Protección: coincidencia entre los principios científicos, rituales y morales

Pensar que la Biblia no contiene principios científicos sólidos refleja una actitud pobremente informada.

Muchas actividades humanas involucran la protección. Buscamos estar protegidos del peligro, del fracaso, de la enfermedad, de la ruina económica, etc. La Biblia habla acerca de diferentes tipos de protección: física, mental, social y espiritual.1 Probablemente no lo hemos pensado en estos términos, pero deberíamos hacerlo.

En una parte no tan estudiada del Antiguo Testamento (Levítico 11- 18), se encuentran instrucciones que valen la pena resaltar. Nos ayudan a fortalecer lazos sociales, expresar lealtades, proclamar respeto, facilitar actos de adoración, proteger lo sagrado de lo profano y profundizar aprecio y compromiso hacia un foco definido. Muchas veces se considera que la Biblia es un libro de literatura sin información científica fundamentada.2 Sin embargo, este tipo de información se encuentra algunas veces oculta en los detalles rituales. Espero que pueda convencerse que en las páginas de la Biblia, hay ciencia confiable. No podría ocuparme de toda esta evidencia, pero daré algunos ejemplos.

Ninguna de estas enfermedades

Algunos años atrás, S. McMillen y D. Stern, escribieron un best seller3, destacando la realidad de la promesa hecha por Dios de que ninguna de las enfermedades derivadas del estilo de vida de los egipcios afectarían a los israelitas, siempre y cuando ellos respetaran algunas reglas simples (Éxodo 15:26). Para enfatizarlo mencionaré unas cuantas enfermedades, utilizando información actualizada.

En la Biblia se habla de enfermedades cuyos equivalentes modernos no son muy claros. Sin embargo, la lepra (enfermedad de Hansen), la esquistosomiasis, la malaria, la tuberculosis y la viruela, han sido reconocidas desde la antigüedad. La lepra, la viruela y la tuberculosis se transmiten de persona a persona.4

La era moderna ha sido marcada por algunos desarrollos importantes. Uno de estos ocurrió en el año 1876, cuando el científico alemán Robert Koch demostró en forma concluyente que las enfermedades pueden ser causadas por microrganismos específicos y que era posible tener protección contra las mismas. Sin embargo, en términos de prioridad, él llegó demasiado tarde; Dios ya lo había dicho. La naturaleza infecciosa de determinadas enfermedades se encuentra expresada tempranamente en Levítico 13: 31-46, y también se destacó el crecimiento progresivo de los microbios en material en descomposición (Levítico 14:35-45). El remedio para controlar las enfermedades infecciosas era el aislamiento, la cuarentena y la higiene. En las edificaciones, el crecimiento de los microbios era detenido remplazando el material dañado o demoliendo la estructura. Ciertos rituales incluían la purificación de las personas y las edificaciones.

Quizás esta información parece intrascendente, pero la historia indica lo contrario. Aún en el siglo XIX, las enfermedades infecciosas causaban muchas muertes luego del parto. El médico austríaco I. Semmelweis, notó que el lavarse las manos con un antiséptico luego de realizar una autopsia, reducía sustancialmente las muertes en tales mujeres. En aquellos tiempos los doctores generalmente no se higienizaban antes de atender a los pacientes.

Aunque el trabajo de Semmelweis fue mayormente ridiculizado, en Inglaterra, J. Lister aceptó estos avances y los realizados por L. Pasteur, y fue pionero en el uso de antisépticos en cirugías (publicado en 1867).5 Los resultados fueron brillantes, y no podemos hoy concebir la vida sin el uso de tales procedimientos. Si se hubiese seguido la instrucción bíblica acerca de la manipulación de cuerpos muertos y materiales potencialmente infecciosos, se hubiera evitado mucha miseria antes del tiempo de Semmelweis.

Es notable que la transmisión de enfermedades de un individuo a otro fuera reconocida hace tanto tiempo (Levítico 13:45-46), como así también el potencial de la ropa de cama y otros elementos contaminados con fluidos corporales, descamación de la piel y similares (Levítico 15:3-13). ¡Y todo esto, mucho antes de la era moderna!

Notamos que con el objeto de minimizar las probabilidades de infección, ciertos rituales eran llevados a cabo por los sacerdotes. Esto aseguraba que la población general fuera protegida. En las instrucciones se tuvieron en cuenta tanto la trasmisión de infecciones directas como indirectas. Lavarse eficazmente minimizaba los riesgos de que ocurrieran infecciones transversales.

