidad como la encarnación de la verdad absoluta (Juan 18:37,38), él sin embargo respetaba la autoridad de un sistema romano “intolerante”. A través del sufrimiento en la cruz, se hizo Hombre por excelencia. Demostró que es posible afirmar la verdad incondicional y aceptar las consecuencias que se generen en un ambiente intolerante, debido a tal declaración.

Finalmente, Dios es el Juez absoluto y no hay una tolerancia universal última. Para la iglesia actual, el sacrificio de Cristo en la cruz muestra el camino de la aceptación de absolutos morales, permitiendo sin embargo, que las personas elijan sus propios valores y perspectivas. La visión bíblica de la tolerancia y el amor no nos impide creer en la verdad absoluta revelada en Cristo. Por consiguiente, no necesitamos ni debemos sacrificar nuestra fe en la veracidad última y total de la revelación de Dios, para ceder a las nociones modernas en que bajo un manto de tolerancia, todo vale.

Por último, la idea bíblica de la hermandad difiere sustancialmente de la de los conceptos seculares, arraigados en el deísmo. Mientras que esta corriente de pensamiento presenta una visión optimista de la naturaleza humana –capaz por sí misma de trascender las limitaciones descriptas por la antropología bíblica– la Palabra de Dios insiste en que la naturaleza humana se repliega irremediablemente en sí misma y el interés está en el centro de su ser y sus relaciones. Por lo tanto, los seres humanos no pueden practicar la fraternidad genuina por sí mismos (apertura en el amor hacia otro) sin la conexión transformadora con Dios el Padre y con nuestro Hermano mayor, el Señor Jesús (Juan 20:17, Hebreos 2:10,11).

Por lo tanto, las interpretaciones de la religión y la experiencia religiosa desde el punto de vista del racionalismo/deísmo difieren de las de la revelación cristiana. Pero la pregunta es: ¿qué gravitación tiene esto para nosotros los seguidores de Cristo, en nuestros compromisos cristianos personales y comunitarios de cada día?

Implicaciones prácticas para la vida de la iglesia

La cosmovisión del Iluminismo no puede aceptar la idea de vivir la fe en la Escritura y la experiencia religiosa, porque esto implica trascender el sentido y la razón humana. La fe es un requisito para nuestra comprensión de Dios, su creación, su redención y justicia. En consecuencia, la teología no es un esfuerzo científico/racional, sino un arte divino y un resultado de la misma comprensión de la fe.

En el seno de la iglesia, parece que el sentido común teológico,16 construido bajo la influencia del Iluminismo, se ha convertido en conocimiento de las doctrinas. De hecho, la teología es un tipo de conocimiento creativo, artístico y espiritual del misterio revelado de Dios que nunca podrá ser plenamente comprendido por la razón. Hay una desesperante necesidad de fe en el Dios trascendente; una fe fundada en la antigua Palabra de Dios, pero hablando a través del tiempo y llegando hasta el presente. Los conceptos razonables ya existentes de la persona y la actividad divina, supuestamente comprendidos por nuestra razón o tradición teológica, son inadecuados e incompletos. Deberíamos apelar al misterio, los milagros y profecías del Espíritu, para combatir las tendencias humanistas/racionalistas y espiritualistas en el seno de la comunidad de fe contemporánea.

En la encrucijada de los ciento cincuenta años del movimiento adventista, nos encontramos con varias alternativas relativas a tolerancia: fundamentalista ultra-conservadora, conservadora, legalista, la corriente principal, liberal, cultural, progresista... La gran diversidad de estas teologías y prácticas interpretativas siembra confusión, desilusión y apatía espiritual entre los miembros de la iglesia. ¿Cuál es el mejor camino? El concepto iluminista de la tolerancia fundamentado en el error y el ideal posmoderno de la tolerancia son inútiles porque funcionan sin la revelación fundamental, normativa e histórica de Dios. Este tipo de revelación se deriva de la realidad bíblica del misterio de Cristo (Romanos 16:25; Efesios 1:9; 3:4; Colosenses 1:27; 2:2; 4:3) y todo lo que lleva a Cristo (la Palabra del Antiguo Testamento) o bien es un reflejo de la realidad de Cristo (la Palabra del Nuevo Testamento). Las enseñanzas falsas o alteradas, contrarias a la revelación abierta de la Escritura, finalmente no se pueden afirmar, ya que son destructivas para la unidad del pueblo de Dios y el amor en Cristo, tal como lo enseña claramente la Biblia (2 Pedro 2:1-2; 1 Timoteo 1:3-4; 2 Timoteo 2:15-19; 3:6-8; Judas 3).

Aun si yo defiendo a muerte el derecho de alguien de decir lo que él/ella quiere decir, no tengo derecho, sobre la base de la idea humanista de la tolerancia, de considerar cada construcción teológica como una expresión de la libertad de expresión de una pretendida fe cristiana –a menos que, mediante la creación de un falso optimismo para una iglesia de mente amplia, deseo evitar la “locura de la cruz”.