El consejo es sabio si consideramos que algunos organismos que contaminan los alimentos se transmiten primariamente por la vía fecal-oral. Los organismos son transportados en material de desecho, contaminan las manos, colonizan elementos alimenticios y encuentran su vía para reingresar al cuerpo. La ciencia moderna ha demostrado que aún el simple acto de lavarse las manos, reduce la posibilidad de que se produzca una transferencia efectiva.6 La instrucción bíblica dada a aquellos que se encontraban contaminados con material sucio procedente de personas enfermas, involucraba el lavado, la exposición al aire y posiblemente a la luz solar, al ser considerados impuros los individuos hasta la caída de la tarde. Esta combinación de procedimientos era mucho más efectiva para neutralizar los peligrosos organismos, que el simple acto del lavado.

Uno de los más notables ejemplos de prendas contaminadas que causaron enfermedad surge al considerar el virus de la viruela. Puede haber surgido en África Central bastante antes del Éxodo. Algunos leen en antiguos documentos egipcios (previos al 3000 a.C.), descripciones de una enfermedad que podría ser la viruela.7 De acuerdo a la nueva cronología, el Éxodo ocurrió en el 1447 a.C. Sabemos que los ejércitos hititas atacaron Egipto en el siglo XIV a.C., pero fueron diezmados por una enfermedad infecciosa que llegó a través de los egipcios cautivos. La devastación se prolongó por lo menos por veinte años y atacó tanto al pueblo común como a la realeza. Se cree que fue una epidemia de viruela.8

La historia de la eliminación de la viruela, es un ejemplo claro de la diseminación de una enfermedad. Durante las infecciones naturales los afectados generalmente habían experimentado contacto estrecho con las víctimas. Por lo tanto, no sorprende que durante el programa de erradicación, aquellos que habían interactuado con individuos infectados, fueran primeramente vacunados y entonces aislados si mostraban algún signo de enfermedad. Este procedimiento fue efectivo en todas las comunidades afectadas alrededor del mundo. En los hospitales, las camas contaminadas eran desinfectadas de acuerdo a estrictos protocolos.

Estas estrategias condujeron a la eliminación de la temida enfermedad, pero la comprensión de la naturaleza infecciosa de este virus dio lugar a algo siniestro: la guerra biológica. Por ejemplo, durante la guerra francesa y la guerra con los aborígenes en Norteamérica – iniciada en 1754– tomaron frazadas de pacientes infectados de viruela y se las entregaron a los aborígenes. La epidemia que siguió fue responsable de la eliminación de más de la mitad de las poblaciones tribales.9

La transmisión de la lepra permanece aún como un enigma. En la mayoría de los países, los humanos aparentan ser el principal reservorio de la enfermedad; aunque en áreas endémicas pueden también estar involucrados el agua y el suelo. Se considera que los organismos penetran primariamente a través de minúsculas gotas expelidas de la nariz y la boca de los enfermos, ingresando al cuerpo a través del tracto respiratorio y el contacto piel con piel.10 Eso otorga credibilidad a las precauciones bíblicas acerca del aislamiento de aquellos afectados.

El segundo punto histórico a destacar es la tan publicitada muerte de infantes en Cleveland (Ohio) donde surgió un dramático problema de salud entre los infantes que vivían en situaciones por debajo del nivel medio. El elemento común asociado con los brotes fue el crecimiento de un hongo en el interior de las paredes húmedas de los edificios precarios. Estos microbios producían potentes toxinas en sus esporas volátiles. Los científicos han sugerido que cuando eran inhaladas, las toxinas desarrollaban una severa disfunción respiratoria que podía ser letal.11

Tales episodios nos recuerdan ciertas observaciones que datan del siglo pasado, cuando los hongos que crecían en paredes empapeladas desprendían gases tóxicos de arsénico. Estos afectaban en forma adversa a las personas que los inhalaban.12 Actualmente existe un considerable interés público en el “síndrome del edifico enfermo” y en enfermedades relacionadas a los edificios. Algunos de los episodios pueden estar asociados con la humedad de los edificios y el crecimiento de microbios. Los efectos de esa actividad microbiana pueden influir adversamente en la salud humana causando problemas neurológicos, respiratorios, dérmicos y del sistema inmune.13

¿Vale la pena seguir el consejo bíblico?

La información brindada previamente da clara evidencia de la sensatez del consejo bíblico. Sin embargo, tenemos evidencias más directas y comprobadas.

En los atestados suburbios del este de Londres, a comienzos del siglo XIX, los observadores estaban sorprendidos al notar las bajas tasas de mortalidad infantil causadas por infecciones o enfermedades respiratorias entre la población judía. Esto tiene explicación a través del estricto respeto a las instrucciones bíblicas acerca del aislamiento y la cuarentena, como también a su interés por una buena dieta, a la ausencia relativa del uso de alcohol, y a la higiene personal. Los requerimientos de higiene personal incluían el lavado de las manos antes y después de las comidas y el mantenimiento de la limpieza de los alrededores de la vivienda. Los utensilios usados en la preparación de alimentos también eran mantenidos limpios; la leche y la carne no se mezclaban, como tampoco los utensilios utilizados en la manipulación de estos alimentos.14 Además de estas explicaciones, el no sufrir otras enfermedades (cólera, por ejemplo) se ha atribuido a los requerimientos de la preparación kosher para la carne (escasos riesgos de ingerir alimentos contaminados) como también a la práctica de hervir el agua y la leche, y utilizar utensilios limpios tanto para cocinar como para comer. Las leyes religiosas mejoraban también la higiene personal comparándola con la población general, al requerir el cortado de uñas una vez a la semana y el baño ritual luego de la menstruación. Los inmigrantes judíos de Londres también se bañaban regularmente debido a su marcada tendencia hacia la limpieza.15

Con esto no estoy sugiriendo que las mujeres deban tomar baños rituales, sino que quiero señalar la importancia de los principios básicos que encierran estas prácticas, los cuales todavía son buenos. Subyacente a las ideas destacadas, sin embargo, se encuentra la idea principal de que la impureza (signos de muerte, decadencia o actividades que no promueven la vida), se opone a la santidad. Los rituales tenían la intención de dirigir la mente de los adoradores hacia el Santo Dios.16

Plaga en el corazón

Las instrucciones bíblicas en relación a la protección contra las enfermedades de transmisión sexual no están declaradas en términos científicos, sino más bien como guías morales. El respeto a dichas orientaciones provee aún mucha protección. No sabemos cuándo surgió la primera enfermedad de esta categoría, pero probablemente haya sido muy temprano en la historia humana.17

Si volvemos al inicio, Dios creó machos y hembras con el fin de poblar este mundo (Génesis 1:27,28; 2: 18, 20-25). La Biblia deja en claro que la fidelidad de la familia humana puede ser mantenida adhiriendo a algunos lineamientos simples y lógicos. Para la época de Moisés, estos incluían la restricción a contraer matrimonio con familiares cercanos; estricta lealtad a los votos matrimoniales; ninguna relación que involucrara a dos personas del mismo sexo; y ninguna perversión que involucrase animales (Éxodo 20:14; Levítico 18:20, 22-25).

Desafortunadamente la imagen de Dios en la raza humana fue dañada por la entrada del pecado, y continuó desvaneciéndose con el tiempo. Una fuerza particularmente poderosa en este declive fueron las relaciones sexuales no saludables, a las cuales se entregó una porción de la población (Levítico 18:22-24; Romanos 1:2-29; 1 Corintios 5:1; Efesios 5:3). Estas se encuentran grabadas más bien gráficamente en la historia18 de modo que no es necesario adivinar a qué se refieren los textos.

Jesús mencionó los elevados estándares a los que debía apuntar la raza humana (Mateo 1:19-25; 5:27, 28) que incluían no solamente la abstinencia de sexo previo al matrimonio, sino también la pureza de pensamiento sobre el sexo opuesto. Él promovió la santidad. Hollywood y Bollywood hacen lo opuesto, estimulando a la gente a ingresar en ese territorio peligroso al igual que los que creen en la teoría de la evolución. En una encuesta realizada recientemente los seguidores del darwinismo demostraron ser más permisivos acerca del sexo premarital y el aborto que aquellos que sustentaban creencias cristianas, aunque no mostraron un margen tan amplio como el que desearíamos ver.19

El honrar el consejo moral dado en la Escritura llevaría a una disminución notable de las enfermedades de trasmisión sexual. Como ilustración, el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) apareció repentinamente entre quienes vivían experiencias sexuales fuera de las designadas por Dios.20 La llegada de la enfermedad ha resultado en una incalculable tragedia, con muchos inocentes sufriendo junto a aquellos grupos que fueron los primeros responsables en la diseminación de la enfermedad. Es conocido que se incrementa la posibilidad de expandir la enfermedad si no se respeta el orden de la creación y la fidelidad marital, así como el uso de drogas.21

La protección contra esta enfermedad se ofrece a través de una antigua práctica. Como ilustración, algunos grupos religiosos tienen una fuerte tradición en cuanto a la circuncisión del varón, una práctica mencionada favorablemente en la Escritura, pero no impuesta sobre la iglesia cristiana (Hechos 7:8; 15:5, 28-29). En las sociedades que aceptan esta tradición, se percibe una menor incidencia de cáncer de cuello de útero e infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH. En un análisis reciente y extenso de las tendencias del mundo en desarrollo, la reducción de la incidencia de VIH se encontró fuertemente asociada con esta práctica.