En resumen, la hermandad en la iglesia debe ser vivida en un contexto como el de Cristo, en vez de contextos sociales, culturales, ideológico/teológicos o igualitarios. Las unidades sociales en este mundo no tienen sustento espiritual sino que se basan en el acuerdo mutuo de sus miembros de vivir o sobrevivir juntos. Los miembros deben saber que el concepto bíblico de fraternidad, sin embargo, se basa en el misterio revelado y revelador de Cristo como la Cabeza/Hermano de todos. Si nos aferrásemos a ese misterio contrahumanista de la hermandad en el Espíritu se podrían evitar muchos problemas en la comunidad de fe cristiana.

En resumen: el Ancien régime del “cristianismo deísta” afectado por la falsa concepción de la razón, la tolerancia y la fraternidad, será pronto remplazado por un nuevo régimen del señorío de Cristo y de la verdadera lluvia tardía del Espíritu de Dios, que repartirá una renovada comprensión del rol o papel de la santa racionalidad, de la indulgencia de la cruz y del amor fraterno.

Alexandar S. Santrac, D.Phil. (Universidad de Belgrado, Serbia), Ph.D. (Universidad del Noroeste, Sudáfrica) es profesor de Religión, Ética y Filosofía en la Facultad de Religión y Teología en la Universidad del Sur del Caribe (Trinidad) y profesor e investigador adjunto extraordinario de Dogmática en la Universidad del Noroeste, Sudáfrica. E-mail: aleksandarsantrac@yahoo.com.

REFERENCIAS

  1. En este artículo, el término Iluminismo se usará exclusivamente como un período de tiempo o una cosmovisión con características específicas, aun cuando el término es usado en diferentes contextos hoy en día, tales como concientización religiosa, concientización intelectual, despertar de nuestro verdadero ser interno, etc.
  2. Thomas Paine, The Age of Reason (Charlottesville, Virginia: World Union of Deists, 1794), p. 3. (Edición electrónica: http://www.deism.com/images/theageofreason1794.pdf). La cita en su totalidad dice: “Yo no creo en el credo profesado por la iglesia judía, la iglesia romana, la iglesia griega, la iglesia turca, la iglesia protestante, ni por ninguna iglesia que yo conozca. Mi propia mente es mi propia iglesia” (Ibíd.).
  3. Ibíd., p. 141.
  4. Ian Davidson, Voltaire (Londres: Profile Gooks Ltd., 2010), xvi-xvii.
  5. Un autor más tardío inventó la frase como epítome de su actitud. Apareció en Evelyn Beatrice Hall, The Friends of Voltaire (United Kingdom: Ulan Press, 2012 [1906]) escrito bajo un pseudónimo.
  6. “¿Qué es la tolerancia? Es la consecuencia de la humanidad. Estamos todos formados de debilidad y error; perdonémonos recíprocamente la locura del otro –esa es la ley primera de la naturaleza” (Voltaire, “Tolerance,” The Philosophical Dictionary, p. 1).
  7. Ibid.
  8. “La única secta que no ha perseguido han sido los cuáqueros; y la única razón que se puede dar para ello es que más que cristianos, ellos son deístas. No creen mucho en Jesucristo, y llaman a las escrituras una carta muerta. Si las hubieran llamado por un peor nombre, hubieran estado más cerca de la verdad” (Paine, 138).
  9. Ibíd., pp. 1-2.
  10. Ibid.
  11. Ernst Cassirer, The Philosophy of the Enlightenment (Boston, Massachusetts: Beacon Press, 1951), vi. Esta sigue a la definición del Iluminismo de Kant como: “La mayoría de edad definitiva de la humanidad, la emancipación de la conciencia humana de un estado inmaduro de ignorancia y error” (Immanuel Kant, What is Enlightenment? [Was ist Aufklärung?], traducido por Mary C. Smith, edición electrónica: http://www.columbia.edu/acis/ets/CCREAD/etscc/kant.html#note1).
  12. Edición electrónica: (http://livedtheology.wordpress.com/2010/05/07/the-enlightenment-attack-on-christianity/.)
  13. Un buen ejemplo de esta relación es Isaías 43.
  14. Paine creía que estos tres debían estar completamente suspendidos de la verdadera religión: “Esos tres medios son el misterio, el milagro y la profecía. Los dos primeros son incompatibles con la verdadera religión, y del tercero se debe siempre sospechar” (Paine, 45).
  15. Aleksandar Santrac, “Influence of Postmodernism/Postmodernity on the Development of Adventist Theology, Education and Mission,” artículo presentado en el 1er Simposio de Estudios Posmodernos, Revisiting Postmodernism: The Relevance of Adventist Mission in the 21st century, 18-20Octubre, 2012, Universidad de Andrews, Michigan. Publicado como un capítulo en el libro de actas del congreso por el Centro de Estudios Seculares y Posmodernos, Asociación General, 2013.
  16. Esto es el sentido común realista filosófico escocés, el cual se convirtió en el fundamento del Departamento de Teología del Seminario Teológico de Princeton en los Estados Unidos. Véase Mark C. Noll, ed. The Princeton Theology 1812-1921: Scripture, Science, and Theological Method from Archibald Alexander to Benjamin Breckinridge Warfield (Grand Rapids, Michigan: Baker Academics, 2001).