La situación con otros organismos transmitidos sexualmente no es clara. Al buscar razones que expliquen estos resultados, se han identificado fenómenos biológicos que se relacionan con la gran facilidad de entrada que tienen estas enfermedades, en el varón incircunciso. Aparentemente, no existe diferencia en la protección entre países musulmanes y cristianos.22 Esta mención no significa que estoy recomendando que los varones tengan que circuncidarse. Hoy se disponen de otros métodos para prevenir el cáncer cervical, tales como programas de inmunización nacional disponibles en algunos países y hay otros métodos a fin de evitar la infección por VIH también.23 Sin embargo, notamos que la Biblia contiene sólidos consejos en esta y otras áreas de la salud sexual. Las prácticas religiosas pueden también influir positivamente en el desarrollo del feto antes de nacer, tales como comunidades en las que no se consumen drogas, alcohol, cigarrillos o sustancias nocivas que puedan propagar enfermedades de transmisión sexual.24

En las cuestiones morales relacionadas al sexo, los estándares de Dios no cambian (Malaquías 3:6). Cristo entregó su vida a fin de reconciliar la humanidad con Dios y recrear la imagen moral de Dios en la humanidad (Romanos 5:10; Colosenses 1:20-21). Las desviaciones morales en esta categoría no son diferentes de las desviaciones en otras áreas de la experiencia humana. Cada individuo tiene su propia y peculiar área de tentaciones, pero el remedio es el mismo y la victoria está asegurada (1 Corintios 10:13).

Disfunción endémica

Esto nos lleva hacia el tema de la disfunción endémica en la raza humana. La instrucción ofrecida en Levítico 16 puede parecer pintoresca y quizás mayormente irrelevante para muchos, ya que involucra actividades del Día de la Expiación (juicio) practicadas por los antiguos israelitas. Sin embargo, si miramos este capítulo en términos de protección y como parte del remedio para la disfunción sistémica, percibimos una gran razón de ser.

En el jardín del Edén, Satanás prometió a Eva que ella obtendría el conocimiento del mal. Es indudable que si le hubiese dicho que ella experimentaría el mal y su terrible cadena de consecuencias, no habría podido engañarla. El capítulo 3 de Génesis nos relata que todo el dolor, el sufrimiento y la muerte surgieron a partir de decisiones morales enfermas. Debería estar al alcance de la capacidad de todo lector, aprender suficiente historia de las naciones del último siglo, para llegar a la conclusión preliminar de que cuanto más se alejan las naciones de los lineamientos morales de Dios, más trágicos son los resultados: guerra, enfermedad, genocidio, tortura, destrucción del medioambiente, pobreza, etc.

Aquí es donde Levítico 16 entra en el cuadro, porque representa un recordatorio de los eventos que sucederán en el mundo antes de que el escenario de la gran controversia llegue a un final. Las ceremonias en el calendario religioso judío eran así: Pascua, Fiesta de los Panes sin Levadura, Pentecostés, Fiesta de las Trompetas, Día de la Expiación y Fiesta de los Tabernáculos. Estas fechas de encuentro y recordatorio especial, llevaban cada año a los participantes a través de los eventos de la gran controversia/expiación, de manera que ellos no los olvidaran y todos contenían rituales.

El día del juicio era un recordatorio a todo Israel, de que Dios es justo como misericordioso (Salmos 85:10; 89:14) y que hoy es el momento de hacer elecciones que resultarán en vida eterna (Hebreos 4:7-11). Su misericordia llegará a su fin cuando todos hayan recibido la invitación de la gracia de Dios (Mateo 24:14); aquellos que no respeten ni respondan, cosecharán las consecuencias de no haber tomado en cuenta a Dios (Mateo 22:12-14). Él ha prometido establecer un nuevo cielo y tierra, en donde sus principios morales serán respetados y guardados. En ese nuevo mundo, el pecado no se levantará nunca más (Nahúm 1:9).

En la antigüedad todos estaban invitados a tomar parte en los rituales que ponían su mirada en el día del juicio (Levítico 23:23-30); esto evidenciaba la aceptación pública de que cada persona tenía áreas de disfunción en sus vidas. El reconocimiento de la caída, la confesión, el arrepentimiento y el compromiso a una vida dominada por la fe, eran los pasos ordenados para llegar a ese día.25 El comprometer la vida a Dios calificaba a los participantes a unirse a las celebraciones en el día de Acción de Gracias, cinco días más tarde (Levítico 23:34-43), el cual en su cumplimiento final, representaba el tiempo de gozo y regocijo que seguirá al retorno de Cristo, conduciendo el reino del pecado a su fin. Hoy, el mismo llamado llega a nosotros, para prepararnos para el pronto regreso de Cristo.

En el cronograma de eventos de Dios, la conciliación de los libros de registro anunciada por el profeta Daniel (7:9-10), comenzó en 1844. El proceso continúa y culminará un día cercano, significando que Cristo vendrá por segunda vez. La instrucción de Cristo en Mateo 24 nos provee más detalles, como así también varios capítulos del libro de Apocalipsis (13,14, 20). Mientras tanto somos alentados a ser fieles y a invitar a otros a descubrir el remedio para la disfunción moral.

Tanto Moisés como Daniel, experimentaron el perdón y la seguridad. Ellos estaban profundamente convencidos de que una vez confesados sus pecados, estaban al cuidado de Dios. En su vida diaria con Dios, llegaron a estar convencidos de que sin importar cuándo terminara su vida, las promesas de Dios les pertenecían. No fueron decepcionados. Moisés fue llevado al cielo y asistió a Cristo en su ministerio terrenal (Marcos 9:4). Por otra parte, a Daniel le fue prometido un lugar en el cielo (Daniel 12:13). Esta sólida seguridad puede ser nuestra experiencia también a medida que seguimos el ministerio de Cristo en el Santuario celestial.

Conclusiones

En el Antiguo Testamento, los rituales frecuentemente estaban asociados a la protección de la naturaleza física, social, emocional o espiritual. Los rituales son parte de la vida de todas las sociedades y cambian con el tiempo. La falla en el cumplimiento de estos rituales tiene variadas consecuencias. Cuando Israel dejó de tener un estatus especial, los rituales de los que se nos habla en el Antiguo Testamento no fueron ya relevantes para la iglesia cristiana. Sin embargo, los principios entremezclados con estos rituales deberían continuar siendo valorados. Nuestro objetivo es reverenciar el santo carácter de Dios y buscar la santidad.

Las prácticas de aislamiento, cuarentena e higiene, tan bien establecidas por Moisés para controlar enfermedades, han sido redescubiertas por la medicina moderna y se continúan practicando hoy. El cuidado del medioambiente en el cual vivimos y las consecuencias de malas condiciones de vida sobre la salud, son también temas de preocupación actual. Las estrategias para evitar las enfermedades de transmisión sexual se han basado en tiempos antiguos adoptando principios morales sabios. Esta sigue siendo la receta fundamental de Dios (Hechos 15:29; Efesios 5:3), aunque los remedios que nos brinda la medicina moderna deberían estar disponibles para aquellos afectados por estas tragedias.

Finalmente, la disfunción moral en la raza humana es endémica desde la caída, pero la solución establecida a través del sacrificio de Cristo puede ser reclamada a través de la fe. “Su perfecta obediencia a la ley de Dios le ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra, y él solicita a su Padre misericordia y reconciliación para el hombre culpable… Todos los que se hayan revestido del manto de la justicia de Cristo subsistirán delante de él como escogidos fieles y veraces”. 26

Tenemos suficientes evidencias en el pasado que nos alientan a permanecer fieles. Jesús instituyó el Servicio de la Comunión para recordarnos su gran sacrificio por nosotros y su promesa de celebrarla nuevamente con sus amigos (Marcos 14:25). Al prestar minuciosa atención a las señales del camino profético, se nos asegura que Cristo se encuentra trabajando activamente en el cielo con el objetivo de llevar el reino de Satanás a su fin (Hebreos 9:23-28; 2 Pedro 1:19). En esto podemos regocijarnos abundantemente.

Warren A. Shipton (Ph. D., M. Ed.), recibió su doctorado de la Universidad de Sídney. Fue decano de Ciencias en la Universidad James Cook (Australia), y fue presidente de la Universidad Internacional Asia- Pacífico (Tailandia). Ha escrito libros sobre Daniel y Apocalipsis, el sábado, el Santuario y temas de educación y salud. E-mail: wshipton@gmail.com.

Referencias

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